El Viaje Oscuro III |
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10-02-2006 11:59
Por: DarkExile
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Dejando atrás la desagradable experiencia con la anciana, decidió, no sin antes pensarlo detenidamente, asomarse a la locomotora para quitarse toda duda; y, efectivamente, sólo pudo observar, desde la puerta del primer vagón, máquinas de las cuales desconocía su funcionamiento. Regresó. Pasó al segundo vagón, allí toda la gente se había retirado; en el tercero tampoco había nadie; llegó al cuarto coche, dónde anteriormente había encontrado a Charon, y sólo las botellas de licor ocupaban las mesas. “¿Dónde está la gente?”. Llegó al quinto vagón, se sorprendió al ver que la entrada daba directo a un estrecho pasillo. Era un zigzag delimitado por placas de aluminio que llegaban al techo, apenas podían transitar dos personas de complexión mediana a la vez por la angostura.
“¿Qué es esto?” Llegó a un punto en que el camino se dividía en dos, siguió por la derecha y a unos cuantos metros se dividió de nuevo, parecía una versión gigante de un laberinto para ratas, la luz de las lámparas se atenuaba a cada paso que daba y parecía que pronto quedaría en total oscuridad.
Los golpes metálicos que detrás de él se escuchaban le obligaron a apresurar el paso, chirridos acompasados que parecían estar dispuestos en un intervalo determinado, al poco tiempo pisándole los talones, sonidos perturbadores indicando que algo o alguien se encontraba a pocos pasos de él y se acercaba más y más, atormentándolo al anunciar de forma deliberada que lo alcanzaría irremediablemente. De un momento a otro se vio corriendo, sudando frío, tratando de encontrar una salida del claustrofóbico pasillo.
“¡Luz!”. Siguió la ensombrecida fuente de luminosidad y por fortuna logró salir hacia un área más grande.
—¡Buenas noches! —Dijo el extraño que estaba sentado leyendo bajo la luz de las velas de la pared. Las lámparas no funcionaban.
—¡Alguien me persigue! ¡Pude escucharlo golpeando la pared tras de mí!
—Uy, uy, uy, tranquilo hombre, le va a dar un infarto.
Louis se apoyaba en sus rodillas, aún jadeante.
—Era el hombre de la gabardina. —Dijo fatigado.
—No, hombre, si sólo se trata de los chasquidos que hace el metal al reacoplarse. Usted sabe, calor, se expande; frío, se contrae. —Aprovechando que Louis se recuperaba siguió hablando— ¿Nunca ha estado en un almacén de noche?, parece una orquesta.
—Nada de eso, ¿por qué está así este maldito vagón?
—Siéntese que buena falta le hace. —Le acercó la silla desocupada que estaba a su lado— Verá, es un pequeño laberinto para entretener a los pasajeros, nada complicado. Claro que de noche puede dar una mala impresión como lo hizo con usted.
Louis se sentó y observó al hombre que permanecía tranquilo bloqueando la salida al siguiente vagón. Había algo en él que le era familiar. Luego volvió la mirada al pasillo del que acababa de salir, las lámparas funcionaron nuevamente y el vagón se inundó de luz.
—¡Bendito sea! —Exclamó Louis.
—Buen susto se llevó, ¿eh? Ahora hagamos silencio —dijo el extraño mientras le acercaba uno de los libros que tenía bajo la silla—. Leamos un poco.
—¿Leer? —Dijo en voz baja, aún recuperando el aliento—, con permiso, déjeme pasar.
—Mi libro trata de la historia de un hombre que tiene que pasar por una serie de sufrimientos para encontrar la entrada al paraíso, pero antes debe darse cuenta de por qué se le han impuesto esas pruebas tan aterradoras, indagando en lo más profundo de su alma y...
Otra vez escuchaba cosas de almas, del paraíso, cosas en las que no creía ni pensaba creer nunca, cosas que le sacaban de quicio.
—¡Eso a mí qué me importa! Hágase a un lado, voy a pasar.
—No creo que haya nada allá que le sirva de algo, ¿por qué quiere pasar?
—Ah, ya lo recuerdo, usted es el loco que me topé en la estación. Veo que ya se quitó el traje de circo que traía puesto.
—Digamos que me sentía un poco mal. Ya sabe, el clima y esas cosas. Tranquilícese, sólo dígame qué quiere.
—Busco a una persona, no es algo que le interese.
—Por aquí pasan cientos de personas, ¿alguna en particular?
—¿Cientos de personas? Usted es a la única que he visto desde que salí del primer vagón.
—Suele suceder, este tren es enorme.
—Déjese de tonterías, busco a una mujer rubia con vestido de noche.
—¿Es bonita?
—¿Qué pregunta? Sólo dígame si la ha visto.
—Primero usted dígame si es bonita.
—Sí, es hermosa, la mujer más bella que haya visto, ahora responda.
—Está muerta. —Dijo con una frialdad espeluznante.
—¿Cómo ha dicho? ¿Muerta? ¿Y usted quién es para decir eso? ¿Cómo se atreve a decir semejante barbaridad si no la ha visto?, ¡insolente!
Pero en sus pensamientos se crearon varias escenas en las que la palabra adquiría sentido y se tornaba verdadera, no quería imaginarlas pero le era imposible. La muerte cayendo sobre Elizabeth y él siendo testigo, observando cada detalle del funesto acto depravado, viendo con asombro cada excelso movimiento de las manos asesinas, cada corte experto en la tersa piel de le hermosa joven.
—¡A un lado! —Louis le empujó y le tiró de su silla. Saltando al hombre se apresuró al siguiente vagón.
Era de compartimentos de descanso como el primero. Instintivamente dio la vuelta a la manija de la primera puerta y ésta cedió. Dentro, colgada de un perchero en la esquina, una gabardina negra de piel apenas se movía por el viento que entraba de la ventana a medio cerrar. “Imposible”. Entró vacilante al compartimento. En la mesita, lo que parecía ser un plato de cerámica se tambaleaba al ritmo de la vibración del tren. Se acercó, no tenía forma circular, lo tomó y le dio la vuelta, ¡era el rostro del hombre de la gabardina! Contemplaba pasmado las cuencas vacías cuando, por el rabillo del ojo, vio a alguien más junto a él, volteó de golpe y vio su reflejo en un gran espejo de marco dorado. Ahí estaba él, cargando la máscara del hombre de la gabardina, estupefacto, aturdido, sin poder reaccionar, estaba paralizado.
El espejo estalló en pedazos, la madera de las paredes se ennegreció siendo presa de una putrefacción casi espontánea, los trozos de tablas caían dejando al descubierto una superficie negra, porosa y húmeda; la alfombra se hundía lentamente en una espesa neblina que se expandía poco a poco, los sillones se deshacían cual cera junto al fuego. Louis atestiguaba atónito una escena inconcebible, lo único que podía hacer era fijar la mirada en la luz de la lámpara que amenazaba con apagarse. Finalmente el cuarto quedó sumido en tinieblas. Louis sentía que el aire le faltaba, tenía frío. La presión en el pecho le obligó a hincarse en el suelo que ahora parecía ser de piedra; se sofocaba, creía que las paredes le caerían encima de un momento a otro. Con las manos tentaba el aire sin poder hacer contacto con lo que él pensaba estaba apunto de comprimirle hasta matarlo. Entonces cayó de espaldas, inconsciente.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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La mejor entrega hasta ahora |
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22-03-2006 20:06 |
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Me ha gustado mucho el terror claustrofóbico de este capítulo. Estoy cada vez más intrigado por saber cómo terminará el pobre Louis.
Sin embargo, como ya te han comentado, hay algunos errores de forma que se podrían subsanar fácilmente. Y procura no liarte demasiado con detalles sin importancia.
Un saludo. A ver cómo sigue.
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interesante |
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15-03-2006 11:33 |
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en mi humilde parecer es un texto bastante interesante. poco a poco va sumiendo al lector en un atmosfera oscura y densa, hasta el punto que te puedes llegar a sentir identificdo con louis. creo que la descriptiva esta bien manejada.
espero con ansias el siguiente capitulo.
att.:angel_perverso
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Vaya, |
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03-03-2006 20:26 |
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pues me parece que ya sé quien es Louis. Al principio del capítulo ya se dan las claves, pero el rollo del teléfono (del que sigo sin estar seguro) y otras cosas que por la descripción parecen más actuales o que no me cuadran con lo que tengo entendido, me tenían confundido. Al final ya es más claro.
De todas formas eso no hace que pierda el interés. Me gusta la mezcla de surrealismo onírico con suspense y terror, y tengo aún más curiosidad por cómo montas el desenlace.
Pero las imprecisiones, errores de bulto, malas estructuras… todo eso sigue ahí en la misma medida que en el anterior capítulo, y la verdad es que desmerece bastante.
En fin, creo que la próxima se merece un mayor revisión y pulido.
Y esa es mi opinión.
Un saludete.
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Creí haberlo comentado pero... |
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14-02-2006 15:55 |
parece que no funcionó. Vale, a comenzar de nuevo. Aunque... se me olvidó todo lo que tenía escrito XD. Pero lo que iba a decir es que esta entrega me gustó bastante, especialmente el final, como te dijo Akhul: sublime. La historia va mejorando, y ese libraco que estaba al anciano me sonó algo profético... veremos si se cumple
Saludos
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Intrigado |
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10-02-2006 12:03 |
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La verdad es que la historia se está poniendo apasionante por momentos. El ambiente claustrofóbico del tren infernal es tremendamente sugerente. La escena final me ha parecido sublime. Muy muy conseguida esta entrega a nivel argumental, francamente buena.
En la redacción, por el contrario, no me he quedado satisfecho. Empaña el relato el mal uso de las comas y los puntos (utiliza más de estos últimos) y el uso incorrecto de algunas expresiones (no es lo mismo ser testigo de algo que atestiguar algo).
En cualquier caso, es increible lo que estás consiguiendo con esta historia que yo ya daba por exprimida. Muy muy bueno. Espero que no tarde la siguiente entrega.
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