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Un relatito que escribí para entrenerme, si gusta seguiré la historia. Está ambientado en el Universo Outfan de Cels Piñol.
-¡El arma al suelo!
“Odio la poli de Trentor” pensó Skolth mientras dejaba su hacha en el suelo “ya les querría yo ver en Fanris, mucho uniforme y mucha placa, pero estos no aguantarían ni una semana en el Mar Helado”
-¿Qué pasa?
-Silencio -un guardia le golpeó la pierna con una vara eléctrica.
La descarga casi le hizo caer al suelo, pero no lo hizo, no les iba a dar aquella satisfacción.
-Su nombre, planeta de origen y profesión.
-Skolth Sonrisa Torva, de Fanris, soldado de fortuna.
-Un mercenario Fanrisiano...
Anotó algo en una libreta. Notó cómo preparaban sus porras. Les daba miedo.
-¿Tiene permiso para usar este arma? -le preguntó el oficial mientras apartaba el arma a un lado.
-¿Permiso? Es un regalo, de mi abuelo.
-Para poseer un arma en Trentor se ha de tener una autorización de tipo B-98, ser agente de la A.G, ser un Trentoriano de la Rama de Seguridad o formar parte de un sequito de seguridad. ¿Cumple usted alguno de esos requisitos?
-No.
-¿Declaró su posesión en la aduana?
-Nadie preguntó.
-¡Arrestadlo!
“Muy bien, he aguantado bastantes sandeces”
Cuando el policía que le había golpeado se le acercó con unas esposas, le aplastó la cabeza con una papelera que tenía a mano. Un compañero suyo intentó golpearle con una vara eléctrica, se la arrancó con facilidad de la manos y la uso contre él. Los tres policías restantes, incluido el oficial, dieron varios pasos atrás.
-Mi hacha... ¡ahora! -se la dieron.
Comprobó que no la hubiesen dañado
-Gracias... ahora respondedme, ¿dónde puede encontrar a... -sacó una hoja arrugada de su abrigo- Sheli Hulos?
“Suena bien”
Los policías le miraban cada vez más asustados y extrañados, ¿les sorprendería el hecho de que supiese leer?
-¿Para qué quiere ver un delincuente como tu ver a la señorita Sheli Hulos?
-Ella me ha contratado para un trabajo, he viajado durante 2 semanas en un apestoso navío Fankonnen, comiendo algo que dudo que hubiese estado vivo alguna vez, bebiendo un agua gris y me gustaría que esas incomodidades no hallan sido en balde.
-Un segundo -se llevó un comunicador a la oreja y se fue a un lado.
Al cabo de un minuto se volvió hacia él.
-¿Qué?
-Tenemos órdenes de llevarle hasta la oficina de la señorita Sheli Hulos en un transporte. Y no se tiene que preocupar de los hombres que ha herido hoy, la A.G se hace cargo de pagar sus cuidados.
-No me preocupaban, no pensaba pagar nada.
-Eh, sígame.
-¿Por qué mi transporte es blindado?
-Para proteger a la población de usted claro.
“Vaya, me siento halagado”

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Sheli Hulos colgó el comunicador aliviada. El mercenario que había contratado casi causaba una desgracia. Esto le pasaba por contratar hombres.
Estaba preparada para tratar con aquel salvaje, como buena diplomática Fanturiana. Conocía todos sus tabú, desde no comer carne de nada que no pudiese arrancarle el brazo de un bocado, usar cubiertos o lavarse las manos antes de comer.
De pronto llamaron a la puerta, se arregló el Lóbulo Empático y abrió la puerta.
Skolth se quedó con la boca abierta, dejando ver sus dientes de oro y par de feas caries. Jamás había visto una Fanturiana y se había quedado prendado de aquella grácil criatura azul. Tenía unos de color miel fascinante y una pequeña y graciosa boca que al sonreír derretiría los Mares Helados de su amado Fanris. Vestía un magnifico traje del color del hielo que se amoldaba a su perfecta figura.
“Joder, que buena está”
Con un poco de esfuerzo tomó otra vez control de si mismo y se llevó el puño la pecho, tal y como era costumbre saludar en su mundo.
-Skolth Sonrisa Torva, para servirle.
Ella sonrió, y para gran asombro del mercenario, hizo el mismo saludo, llevando su hermosa mano al pecho.
-Sheli Hulos, pero llámame Sheli. Espero que tu viaje no halla sido muy pesado.
-Queda compensado se lo aseguro.
Los policías de Trentor, que se habían quedado a un lado mientras se saludaban se acercaron a la Fanturiana y la saludaron marcialmente.
-Un placer servirla señorita... como siempre.
Cerraron la puerta, y no pudieron evitar lanzarle unas miradas de envidia.
“Si las miradas matasen, yo estaría ahora seco en el suelo”
-Por favor, sígueme... -dijo con una voz casi celestial-. He preparado la cena.
Skolth se sentía fuera de aquel lugar. El, un Fanrisiano que llevaba casi cinco meses sin ducharse y que tenía todavía cachitos de su último objetivo en las botas tachonadas en hierro, iba a cenar con una mujer que podía dominar su mundo con una sonrisa y un gesto de mano.
“Vaya, este Skolth parece ser alguien interesante”
El mercenario había reaccionado como la mayoría de los machos, con un atontamiento becerril. Aun así era alguien impresionante físicamente.
Su rostro era agradable, pese a que era tuerto y no hacía nada por disimularlo. Mediría algo más que ella, y desde luego, era más fuerte. Andaba de forma pesada (y sus botas hacían un molesto ruido al chocar contra el suelo). Portaba un feo abrigo de piel con correas, para llevar su hacha a la espalda.
“Pobrecito, no debe estar acostumbrado a estas temperaturas, como suda”
Llegaron al comedor. Había preparado unos platos tradicionales Fanrisianos, pescado frito y carne de Malmut. Por supuesto no había puesto cubiertos ni vasos. Se sentaron, el mercenario parecían inquieto.
-¿Qué pasa?
-¿No hay cubiertos?
-Creía que en Fanris se comía con las manos.
-En mi mundo el visitante debe respetar las maneras del anfitrión, así lo mando Fernando de Russ.
-No sabes cómo te lo agradezco.
-Me lo imagino -dijo mostrando su sonrisa, llena de implantes de oro.
Se levantó y cogió unos cubiertos. Cogió unas copas y le sirvió algo de hidromiel.
“Vaya, que exótico”
-Creo que no me has hecho recorrer la mitad de los Mundos Libres para charlar sobre mis costumbres ¿no?
-No, te necesito para una expedición...
-Continua.
-A las ruinas de Xtys.
-Es algo peligroso.
-Lo sé, pero es vital para la supervivencia de los Mundos Libres. Nuestra libertad y nuestro futuro depende de que me guíes hasta el interior de las ruinas de Xtys.
-Mientras me pagues.
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