La fascinación del espejo |
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25-12-2005 12:59
Por: Akhul
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Un título peregrino para una breve reflexión sobre un problema de escritura que he observado en bastantes ocasiones por esta página y que creo que es conveniente individuar: la pérdida del enfoque por parte del autor a la hora de narrar la historia.
Contar una historia, sea a través del medio que sea, es como poner el espejo de la bruja de Blancanieves y convencer al que lo observa de algo. La narración tendrá un soporte más o menos grosero, desde un libro o una pantalla de televisión a un viejo amigo que te está contando una de indios; el punto mágico, sin embargo, es siempre el mismo: el momento en el cual la historia trasciende el soporte que nos la presenta para adquirir entidad propia.
Espero que todos hayáis disfrutado de ese momento en el que las palabras ya no se perciben en el papel, ese instante mágico en el que la decoración de ciervos dorados tras la televisión ya no llama la atención. Ése es el momento en el que la narración, la historia, te ha absorbido plenamente. Es entonces cuando hemos caído bajo la fascinación del espejo.
Así, como Alicia, nos sumergimos en los hechos reales o ficticios que el narrador nos presenta, olvidándonos de que ese narrador existe. El autor ha dado paso a su obra y ya no importa quién es. Está en un segundo plano. Como la tramoya en el teatro, todo queda escondido a la vista del espectador, cegado por la propia narración.
Y es aquí donde surge el problema.
No es que no se deba perseguir la consecución de tal sensación en el lector –en el caso de los escritores-, sino que no se debe olvidar quién es el que cuenta la historia y a quién. Es decir, lo que se debe evitar es la confusión de roles.
Una gran parte de los escritos que nos llegan a esta página carece de la fascinación del espejo precisamente porque el propio autor ha sucumbido a ella.
El escritor no debe olvidar jamás que, por muy clara que esté la historia en su cabeza, nunca podrá el lector saber nada que él no le cuente. Éste es uno de los principios básicos a la hora de narrar, y es uno de los más sencillos de recordar. Además los fallos en este sentido se solucionan muy fácilmente permitiendo a terceras personas leer el texto: éstas siempre podrán indicar las lagunas que encuentren sin necesidad de ninguna formación literaria.
Pero aún existe otro problema mayor en la confusión de roles, y es cuando el escritor se encandila con sus propios personajes e historias hasta el punto de olvidar que es él quien crea la historia.
Así, perdido de vista el marco del espejo, el autor acaba describiendo de un modo superficial todo lo que encuentra el protagonista, defendiendo en muchas ocasiones que dicho enfoque sesgado viene determinado por la narración en primera persona. Y hay algo de falacia en esto.
Cuando un autor conoce de verdad el marco en el que sitúa su historia, cuando conoce vida y milagros de los personajes que aparecen, principales o secundarios, este conocimiento trasciende en sus líneas aunque no se utilice directamente.
Ésta es la maestría a la hora de narrar: presentar unos personajes que tienen cuerpo propio frente al lector, personajes a los que se les puede adivinar un pasado y unas costumbres aunque no hayan sido nunca nombradas en algún sitio; y, además, situarlos en un entorno que, aunque resulte original, aparezca coherente al lector.
No hay nada que rompa más la fascinación ejercida por el espejo que el comenzar a preguntarse cosas del tipo: ¿y éstos de que viven? ¿Y por qué les da por liarse a espadazos? ¿Y el agua? ¿De dónde sacan el agua? ¿Y por qué lleva un zippo si no le pega ni con cola fumar? ¿Un crucifijo del siglo XII, para un paseo nocturno?
Aunque resulte sorprendente, en muchas ocasiones el escritor tiene respuesta a todas estas preguntas, y además es satisfactoria. Sin embargo, los elementos que le hubieran permitido dar la explicación de un modo indirecto han quedado excluidos de la narración porque se ha perdido dentro de su propia historia olvidándose de que es el lector quien debería hacerlo.
No vale ir teniendo ideas brillantes a mitad de la narración, y muy en especial si ésta es larga. Se pueden deducir nuevas cosas de los propios personajes y escenarios, pero no se les puede adjudicar una orfandad intempestiva a los primeros, ni la presencia de una nave espacial de última hora en los segundos.
Todo tiene que tener una lógica en el desarrollo de la historia, pues por muy trepidante que parezca su devenir, el lector nunca será mejor director que el autor, pues este último, si juega bien sus cartas, nunca perderá de vista el marco del espejo ni todo lo que tiene alrededor, que es, a fin de cuentas, lo que da solidez al relato.
Así que atención cuando narréis, no sea que os perdáis en las brumas de vuestra propia imaginación. En caso de extrema necesidad siempre podéis hacer como John Ford, que durante el rodaje de “Tres lanceros bengalíes”, ambientada en la India, exigió que le pusieran un elefante delante para no equivocarse y contar una de indios y vaqueros.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Sobrio, como siempre |
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25-12-2005 20:19 |
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Ja,ja,ja, que buena la anécdota final.
Me gustó la metáfora del espejo, ayuda a entender cual es el quid de la cuestión.
Creo que no hace falta, como bien dices, escribir un relato en primera persona para cometer el error de dar por supuesto el caracter de los personajes o detalles de la ambientación. Es un fallo muy propio de escritores noveles (dónde me incluyo), y que se va puliendo con el tiempo, el ejercicio y la apreciación de terceros.
Buen artículo, compadre.
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RE: Sobrio, como siempre |
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26-12-2005 12:57 |
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Muchas gracias por el comentario, compañero. Me alegra que te haya gustado el artículo y que la metáfora te haya parecido adecuada. La anécdota de John Ford me encanta...
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Bien apuntado |
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27-12-2005 00:57 |
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Buena aportación camarada. Estoy de acuerdo contigo en gran parte de lo que dices, pero no en todo.
Por ejemplo lo de la pérdida de perspectiva y las explicaciones a posteriori que nunca me han parecido válidas (lo que se quiera decir hay que decirlo con el texto, porque los libros no se venden con el número de teléfono del autor para que aclare las dudas que surjan). Totalmente de acuerdo en eso; aunque el dejarse llevar, con mesura, por los personajes y las circunstancias, creo que puede también beneficiar en muchos momentos, siempre que no se exceda la “confusión tolerable”.
Otra cosa es lo de los personajes; cierto es que deben estar definidos y ser plausibles, pero entiendo que también hay que dar paso a eso que también se ve en la vida de las personas de verdad: nadie es él mismo en todo momento, sino que muchas veces hacen lo que no se espera de ellos ni se comprende que hagan.
En fin, dejo de divagar.
Un abrazo, pisha.
P.D. Me suena lo del “crucifijo de paseo”, jejejejeje.
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RE: Bien apuntado |
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27-12-2005 12:40 |
El crucifijo de paseo iba con dedicatoria, compañero
Respecto a las acciones extrañas de los personajes, estoy de acuerdo contigo, pero dentro de un determinado marco: hay acciones que chirrían y hay otras que sorprenden. A mi parecer no es en función de lo extraño de la acción el efecto que tiene, sino de la atmósfera creada.
Cuando uno se entera de que Gollum, en el Señor de los Anillos, era un hobbit antes se sorprende, no se dice ¡vaya sacada de la manga del señor Tolkien! Sin embargo, cuando el mayordomo del Código DaVinci resulta que es un espía uno se encoge de hombros y se dice "Bueno, algún susto nos tenían que dar."
De todas formas, sí que es cierto que he simplificado mucho en el tema de personajes y atmósferas, pero es que espero escribir un artículo específico sobre el tema y aquí sólo quería centrarme en la pérdida de perspectiva, que es deliciosa pero muy peligrosa.
Un abrazo, compañero, y gracias por el comentario,
ps.- a mí me gusta mucho también perderme en mis propias historias, y conozco los gazapos que nacen de ello
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Gran artículo |
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28-12-2005 19:20 |
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Me ha parecido un artículo interesante, señala muchas cosas que hay que tener en cuenta cuando se va a escribir. Particularmente a mi no me gusta estar explicando las cosas a los lectores a posteriori, creo que las cuando se escribe el mensaje del autor tiene que estar lo suficientemente explicito como le plazca. Pero sobretodo no hay que olvidar a los lectores, ¿sino para quién se escribe?
Hasta tu artículo me dio ganas de escribir, después de dejar un tiempito la pluma abandonada. Saludos, y feliz navidad
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RE: Gran artículo |
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29-12-2005 13:55 |
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Pues si te dio ganas de escribir, no creo que pueda caberme mayor satisfacción. Me alegra que el artículo te haya parecido acertado y que te haya motivado. Muchas gracias por tu comentario y un saludo, compañero
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Buen consejo... |
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27-12-2005 14:09 |
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... que paso a aplicarme; creo que he caído demasiadas veces en esa trampa. De todas formas, creo que se puede dejar un espacio para la sugerencia, y que sea el lector el que reconstruya detalles de la narración.
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RE: Buen consejo... |
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27-12-2005 15:56 |
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Totalmente de acuerdo, aunque ese espacio se debe dar voluntariamente.
Gracias por pasarte y dejar tu comentario, compañero.
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Te entiendo |
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27-12-2005 15:46 |
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Entiendo el problema del espejo. Creo que me pasó con Iepciis, demasiado dato oculto, demasiadas cosas que te resultan tan obvias que pueden despistar al lector.
El problema reside en que el escritor se mete tanto en la historia que a menudo olvida que existen unos personajes llamados lectores. Esto es como dar una clase de matemáticas: los alumnos no saben nada; no te vas a sacar una fórmula de la manga.
Totalmente de acuerdo con el asunto de las preguntas. Hay respuesta para todas, ¿pero merece la pena contestarlas?
Sobre acudir a la ayuda de terceras personas para detectar estos fallos. Es un buen método pero, no obstante, recomiendo encarecidamente el uso de otro método que he ido perfeccionando, y que resulta muy, muy útil. Abandona tu escrito unas semanas en el disco duro; prepara tu impresora, haz una copia en papel y léetela en el sofá. Resultados 100% satisfactorios.
Un saludo.
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RE: Te entiendo |
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27-12-2005 15:59 |
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Gracias por tu comentario y tu consejo, compañero. La verdad es que releer textos que se han abandonado por algún tiempo es una experiencia muy particular.
Respecto a las preguntas, yo creo que en realidad no hay que contestarlas, sino saber contestarlas. Toma como ejemplo un amigos tuyo que conozcas bien: no te hace falta responderte una a una todas las preguntas posibles del mundo para que, llegado el momento, puedas hacerlo.
Si a tus personajes los conoces lo suficiente podrás contestar esas preguntas en caso de que necesites hacerlo. Soy contrario a diseccionar mis personajes en fichas, pero soy partidario de dejarle rondar por mi cabeza hasta que pueda ser capaz de conocerlos como a un viejo amigo.
Un saludo, compañero, y nos vamos leyendo
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