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La Casita Blanca (tercera parte)


Relatos de Fantasía

06-03-2006 16:29
Por: Dersu

Tras haberse introducido en el castillo real, los cuatro protagonistas se hallan atrapados en un mundo que no pueden controlar ni comprender.


la casita blanca (tercera parte)
El techo se movía constantemente, inquieto, como si temiese lo que pudiera ocurrir a continuación. Allí, a su amparo, en actitud de espera, una pareja charlaba sobre una situación delicada. Hablaban del enfrentamiento entre La Casita Blanca y los humanos, al parecer despojados de su soberanía. Ella era joven, de unos veinte años deduje, con una larga melena rubia y cara angelical; su cuerpo parecía frágil y delicado, pero sus ojos revelaban una fortaleza forjada a base de penurias; se acariciaba el abultado vientre de embarazada. Él, sin embargo, era de edad mucho más avanzada, posiblemente rondando los cuarenta; musculoso, con un rostro algo afeado por la edad en el que destacaba una gran cicatriz con forma de rayo en la frente. Su aparente rudeza, posible resultado de un constante empeño, tal vez necesario, de demostrar su virilidad, le otorgaba un aspecto mezquino, a pesar de sus esfuerzos por mostrarse dulce y cariñoso con su amante.

-¿Crees que los humanos que aún se resisten al cambio terminarán por atravesar la frontera y se enzarzarán en una lucha desesperada por preservar la supremacía que antes tenían? -preguntó ella.

-No veo probable que puedan romper las barreras mágicas que el cowboy ha dispuesto para protegernos. Tranquila, estamos a salvo.

-No lo digo por nosotros. Es... por la gente. Los humanos que ya han sido atraídos a La Casita Blanca cada vez son más agresivos e intransigentes con los que todavía se resisten al cambio. Se oyen rumores de que algunos han atacado las poblaciones humanas y asesinado a unos cuantos de ellos.

-Sólo serán rumores. Además, en caso de que sea cierto, no creo que hayan sido los humanos; seguramente habrán sido las criaturas que vivían, si se le puede llamar así, en las tierras inhabitables. Aquellos siglos fueron un infierno para ellos, y ahora todo cambia tan deprisa... se impacientan.

-Tengo miedo de que se desencadene una guerra. No quiero que nuestro hijo crezca en un mundo así. Yo tuve una infancia y una adolescencia horribles; no quiero que mi hijo pase por eso.

-Sabes que el rey no permitiría una cosa así. Aunque viva todavía bajo tierra, sigue siendo el soberano del mundo mágico. Por mucho que La Casita Blanca haya crecido y se extienda cada vez más por todo el planeta, su reino subterráneo sigue siendo la sede del poder. ¿Cómo podría alguien atreverse a desafiarlo?

-No... no me has entendido. No tengo miedo por una guerra entre los no-mágicos y La Casita Blanca, tengo miedo por una lucha interna. La Casita Blanca contra La Casita Blanca. Tal como están las cosas, podría ocurrir. Hay impaciencia y odio, mucho odio, entre los nuestros, sobre todo entre quienes vivían en las tierras inhabitables. Están resentidos con los que actuaron, aunque inconscientemente, de carceleros.

-¿Tú crees que se atreverían?

-Creo que ya se han atrevido. Y creo que algunos humanos los han ayudado. Hay ciertas personas que se aferran a La Casita Blanca con un fervor que se podría calificar de religioso. Como si pensaran que ha llegado el día del Juicio Final y tras él espera el paraíso prometido.

-¿No es eso lo que prometemos? Un mundo feliz para todos y cada uno de sus habitantes.

-Sí, ése es nuestro sueño. Nuestra esperanza. Ojalá nuestro hijo pueda crecer en un mundo así y vivir dichoso la infancia que yo nunca tuve.

-Ojalá...

***

Llamaron a la puerta. Por ella entró un hombre, calculé que de treinta y tantos, vestido con un lujoso traje al estilo de La Casita Blanca; es decir, imitando el oro puro, pero jamás alcanzando su magnificencia. En ambas manos, lucía anillos de luz cegadora, también de falso oro; sin duda, era atractivo, culto y refinado. Se paseó por la sala con evidente aire de superioridad. Era un millonario engreído exhibiendo sus riquezas.

-¿Aún no ha llegado el cowboy?

-No.

-Y ya veo que tampoco el viejo.

-Así es.

-¿Qué te ocurre, querida? Pareces pálida. ¿Otra vez atormentándote por tu hijo aún no nacido? No creo que sea beneficioso para el niño que estés todo el día nerviosa; podría encogerse tu precioso vientre y provocarle deformaciones en su real cabeza -se burló el millonario.

-Muy gracioso. Me preocupo por mi futuro y el de los míos; dudo que tú sepas siquiera qué hacen tus hijos -respondió ella, irritada.

-Por supuesto que me preocupo por mis hijos. Son las únicas personas en el mundo que no me apuñalarían por la espalda si pudieran. Supongo que se parecen más a su madre, porque yo habría apuñalado a mi padre si hubiera tenido ocasión, pero como no tengo más hijos tendré que dejarles a ellos mi herencia; no sería justo que una colección de arte como la mía, notable por mi buen criterio, se echase a perder en manos de comerciantes incapaces de reconocer una obra artística aunque la tuvieran delante de sus narices -los otros dos no parecían estar muy seguros de a quien se refería, así que añadió- Hablo de mi mujer, claro. La pobre ha sido siempre más intuitiva que inteligente, pero estaba demasiado buena como para dejarla escapar.

-¿Y por qué te separaste de ella, entonces?

-Eso no fue culpa mía. Ella fue quien se marchó. Además, yo no tenía ningún interés en retenerla; con la edad había perdido mucho, aunque me negase a aceptarlo y me mantuviese fiel a ella. Al separarme, pude recordar lo que se siente al acariciar carne joven y enseguida olvidé a esa mamarracha. La putada fue que se llevó a mis hijos.

-¿Dónde está ahora?

-Con los no-mágicos. A decir verdad, me extraña. Es una aventurera; no entiendo por qué se aferra ahora al pasado. Pero me alegro. Así se ha alejado de mis hijos; era una mala influencia para ellos.

-¿Por qué, por tener sentido común? Seguro que te abandonó por serle infiel.

-Sí, pero la acusación era falsa. Yo miraba a otras, pero os aseguro que nunca la engañé... bueno, menos una vez.

-¿Así que no te importa que tu ex mujer se niegue a aceptar La Casita Blanca? ¿No te apena?

-No. Aquí, allá, ¿qué diferencia hay? Ambos mundos son iguales.

la casita blanca (tercera parte)
-¿Y no te inquieta que pueda hallarse en peligro?

-No. La mujer a la que yo amé murió hace mucho. Ahora sólo me interesa otro tipo de amor. Además, los seguidores de La Casita Blanca jamás se atreverían a desafiar a su "rey" -pronunció la palabra con tono burlón y evidente desprecio, lo cual desagradó a los otros dos.

-No deberías hablar así de nuestro líder; estas paredes ven... y oyen -dijo ella.

-Hoy es el Día del Renacer. ¿Crees que alguien podría estar escuchando? No, todos están de fiesta, y ese maldito cowboy nos hace venir en vano. De todas maneras, no veo qué tiene de peligroso burlarse de un hombre que piensa menos despierto que cualquier otro durmiendo.

-Algunos te matarían por esto. Y yo lo haría con sumo gusto si no supiera que los cuatro somos imprescindibles para el cambio definitivo.

-Que me parta un rayo si miento. Se pasa el día sentado en su trono divino, dando órdenes a sus servidores para convertirse en centro de adoración de los habitantes de La Casita Blanca y las tierras inhabitables. Lo primero lo entiendo, pues les ha proporcionado un hogar desde que fueron condenados a vivir bajo tierra; pero los otros... qué estúpidos. Besan el suelo que pisa cuando deberían odiarlo. Si yo fuera ellos, me vengaría por todo el tiempo que les ha negado refugio condenándolos al infernal caos de las tierras inhabitables. Y ellos lo adoran... realmente la estupidez no tiene límites.

-Me asustas; si no te conociera, pensaría que no crees en el mundo que estamos creando.

-¿Y qué te hace pensar que sí creo en él? La nueva Casita Blanca no es sino como cualquier otro mundo. Lo acepto porque ofrece comodidades que la sociedad humana no puede proporcionarme. Nada más.

-¿Cómo puedes decir semejante barbaridad? La paz y la felicidad para todas las criaturas del planeta. Es lo que todos deseamos.

-La paz es para los débiles que no saben sobrevivir por sí mismos; ése no es mi caso. Y la felicidad es pasajera. Viene y va como el viento caprichoso. No hay dicha sin desdicha y el pretender insinuar que una puede existir sin la otra es un insulto a la inteligencia.

-¡Vaya inteligencia la tuya! Primero rechazas a nuestro rey, al que como bien sabes sucederá mi hijo, y después desprecias la felicidad. Dice la leyenda que el hijo de dos elegidos, es decir, mi hijo, gobernará con justicia sobre todos las criaturas de este mundo y será tan glorioso su reinado como no se recuerda otro, y tan grande la felicidad de su reino que será recordado por los siglos de los siglos.

-Patético. Tanto que dices odiar las falsedades de las religiones humanas, y tú te aferras a una nueva.

-Creo en mi hijo. En que bajo su justo mandato conoceremos un mundo mejor, un mundo de amor y felicidad.

-Bobadas. Lo único que no pueden arrebatarnos en esta vida es la libertad de decidir cómo enfrentarnos a las cosas. El resto son sólo ilusiones humanas. Y la propaganda real que acabas de recitarme es para gente vulgar. El poder de La Casita Blanca se basa en la divinización de sus líderes; la gente venera lo que no puede amar y ama lo que no puede venerar.

-Eres despreciable.

-Lo sé. Pero el mundo también lo es. Lo único que merece la pena es la supervivencia. La esperanza es sólo para los débiles.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Como dijo Akhul: Efectiva
30-04-2006 15:38
Yo sólo le veo una pega a esta parte. No enlaza lo suficiente con la anterior y eso confunde un poco. Por otra parte algunos diálogos son difíciles de identificar porque no dices quien está hablando. Es cierto que en algunos no hace falta, pero en otros sí.
Por lo demás en esta parte introduces elementos de intriga para obligar al lector a seguir leyendo, lo que está muy bien, y nos muestras un poco más la sociedad de ese mundo fantástico.

Por ahora es entretenida (aunque tienes que fijarte un pco más en los detalles que te dije: linealidad e identificación en los diálogos)

Un saludo

   RE: Como dijo Akhul: Efectiva
30-04-2006 15:39

   Toques de obra de teatro
06-03-2006 16:31
Con esta entrega me has creado un efecto no del todo desagradable pero que no sé si es intencionado: el exceso de diálogo, el no volver a hablar de los personajes que nos presentaste en la primera entrega "desde fuera", me ha dado la impresión de estar viendo, o más bien leyendo, una obra de teatro.

Creo que podría haber ganado en agilidad el texto con alguna escena intercalada de acción, en lugar de dar todas las explicaciones sobre la situación actual de la Casita Blanca a través de los diálogos entre personajes.

En cualquier caso, la entrega ha resultado efectiva, aunque lamento el no haber avanzado más en la historia; me está gustando mucho.



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