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Cuenta la historia de una tribu orca que se embarca en una viaje en busca de nuevas aventuras en el reino de los ogros.
CAPITULO 1 El consejo
Drog, el duro, era el jefe de una de las muchas tribus que había en el reino de los orcos, la tribu “come ogros”. Estaba cerca de los límites con los Reinos Ogros. Debía su apodo “el duro” a que no había ogro capaz de herirle en combate, y tras muchas victorias contra los ogros, les fue ganando terreno. En su aniversario, cansado de pelear con ogros de la frontera, decidió partir en busca de combatientes más fuertes y experimentados, y así se dirigió a la tribu:
-Hoy en mi centenario os digo que estoy preparado para mi viaje al interior del reino ogro en busca de combatientes dignos y además conseguir más territorios, pero antes de todo pediremos consejo al chamán Proug “el viejo”.
Al día siguiente Drog montado en su majestuoso carro de jabalíes, acompañado de su compañía de jinetes de jabalí y Gark portando el enorme estandarte de batalla, con numerosas cabezas de ogros que atemorizaban a cualquiera, fueron en busca de Proug el viejo. Cuando llegaron ante la puerta de la pequeña muralla de madera, había dos orcos custodiándola, Drog se bajó de su carro y al verle los dos orcos abrieron la puerta al instante y apareció Proug, como si supiese que venían.
-¿A qué viene esta visita?
-Necesito tu consejo.
Los dos entraron en una choza y al cabo de un rato salieron, Drog llevaba un amuleto al cuello lleno de huesos, y dirigiéndose a sus guerreros les dijo: mientras lleve este amuleto al cuello, Torgh (su dios) estará con nosotros. También me ha dicho Proug que tengamos cuidado porque predice una catástrofe aunque también días de gloria.
Así, tras recibir el consejo, Drog se montó en su carro y volvió a la tribu acompañado de sus jinetes y de Gark. Llegó a la tribu con un solo pensamiento: salir cuanto antes en busca de la aventura, del viaje. Ya estaban preparados en la tribu en el momento en que Drog apareció por la colina “diente roto”. Contaba con un grupo de jinetes de jabalís, un carro de jabalíes, en que se encontraba Gark, los demás se quedaron en la tribu con Corg, el hermano pequeño de Drog, para protegerla.
CAPITULO 2 El encuentro
Nunca se habían adentrado tanto en el reino de los ogros como iban a hacerlo ahora. Empezaron su viaje atravesando la colina “diente roto”, más adelante se elevaban las inmensas montañas de hielo, que deberían pasar para llegar a los límites del reino. Drog liderando a los orcos continuaba tranquilo por la inmensa llanura de “Alquión”, así siguieron hasta encontrarse en el principio del camino que atravesaba las montañas, continuaron por este hasta que un ruido entre las piedras les alertó, justo detrás de ellos apareció Snak, un viejo amigo de Drog, que iba acompañado de su leal compañía de orcos.
Snak: -¡Por fin os encuentro!
Drog: -¿Qué haces aquí?
Snak: -Me topé con unos cuantos ogros y me desvié de mi ruta.
Drog: -Continuarás con nosotros por la ruta del hielo, atravesando las montañas.
Snak: -No me queda otro remedio.
Se adentraron en la angosta ruta, pasando numerosas dificultades resistiendo al frío helado de las montañas. Snak y Drog hablaron durante un buen rato de sus antiguas escaramuzas con los ogros. Pero de súbito, una gran piedra cayó de lo alto de la montaña y aplastó íntegramente el carro de Gark y, junto con él, el suntuoso estandarte de Drog. Este enfurecido se bajó de su carro y fue a ver a Gark, o lo que quedaba de él. Yacía muerto en el suelo, aplastado por la enorme roca que también hizo pedazos al carro y al estandarte, que tanto le había costado a Drog. Sin pensárselo dos veces, mandó a los orcos que marcharan hacia delante y que se refugiasen en alguna cueva. Y les dijo:
-Esto no ha sido la montaña sino sus habitantes, los ogros.
Se adentraron en una de las cuevas que había en la montaña, a esperar a la noche.
CAPITULO 3 La tribu

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En el mismo instante en el que el sol se apagó, Drog dio orden de seguir, y junto con Snak lideraban el grupo, con una máxima cautela. No hubieron andado ni diez minutos cuando distinguieron una pequeña luz en la loma de la montaña. Aún con más sigilo bajaron por el camino acercándose cada vez más a la luz, Drog dio la orden y en ese momento se detuvieron. La escasa luz que vieron desde arriba era una tribu de ogros, donde descubrieron que el jefe era un ogro de hierro, una raza muy rara entre estos, pero que son de los más fuertes y corpulentos. Les crecía una espacie de coraza de un material muy parecido al hierro, de ahí su nombre. Percibieron un olor a sangre muy fuerte y dedujeron que había un druida entre ellos, cosa muy fácil de identificar, puesto que estos tienen un caldero de sangre y tripas de algún animal, que utilizan para lanzar los hechizos. También los propios magos están llenos de ganchos, donde cuelgan trozos de carne o cualquier otro cosa con aspecto asqueroso. Snak contó unos veinte ogros panza, un tipo de ogro muy fuerte, y con una gran panza. Estos estaban en corro, y en el centro estaba el druida con su caldero lanzando una especie de luz rojiza por la boca. Snak contó que era un hechizo que curaba sus heridas, que se lo había visto hacer a otro mago, que al instante regeneró todas sus heridas. El caldero lleno de sangre y algunas tripas estaba puesto en una hoguera, la sangre estaba hirviendo, y se veía como las tripas se consumían en éste.
CAPITULO 4 El ataque
Drog y Snak empezaron a caminar, ya en la aldea Drog se bajó de su carro, y la compañía de jinetes esperaba la orden de ataque. Snak y su compañía acompañaron a Drog, miraron alrededor y descubrieron que si asaltaban por detrás de las chozas no los descubrirían con tanta facilidad y contarían con el factor sorpresa. Con mucho sigilo fueron pasando por las chozas, Snak las iba husmeando una a una y vió en una de ellas el bastón Rudog Doz, un objeto mágico que los orcos robaron a Proug el viejo (el chamán de la tribu de Drog). Rápidamente paró a Drog, que iba directo a por el ogro de hierro y le dijo lo que había visto. Este mandó a dos orcos de Snak que llevasen el bastón a su carro, lo metieran en una pequeña bolsa de piel de ogro que tenia en un lateral y se quedasen custodiándolo. Drog siguió su ataque, blandió su hacha y desde lo alto de una choza se la clavó al druida, que cayó muerto al instante. Después Snak con sus orcos se dirigieron hacia los ogros panza, para detenerlos. También los jinetes cargaron contra ellos, para ayudar a Snak, mientras tanto Drog combatía con su adversario, levantó su hacha y lo intentó clavar en el brazo del ogro. Este se rió al ver que el hacha no le hizo ningún rasguño, El ogro Gran Panza le asestó un golpe a Drog que le dejó el brazo inmovilizado, Drog volvió a golpearle, sin producir ningún daño a su rival. Snak que lo veía todo, fue en su ayuda, distrayendo a Gran Panza, consiguió que sus orcos le sacaran del combate. Rápidamente la compañía regresó hacia el carro de Drog y regresaron a la cueva oyendo las risas de Gran Panza a lo lejos.
CAPITULO 5 La venganza
Ya en la cueva, Snak mandó a unos orcos a por unas plantas curativas, ya que tenía el arte de curar, pues se lo enseñó un antiguo chamán orco por haberle salvado de las fauces de los ogros. Ya con las plantas Snak las machacó todas y las puso al fuego. Al cabo de un rato las plantas habían soltado un jugo, con el que fabricó un brebaje que se lo dio a beber a Drog y con las hojas machacadas hizo una pasta que la puso encima de la herida. Cuando salió el sol Drog estaba practicando con su hacha. La herida del brazo se le había curado del todo y estaba preparado para la venganza. Drog contó a sus camaradas que la piel de Gran Panza era impenetrable para su hacha.
Snak: -Debes encontrar un punto débil, un sitio donde no le crezca esa coraza.
Drog: -Le observaremos antes del ataque y descubriremos su punto débil, vosotros encargaros de los ogros panza, Gran Panza es mío.
Emprendieron el camino, esta vez bajaron por uno diferente para no ser descubiertos. Al llegar a las lindes de la tribu, se escondieron para observar al jefe de los ogros. Al final descubrieron que en el cuello no le crecía la coraza e idearon un plan de ataque:
*Snak y sus orcos asaltarían a la tribu.
*Cuando Gran Panza los viese, Drog saltaría a su encuentro y le asestaría el golpe letal en el cuello.
*Los jinetes ayudarían a Snak con los ogros panza. Enterados todos de lo que tenían que hacer siguieron con el plan, primero Snak y su compañía asaltó a la tribu, cuando Gran Panza los vio, Drog fue a su encuentro y los jinetes cargaron contra los ogros. El combate de los jefes de las diferentes tribus acababa de comenzar, Drog blandió su hacha y atacó al jefe ogro, pero éste logró esquivar el golpe, de repente se encontraban los dos inmersos en una lucha que parecía no tener fin. Drog lanzaba golpes contra Gran Panza, y éste los esquivaba o los paraba, del mismo modo ocurría con Gran Panza, hasta que en un momento de desesperación Drog logró atinar el golpe final en el cuello, con tal fuerza que la cabeza del jefe se separó del cuerpo, cayendo al suelo muerto y decapitado. Al ver esta imagen los demás ogros odiaron a muerte a Drog y en ese mismo instante todos los ogros cargaron al unísono contra él. Rápidamente Snak fue en su ayuda, los jinetes cargaron por el flanco ogro, por el cual se llevaron a más de uno por encima. La compañía de Snak fue directamente hacia Drog, que envolviéndole le ayudaron a matar a los ogros panza, que soltaban la rabia con quién fuese. Al final no quedó ni un ogro en pie y Drog salió victorioso de su aventura. Después amontonar todos lo cadáveres Drog decapitó a todos y cada uno de los ogros, y los puso en el nuevo estandarte, con la cabeza de Gran Panza en lo alto de este. Snak, como hizo la vez anterior, husmeó por todas las chozas en busca de alguna cosa de valor. En una de ellas encontró numerosas armas de los ogros panza, una de ellas pertenecía a Gran Panza, tenía una empuñadura de colmillo de gafnak, un animal enorme y con unos colmillos tan duros y resistentes que podría durar miles de años conservando su estado original, en la hoja tenía puesta una inscripción, que decía: “Quien empuñe este arma no tendrá rival que lo venza”, Snak notó que no era muy pesada, y que él la podía manejar fácilmente. Llamó a todos, y tras pedirle permiso a Drog, éste le dijo que se la quedara, que él ya tenía su hacha “muerde panzas”, todos cambiaron su arma por una mejor, y armados con éstas emprendieron el camino de vuelta a casa.
CAPITULO 6 El regreso
Drog y Snak se montaron en su carro, y junto con los demás hicieron el viaje de vuelta a la tribu “come ogros”, volvieron por el camino de hielo, que atravesaba las montañas heladas. Pasaron por donde le cayó la piedra a Gark y siguieron hacia la inmensa llanura de “Alquión”, divisando en el horizonte la colina “diente roto” tan cercana a su tribu. Al llegar, toda la compañía gritó al unísono: “¡¡¡Victoria!!!”, Corg, el hermano pequeño de Drog, esperaba junto al chamán Proug su regreso. Drog se bajó de su carro, y acompañado de toda la compañía le entregó el bastón Rudog Doz, éste al verlo se alegró y felicitando a Snak por haberlo encontrado y le regaló una pequeña bolsita que contenía unas plantas muy raras con las que se podía curar cualquier herida, Snak se lo agradeció. Drog volvió a gobernar en la tribu “come ogros” con la esperanza de que algún día emprendiera otra vez un viaje como el que había vivido ahora. Y así terminó la gran hazaña de Drog el duro, la cual fue recordada durante miles de generaciones y guardada en la mente de los chamanes más sabios de la época.
Siempre estará en la mente de los tuyos.
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