VozOtra, revista de poesía |
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16-03-2006 09:15
Por: AlahurSessa
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VozOtra es nuestra voz y nuestra voz es VozOtra.
Durante el pasado invierno tuve la fortuna de encontrar por casualidad, una revista de poesía y sin dudarlo dos veces, me dispuse a hojearla y eventualmente a comprarla. La leí mientras viajaba en Navidad y durante Año Nuevo. El caso es que quede enganchado a su contenido, pues se trata de una revista de una calidad excepcional y que con gusto os la recomendaré; la revista se llama “VozOtra” y forma parte de un gran esfuerzo de distintos poetas y escritores hispanoamericanos. De hecho se hace llamar “Revista Hispanoamericana de Poesía y Crítica” y se edita por consiguiente en varios países de habla hispana entre los que destaco: España, México, Cuba, Chile y en Estados Unidos también.
Autor
Goza de varios autores.
Sinopsis
“VozOtra es la palabra desprendida del reconocimiento de la otra voz, resonancia de ecos navegantes en busca de la afinidad entre naciones de un mismo origen: Hispanoamérica, geografía poética que crea, propone, comulga y disiente.” Así lo resume Javier De La Mora, fundador de la dichosa revista.
En su interior encontramos las siguientes secciones:
“Orígenes” que trata sobre vida y obra de los poetas. En este número uno, Ricardo Silva-Santisteban, Julio Ortega, Marco Martos nos deleitan con poemas y pasajes de la vida de César A. Vallejo, entrañable poeta peruano del siglo XX.
En la sección de “Ulises”, podemos leer entrevistas, biografías de reconocidos poetas y alguno que otro poema errante.
“Presencia”, donde poetas y poetisas, nos comparten de viva voz sus opiniones personales; en esta ocasión el artículo lo escribe Gloria Mendoza Borda, poetisa peruana quien le brinda un pequeño, pero merecido homenaje a un grande de la poesía.
En “Examen”, vemos la reseña de ensayos por demás interesantes, y bastante actuales; en este número se analiza el libro “Rumbo a la libertad” de Álvaro Vargas Llosa.
En “Letras breves”, nos ofrecen anécdotas breves y curiosas, en efecto; también nos deleitan con la bella poesía de poco más de 16 poetas contemporáneos. Un artículo de Raúl Zurita, poeta chileno que nos da su visión de la poesía y de su país. Nos ofrece también, su arte.
En “Lee tras las letras”, escritores nos brindan pequeñas recomendaciones de otros autores, perfectamente reseñados.
En “Ciudades y poetas”, nos ofrecen vastas historias sobre la influencia de ciertas ciudades en los poetas.
En “Música para volar”, se nos comenta sobre Vinicius Da Moraes, poeta y músico brasileño del siglo XX.
El “Mundo literario”, nos ofrece la agenda de los principales eventos literarios, también de las novedades y recomendaciones de libros.
Edición
Formato de Revista Mensual de 112 páginas.
Conclusión
La revista está fabulosa, es muy bella y hermosa, tanto por su hechura como por su fondo; una pequeña obra de arte. La recomiendo ampliamente a todo lector asiduo de la poesía. Con escasa publicidad, la revista se antoja más literaria.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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javier de la mora |
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05-07-2008 00:27 |
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dejen en paz a Javier , el es mi amigo , lo estimo , lo quiero , parecen demonios , parecen una nube radioctiva , me gusta su personalidad , soy su amigo , y siempre lo sere asi como es asi es un gran poeta , bola de envidiosos. y cabrones no se merecen mas que estas palabras : vayan mejor a chingar a su madre y dejen en pas a mi hermano del alma. bola de buitres ....
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Ruben Moya |
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20-05-2008 01:21 |
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Cualquier persona que caresca de valores, y actitudes pro de la sociedad, considero que la vida misma se encargará de cobrarle lo que cosecha y Dios sabrá cómo juzgar en su momento a la gente que hace daño, aún cuando en esta vida no paresca tener su merecido, mientras tanto los incito a reconcilarnos todos, por supuesto a la gente no se le puede engañar y sabe cuando alguien es benfico y alguien maligno, alejemonos de los malignos y que su soledad sea su penitencia.
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Diálogo entre Reyes y Paz. |
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17-04-2008 08:33 |
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Le escribe Alfonso Reyes a Octavio Paz:
...creo haber encontrado lo más práctico y conveniente para la publicación de tal obra. Llevará el pie editorial "Tezontle", nombre ficticio que hemos usado Cosío Villegas y yo para los libros total o parcialmente pagados por el autor.
Responde Paz:
Desde luego acepto que Tezontle se ocupe de mi libro. Ojalá me envíe pronto el presupuesto. Apenas lo reciba, daré instrucciones a mi madre para que cubra la cantidad que me toque.
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Javier de la Mora 560 millones de pesos. |
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19-02-2008 21:13 |
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Javier de la Mora tiene 560 millones de pesos.
UPYSSET pondrá créditos por 560 millones: De la Mora
Con ello los nueve mil burócratas adscritos al sistema. En el 2007 ejercieron 330 millones de pesos, señaló el Director del organismo
Por: Carlos Pineda/Ciudad Victoria
Martes 19 de Febrero del 2008.
Ciudad Victoria, Tamaulipas.- A partir de este lunes el Consejo de Administración de UPYSSET abrió a los trabajadores del Estado su cartera crediticia a ejercer este año.
Javier de la Mora, Director del Organismo, dijo disponer de 560 millones de pesos para otorgar préstamos a los más de nueve mil burócratas adscritos al sistema.
Para este ejercicio, dijo que el presupuesto autorizado por el Consejo de Administración pasó de 330 millones de pesos ejercidos en 2007 a la cifra antes citada.
“La ampliación del presupuesto permitirá beneficiar a un mayor número de trabajadores del Estado con diferentes tipos de crédito a corto plazo, especial o hipotecario” indicó.
Javier De la Mora informó que a partir de este lunes se abrió la ventanilla de recepción de solicitudes por lo que todos los trabajadores que cotizan en UPYSSET podrán pasar a realizar su trámite crediticio.
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bien de acuerdo |
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15-02-2008 19:53 |
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he leido las dos revistas, vozotra y verso destierro. me quedo con la segunda, es una revista de poesia muy valiosa. y efectivamente se paga con sus propias ventas, aparte de contener poemas de mucha profundidad y calidad,tiene muy buenos ilustradores,felicidades a este proyecto, desafortunadamente existen muy pocas publicaciones, seria genial que se crearan mas.
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Gracias. |
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11-02-2008 20:42 |
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Gracias por sus comentarios, críticas y sugerencias, así como por la asesoría gratuita que me han brindado en materia poética y editorial. Han sido comentarios valiosos, otros han sido alimentados por celos y envidia, pero lo entiendo dada la condición humana. De cualquier modo les agradezco. Tengan por seguro que los tomaré en cuenta en mi próximo proyecto editorial.
Atentamente
Javier de la Mora.
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No al financiamiento de proyectos litera |
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14-02-2008 02:30 |
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Es verdad: VozOtra es corrupción. Escritores como Javier de la Mora no deberían existir en el país. A lo largo de la historia de México ha habido una bola de cabrones que financian sus revistas literarias con dinero del gobierno. Así lo hicieron los maricones de la revista Contemporáneos (Cuesta, Owen, Novo, Villaurrutia, Torres Bidet, etc.) que financiaron su revista con el apoyo de la SEP en manos del corrupto Vasconcelos (cuyo secretario particular era Jaime Torres Bidet, otro maricón), y de la Secretaría de Salud en manos del Dr. Gaztelum (cuyo secretario particular era Salvador Novo, ni se diga: mariconsísimo). Esto lo pueden corroborar en el libro de Guillermo Sheridan sobre el tema. También el poca cosa de Octavio Paz obtuvo dinero del gobierno para sostener la aburrida revista Vuelta. Lo hizo también Aguilar Camín quien se enriqueció en el sexenio de Salinas de Gortari. Y de Enrique Krauze ni hablar: su revista financiada por las instituciones del gobierno. Otro caso parecido es el del poeta Víctor Manuel Mendiola que saquea las arcas del gobierno de Tamaulipas para financiar festivales de poesía que lo ponen por las nubes; o el caso de Marco Antonio Campos que saquea al CONACULTA para sus festivales literarios. En fin. Creo que deberían legislar en la materia para que bandidos como Torres Bodet, Octavio Paz, Manuel Mendiola y Javier de la Mora ya no saqueen al país para financiar sus estúpidos proyectos literarios. ¡¡¡DIGAMOS NO A LA FINANCIACION GUBERNAMENTAL DE LAS REVISTAS LITERARIAS!!! NO MÁS REVISTAS FINANCIADAS POR EL GOBIERNO. MEJOR DESTINAR RECURSOS A LA SOLUCIÓN DE LOS PROBLEMAS DEL PAÍS. NO MAS ESCRITORES MANTENIDOS POR EL PUEBLO. Miren que buen ejemplo dan los de la revista Verso Destierro: cada semana organizan encuentros entre poetas y su revista es financiada con recursos propios. Así debería de ser: que cada escritor financie sus proyectos con recursos propios. Bien por Verso Destierro.
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Para idiotas...se pinta solo |
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14-01-2008 01:03 |
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Lejos de todas las estupideces en las que se mete el pobre idiota, el tipo javier de la mora es un pésimo poeta que siempre ha tratado de comprar talento, algo que nunca jamás conseguirá porque escribe fatal y su obra es una pesadilla que esperemos no publique más.
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RE: Para idiotas...se pinta solo |
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04-02-2008 21:12 |
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No cabe duda: el éxito tiene enemigos.
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Yo sólo sé.... |
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07-12-2007 23:36 |
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Jajaja pues yo solamente sabía de este gordinflón que tenía muchos recursos. En cuanto a sus publicaciones desconozco por completo su vida, obra y milagros. Lo Cierto y confieso con el corazón el la mano que tiene afan de comprar títulos, y toda clase de recursos para hacerse famoso, creo que en realidad es lo único que verdaderamente le importa en esta vida, no tiene amigos, dejó a su familia, algún dia me dijo que queria ser un Octavio Paz de ahí el nombre de la revista, y le contesté que ya andaba grandecito para escalar a semejante titulo. Saludos
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RE: Yo sólo sé.... |
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19-12-2007 20:02 |
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Oigan ese pinche de la Mora me cae mal. ¿Por qué hace una revista de poesía, quien le dijo que podía hacerla? Ah chigao, muy aca, ay sí tengo mi revista… pendejo. La neta que qué huevos de cabrón. Se cree mucho, pinche revista de mierda. Ojala se la cierren, no vale madres: fue mejor la revista Vuelta de Octavio Paz, esa si es revista. Que chingue a su madre ese guey... y no es envidia, que conste.
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RE: Yo sólo sé.... |
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19-12-2007 20:05 |
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¿Por qué no dejan de hablar de Javier de la Mora? ¿Con todo esto lo único que hacen es hacerlo famoso? Ya olvídenlo, es un pobre hombre del cual ni vale la pena hablar. Hay que echar tierra de por medio, que todo el mundo lo olvide y que ya nadie escribe sobre él. Es mejor así. Javier de la Mora no volverá jamás. Algunos dicen que jamás existió, que es sólo el nombre inventado de unos cuantos, yo nunca lo he visto, ni lo he escichado. ¿Cuánto tiempo tardarán en olvidarlo? ¿Cuánto daño les provoca para que no puedan dejar de pensar en él? ¿Por qué mejor no le dedican espacio a otros poetas que realmente valgan la pena, o no tienen herramientas teóricas para abordar el trabajo poético de otros? ¿En verdad se toman en serio su existencia? ¿Javier tiene tanta importancia en sus vidas? ¿por qué tanto odio? ¿Sólo por hacer una revista?
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Lo fortalecen... |
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19-12-2007 21:11 |
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Es verdad: hablar de Javier de la Mora es hacerlo famoso, pero no sólo eso: también lo están posicionando en el espectro poético de México. El asunto es que ustedes le han dado un lugar, bueno, malo, regular, desprestigiado o no, pero le han dado un lugar como tantos otros poetas han tenido un lugar no agraciado en la historia: Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, Byron, Hiene, etc. Todos ellos fueron injuriados por sus coetáneos con el objetivo de borrarlos del mapa y lo único que hicieron fue garantizar que sus nombres pasaran a la historia. YO LOS INVITO A QUE YA NUNCA MÁS HABLEN O ESCRIBAN de Javier de la Mora, ni a favor ni en contra. No vale la pena, no vale ni tinta ni palabras, déjenlo así como está, ayuden a que todos lo olvidemos. Es mejor así; de lo contrario, pasará a la historia como el anti-poeta mexicano de principios del siglo XXI.
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Ensayo de Enrique Krauze. |
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05-12-2007 05:37 |
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¿Existen las generaciones? Homero, Horacio,
y el autor de los Salmos no tenían la menor
duda. Tampoco el sentido común. Los problemas
comienzan con la definición y los casos
incómodos. Todos usamos el término y de una forma
u otra nos sentimos parte de una generación, pero es difícil
precisar en qué consiste ese “nosotros”. Para unos
es sinónimo de coetaneidad y recuerdos escolares; para
otros llega a ser una visión del mundo compartida. Pero
aun si se acepta una definición, cualquiera, saltan siempre
los nombres excepcionales, los destinos que no cuadran.
Huizinga refutó el concepto por el lado aritmético: en
el fluir contínuo de nacimientos es arbitrario decretar
quién pertenece o no a una generación. Otra crítica suya,
de indudable peso, atañe al “antropomorfismo”, es decir,
a la reducción de la historia a biografía colectiva.
En todo contexto histórico, consideraciones de clase, poder,
mentalidad, demografía parecen mucho más signifícativas
que los ciclos biológicos de las generaciones. No
obstante, existen ámbitos específicamente culturales en
los que la teoría generacional funciona dentro de sus limitaciones
propias. Ortega la empleó para estudiar el
Renacimiento o el arranque del Racionalismo, no para
interpretar a la Revolución Industrial. Cuando un mundo
cultural se cierra en si mismo, las relaciones entre hijos
y padres intelectuales se vuelven significativas. No es casual
que así se haya estudiado, por ejemplo, la literatura
francesa del Siglo XIX.
El aparato cultural del México contemporáneo y aún
del porfiriano ha sido un cuerpo cerrado en lo material
bajo el ala protectora del Estado. Ha sido, además, un
aparato marcadamente centralizado en la Ciudad de
México y limitado a un número no muy amplio de personas
(centenares, no miles) que hasta hace poco se conocían
entre sí. Todo ocurrió siempre en unos cuantos edificios
del centro de la ciudad. Todos los rostros eran familiares.
Estas circunstancias favorecieron la formación
* Una versión distinta fue presentada en la VI Reunión de Historiadores
Mexicanos y Norteamericanos celebrada en Chicago del 8 al 12 de
septiembre de 198 1. Aquí se ha omitido todo el aparato bibliográfico.
y sucesión de generaciones en cada disciplina, en cada territorio
cultural. La cultura mexicana admite realmente
su representación gráfica como un gran árbol genealógico
con claras y no muy frondosas ramificaciones. En
otros países, más plurales y descentralizados, el efecto
generacional es mucho menos importante o se encuentra
más pulverizado. En Estados Unidos, por ejemplo, fuera
de ciertas corrientes literarias de los treinta y los sesenta,
es difícil hablar de un árbol cultural genealógico. Casi
cada gran ciudad y universidad tienen su estilo y tradición.
En México ha ocurrido lo contrario. La filiación
cultural es un dato fundamental.
***-
Una historia integral de la cultura debe ser mucho más
que una historia de sus generaciones; mucho más, incluso,
que una historia de los autores y sus obras. Hay problematicidades
que se olvidan. La sociológica, por ejemplo.
El intento de una historia desde el punto de vista del
público lector. O una historia que parta de una sociología
del aparato cultural: orígenes, canales de reclutamiento,
mecanismos de prestigio y poder, modos de sucesión. O
la económica: la indudable importancia del financiamiento
en la vida cultural, científica y artística. En el
auge y crepúsculo de corrientes, grupos, modas, censuras
y autocensuras, las determinantes institucionales pesan
junto al valor intrínseco de las obras o las ideas.
Pero el enfoque generacional representa un aporte en
si mismo: el de la problematicidad histórica de la cultura.
Utilizarlo conduce al método de Ortega y Gasset
para quien “las variaciones de la sensibilidad vital que
son decisivas en la historia” (podía haber dicho “en la historia
de la cultura”) “sepresentan bajo la forma de la generación”.
Lo que la distingue es un cierto aire de familia,
la marca de convivialidad, actitudes comunes, creencias
profundas más allá de las diferencias ideológicas.
Una generación es un grupo de hombres en los que algún
acontecimiento histórico importante ha dejado una huella,
un campo magnético en cuyo centro existe una experiencia
decisiva. Es un ethos peculiar que, impreso en la
juventud, se arrastra colectivamente toda la vida, un
modo de afirmar la individualidad frente a los padres
culturales, de rechazar y continuar una herencia. Lo que
Octavio Paz ha escrito para las generaciones literarias
puede valer para las generaciones sin más:
La historia de una literatura es la historia de unas
obras y de los autores de esas obras. Pero entre las 2 7
obras y los autores hay un tercer término, un puente
que comunica a los autores con su medio social y a las
obras con sus primeros lectores: las generaciones literarias.
Una generación literaria es una sociedad dentro
de la sociedad y, a veces, frente a ella. Es un hecho
biológico que asimismo es un hecho social: la generación
es un grupo de muchachos de la misma edad, nacidos
en la misma clase y el mismo país, lectores de los
mismos libros y poseídos por las mismas pasiones e in
tereses estéticos y morales. Con frecuencia dividida en
grupos y facciones que profesan opiniones antagónicas,
cada generación combina la guerra exterior con la
intestina. Sin embargo, los temas vitales de sus miembros
son semejantes; lo que distingue a una generación
de otra no son tanto las ideas como la sensibilidad, las
actitudes, los gustos y las antipatías, en una palabra: el
temple.
Ortega y Gasset pensaba que la sinfonía de las generaciones
tenía, no dos movimientos -continuación y
ruptura- como propone Paz, sino cuatro: creación, conservación,
crítica y destrucción. Más que movimientos,
continuidad y ruptura serían los eslabones de las cuatro
etapas. Su método histórico prescribía la identificación
de una primera generación fundadora. A partir de la
zona de fechas de su nacimiento, con un ritmo de 15 años
(intervalo natural de la relación maestro-alumno) irían
sucediéndose, en convivencia siempre difícil, las generaciones.
El ciclo total -no muy lejos de la astrología aztec
a - era de 60 años.
* * *
Durante el segundo decenio del siglo convivieron en el
escenario cultural mexicano tres generaciones: la crepuscular
del modernismo, la revolucionaria del Ateneo y la
juvenil de los Siete Sabios. Las primeras dos corresponden
a un ciclo anterior, propiamente porfiriano. Los modernistas
comezaron a sentir incómodo el mundo heredado
de los primeros “tuxtepecadores netos” y los científicos,
pero nunca fueron más allá de la crítica. La actitud
del Ateneo, en cambio, fue francamente combativa y liberadora:
abrir ventanas y destruir el añejo orden cultural
y académico positivista. La oposición de muchos a la
revolución no resta un adarme a su temple revolucionario:
Antonio Caso combatió a su modo, enseñando filosofía
como auténtico caudillo.
Si esto es así, la generación fundadora del nuevo ciclo
nació en la zona de fechas que va de 1891 a 1905. Uno de
sus representantes, Manuel Gómez Morín, la bautizó
como “Generación de 19 15” porque creyó ver en ese año
la revelación vocacional del grupo: el descubrimiento de
México. Una mayor distancia histórica aconsejaría otra
fecha de bautizo: 1921, el año de la reconstrucción. Pero
nombre es destino. En una zona de fechas quince años
posterior sigue la “Generación de 1929.” La fecha recuerda,
por supuesto, el movimiento vasconcelista y la
autonomía universitaria. En las páginas siguientes se usa
el nombre con mayor amplitud para bosquejar el temple
de los nacidos entre 1906 y 1920. Un paso de quince años
adelante habita la siguiente tanda del ciclo nacida entre
1921 y 1935: la “Generación de Medio Siglo”, llamada
así en recuerdo a una efímera revista literaria editada por
una de sus promociones. El círculo se cierra con la “Ge-
En teoría, el método se propone dos objetivos históricos.
El primero es una personalización cultural: quién ha
pertenecido adónde. Hasta por razones cuantitativas, un
análisis semejante no cabe fácilmente en un ensayo sino
en un libro. O quizá la solución perfecta sería más bien
pictórica, algo similar al “Domingo en la Alameda” de
Diego Rivera o a los murales del Prendes. Con todo, el
esbozo que sigue pretende personalizar a la cultura, en
especial a las dos primeras generaciones. Por piedad con
el lector, cuando los listados onomásticos son excesivos
se han mandado a las notas.
El segundo propósito es, en cierta forma, inverso:
Construir cuatro “tipos ideales” a cuyo perfil se acercan
los intelectuales mexicanos. No existe el “perfecto 1915”
neración del 1968” cuya marca histórica nos consta ato- o el “1968 esencial”. Hay rasgos que se comparten, perfidos.
Son los nacidos entre 1936 y 1950.
Una pacífica familia cultural: padres fundadores e inquisitivos;
hijos revolucionario-institucionales; nietos
críticos y cosmopolitas; bisnietos iconoclastas.
* * *
Siqueiros nació en 1896. Si nos atenemos a la rígida
aritmética generacional pertenecería a la generación fundadora,
al grupo de 1915. Si nos atenemos a la verdad
perteneció a la generación revolucionaria. Como él hay
algunos casos. La clave está en no hacer fetiches con los
números. Se pertenece a una generación si se convive en
ella. Siqueiros participó militarmente en la Revolución y
su vida tiene el mismo temple violento y creativo que la
de Vasconcelos u Orozco. Renato Leduc es un caso similar.
Ramón Beteta nació en 1902 pero fue discípulo de la
Generación de 1915. Díme con quien andas y te diré a
qué Generación perteneces.
Aparte de la edad, la extranjería puede introducir discordancia
en el esquema. Por su edad, Gunther Gerszo y
Leonora Carrington pertenecen a la generación de los
epígonos del muralismo. Pero su obra no tiene un solo
punto de coincidencia con ellos: proviene de fuera. Algunos
escritores provincianos retrasaron su integración ala
vida cultural de la Ciudad de México y su temple lo denota:
Juan José Arreola y Juan Rulfo. La obra de ambos
cumple una importantísima función generacional, pero
incide en el grupo, no parte de él. Hay, en fin, casos solitarios
que, por donde se los mire, resultan únicos e inclasificables.
Francisco Tario, Efrén Hernández y nuestro
contemporáneo dieciochesco: Hugo Hiriart.
* * *
El Método de las Generaciones tiene una utilidad hermenéutica.
Opera aislando, reduciendo la materia
histórico-cultural a temperamentos y relaciones de familia.
Es el método sicohistórico por excelencia. Dejando a
un lado deliberadamente otras problematicidades, dejando
incluso la apreciación de las obras, el generacionalista
recoge los momentos en que los hombres hablan de
sí mismos, sus lecturas, su identidad, de sus padres y sus
hijos intelectuales. Su tema son las modas, sucesiones, vigencias,
tensiones y parricidios. La cultura vista como
genealogía. La familia cultural in vitro, o mejor, en el diván.
***
les más pronunciados, casos que se acercan al ideal.
Cierto, las generaciones no son rígidamente homogéneas
y vistas en el interior pueden estar constituidas por
promociones (oleadas) o constelaciones centrífugas.
Este caleidoscopio dificulta la construcción de “tipos
ideales” pero no la imposibilita. Aquí se intenta en particular
con las dos últimas generaciones.
El buen generacionalista debería lograr un efecto musical.
Los temas pasan de una generación a otra en forma
de fuga: idénticos y distintos. Deberían notarse efectos
de difuminación -cuando los temas se diluyen-, irrupciones
tempestuosas, interludios, voces solitarias, pasajes
escarpados. Las páginas que siguen registran, pero no
recrean, algunos de estos matices.
***
Las cuartillas siguientes son escasamente originales. El
primero en utilizar sistemáticamente el “modelo” generacional
de Ortega para la cultura mexicana ha sido don
Wigberto Jiménez Moreno. El hallazgo de las cuatro estaciones
en nuestra cultura es mérito suyo. Luis González
ha empleado el método en sus libros más recientes y
en uno inédito (Lu ronda de las generaciones); lo ha hecho
con imaginación, discreción y un granito de escepticismo.
El historiador colombiano Germán Posada lo emplea
para toda la cultura latinoamericana. En fin, Carlos
Monsiváis y José Emilio Pacheco utilizan a menudo el
método de Ortega en sus escritos sobre literatura.
Resta una aclaración. No he pretendido estudiar exhaustivamente
la vida cultural mexicana ni elaborar una
nómina completa de sus exponentes. Lo que sigue es un
esbozo, un lienzo, el borrador de un trabajo que requerirá
mayor aliento. Mi enfoque es, reconozco, demasiado
impresionista. También es limitado: omite casi toda
mención a las ciencias, las disciplinas técnicas, la arqueología,
la antropología, la medicina, la sicología, el
derecho, y es muy superficial en lo que toca a las artes
plásticas. Mucho de lo que aquí se sostiene es discutible,
pero quizá la sección referente a la Generación de 1968
lo es más: en historia, por desgracia, quien es juez y parte
se lleva la peor parte. La marca inicial de la Generación de 19 15 fue haber contemplado
la Revolución sin participar en ella, pero here
dándola, ala postre, como único horizonte de interés y responsabilidad.
Una generación que nace aislada del mundo
exterior, sin maestros casi (el casi es Caso), muy poco
libresca, y cuya vocación es reconstruir al país. No hay
en ella, como lo hubo en la anterior, rechazo al orden
porfiriano. Tampoco, por supuesto, al nuevo orden. Si
para los ateneístas la Revolución resultó un torbellino
que desquició sus vidas en el exilio y la derrota, para los
jóvenes fue lo opuesto: un llamado, una oportunidad de
ordenar, de actuar, de encauzar.
El vacío de los cuadros académicos, culturales, técnicos
y políticos que dejó la tormenta, favoreció la incorporación
de estos jóvenes a la vida pública. Su afán es
“hacer algo por México”. El año de iniciación: 1921.
Mientras que sin desprenderse del estado mental de lucha,
Vasconcelos discurre algo muy semejante a una cruzada
educativa, los Siete Sabios y su secuela construyen
casi todo desde cero: políticas hacendarias, el primer impuesto
sobre la renta, leyes de protección obrera, revistas
literarias de vanguardia, nuevos cursos y ediciones.
Frente al despliegue de convicción, prefieren -padres
prematuros- los límites de la responsabilidad. Buscan
un saber inmediatamente aplicable a la vida y por eso llevan
la palabra Técnica al grado de emblema. A la generación
anterior le achacan muy pronto su improvisación,
su desorden, su populismo sentimental, su romanticismo.
Hay tres polémicas centrales que revelan el conflicto
entre estas dos actitudes opuestas: la polémica privada
entre Vasconcelos y Gómez Morín en torno a la política
educativa en 1922 y a la oposición política en 1929: reli
gión u organización. La de Antonio Caso con Ramos en
1928 sobre la práctica de la filosofía: sacerdocio o investigación.
Y la más célebre de todas, en la que Lombardo
quiso representar la ciencia marxista de su tiempo frente
al supuesto irracionalismo místico de Caso. A ellas habría
que agregar quizá la dilatada polémica artística entre
Tamayo y los muralistas.
Son hombres de fé razonada, no de entusiasmo indeterminado.
Desechan la “violencia creadora” que acuñó
Vasconcelos: se quedan con la creación. Como nuevos
misioneros dejan en México -y en algunos casos en
América Latina- la huella de sus fundaciones. Su obra
se despliega a lo largo de tres decenios (1920- 1950) y tiene
estribaciones que llegan casi a nuestros días. En los
veinte fue esencialmente económica: leyes fiscales, crediticias,
hacendarias; bancos oficiales (Banco de México,
Banco Nacional de Crédito Agrícola); escuelas: economía, bancaria, centrales agrícolas. En los treinta sigue la
cosecha económica pero predomina la social y política
(CGOCM, CTM), la académica (Universidad Obrera,
Casa de España, INAH, El Colegio de México, Institutos
de Investigaciones Sociales, Estéticas, Politécnico
Nacional) y editorial (Fondo de Cultura Económica).
Los cuarenta son el cenit de revistas (Cuadernos Americanos,
Combate) editoriales (Jus, Polis) institutos (de Física,
de Enfermedades Tropicales, Cardiología, Medicina
Rural, Observatorio Nacional) partidos políticos
(PAN, PP). En plenos cincuenta Cosío Villegas comenzó
a fundar sus fábricas de historia. En los sesenta, un argentino
coetáneo del 1915 -que había convivido con la
generación en el año de iniciación- funda la Editorial
Siglo XXI: Arnaldo Orfila.’
La Generación de 1915 fue fundadora también en el
ámbito de la docencia, la legislación social, la ideología y
la crítica. El jacobinismo y el socialismo provenientes de
la Revolución eran conceptos vagos y sentimentales en
la Generación ateneísta y sus congéneres. Incluso los flamantes
artículos 3,27, 123 y 130 parecieron letra muerta
por muchos años. Faltaba quien se atreviera a codificarlos.
Esta labor de encauzamiento, orden y reglamentación
correspondió a la Generación de 19 15. Es Bassols en
1927 quien escribe su famoso artículo “Toda la tierra, y
pronto”, y elabora la ley agraria que sólo Cárdenas llegará
a poner en práctica. Lombardo interviene muy activamente
desde 1929 en la codificación de la Ley Federal
del Trabajo. Es Bassols también, primero el crítico y en
cierta forma el fundador de las modernas Juntas de Conciliación
y Arbitraje. La Educación Socialista, con todo
y su versión “racional y exacta del universo”, es en buena
medida obra intelectual de Erro, Bassols, Lombardo y
dos furibundos michoacanos: Bremautz y Coria. Para la
Generación de 1915 el marxismo no es un problema moral:
es el nuevo cuerpo de axiomas al que había que ajustar
la vida nacional. No una mecha revolucionaria sino
un molde social. Incluso los afanes moralizadores de
Bassols y Silva Herzog en el gobierno se comprenden
mejor a la luz de la tensión entre el temple ordenador del
1915 y el jacobino grupo anterior, que no conocía más
que fiestas y balas.
En el campo ideológico Lombardo Toledano fue el
gran fundador. Sus teorías sobre una ruta mexicana hacia
el socialismo que pasase por el fortalecimiento estatal
no fueron precisamente originales (eran tiempos de
Frente Popular), pero lo cierto es que no han sido superadas
por las siguientes generaciones de izquierda. Por
otra parte, sigue vigente la crítica social, sicológica y moral
de Silva Herzog, Ramos, Palacios Macedo, Bassols,
Gómez Morín. Del fracaso de la Revolución Mexicana
poco se ha dicho y se dirá que supere en claridad y profundidad
al seco veredicto de Cosío Villegas en 1947:
“La crisis de México”. La crítica de estos hombres nace
de una amarga contemplación del panorama nacional.
Terminaron por sentir que las generaciones siguientes
habían distorsionado o, peor aún, corrompido su obra.
30
De la generación anterior heredaron desde muy temprano
el nacionalismo cultural, pero ya no para celebrarlo
sino para examinarlo. Su momento deja de ser,
como en Rivera u Orozco, de azoro, deslumbramiento,
fiesta, floración, canto, intuición, catarsis, para volverse
de búsqueda de sentido. Adviene la distancia, la inteligencia,
el deseo de nombrar a las cosas, de profundizar
en ellas y distinguirlas con claridad. Junto con la palabra
Fundación, el término Autognosis (empleado por Samuel
Ramos) los representa. De esta tarea se ocupan ensayistas,
pintores, filósofos, antropólogos e historiadores,
por caminos diversos. Cada escuela y etapa histórica
cuenta con su historiador-fundador.* Una vertiente fructífera
y profunda de la autognosis, la más representativa
quizá, es la de los antropólogos (Gamio, M. Othón de
Mendizábal) y arqueólogos (Alfonso Caso). El título de
la obra de Gamio lo dice todo: Forjando Patria. Dos filósofos,
Samuel Ramos y Jorge Cuesta, buscan la identidad
mexicana por vías que se contraponen y complementan:
el primero encuentra lo específico mexicano en
el afán imitativo y el complejo de inferioridad. Su prédica:
cribar en nuestra propia intimidad. El segundo cree
ver en el desarraigo lo mexicano fundamental y nos invita
a incorporar nuestras peculiaridades a una tradición
más amplia. Mientras con Xavier Icaza, Gregorio López
y Fuentes, Ermilo Abreu Gómez la novela incurre en un
costumbrismo mexicanista (quizá porque había perdido
el vigor, la sorpresa, el impulso crítico -en verdad antirrevolucionario-
de Azuela y Martín Luis Guzmán), la
pintura alcanza un límite en el empeño de autognosis: la
obra de Rufino Tamayo. Ya no es la realidad exterior, la
epopeya social o una inminente utopía lo que se plasma:
es un subsuelo anterior, el fluir del mundo de los mitos y
los sueños, el modo nuestro de la agresión, la ternura, la
fiesta y la muerte. La obra de Rodolfo Usigli responde
también a las dos motivaciones centrales de la generación:
es un fundador del teatro moderno en México y, al
mismo tiempo, uno de los más lúcidos espectadores (en
el sentido orteguiano) de nuestras particularidades. Algo
similar logra la música de Silvestre Revueltas y, por momentos,
la de Carlos Chávez, fundador musical además
de compositor. Del primero ha escrito Octavio Paz: “No
amaba el desorden ni la bohemia. Por el contrario, era
un espíritu ordenado, puntual, exacto”.
Orden, depuración, rechazo a la improvisación. Si se
piensa hasta qué grado estas palabras guiaron la actitud
de un grupo extraordinario de poetas de la época, “Los
Contemporáneos” (Novo, Villaurrutia, Cuesta, Pellicer,
Gorostiza, Owen, Torres Bodet, González Rojo, Ortiz
de Montellano, Nandino), se verá por qué, contra la leyenda,
pertenecen orgánicamente a esta generación. Son
la segunda promoción del 19 15, una promoción esencialmente
literaria y crítica que extrema el temple racional
de los hermanos mayores hasta conducirlo a una pequeña
lucha fratricida. Colaboran en la cruzada vasconceliana.
Tienen el impulso fundador que despliegan en el
ámbito de los usos culturales: fundan el primer cineclub,
varias revistas literarias de vanguardia (Falange,
Ulises, Contemporáneos), grupos teatrales, la crítica de
artes plásticas, el periodismo cultural. Pero en los treinta,
cuando la primera promoción introduce la educación
socialista, la melcocha mexicanista y la rigidez ideológica,
los hermanos menores se rebelan. Es la hora de Jorge
Cuesta, un Julien Benda mexicano contra los clérigos
Bassols, Lombardo y Cía. Salvador Novo escribe su
“Lombardotoledanología”. La lucha interna llega, por
momentos, a extremos de persecución. Aunque los Contemporáneos
descreyeron de la Revolución (como los
técnicos del grupo descreían de la violencia), no dudan
en colaborar con los regímenes a partir de 1940. Períodos
especialmente dignos e imaginativos de la politica
internacional (Gorostiza) y educativa de México (Torres
Bodet), fueron inspirados por ellos. Tampoco su desarraigo
cultural debe verse como una actitud antinacionalista:
“Su afrancesamiento -ha escrito Octavio Pazera
la libre elección no de un particularismo (el francés)
sino de un universalismo”. Su excepcional obra literaria
y, en especial, poética, no es, por supuesto, reducible a la
circunstancia de cualquier índole, pero quizá pueda advertirse
en ella un rasgo generacional precisamente en la
voluntad de orden. De la vanguardia europea aceptan la
vertiente de Valéry y Gide, no a Pound.
Finalmente, dos grupos nacidos en la misma zona de
fechas tuvieron también un papel intelectual en México.
El primero es mexicano: los estridentistas (Lizt Arzubide,
Maples Arce, Arqueles Vela, Quintanilla). Parecería
que su temple contradice el tono de orden y nos amanecemos.
No es así. Representan, como los Contemporáneos,
el impulso de vanguardia, si bien una vanguardia
menos culta y lograda. En los treinta muchos de ellos se
abandonaron a la marea marxista y mexicanista con la
misma certeza constructiva que sus coetáneos más renombrados.
El segundo grupo de quinces vino de España a fines de
los 30. A su llegada no sólo la Generación de 1915 estaba
en plena madurez sino incluso la siguiente, la de 1929.
De pronto, la sabiduría, prestigio y vitalidad de los españoles
impuso a estos jóvenes varios lustros más de paciente
aprendizaje. Gaos -antes que nadie- pero también
Pedroso y muchos otros maestros establecieron la
civilizada hegemonía del 1915 sobre casi dos generaciones.
La historia de los intelectuales y artistas transterrados
todavía está -pese a algunos fríos intentos- por escribirse.
3
Tardará en llegar una generación que comprenda en
sus propios términos a los hombres activos, ordenados,
racionales, prácticos, inquisitivos, realistas de la Generación
de 1915. Culturalmente, el momento actual no es de
fundación y autoconocimiento, sino de violencia y dogma.
Como aquél frente al cual los hombres de 19 15 construyeron
el edificio institucional que todavía habitamos.
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Ab. |
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05-12-2007 05:42 |
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de incomprensión e indiferencia al insertarse en un contexto
nuevo: el de la burocratización académica. En la arena
cultural son ellos quienes guardan el doble as de la crítica
y el conocimiento, pero es un as que no utilizan como
debieran. Hacerlo con mayor frecuencia y decisión sería,
finalmente, un homenajea Sartre que también, en su momento,
advirtió los peligros de la militancia cultural.
La Generación de 1968
(1936 - 1950)
Militancia o conocimiento .
Hay décadas platónicas y décadas aristotélicas. Los sesenta,
como los treinta, son platónicos. Buscan la unidad,
la totalidad, lo homogéneo, la revolución, la utopía.
La marca de los treinta es inconfundible y trasnacional,
sus representantes tienen todos un aire de familia.
Lo mismo ocurre en los sesenta: los exponentes de la
New Left norteamericana tienen su contraparte en París,
Berlín, Londres y México. No es casual que sean estas
dos generaciones las que con mayor frecuencia utilizan
la palabra “generación” para designarse.
En los sesenta nos llegó, como a todo el mundo occidental,
la liberación sexual, nacional, política; la militancia
estudiantil, las drogas, el hipismo, la contracultura.
Pero el sentido de esta comunidad internacional es distinto
al que vivió la Generación de Medio Siglo. Lo que
se compartía en los sesenta no era una aventura o una
conquista sino una negatividad, una cultura de protesta
contra la Sociedad Industrial. Inversamente a la de Medio
Siglo, la Generación del 68 nace a la vida pública en
un momento defensivo, de cerrazón y clausura. El mea
culpa de Sartre en su prólogo a Fanon es el aval perfecto
para desacreditar a la cultura occidental. Marcuse -el
nuevo numen- recordaría una frase equivalente de Walter
Benjamin: “Sólo gracias a aquellos que no tienen esperanza,
nos es dada la esperanza”. México y Latinoamérica
no tienen esperanza pero son, al mismo tiempo,
semillas de la futura liberación. El resultado de esta nueva
fe es, en cierta forma, una recaída. La cultura mexicana
vuelve a entrar en un periodo de inmersión.
Una expresión literaria de este proceso está en “la onda”,
literatura que asume la vida citadina más sórdidamente
que la generación anterior. Otra variante literaria
está en el grupo “La espiga amotinada” que propone una
poesía social y de protesta. Aunque la Generación de Medio
Siglo despliega su mundo de Happenings, teatro experimental,
ediciones vanguardistas, revistas literarias
que recogen la tradición de Contemporáneos y Taller y, en
fin, en el vivaz suplemento que acaudilla Fernando Benítez
en Siempre!, la nueva generación desdeña el cosmopolitismo.
Salir de México ha pasado de moda. En su autobiografía
escrita a mediados de los sesenta, Carlos Monsiváis
se ufana -casi- de no conocer Europa.
Si los hombres de Medio Siglo viven aún dentro de los
esquemas de la Revolución Mexicana, los jóvenes de los
sesenta la ven como un fósil antediluviano. No les interesa
indagar si a pesar de todo se mueve. Saben que no.
Casi nacen en esa convicción, pero el autoritarismo del
régimen los acaba de convencer. Cuando en 1965 Díaz
Ordaz expropia, de hecho, el Fondo de Cultura Económica,
la Generación de Medio Siglo -con Orfila, un
hombre del 19 15, a la cabeza -pone casa aparte y funda
Siglo XXI. Su público lector es la Generación del 68. El
catálogo de publicaciones de Siglo XXI, extraído en
gran medida de la izquierda radical francesa, adquiere
para ellos, cada vez más, el carácter de catecismo. Marcuse
desplaza a Sartre. Althusser esparce generosamente
su teología. El Che Guevara es el héroe de la década.
Si hubiese que designar al intelectual representativo de
toda esta mezcla de contracultura, continuidad elitista
(la Maffia), nostalgia nacionalista y militancia de izquierda,
la elección sería sencilla: Carlos Monsiváis.
¿Quién no escuchó “La semana en México” por Radio
Universidad? Junto a esa mirada, la crítica de los cincuenta
-aun la de Fuentes- parecía piadosa. No era crítica:
era una regocijante iconoclastia. Un pitorreo. Monsiváis
debe pasar a la historia como el padrino de la Generación
del 68. Salvo la edad -son coetáneos- nada le
vincula en apariencia con otro miembro inicial de la generación:
José Emilio Pacheco. En realidad se parecen
mucho. Pacheco tiene también la vena sentimental popular;
es un continuador fiel -y no vergonzante, como a
veces Monsiváis- de la genealogía literaria contemporánea;
un nostálgico irredento del México que ya no fue y
un hombre de izquierda. Ambos recogen la sensibilidad
literaria y la actitud crítica de la Generación de Medio
Siglo, pero le imprimen un mayor énfasis social y nacional.
El trío lo completa una vitalísima tránsfuga de la
generación anterior: Elena Poniatowska. Los distingue
más el temperamento que las creencias, o más bien, la
pérdida de las creencias.
¿Cuál fue la secuela del movimiento estudiantil del 68?
Un hecho antes que nada: el ascenso de la primera generación
de masas de nuestra historia. Cuando se habla de
la Generación de 1915, la de 1929 o Medio Siglo, el sujeto
es una élite que no rebasa los centenares, entre anónimos,
influyentes, típicos y trascendentes. A la manifestación
de los silencios acudieron 400,000 personas. La respuesta
a ese plebiscito fue Tla telolco, pero la represión y
el paso de los años -como ha probado España- no siega
un ideal político de cambio, sólo lo retarda.
¿Cómo se ha transformado la actitud de la generación
desde el 68? La respuesta no es sencilla. Todavía en 197 1
el ánimo juvenil -y el proyecto- eran revolucionarios.
(Había jovenes en la guerrilla y muchos purgan largos
años en la cárcel.) El echeverrismo y la Reforma Política
parecieron atemperar y canalizar los fervores. Atemperar
más que comprar. Hasta donde se logra entrever, la
Generación del 68 no se ha incorporado en su mayoría al
aparato estatal. Vive en zonas grises relativamente independientes:
las universidades, el periodismo, los partidos
de oposición.
El Estado comprendió a tiempo la necesidad de apaciguar
el ánimo del 68 mediante un creciente financiamiento
de la educación superior. Los sesenta son la década
de la burocratización académica y cultural. La Generación
del 68 se convierte en la nueva clase académica:
maestros, investigadores, técnicos, líderes sindicales y
políticos vinculados a las universidades y centros de cultura
superior vinculados por intereses y convicciones. Su
unidad ideológica es muy clara. Para la Generación del
19 15 el marxismo había sido un vago molde social. Para la
del 29 un problema ético o una iglesia. La de Medio Siglo
lo empleó como un método privilegiado de análisis. En la
Generación de 1968 el marxismo se vuelve un repertorio
dogmático.
A falta de una sociología de esta nueva clase -no hay
valiente que se atreva a hacerla- ¿Qué rasgos de su actitud
pueden vislumbrarse?
Prácticamente todos se autodesignan de izquierda
(muchos militan en ella), son decididamente anticapitalistas
y antinorteamericanos. No distinguen la mentalidad
conservadora de la liberal. No matizan ideologías
políticas. Identifican o por lo menos supeditan la libertad
política con la igualdad económica. Son sinceramente
sensibles a las extremas desigualdades económicas y sociales
que existen en México y para resolverlas no conciben
en el fondo otro método -vieja y paradójica receta
en una generación antiautoritaria- que el fortalecimiento
del Estado. Se identifican moralmente con el campesino,
pero tienden a “obrerizarlo”. Las soluciones progresistas
y urbanas que imaginan para el campo son, por lo
general, poco operativas. Descreen del valor autónomo
de la cultura (como en los años treinta se vuelve a hablar
de cultura elitista y cultura comprometida). La vida cultural
se puebla nuevamente de individuos apasionados,
sobreemotivos, románticos, honorables, trasgresivos, insobornables,
iconoclastas, perseverantes, que transitan
del nihilismo al dogma. Hombres que vive ese estado espiritual
que Ortega llamó “extremismo”. Un periódico
nuevo, vital, influyente representa su actitud: Unomásuno,
el primer diario de la Generación del 68.
En la cúspide de la masiva Generación del 68 habita su
elite intelectual. Salvo brillantes excepciones,16 este grupo
ha descuidado la poesía, la narrativa y las artes visuales
o de cualquier índole, en favor de géneros más propicios
a la politización: el reportaje, la crónica, el ensayo teórico,
la caricatura y, en general, el periodismo militante y
doctrinario. La elite protagoniza una verdadera ruptura
con actitudes, gustos, preocupaciones y lealtades comunes
a las tres generaciones anteriores. Una de las primeras
consecuencias de Tlatelolco (“asesinato de la esperanza”
lo llamó Monsiváis) fue la necesidad de ejercer la
violencia, no con los verdaderos verdugos sino con los
padres y abuelos intelectuales, los únicos a la mano, los
más entrañables. Este es, a mi juicio, un sentido de la polémica
Paz-Monsiváis. La élite del 68 (y algunos escritores
jóvenes que sin haber vivido el 68 comparten esa
actitud) no ha integrado la figura paterna: ha institucionalizado
el parricidio. “Hay parricidios creadores -escribe
Gabriel Zaid-:
cuando, al lanzarse contra el fantasma del padre,
se destruye una dependencia que estorbaba a dos
seres humanos para encontrarse como personas, no
papeles dramáticos.
No es el caso, hasta ahora, de los parricidios del 68. El
grupo rehúye las identificaciones generacionales -ninguna
le parece suficientemente revolucionaria. Si algún
arco ha querido trazar es con los Contemporáneos, vistos,
desde esta perspectiva, como un grupo de rebeldes
trágicos que asumieron la vida como “riesgo” y “peligro”.
Además de inexacta, esta exaltación puede ser, a su
vez, riesgosa y peligrosa: la “vita pericolosa” -a diferencia
de la democrática- fue el resorte profundo de D’Annunzio.
39
Otro rasgo generacional que perdura desde los sesenta
es el enclaustramiento. La élite del 68 escribe y habla
para su público cautivo, el de campus. A su vez, el público
del campus sigue únicamente a su élite, en libros, suplementos,
periódicos, seminarios, conferencias, emisoras
radiofónicas, simposios, mesas redondas, etc... La
visión cosmopólita sigue siendo un tabú. Ni élite ni masa
asimilan, por ejemplo, los procesos de autocrítica que
ocurren desde hace años en la izquierda europea. No sin
razón, después de asistir a un seminario en Ciencias Políticas,
Henri Lefebvre comentó que en México había conocido
a los estalinistas más puros de la actualidad.
¿Cómo negar, sin embargo, la gran vitalidad de sus órganos
de difusión? ¿En qué otro diario fuera de Unomásuno
se discute, piensa y debate apasionadamente la realidad
nacional? Sólo allí y en Proceso pueden leerse reportajes
descarnados sobre la miseria y la marginación o
críticas a los usos y abusos de la descastada burguesía
mexicana. La lucha feminista es también un logro del 68,
como lo prueba la revista Fem. Entre los vicios del periodismo
de la Generación del 68 no están la apatía, el
comercialismo, el anti-intelectualismo y la corrupción.
Su preocupación por los problemas nacionales y su temple
son rasgos suficientes para hermanarlo con el combativo
periodismo de la Reforma, pero este antecedente
no funciona en términos intelectuales y, menos aún, de
filosofía política. En este sentido el arco lo cumple Razones,
voz liberal que recoge, además, la herencia de Daniel
Cosí0 Villegas.
Aparte del periodismo hay dos campos en los que la
generación ha comenzado a probar su solvencia: la ciencia
y la historia. La creciente politización cultural COmienza
a afectar a la primera. La Historia -vieja aletargada
y ojerosa- ha rejuvenecido increíblemente. El milagro
no lo hicieron los cosméticos: lo hizo el 68. A partir de
40
entonces surgió una nueva conciencia histórica sobre el
México contemporáneo. De pronto -como escribe Arnaldo
Córdova- todo condujo a inquirir sobre el “Leviatán
que nos gobierna”: “¿De dónde venimos y qué fuezas
nos han gobernado?” Según Héctor Aguilar Camin, el 68
impulsó la vocación de “repensar un pasado cuyas versiones
anteriores parecen del todo insuficientes”. Lo nuevo
es:
el ánimo crítico de despojarse de lo aprendido para encontrar
vertientes explicativas a satisfacción de las dudas
vigentes, el ánimo posible sólo en le contexto de
una crisis de conciencia, la compulsión de decir: “no
fue así como han dicho, porque si así hubiera sido
nuestro presente sería distinto”.
La obra pionera de esta nueva corriente fue el Zapata
de John Womack Jr. (“Este es un libro acerca de unos
campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo,
hicieron una revolución”.) Adolfo Gilly escribe en
prisión La revolución interrumpida, obra intensamente
emotiva que a pesar de sus esquematismos logra describir
la revolución desde el punto de vista de los de abajo.
Poco tiempo después siguió la trilogía de Jean Meyer sobre
los cristeros, punto límite de revisionismo y desmitificación
histórica. Todas las hipótesis se tambalearon.
Surgieron nuevas: No hubo una sino varios revoluciones;
es preciso vanalizar por separado cada grupo, ejército,
región; ¿quiénes eran los villistas, los carrancistas, los
sonorenses? ¿es posible disociar la Cristiada de la Revo-r
lución? Había que reconstruir desde los cimientos la historia
contemporánea. Cabía sólo una certeza: Lo que
llamamos Revolución Mexicana fue finalmente un proyecto
que siguiendo las líneas dominantes en el Porfiriato,
moderniza al país a costa del proyecto local y autárquico
del México viejo. Todo lo demás parecía terra incognita.
Con la generación de 68 se iniciaba, de hecho, la
Historiografía crítica contempóranea.”
En su breve introducción a Tiempo mexicano (1971),
Carlos Fuentes escribió:
he preferido dar libre curso a mis obsesiones, preferencias
y pasiones de mexicano, sin desdeñar ni la arbitrariedad
ni la autobiografía. Búsquese aquí, entonces,
menos el rigor que la vivencia y más la convicción
que la imposible e indeseable objetividad.
Para los historiadores de la Generación del 68 -admiradores
de la obra de Fuentes- esta frase pudo ser inicialmente
un contraepígrafe vocacional: válidas y comprensibles
en un novelista, inadmisibles para un historiador.
Buscaron el rigor y no creyeron que la convicción debiera
obstruir o por fuerza limitar una objetividad no sólo posible
sino enteramente deseable. Todo esto a riesgo de encontrar
que las obsesiones, preferencias, impulsos biográficos
y pasiones pudieran no coincidir con la verdad.
Se trataba en principio de llevar el desengaño a SUS últimas
consecuencias intelectuales. Dudar de los dogmas y
santones -aún de los legítimos- de la historia contemporánea.
Descreer incluso del moralismo crítico de la Generación
de. Medio Siglo. Ejercer,en fin, lo que Max Weber
llamó “el continuo desencantamiento del mundo,”
afán que no equivale a ver todo negro sino, quizá, todo
gris. A partir de ese nuevo repertorio de verdades cabría
discurrir vías de mejoramiento asequibles para México.
Era un hermoso proyecto. Una lección de probidad e
independencia intelectuales en un ámbito que desde el
Porfiriato oye la palabra cultura y saca la chequera (o la
curul, o la palmada). Era además una solución de altura y
dignidad al nudo de resentimiento que dejo la matanza
del 68. Pero ha resultado difícil. La vía intelectual y científica
es poco gloriosa. La militancia, en cambio, parece
adelantar la venganza de aquel agravio, si no contra sus
autores y cómplices -cuyo rostro, increíblemente, se ha
olvidado o transferido- sí contra nuevos enemigos, a veces
reales, a veces imaginarios.
Por eso, la mayoría de la elite del 68 ha optado por la
militancia cultural y política en la prensa, las aulas, los
sindicatos y los partidos. Así se inició en la vida pública y
así ha querido seguir. Los sesenta siguen siendo un campo
magnético. Fiel a su temple platónico, la generación
busca la totalidad. Vuelve a contar más la vivencia que el
rigor, “la convicción que la imposible e indeseable objetividad”.
Quizá la politización que ha introducido en la cultura
conducirá de algún modo a la sociedad más igualitaria
que todos deseamos. No es fácil que así suceda. Para
construir la utopía hay primero que imaginarla o, tratándose
-como es el caso- del socialismo, ejercer la crítica
del socialismo concreto, real. Pero todo esto implica
una paciente labor intelectual que los teóricos sociales
del 68 no han estado dispuestos a realizar o que realizan
dentro de métodos y esquemas de notoria pobreza y confusión.
Hay imprecisión en mucho de lo que escriben.
La fundamentación lógica y el simple respeto al principio
de la no contradicción les parecen excrecencias de la
academia, manías de aburguesamiento intelectual.
Pero los vicios intelectuales, con serlo tanto, no son
los más graves. Políticamente, la elite del 68 ha disuelto
muchas veces su distancia del poder en grados que llegan
a legitimación y comparsa. Una generación que encarnó
a la sociedad frente al Estado ha terminado por identificar
a la sociedad con el Estado. Moralmente, en fin, es
triste su incapacidad para la decepción, la autocrítica, el
pluralismo y la tolerancia.
En el fondo de todo un viejo resentimiento. Si hubiese
perdurado el espíritu libertario y de solidaridad del movimiento
estudiantil, la generación estaría integrando
ahora todo el ciclo generacional anterior -y su propia
negatividad- para construir alternativas nuevas, viables,
mejores para México. Lo que perduró, en cambio, fue
Tlatelolco. La Generación del 68 tiene, con plena razón,
una cuenta que cobrar: de ahí su temple destructivo.
Pero “hay tiempo para destruir y tiempo para edificar”.
Quizá muy pronto su violencia llegue a ser, como la de
Vasconcelos en 192 1, una “violencia creadora”.
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RE: Ab. |
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05-12-2007 05:56 |
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ESPERANZA (lat. spes): Tendencia del apetito irascible, que brota de la dificultad de alcanzar (o evitar) un objeto, cuando el lograrlo aparece como posible. Se opone a DESESPERACION (vid.). Virtud teologal que nos hace esperar en nuestra salvación por la fe en Dios y en su misericordia.
ESPIRITU: Se dice del alma racional y también del entendimiento y voluntad (facultades espirituales). Asimismo, se habla metafóricamente del espíritu de un pueblo, de una civilización, una escuela, etcétera, para indicar sus características superiores, religiosas o intelectuales.
ESPIRITUS ANIMALES: Especie de aire -opneuma vital-, que, según los antiguos, recorría el cuerpo humano vivificándolo o animándolo. Descartes recurrió todavía a esta noción para explicar la acción del alma sobre el cuerpo.
ESPONTANEIDAD (lat. spontaneitas): Según Aristóteles, condición de los seres que son sujetos agentes de su propia actividad. Se opone a pasividad o mera receptividad. Suele aplicarse no sólo a la acción voluntaria, libre, sino también a la acción del animal en cuanto no es una mera respuesta mecánica a agentes exteriores.
ESTADIO: Fase de un proceso. (Estadios del Progreso, en Compte, por ejemplo.)
ESTADO (lat. res publica): El poder y la organización jurídica y coercitiva de una comunidad. Se llama también Estado a la misma comunidad nacional (España, Francia, etcétera) en cuanto regida y organizada por un solo poder supremo.
§1. El concepto Estado tiene dos acepciones: una exclusivamente política y otra más general que prácticamente lo identifica con la sociedad (Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales). La primera corresponde al concepto de Estado en sentido estricto; la segunda equivale al sentido amplio del término.
§2. En su sentido estricto, el término se ha definido en torno a una perspoectiva jurídica y política. La jurídica asociada a Bodino y la política a Weber. Para Bodino, por encima de las divisiones nacionales internas devería permanece el legislador reconocido -soberano- cuyas decisiones -leyes- deberían ser aceptadas por todos los ciudadanos y por encima de las divisiones internas en una sociedad territorialmente delimitada. La perspectiva política weberiana lleva a definir al Estado como el conjunto de instituciones que tienen (en una sociedad territorialmente delimitada) el monopolio legítimo de la coersión.
§3. Para las perspectivas de política comparada (ciencia política macro) el término estado en su sentido estricto fue excluido paulatinamente de su vocabulario, quedando el término limitado al campo de las relaciones internacionales. En la poítica comparada al término Estado en sentido estricto se le sustituyó por el de sistema político (que aunque más amplio pues se le adicionaron elementos constitutivos, o fue formulado en torno a ubna actividad [el poder] general y no normativa) conservó los elementos distintivos del término original.
§4. Las concepciones fundamentales del Estado son elaboradas por Mosca, Gramsci y O'Donell.
a) Para Gaetano Mosca, el Estado es la organización de las principales fuerzas sociales en un sistema coordinado capaz de realizar las funciones políticas. (En donde las fuerzas sociales serían todos los intereses competitivos de los grupos con influencia que sostienen el statu quo, o en caso de descrepancia con el orden político establecido, también aquellos que luchan contra dicho orden; incluye Mosca dentro de este término incluso a las ideologías y convicciones morales, tanto aquellas de quienes defienden el orden establecido como las de quienes se oponen a él.). En suma, el Estado es la organización de las principale sfuerzas sociales y sus ideologías. Ver: Elementos de Ciencia Política.
b) Para Antonio Gramsci, el estado es el organismo a través del cual un grupo social logra su máxima expansión (sin llegar al interés económico corporativo) mediante un conjunto de equilibrios con las clases subalternas que mantiene a través de la coersión y el consenso. Ver: Maquiavelo y el Estado Moderno.
c) Para Guillermo O'Donell, el Estado es no sólo el conjunto de instituciones o aparatos, sino también -y fundamentalmente- el entramado de relaciones de dominación poítica (en tanto actuado y respaldado por esas instituciones en una sociedad territorialmente delimitada), que sostiene y contribuye a reproducir la desigual y contradictoria organización de clases de una sociedad.
d) Para Manuel Camacho Solís, el Estado en su sentido amplio es el orden de clases y de fuerzas sociales contrarias que busca reproducir en un momento histórico una clase o grupo en el poder por medio de la clase políticas y de las instituciones políticas (gubernamentales y no gubernamentales) de corsión, administración social y de dirección. El sistema político incluye a las instituciones políticas y a la clase política. El Estado además de las instituciones y la clase política incluye fundamentalmente al orden social de clases, que las instituciones políticas y a la clase política buscan reproducir. Desde luego que la manera como se interrelacionan -entraman, enlazan, vinculan, ligan, etc.- las instituciones políticas con una organización de clases para estructurar al todo social no es mecánica sino orgánica.
§5. El término orgánico no es exclusivamente gramsciano Ferdinand Toennies lo define así: "Cualquier cosa real en la medida en que pueda ser considerada como algo relacionado a la totalidad de la realidad ydefinido en su naturaleza y movimiento por esa totalidad". Esta definición aparece en Theories of Society, de Talcott Parsons.
ESTATISMO: Doctrina que no reconoce otra fuente de derecho que la autoridad estatal. Tendencia a extender el radio de la acción de ésta.
ESTETICA: Por este nombre se entiende hoy la ciencia de lo bello y del arte (vid. BELLO). En su origen, este término significa tratado de las sensaciones, y en este sentido lo emplea Kant en su Estética trascendental.
ESTETICISMO: Tendencia a considerar a los valores estéticos como superiores a cualesquiera otros.
ESTIMULO: Objeto capaz de excitar un sentido o facultad superior o de provocar una respuesta en el ser vivo.
ESTOICISMO: Escuela de tendencia moral fundada por Zenón de Citio en el siglo III a. J. C. Su nombre procede de la puerta (stoa) de la ciudad donde se reunía con sus discípulos.
ETERNIDAD: Se dice de una duración sin fin. Pero, en rigor, lo que tuvo principio, tiene desarrollo sucesivo (aevum), y no tendrá fin -como el alma humana- se llama eviternidad. Boecio definió la eternidad (propia sólo de Dios) como «posesión total, perfecta y simultánea de una vida sin límite».
ETICA (lat. ethica): Parte de la filosofía que estudia el obrar humano en cuanto a las normas y fines que determinan su rectitud. Noción fundamental en la ética es el BIEN (vid.) y la BONDAD (vid.) como fin y cualidad del obrar humano. La concepción que se posea del bien o fin último humano determinará los distintos sistemas de ética. Kant pretendió fundamentar una ética formal, independiente de todo contenido preceptivo y teológico.
ETICAS (Virtudes e.): Para Aristóteles, las que rigen la vida activa o apetitiva del alma, a diferencia de las DIANOETICAS (vid), que rigen la vida intelectual.
ETIOLOGIA: Tratado o búsqueda de las causas.
EUDEMONIA (vid. FELICIDAD).
EUDEMONISMO: Doctrina moral que establece como fin último subjetivo del hombre la FELICIDAD (vid.), estado de plenitud y armonía del alma, diferente del placer (hedoné).
EVIDENCIA (lat. evidentia): Claridad en el objeto por el que se manifiesta la verdad en su conocimiento y se origina el estado de certeza.
EVITERNIDAD: Duración de aquello que tuvo principio, es sucesivo y no tendrá fin, como el alma humana. Se diferencia de la ETERNIDAD (vid.).
EVOLUCION (vid. TRANSFORMISMO).
EXISTENCIA (lat. existentia): Condición de las cosas reales o de hecho. Acto de ser o existir (vid. ACTO). El objeto puesto en el contexto de la experiencia. La existencia responde a la pregunta ¿es? o ¿existe? Para el racionalismo moderno, la existencia se explica por la propia esencia del universo, y la comprensión esencial de cuanto existe es el término u objetivo del Progreso. La Filosofía de la Existencia (existencialismo) destaca, en cambio, la irreductibilidad -el carácter «dado»- de la existencia, su prioridad respecto a la esencia y la imposibilidad de trascender la pura existencialidad de lo real.
EXISTENCIALISMO (vid. EXISTENCIA).
EXPERIENCIA: Vivencia personal de una situación repetida. Posee experiencia quien ha conocido una realidad existencial, no sólo teóricamente. Experiencia sensible: captación de lo real a través de las facultades sensitivas de conocimiento. La escuela empirista hace de la experiencia sensible la única fuente válida de conocimiento.
EXPERIMENTACION: Observación provocada.
EXPLICITO: Lo expresado o explicado. Se usa también como verbo (explicitar), hacer expreso. Se opone a IMPLICITO (vid.), lo que no está expresado o está supuesto o lógicamente exigido (pero no expresado en un concepto).
EXPRESION (lat. expressio): Manifestación de un concepto, juicio o razonamiento por medio de signos verbales, escritos, mímicos, etcétera. La expresión del concepto se llama término; la del juicio, proposición, y la del razonamiento, argumentación (o silogismo en el caso del razonamiento deductivo categórico).
EXTASIS (lat. extasis): Fase culminante -supraintelectual- de la ascensión mística hacia Dios. Coronación de la vida contemplativa religiosa.
EXTENSION (lat. extensio): Característica fundamental de los cuerpos, por la que son susceptibles de medición espacial. Descartes consideró a la extensión como propiedad radical y manifestativa de la sustancia corpórea, al modo como el pensamiento lo era del alma o sustancia pensante.
EXTRINSECO: Lo que es ajeno o exterior a la sustancia de un objeto, así como INTRINSECO lo que pertenece o es interior a ella.
F
FACTIBLE: Lo que puede hacerse en el campo de las cosas materiales. Aristóteles dividía el saber práctico en saber de lo AGIBLE (vid.) y de lo factible (artes liberales y mecánicas).
FACTICO: Condición de existente o de ser «de hecho» (de facto), a diferencia de los entes de razón, los meramente posibles o los en potencia.
FACULTAD (lat. facultas): Potencia o poder del alma para la realización de alguna de sus funciones. Los sentidos corporales son facultades o potencias, al igual que los sentidos internos y las facultades superiores de conocimiento y de apetición (entendimiento y voluntad).
FALACIA (lat. fallacia): Falsedad. Sofisma o razonamiento falso presentado con apariencia de verdadero, engañoso por lo tanto.
FANTASIA (vid. IMAGINACION): Se dice particularmente de la tercera función atribuida a la imaginación, la llamada imaginación creadora o combinadora, por la que se entremezclan contenidos imaginativos procedentes de momentos y orígenes diversos, creando situaciones nuevas o imágenes originales en su combinación o estructura.
FANTASMA (vid. IMAGEN).
FATALIDAD (lat.fatum): Forma de DETERMINISMO (vid.), en el que se supone que cuanto acontece responde a la voluntad inescrutable e ineluctable de los dioses o fuerzas mágicas superiores.
FATALISMO: Actitud humana o doctrina que sostiene la creencia en la FATALIDAD (vid.).
FE: Virtud sobrenatural que nos inclina a creer lo que no hemos visto por habernos sido revelado. Existe también una fe humana, origen de la mayoría de nuestros conocimientos, que versan sobre objetos que no hemos visto ni demostrado.
FELICIDAD: Estado de armonía o plenitud interior, reflejo subjetivo de la recta ordenación de la vida hacia su verdadero fin. La felicidad se diferencia del placer: puede una vida llena de placeres ser profundamente desdichada, y, a la inversa, ser feliz sin disfrutar de placeres. Etimológicamente, procede de buen demonio, término en el sentido socrático del daimon interior o espíritu profundo personal.
FENOMENISMO: Teoría conexa con el EMPIRISMO (vid.) -Hume especialmente-, que admite sólo como justificable empíricamente los puros FENOMENOS (vid.) o manifestaciones sensoriales inconexas, rechazando por incomprobables sensorialmente la sustancialidad y la causalidad.
FENOMENO: Lo que aparece o se manifiesta a la conciencia espontánea. Algunos autores, como Schopenhauer, identifican el término con mera apariencia (engañosa) por oposición a la verdadera y oculta realidad. Para Kant, el fenómeno o el conocimiento fenoménico es el único posible, y resulta de una síntesis entre el contenido caótico sensorial y un factor formal-categorial.
FENOMENOLOGIA: Método de investigación descriptiva de lo que la experiencia ofrece, penetrando (sin abstracción) en los distintos aspectos e implicaciones en profundidad del objeto, o, más bien, de su ausencia. Su gran expositor fue E. Husserl en sus Investigaciones lógicas.
FIDEISMO: Teoría filosófico-religiosa que reconoce en la fe el único fundamento para el conocimiento religioso (incluso sobre la misma existencia de Dios), y, por supuesto, una fuente de saber superior a la razón, y necesaria para la fecundidad de ésta.
FIGURA (del silogismo): Las distintas variedades que el silogismo puede adoptar atendiendo a su materia remota, es decir, a la posición relativa de sus términos (mayor, medio y meno | | | | |