El Viaje Oscuro III |
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10-02-2006 11:59
Por: DarkExile
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El pobre Louis poco a poco empieza a darse cuenta de dónde se ha metido realmente.
Regresó al primer vagón. En una de las puertas había una hoja amarillenta que sobresalía a la altura de la manija, pensó que seguramente era una nota de Elizabeth. Se acercó y se dio cuenta de que al contrario de las otras, el número de la puerta no era una pieza de bronce sino que estaba tallado burdamente en la madera, el número siete. Louis rozó la áspera superficie y un extraño escalofrío le recorrió el cuerpo.
“Esa sensación”
Separó los dedos de la madera y tomó el papel. Las pocas palabras en letras rojas fueron suficientes para sobresaltarlo: ¡Aquí estoy, ayúdame! Louis abrió la puerta de golpe. La ventanilla estaba abierta y lo que parecía ser una cortina negra que revoloteaba a causa del viento, salió expelida perdiéndose luego en la oscuridad del exterior. No había nadie dentro. Se acercó a la ventana y observó que lo que había visto salir expulsado no había sido una cortina, sino la parte inferior de una gabardina. Había visto al hombre de la gabardina negra saliendo por la ventana.
“¡Estuvo aquí!”
Su cuerpo entero comenzó a temblar, así que se sentó para tranquilizarse y recobrar equilibrio. El viento frío seguía entrando a raudales, pero no le importó; estaba absortó en sus pensamientos: “¿Qué demonios está pasando aquí?” Pensamientos que se tornaron funestos. Con solo recordar ese rostro inexpresivo que contempló justo antes de subir al tren, esos ojos negros sin brillo que por un momento parecieron absorberlo en un vórtice oscuro sin final, creía que el terror terminaría por volverlo loco. Y pensar que había estado ahí, justo donde él, con ella. “Imposible que se la haya llevado” se decía una y otra vez. Al rato se levantó y se acercó a la ventana; por un momento deseó asomar la cabeza pero inmediatamente el miedo le obligó a cerrar la escotilla de golpe. Aún tembloroso, volvió la cabeza rápidamente: no había nadie atrás de él, sin embargo se sentía observado.
Había un libro rojo en la mesita junto al sillón, parecía ser lo único que Elizabeth debía haber traído consigo. Louis, dubitativo, lo tomó pero la cubierta estaba humedecida de un líquido espeso, no pudo sujetarlo y se le resbaló de los dedos. Al verse la mano y de lo que se había manchado gritó aterrorizado. “¡No puede ser de ella!”, añadió sobrecogido. Los gritos fueron sucedidos por el rechinar de la puerta; un hombre flaco y bigotudo vestido en pijama entró y vio al viejo que seguía parado viéndose las manos.
—¿Qué pasa aquí? ¡Sus gritos no me dejan descansar!
—Por favor déjeme solo —Louis estaba pálido.
—¿De qué tiene manchadas las manos?
—¡Salga! —Louis lo empujó con los codos y cerró la puerta con seguro.
La súbita reacción de terror que la sangre le suscitó no fue ocasionada por una aversión al líquido rojo, ya que, aunque sus tiempos de cirujano habían pasado hacía tiempo, aún conservaba parte del temple frío característico de un doctor de su área, pero lo que significaba en esos momentos le hacía pensar en lo peor. Tomó el pañuelo que siempre solía llevar con él y se limpió. Sin preocuparse por saber qué libro era, lo tomó con cuidado, limpió lo que pudo de la tapa y lo guardó en un pequeño cajón debajo del estante para equipaje. Pensó en lo que tenía que hacer en ese momento. “Debo encontrarla”, y buscando una respuesta lógica a lo acaecido terminó diciendo en voz alta: “Y exigir una explicación a esta broma de mal gusto”. Salió del compartimento y fue directo a la primera puerta del vagón y tocó con fuerza. Cuál fue su sorpresa al encontrarse al hombre que hacía unos instantes lo había visitado.
—Usted otra vez, ¿eh?, parece que no se quedó satisfecho con robarme el sueño gritando, sino que ahora viene a molestarme personalmente.
—No vengo a molestarlo —pensó en retirarse pero necesitaba hacer la pregunta—. ¿Ha visto a una mujer rubia con vestido de noche?, se llama Elizabeth.
—No, no vi a ninguna mujer. Ahora lárguese viejo. —Dijo mientras lo empujaba hacia fuera, desquitándose del trato que había recibido hacía unos momentos.
—Imbécil. —Murmuró Louis y el hombre le cerró la puerta en las narices.
Enfadado, tocó a la siguiente puerta pero no respondieron; tuvo la misma suerte con las dos siguientes. Mientras se decidía a tocar a la siguiente, el vagón se sacudió de súbito, Louis apoyó sus manos en la pared para sostenerse en pie. “¡Qué demonios!” Todo volvió a la normalidad al instante, o casi todo, el silencio que reinó enseguida pareció haber ahogado incluso el sonido de la fricción del tren contra los rieles, como si éste se hubiera alzado en vuelo, pero sólo por un momento. Louis aguzó el oído y volvió a escuchar el mismo sonido metálico e hipnotizante de antes. Olvidando la agitación que casi le derriba y teniendo un solo pensamiento en mente, se paró enfrente de la puerta con el cuatro de bronce y tocó con fuerza, esperó y volvió a tocar. Ya se había dado la vuelta cuando por fin alguien atendió. Era una anciana morena de baja estatura y regordeta, traía un vestido blanco ribeteado de coloridas flores, sandalias verdes y un extravagante sombrero negro rematado con plumas rojas.
—¡Qué casualidad! —Dijo la viejecilla mientras agitaba las manos emocionada— Llega justo a la hora del té.
Tomó a Louis del brazo y lo jaló hacia dentro.
—¿Quiere tomar un poco? —Le dijo mientras ponía una taza en la mesa pegada a la pared, justo debajo de la ventana.
—No, gracias —Louis se quedó viendo hacia afuera esperando que el rostro pálido del hombre de la gabardina se asomara en cualquier momento.— Estoy buscando a la persona que venía conmigo.
—¿A la mujer? Los vi juntos en el bar.
—Sí, sí, ¿la ha visto?
—Una mujer elegante. La vi hace unos minutos, salimos al mismo tiempo de ahí.
—¿Conversó con ella?
—La invité a tomar una taza de té conmigo pero no aceptó, dijo que tenía prisa, que esperaba a alguien importante.
—¿A quién?
—Se veía preocupada —hizo una pausa como si tratara de recordar algo y luego dijo.— ¿No se va a tomar eso?
—¿Le dijo a quién esperaba? —Preguntó exasperado.
—Ahora que lo recuerdo, ella mencionó a un hombre de apodo extraño —se quedó en blanco unos momentos mientras sorbía de su té y prosiguió diciendo.— No le puse mucha atención a lo que dijo, yo sólo quería que me acompañara un rato.
—¡El hombre de la gabardina!
—Sí, creo que era ése.
La exasperación se acrecentaba en Louis hacia límites imprevistos, hasta que identificó el sonido que había estado atormentando sus oídos desde que entró al compartimento de la anciana: el fonógrafo debajo de la mesa aullaba una extraña música melancólica que más que una composición parecían notas inconexas y desentonadas. Talvez sería por la antigüedad del aparato, o talvez el cilindro estaba defectuoso, pero Louis preferiría estar escuchando los gemidos lastimeros de un perro a medio morir que a ese insulto a la armonía.
—¡Entonces sí estuvo en mi compartimento! —Gritó dejando escapar algo de su fastidio.
—¡Shhh!, no haga tanto ruido —Le regañó la anciana.
—¿Pero cómo puede el maquinista dejar su lugar?
—¿El maquinista?, no joven, este tren no necesita maquinista. Lo que hace la modernidad. —Se carcajeó.
—Pero Elizabeth dijo que él sería el que nos llevaría a nuestro destino.
—¿Y eso significa precisamente debía atender la locomotora?
—¿Qué quiere decir?
—Nada, nada; pero le digo que este tren ni siquiera tiene coche donde cargar el carbón.
Y era cierto, aunque Louis, en su confusión, no se había percatado de ello. Ahora todo lo veía más claro, si es que era posible en la situación en que se encontraba.
—Debo ir a buscarla, disculpe.
—El té, ¿no se lo va a tomar?
—¡El té!, no permanecería aquí un minuto más, me voy.
—No hay cuidado, vuelva...
Cerró la puerta antes de que la vieja terminara la frase.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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La mejor entrega hasta ahora |
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22-03-2006 20:06 |
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Me ha gustado mucho el terror claustrofóbico de este capítulo. Estoy cada vez más intrigado por saber cómo terminará el pobre Louis.
Sin embargo, como ya te han comentado, hay algunos errores de forma que se podrían subsanar fácilmente. Y procura no liarte demasiado con detalles sin importancia.
Un saludo. A ver cómo sigue.
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interesante |
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15-03-2006 11:33 |
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en mi humilde parecer es un texto bastante interesante. poco a poco va sumiendo al lector en un atmosfera oscura y densa, hasta el punto que te puedes llegar a sentir identificdo con louis. creo que la descriptiva esta bien manejada.
espero con ansias el siguiente capitulo.
att.:angel_perverso
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Vaya, |
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03-03-2006 20:26 |
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pues me parece que ya sé quien es Louis. Al principio del capítulo ya se dan las claves, pero el rollo del teléfono (del que sigo sin estar seguro) y otras cosas que por la descripción parecen más actuales o que no me cuadran con lo que tengo entendido, me tenían confundido. Al final ya es más claro.
De todas formas eso no hace que pierda el interés. Me gusta la mezcla de surrealismo onírico con suspense y terror, y tengo aún más curiosidad por cómo montas el desenlace.
Pero las imprecisiones, errores de bulto, malas estructuras… todo eso sigue ahí en la misma medida que en el anterior capítulo, y la verdad es que desmerece bastante.
En fin, creo que la próxima se merece un mayor revisión y pulido.
Y esa es mi opinión.
Un saludete.
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Creí haberlo comentado pero... |
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14-02-2006 15:55 |
parece que no funcionó. Vale, a comenzar de nuevo. Aunque... se me olvidó todo lo que tenía escrito XD. Pero lo que iba a decir es que esta entrega me gustó bastante, especialmente el final, como te dijo Akhul: sublime. La historia va mejorando, y ese libraco que estaba al anciano me sonó algo profético... veremos si se cumple
Saludos
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Intrigado |
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10-02-2006 12:03 |
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La verdad es que la historia se está poniendo apasionante por momentos. El ambiente claustrofóbico del tren infernal es tremendamente sugerente. La escena final me ha parecido sublime. Muy muy conseguida esta entrega a nivel argumental, francamente buena.
En la redacción, por el contrario, no me he quedado satisfecho. Empaña el relato el mal uso de las comas y los puntos (utiliza más de estos últimos) y el uso incorrecto de algunas expresiones (no es lo mismo ser testigo de algo que atestiguar algo).
En cualquier caso, es increible lo que estás consiguiendo con esta historia que yo ya daba por exprimida. Muy muy bueno. Espero que no tarde la siguiente entrega.
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