La batalla por el bosque de Drakwald II |
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13-01-2006 17:57
Por: Davidelgnomo
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Turno 2 Caos:
Gorthor no podía creer lo que veía. Sus tropas estaban siendo arrasadas por los orcos en el flanco más lejano. Ni tan siquiera los poderosos ogros dragón habían logrado contener a la marea verde. Pero todo eso estaba a punto de cambiar. Con una mirada, ordenó a uno de los caudillos que iniciase la emboscada. El caudillo de los hombres bestia se llevó a los labios un descomunal cuerno de caza y sus ecos resonaron por todo el campo de batalla sembrando de dudas a cada uno de los goblinoides que lo escuchó. Pero el mensaje no fue captado sólo por las tropas presentes en el campo de batalla.
Sin previo aviso, una manada de bestias surgió tras katapultas goblins y una jauría de mastines del caos hizo lo propio al lado de la colina donde descansaban los lanzapiedroz. Gorthor rió. Ahora los artefactos goblins estaban sentenciados. El caudillo hombre bestia que luchaba contra el gigante logró mantener la calma entre sus tropas, no así el beligor que comandaba la manada de bestias de las cercanías, que al ver al coloso gritando improperios fue presa del terror y huyó junto a sus servidores poniendo tierra de por medio entre ellos y el monstruo.
Entonces, el caos decidió vengarse del daño que le habían hecho los goblinoides. Los bárbaros del caos, con
un señor del caos y un paladín legendario al frente, se lanzaron contra el karro de jabalíes que había destruido a la bestia de Nurgle. Uno de los carros de tuskgors se lanzó contra la unidad de goblins que tenía frente a él con sus bestias deseosas de empalar a algún enemigo con sus cuernos. Había llegado la hora del combate, y Archaón ordenó a los Espadas del Caos la carga contra los orcos negroz que se encontraban en su trayectoria. Ante la imagen de un regimiento completo de los mejores guerreros del mundo conocido al mando de un ser antinatural montado sobre una bestia que expulsaba fuego de sus fosas nasales, los orcos no pudieron más que dar media vuelta y huir lejos de la mortífera carga. Mientras esto ocurría, los pastores de garrapatos recibieron la carga combinada de un carro de tuskgors y la unidad de khornegors, sedienta de sangre que ofrecer a su dios. Los monstruos saltarines abrieron y cerraron sus imponentes mandíbulas excitados. A su lado, los centigors cargaron sobre los jinetez de jabalí que no habían podido arrasar al engendro del caos al tiempo que los ogros del caos caían sobre el flanco del mismo regimiento. Los orcos quedaron en una situación extremadamente comprometida. Ya había llegado el momento, y Gorthor no iba a dudar. El Señor de los hombres bestia arrojó su carro contra los trolls de piedra, ordenando al gigante más próximo que lo secundase. En el centro, uno de los engendros cargó por el flanco del gigante. Los otros dos que no estaban en combate se lanzaron a él. Una de las bestias de Nurgle se trabó con una unidad de goblins nocturnos al tiempo que la otra acababa en la refriega con una masa de diminutos snotlings.
El carro de hombres bestia continuó su huida, esta vez hacia el límite del campo de batalla más cercano, deseando abandonar la lucha.
A pesar de su ya evidente superioridad ante los goblins, Gorthor dirigió su atención mágico hacia los Khornegors, fluir hacia ellos una habilidad en el combate mayor de la que ya de por sí poseían. Por su parte, Archaón materializó unas llamas azules sobre los goblins nocturnos más cercanos al no tener objetivos más dignos a los que alcanzar, pero sus poderes fueron dispersados por el gran chamán orco zalvaje, que lo miró desafiante a través de su máscara ósea. El caudillo que entraba en combate con los garrapatos tuvo tiempo en su carrera para fijar su objetivo en la unidad de lobos que había al otro lado del lago. Sin embargo, no logró concentrarse y las energías mágicas que Tzeentch le había concedido se le escaparon. Estas energías fueron recogidas por el gran chamán orco zalvaje, que invocó a Gorko para que aplastase a la nueva amenaza que había surgido en emboscada por la retaguardia de su ejército. Archaón sintió el peligro y dispersó el hechizo con un sencillo gesto de la mano. El orco gruñó cuando el señor del caos le devolvió la moneda.
El caudillo que combatía con el gigante volvió a intentar controlar la mente de Grimgor y su guardia personal, pero el gran chamán orco sabía del poder de los machotez y lo que supondría tenerlos en contra, por lo que utilizó el poder arcano de un pergamino de dispersión de magia, el cual se deshizo entre sus dedos una vez leído. En el flanco izquierdo, el señor del caos que acompañaba a los guerreros del caos con arma adicional intentó vaporizar a algunos orcos grandotez con el poder de Tzeentch, pero su tentativa fue dispersada por el gran chamán orco que acababa de leer el pergamino. Un poco más allá, el señor del caos que lideraba a los bárbaros volvía a intentar controlar las mentes de los gigantescos orcos como había hecho anteriormente cuando perdió el control del hechizo. Sólo logró recuperar el control sobre sí mismo después de una dura lucha interna. El paladín legendario pretendió la misma jugada, esta vez con los arkeroz orcos, aunque su hechizo fue dispersado por el poder del tótem de Morko que portaban con facilidad.
Tres goblins nocturnos fanáticos más habían surgido de las filas de los goblins nocturnos que se encontraban junto a la colina, y el portaestandarte de batalla parecía incómodo de su presencia. Intentó fundir a uno con un chorro de llamas rojas, pero Tzeentch no escuchó sus palabras y no le proporcionó el poder necesario. El caudillo que esperaba pacientemente su turno entre los guerreros del caos intentó triunfar donde habían fracasado el señor del caos y el paladín legendario, pero no fue mejor que ellos a la hora de controlar las mentes de los orcos grandotez. El tótem de Morko seguía brillando con una luz verde que dispersaba gran parte de la magia del caos. El caudillo gritó de frustración cuando el chorro de fuego rojo que salía de sus manos se evaporó mucho antes de llegar a uno de los fanáticos. El señor del caos y el paladín legendario se dieron cuenta de que mientras ese estandarte siguiese en poder de los orcos no sería sencillo tener la superioridad mágica. Debían destruir a su portador. Finalmente, el poder del estandarte fue superado y el señor del caos logró carbonizar a uno de los diablos con cadenas. Para finalizar, el poder combinado del báculo de hechicero que portaba el orco y el tótem del portaestandarte de batalla finalizó con las esperanzas de la unidad de guerreros del caos de utilizar el poder de su estandarte. El chamán orco utilizó la poca energía que le que le quedaba para acabar con el conjuro protector que envolvía a los guerreros del caos elegidos.
Con sólo un enano del caos controlando al gigantesco demonio, el disparo del cañón infernal salió muy desviado de los lanzapiedroz a los que buscaba. El proyectil inflamado cayó cerca de los mastines del caos que acababan de surgir tras el ejército enemigo. Las bestias, intimidadas, dieron media vuelta y se perdieron lejos del campo de batalla.
Fue el gigante del caos esta vez quien se adelantó a su rival en el lanzamiento de insultos y amenazas a pleno pulmón, pero aunque varias tropas cercanas se vieron obligadas a taparse los oídos ante el estruendo, el gigante de los orcos y goblins no pareció intimidarse lo más mínimo. Como era de esperar, el señor del caos que acompañaba a los bárbaros no necesitó un gran esfuerzo para reducir el karro de jabalíes a una masa de sangre, pelos, metal y madera de una forma no muy clara. La unidad de bárbaros se mantuvo en posición.
A su izquierda, los minotauros cayeron sedientos de sangre sobre los orcos grandotez jinetez de jabalí. El brutal minotauro de la condenación empeló sus hachas de Khorgor para acabar con el gran jefe orco zalvaje y uno de los orcos, mientras que los jabalíes lograron derribar y mordisquear hasta la muerte al último minotauro que acompañaba al líder bovino. Ninguno de los dos bandos se movió. El carro de tuskgors que había cargado a los goblins aplastó o ensartó a siete de los goblinoides, que dieron media vuelta sólo para ser cazados de uno en uno por los furiosos tuskgors. El carro siguió su trayectoria, estampándose contra la vagoneta de ataque snotling que se había colocado en la retaguardia del ejército. El combate entre tropas sin cerebro se saldó a favor del engendro del caos, que de un zarpazo acabó con unos cuantos snotlings sin recibir heridas a cambio, aunque la situación continuó siendo semejante. No muy lejos, otra bestia de Nurgle infectaba a dos goblins nocturnos de enfermedades que los mataban en el acto con extraños venenos. La tercera bestia de Nurgle fue algo más contundente que sus hermanas, hiriendo profundamente al gigante con sus garras inhumanas. El caudillo hombre bestia que había logrado mantener el orden en sus tropas vio recompensada su paciencia y acabó con el monstruo de un brutal hachazo. El coloso cayó hacia atrás sin que nadie sufriera daños. No muy lejos de allí el carro de Gorthor embistió a los trolls de piedra, acabando con una de las bestias. Gorthor hirió al gran jefe orco que los conducía mientras que el gigante acababa con otro troll con un golpe de garrote. Los estúpidos monstruos contraatacaron hiriendo al titán con una de sus anticuadas armas de piedra, pero parecía que no sería suficiente para contener el ataque enemigo. Cuando todo parecía negro para los trolls, sus compañeros caídos comenzaron a moverse. La piel de los trolls comenzó a regenerarse allí donde había sido atravesada por las cuchillas del carro o el tremendo golpe de garrote. Pronto, los dos muertos “resucitaron” y los tuskgors que tiraban del carro de Gorthor se encabritaron y huyeron arrastrando al señor de la guerra con él. El gigante aguantó en su posición, pero Gorthor aulló de rabia mientras veía a la piedra de la manada alejándose en el horizonte.
Cuando Gorthor se daba media vuelta los bestigors y el carro llegaron hasta los garrapatos. Ocho de las criaturas murieron en la lluvia de golpes y los cazadores huyeron, liberando a decenas de garrapatos en todas direcciones. El campo se convirtió en una lluvia roja mortal, y dos khornegors cayeron desgarrados por las bestias mientras los cobardes goblins eran aniquilados por el carro de tuskgors en persecución.
Las cosas empezaban a complicarse por ese lado para los orcos, dificultad que se confirmó cuando los centigors ensartaron a dos de los orcos jinetez de jabalí y los ogros del caos destrozaron los cráneos de otros dos con espectaculares puñetazos. Para redondear la jugada, el engendro del caos hirió al héroe orco negro. Los orcos huyeron despavoridos perseguidos por los ogros, mientras que los centigors se trabaron con uno de los garrapatos saltarines que aún eran montados por goblins. Finalmente la serpiente alada logró causar daños graves al carro, aunque el kaudillo siguió si poder conectar un golpe en condiciones. Los corceles del caos mordieron al monstruo en parte blanda, haciendo rugir furioso al reptil. Después de aguantar tanto tiempo, los guerreros del caos perdieron el valor ante tan poderoso rugido, espoleando a sus caballos para que se alejasen del monstruo, que los persiguió sin alcanzarlos.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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k envidia! |
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20-01-2006 10:45 |
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ojalá tenga yo u dia suficientes miniaturas pa jugar una partida así
buen informe de batalla espero k pongais otro pronto xro mas corto jejeje
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k envidia! |
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20-01-2006 10:43 |
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ojalá tenga yo u dia suficientes miniaturas pa jugar una partida así
buen informe de batalla espero k pongais otro pronto xro mas corto jejeje
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Remarcar |
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16-01-2006 17:26 |
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Aspectos destacables de estos dos primeros turnos, para los que no quieran leer tanto.
1-Los orcos ha machacado por el flanco izquierdo. Han caído dos carros de tuskgors, la unidad de ogros dragón (aunque, ¡qué bestias son!) y dos engendros del caos. Los gigantes se encuentran trabados en un combate favorable al gigante orco, que tiene las seis heridas por una del gigante del caos, pero ya veremos qué pasa.
2-El flanco derecho es todo lo contrario. Los jinetez de jabalí huyen con el rabo entre las piernas mientras una lluvia de garrapatos cae en todas direcciones por la pérdida de sus pastores.
3-Gorthor está huyendo de los trolls de piedra, al fin hacen algo...
4-Buen disparo del cañón infernal, que da a su propia unidad de mastines del caos y los hace huir del campo de batalla presos del pánico y salvando así del peligro a los lanzapiedroz de la colina.
5-Un carro de guerreros del caos que no muere en tres turnos de combate frente a un kaudillo orco negro en serpiente alada que ha costado casi 500 puntos merece también una mencioncilla.
6-Tampoco está nada mal que un engendro del caos descuartice a un gigante (o casi, aunque la última herida se la hace un caudillo hombre bestia).
Hala, a ver cómo continúa esto.
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Genial!!! |
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16-01-2006 14:58 |
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Enga, la tercera parte, ojala algun dia pueda yo jugar una partida asi...
PD:Vamoz chicoz, machakad a los kaotikoz
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¡Siguiente! |
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13-01-2006 18:02 |
Cuando quieras ya puedas mandar la siguiente entrega
Felicidades de nuevo. Se agradecen estas...¿batallitas? Deberemos buscar otro nombre...xD.
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mola |
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13-01-2006 21:31 |
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{message_hidden_body}
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la hostia |
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14-01-2006 18:12 |
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aber pa cuando la tercera entrega, etoy ansioso x saber kien gana.
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toma yaaaa |
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14-01-2006 12:58 |
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me a encantado la verdad. me gustaria saber k les pasa a los orcos.....
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RE: toma yaaaa |
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14-01-2006 13:01 |
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ese era yo, abia olvidado conectarme
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k envidia... |
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13-01-2006 21:36 |
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Ojalá pudiera jugar yo partidas asi de bastas! pero mis 'compañeros de batallas' se aburren asta kon las de 4000...
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