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Duelos mágicos, combates a muerte y cada vez la situación más difícil para estos tres aventureros. Espero que os guste la quinta parte.
¿Estaría muerto? Esa era la pregunta que pasaba una y otra vez por la mente de Andreas. No conseguía abrir los ojos. Había algo que se lo impedía. No podía tomar aire tampoco, no sabía muy bien por qué. A lo largo de toda su vida le había enseñado que después de la muerte había otra vida, una vida en la que el dolor no existía y en la que habían praderas verdes y nevadas montañas, en donde Sigmar era un gran rey que se alzaba en su trono y vigilaba
continuamente por el bien de su gente. Pero lo que sentía ahora Andreas era dolor, un dolor intenso que le recorría todo el cuerpo y sobretodo sentía frío, estaba helado. Por puro instinto comenzó a agitar los brazos todo lo fuerte que pudo. Entonces fue cuando sintió una mano que lo cogía de los cabellos, una mano fuerte que lo empujaba hacía abajo, o quizás hacía arriba, no lo sabía muy bien.
Marnel se había sumergido en el agua de la pequeña laguna en la que antes se habían parado a beber para rescatar a su compañero. Era un milagro. El ave había soltado a su presa justo cuando sobrevolaban la superficie del agua. La caída había sido desde bastante altura y de haberse estrellado contra suelo firme seguro que ahora estarían hablando de la muerte de Andreas. El gran guerrero sacó a la superficie a Andreas y lo ayudó a llegar a la orilla. Andreas no podía ni siquiera gatear. Es más, Apollo tuvo que agarrarle de la mano y empujarle hacia fuera. Sino no habría conseguido salir por su propio pie.
Nada más estar a salvo Andreas metió la mano en su bolsa para comprobar que aquella piedra magnífica estaba aún ahí. La tocó con suavidad y se tranquilizó. Además sintió algo de renovadas fuerzas. ¡Gracias a esa piedra conseguiría sobrevivir! Tras unos segundos de descanso Apollo volvió a hablar:
-Tenemos que continuar. Están muy cerca.
Los tres aventureros siguieron corriendo a través del desfiladero durante un par de horas más, aunque mucho más lento de lo que deseaban debido al profundo agotamiento que sentían. Marnel sujetaba con su brazo bueno a Andreas y lo ayudaba a mantenerse en pie. Éste aún no se había recuperado del gran impacto contra la superficie del agua, y sentía como si varios órganos internos se le hubieran esclafado.
Al final dieron con la salida del desfiladero. La boca de éste apuntaba a desierto abierto pero era el único camino posible. Un silbido llegó a oídos de los aventureros y tras unos segundos un par de silbidos más lo acompañaron. Eran flechas y estaban cayendo peligrosamente cerca de los fatigados ladrones. Al girar la cabeza vieron como se precipitaban hacia ellos tres caballeros esqueléticos.
No hizo falta mucho más para alentarlos a adentrarse en el desierto y así lo hicieron.
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Magnífico, pensaba para sí Cabezoptec, por fin les había dado caza. No podía estar más contento. Cierto era que sus preciosos buitres no consiguieron hacer bien su faena pero daba igual. Una hilera de dientes negros conformaba una sonrisa en la cara del hierofante. Los dos carros que había ordenado que dieran la vuelta al desfiladero también estaban a punto de llegar. ¿Qué podrían hacer esos tres al borde de sus fuerzas contra dos de sus carros y tres de sus mejores caballeros esqueléticos? Aún así quería acabar pronto con lo que últimamente le había dado muchos dolores de cabeza. No se lo pensó dos veces y desmontó de su corcel de hueso. El caballo no muerto era dócil con sus dueños pero era bravo y fiero contra todo lo vivo. Cabezoptec sacó una pequeña piedra de uno de los sacos que llevaba colgando del cinturón y se puso a recitar un conjuro en el lenguaje antiguo de los muertos. Al momento un montón de arena comenzó a girar a sus pies y éste empezó a elevarse poco a poco hacia el cielo. El objeto que había sacado era el manto de las dunas y permitió volar al sacerdote.
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Correr en dirección del desierto no era una buena idea pero era peor quedarse allí esperando a los tres caballeros. De pronto una estela de fuego surcó el aire y estalló muy cerca de los aventureros. ¿Qué había sido aquello? Estaba claro que alguien estaba obrando magia contra ellos, pero al mirar atrás y no ver a nadie siguieron corriendo. Una segunda bola cayó del cielo y esta vez, la onda expansiva provocada por el impacto derribó a Apollo. Tras unos segundos de confusión Apollo vio en el cielo la sombra de lo que le había atacado. Se trataba de otro mago y por lo que había demostrado hasta ahora parecía muy poderoso.
-Seguid corriendo - dijo Apollo aún tirado en el suelo.- ¡Yo me encargo de él!
Marnel y Andreas no le desobedecieron y continuaron con su eterna huida. ¿Cuándo pararía aquella locura?
Apollo se levantó poco a poco. Cabezoptec había entendido rápidamente la intención de su enemigo. Pretendía un duelo mágico. ¿Qué tenía que hacer aquél miserable contra él, hierofante entre sacerdotes y Sumo Sacerdote del gran rey Alcadizaar?
El mago humano se quitó la frágil túnica que cubría su cuerpo y dejó el torso al desnudo. Sólo un pequeño collar de huesos adornaba su cuello y llevaba arcanos tatuajes por toda la espalda.
Apollo alzó sus manos y cerró los ojos para concentrarse mejor. Al poco generó una pequeña bola de fuego en cada una de sus manos. Cuando hubo terminado de conjurar abrió los ojos y arrojó las dos bolas hacia el mago no muerto. Volaron y en primera instancia lograron impactar sobre su objetivo. Una explosión retumbó como un trueno y se llenó de humo negro alrededor de donde se encontraba el hierofante. Cuando se dispersó la humareda, la figura del no muerto seguía allí en lo alto. Era el turno de Cabezoptec.
Iba a mandar a ese insolente de cabeza a su reino. Desarrollaría todo su potencial contra ese ser a modo de prueba. El vivo manejaba bastante bien la magia para ser un miserable humano. Apuntó con las manos hacia el frente y una potente columna de fuego surgió de él. La mortal columna, de más de cincuenta pies, se sostenía en el aire y tenía como base al hierofante. Con los ojos casi desorbitados por el esfuerzo bajó la columna hacia Apollo. La columna de fuego se estrelló de lleno contra el suelo y se doblegó abarcando bastante superficie de desierto. Cabezoptec giró su cuerpo y la columna se movió en la dirección en la que giraba éste. Hizo un primer barrido rápido pero Apollo logró ocultarse tras un pequeño tronco de árbol caído y seco que había allí cerca. Cabezoptec giró de nuevo su cuerpo y la columna volvió a girar hacia éste.
Apollo no esperó ni dos segundos a que hubiera pasado la columna de fuego por encima de él. Le había chamuscado casi todos los pelos del cuerpo y sentía quemazones por diversos sitios de su anatomía. Conjuró una pequeña lanza de viento y la arrojó hacia el mago. No bastaría para matarlo pero esperaba que por lo menos interrumpiera aquel conjuro tan poderoso lanzado por su enemigo.
La lanza dio mejor resultado del esperado y se estrelló de lleno contra la cara de Cabezoptec. Cierto era que no se trataba de un golpe mortal, pero lo aturdió de mala manera. Con una gran explosión se interrumpió el poderoso conjuro y Cabezoptec perdió el control del manto de las dunas. El conjuro se debilitó y el Sumo Sacerdote comenzó a caer de los cielos poco a poco, dando vueltas sobre el eje de su cuerpo hasta tocar suelo.
Apollo no se lo pensó dos veces y se precipitó corriendo hacia su enemigo.
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Marnel y Andreas seguían corriendo por el desierto cuando dos carros aparecieron en el frente. No sólo los perseguían tres caballeros esqueléticos, además iban hacia ellos dos carros a toda velocidad. Marnel decidió dejar de correr y hacer frente a sus enemigos.
-Andreas, ¿puedes andar solo? –preguntó el guerrero.
-Sí, creo que sí.
-Pues aléjate lo más rápido que puedas de aquí.
Andreas hizo caso y rodó hacia un lado dejando a Marnel solo. Se puso en pie muy despacito y empezó a moverse lo más rápido que su magullado cuerpo podía.
Marnel descolgó de su espalda, con su mano buena su gran hacha de batalla. Ésta irradiaba un brillo potente. El otro brazo lo tenía encogido apoyado sobre el vientre. Aún así el gigantón daba auténtico miedo. Marnel alzó su brazo sosteniendo en alto su hacha y lanzó un gran bramido hacia los carros. Una de las múltiples flechas que silbaban por el aire hizo diana y se clavó sobre el pecho de éste. Marnel hincó la rodilla derecha en el suelo. En ese momento uno de los carros pretendió pisotearlo. El guerrero se dejó caer hacia un lado y el carro pasó de largo. Uno de los aurigas del carro chasqueó el látigo y éste produjo un corte en el brazo con el que sostenía el hacha. Aún así no la bajó ni un milímetro. El otro carro intentó hacer la misma maniobra que su compañero. Marnel saltó a la izquierda pero ahora sí que bajó el hacha a la altura de la rueda. El impacto del destral contra la rueda fue brutal y Marnel tuvo que soltarla para evitar romperse la mano que le quedaba buena. Aún así la rueda del carro cedió y se quebró en muchos trozos. Debido al impulso que llevaba el carro y a la pérdida repentina de la rueda, cuando el suelo del carro tocó la arena del desierto, el conjunto entero dio una vuelta de campana por el aire. Y después de una, otra y otra más, hasta que detuvo su movimiento del todo, habiendo quedado totalmente pulverizado. El gran guerrero no mostró mueca alguna de alegría.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Piedra de luz VI |
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21-04-2006 17:18 |
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Aunque nadie lea la historia, deducido del gran número de votos y comentarios (gracias a los cuatro que se han molestado en hacerlo!!), ya está piedra de luz VI acabada y mandada desde haca ya una semana. Esperando a que la cuelgen con impaciencia, saludos.
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Currado!!! |
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13-04-2006 00:58 |
Mu weno tío. Ademas me gusta mucho esta saga, m parece original y bien llevada
sexta parte ya!!
xauss
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Calidad |
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07-04-2006 13:39 |
Uno de los mejores textos que he visto aquí últimamente. Entretenido, bien redactado...algunos fallos menores, como repetición de palabras, pero nada más.
PD: Te animo a que mandes la continuación...que, por cierto, te aseguro que no tardará tanto en ser publicada
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RE: Calidad |
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12-04-2006 19:58 |
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A por la sexta!!!!
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