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La tierra maldita


Warhammer Fantasy

28-04-2006 20:03
Por: enano blanco 1

Relato titulado "La tierra maldita".

Introducción: La Caída

Gerios estaba sentado en sus aposentos, ya tenía 21 años y nadie le reconocía como el heredero al trono de su padre, el “Trono Dorado”, ya que había que mantenerle en secreto hasta su coronación por si alguien intentara matarle, sobretodo teniendo en cuenta que el peligro que acechó un día con destruir todos los reinos del mundo nunca se había extinguido.
Y ésta era la causa por la que su padre había partido hace ya dos semanas a la tierra de los desastres, la Tierra Maldita.
Una vez en esa tierra se alzó un hechicero, al que se le llamó Grestden, con un ejército sacado del mismísimo infierno en un templo lleno de horribles estatuas y demás cosas horrendas. Las inmensas praderas y campos de flores donde apareció de repente el templo se convirtieron en una tierra de ceniza, agrietada, que se extendía hasta el comienzo del bosque prohibido, lugar de procedencia de los elfos silvanos. En esa misma tierra de maldiciones se produjo una batalla, en la que lucharon cuatro ejércitos, cada uno al mando de su señor.
Murieron muchos guerreros ese día; los caídos fueron engullidos por la tierra y nunca se les pudo sacar, pero la victoria fue decisiva para el destino de los seres del planeta, ya que consiguieron abatir al hechicero y, con él, a su ejército de las tinieblas.
Las almas de los demonios fueron encerradas junto con la de su amo en una enorme pared de roca creada por un mago de gran talento, que desapareció tras la batalla y no de supo de él ni su nombre.
Para recordar la hazaña y mantener la paz, le fue entregado a cada señor de los ejércitos cuatro talismanes, cuyas propiedades se activarían en cuanto volviera a ocurrir una amenaza tal.
Esta historia recordaba Gerios, se enorgullecía de ella, puesto que su abuelo fue el líder del mayor ejército, y el que mató al hechicero.
Ya por la noche, alguien entró corriendo y le despertó. Era Tarión, el hombre encargado de su recaudo.
-Mi señor, traigo nuevas de su padre.
Gerios, desperezándose, contestó:
-¿Y no podrías esperar a mañana para contarme lo que sea?
-No, señor. Ha desaparecido junto con su ejército, y hay alguien que quiere verle con urgencia.
-De acuerdo -dijo dubitativo- pero no entiendo nada.
Entraron en el salón y vieron a un mago vestido con unos estupendos ropajes.
-¿Qué ocurre?- preguntó nervioso
El mago le examinó un momento y dijo:
-Encantado de conocerte, príncipe Gerios.
- ¿Cómo sabe quien soy?-dijo perplejo.
- bueno, yo conocí a tu abuelo- dijo mientras se sacaba un paquete del bolsillo.
Gerios le miró asombrado y exclamó -¡El Mago!- Tras esto, mando abandonar la sala, sólo Tarión permaneció a su lado.
-En efecto. He venido porque has de cumplir una misión peligrosa… has de librar al Mundo de un nuevo mal creciente; en la Tierra Maldita, un ser conocido como el Nigromante se ha alzado en el trono que dejó el mago Gresten- al decir esto, desenvolvió el paquete y sacó un amuleto que brillaba en plena oscuridad –Póntelo- le dijo.
Gerios le obedeció. Al ponérselo notó como un escalofrío por todo el cuerpo, y como este se elevaba unos palmos antes de que se cayera al suelo. El hechicero se acercó a él, le extendió la mano para que se incorporara y le dijo. –Usa esto- enseñándole un mapa bastante gastado. Lo pusieron sobre la mesa, y al acercarle el talismán en el mapa se dibujaron tres puntos brillantes.
-Has de encontrar a tres personas, las reconocerás por el mapa, él te dirá quienes son. Dirígete siempre al punto que más brille.- Diciendo esto, una gran corriente de viento entró en la habitación, cegando a los dos allí presentes, al abrir los ojos, el mago ya se había ido.
-Saldremos esta noche -dijo el príncipe- cuando todos duerman.
-Pero mi señor, soy responsable de su seguridad, no puedo permitir que le ocurra nada.
-Por eso vendrás conmigo, además, como mi padre ha desaparecido, tienes que obedecer mis órdenes. Asegúrate de que el consejo asuma el mando mientras estamos fuera, después cogeremos armas, agua, víveres, oro y dos caballos del establo.
Pasada una hora salieron de la ciudad y se dirigieron por el camino hacia su próximo destino, el que llevaba a la ciudad de los espectáculos, el de la ciudad de Dreiben.

Parte 1: El encuentro de los herederos

El heredero de las bestias

El camino de Dreiben circulaba al lado de un arroyo, cuyo murmuro acompañó a los aventureros durante toda la noche, por el día encontraron a un mendigo sentado al pie de la pared escarpada que había pegado al camino. Gerios le echó una moneda de plata sin bajarse del caballo y cuando se empezó a alejar el mendigo le dijo:
-Gracias, príncipe.
Gerios y Tarión se dieron la vuelta tan rápido como lo oyeron, pero allí ya no había nadie.
-¿No es extraño,-preguntó Tarión a Gerios –que habiendo mantenido en secreto desde que nació hasta el día de hoy su identidad, nos reconozcan hasta los mendigos?
-Eso no era un mendigo, no sé lo que era, pero no un mendigo… y es lo que más me atemoriza.
Al decir esto, los dos siguieron cabalgando y no volvieron a pronunciar palabra hasta que llegaron a la ciudad de Dreiben.
Ya por la tarde se encontraban allí, el sol radiaba y era el momento del día en el que más calor hacía. La ciudad estaba rebosante de vida y todo el mundo parecía feliz. Gerios sacó el mapa y observó que en el ya sólo aparecía la ciudad en la que se encontraban, por lo que pudieron llegar fácilmente a su objetivo, un circo que del que se decía que tenían los mejores espectáculos del mundo. Así lo anunciaba el cobrador charlatán de la entrada, que se asustó un poco al ver al príncipe y a su escolta dirigiéndose hacia él.
-Bu…buenas caballeros, ¿que se les ofrece?
-Venimos a ver el espectáculo- dijo Tarión.
-Claro, claro, je je; para los servidores del rey es gratis, adelante.
Gerios y Tarión se extrañaron un poco, pero luego comprobaron por que se trataba. Llevaban puestas las armaduras de los caballeros del rey, y era evidente que ese señor tenía algo que ocultar y prefería que no se enterara el Rey, y que mejor manera de hacerlo que sobornar a sus guardias si por casualidad encontraban algo “curioso”.
El espectáculo comenzó con unos malabaristas, seguidos de un combate de fieras que no se podía saber de donde se habían sacado tales monstruosidades. Gerios y tarión pusieron una cara de asombro y perplejidad, con lo cual, el cobrador, que no les había quitado ojo desde que empezó el espectáculo, mando a un enanito para evitar problemas.
-Buenas tardes, señores- dijo en plan amigable.
-¿Que se le antoja?-dijo Tarión, mirando el espectáculo.
-Pues, verán, mi jefe mi manda para que me asegure de que lo están pasando bien, y para entregarles esta bolsa de oro como presente en honor a su rey.
Al oír esto, Gerios se enojó tanto que le agarró del cuello, y aprovechando la primera fila con la que el cobrador les había obsequiado, le puso colgando en el círculo donde luchaban las bestias, lo balanceó un poco para que las bestias se fijaran en él y dejaran de pelear, y de hecho dio resultado. Estas se acercaban despacio, como temiendo que fuera una trampa, el encargado del circo no dio la orden a sus hombres de que pararan a las bestias o al príncipe, ya que ese espectáculo estaba atrayendo mucho al público, y, de todas formas, salía ganando; a fin de cuentas, eran unos caballeros del Rey los que lo estaban haciendo. Pero, cuando estaban a punto de saltar sobre el asustado enano, un hombre entro al círculo, parándolas de repente y haciendo que se metieran a sus jaulas. Al no haber ya peligro, Gerios dejo caer al enano sobre círculo de lucha.
techIntroducción: La Caída Gerios estaba sentado en sus aposentos, ya tenía 21 años y nadie le
De repente, el mapa se puso a brillar, y una luz en el pecho de ese hombre se puso a brillar, era un talismán. Gerios dejo escapar una sonrisa y le dijo a Tarión:
-Lo hemos encontrado.
Al acabar el espectáculo, le pidieron al dueño ver al domador, este aceptó con la condición de que no le comentaran al rey lo de las fieras.
El domador era un hombre majestuoso, debía tener unos 29 años, piel morena, ojos oscuros y sin brillo y pelo negro. Hablaron largo rato con él, había crecido en el bosque, por eso aprendió a domar tan bien a las fieras; su padre murió defendiéndole de una jauría de lobos y de el no obtuvo más recuerdo tras huir de allí que el amuleto que le dio su padre antes de que le devoraran y la historia que le siempre le contaba, la misma historia que el rey le contaba a Gerios. Tras explicarle lo que pasaba, el domador, llamado Dagren, no dudó ni un momento en aceptar acompañarles en su aventura, era la oportunidad perfecta para abandonar aquel circo que aborrecía.
Antes de abandonar la ciudad, fueron a la habitación que le habían concedido a Dagren en el propio circo; se vistió con una armadura que usaba en el circo para domar leones, una espada, un látigo, un tridente, y a dos animales de su propiedad, a los cuales tenía perfectamente domados, un lagarto rojo del tamaño de un caballo con cresta, y a un animal de duro pellejo que movía sobre dos patas, y poseía otras cuatro que mas bien parecían pequeños brazos con zarpas. En este último montó Dagren.
Ya cuando se iban tuvieron que negociar con el cobrador una deuda para poder llevarse a las fieras y a su dueño, la cual resolvieron pronto cuando Dagren dio orden a su lagarto de comer, señalando al pobre hombre.
Ya iban hacia su siguiente destino, la ciudad sagrada del fuego, cuando la montura de Dagren detectó algo extraño entre los árboles cercanos, algo que les espiaba. Envió a su lagarto a la presa, y en cuanto se abalanzó a los matorrales donde se encontraba la criatura, se oyó un quejido lastimero, que Dagren reconoció, y mandó parar a la fiera.
De los matorrales salió una pequeña criatura, que Gerios y Tarión también reconocieron.
-¿Qué quieres ahora, Loszer?-dijo Dagren.
-Nada, el cobrador quería asegurarse de que su negocio no cayera por culpa de un malentendido con las fieras- dijo sacudiéndose las hojas de la ropa.
-Bueno, supongo que ahora nunca lo sabrá ¡Clairan, come!
El lagarto se relamió y se fue acercando furtivamente al enano.
-¡No, espera!-dijo desesperado-puedo ayudar, por favor, dejadme ir con vosotros.
- Bueno, no me parece tan mala idea,-dijo Tarión -seguramente ya sepa demasiado como para dejarle volver, y mi caballo iría mejor con menos peso.
-Estoy de acuerdo- dijo Gerios –Le daremos las alforjas para que nos las lleve.
Al final quedaron todos satisfechos con el trato; hasta el enano, que iba cargado como una mula.
Lo peor de su viaje a la ciudad del fuego fue el tramo a través de las montañas, donde se encontraron algo más que un montón de cadáveres en lo alto de la colina.
-Ya sé por que tan pocos extranjeros han visto la ciudad del fuego-dijo Gerios al llegar a la cima de la montaña, la cual estaba ondulada.
De repente, oyeron un enorme ruido, y se dieron la vuelta. Allí se encontraba un enorme dragón, con la cabeza echada hacia atrás, como si fuera a estornudar. Todos corrieron a esconderse detrás de una enorme roca.
-Dagren, debes domarlo- le dijo Gerios.
-Yo domo fieras, ¡eso es un monstruo!
-¡Voy a morir, voy a morir, voy a morir!-gritaba por su parte el enano.
El dragón se acercó a ellos, haciendo retumbar el suelo. Cuando ya tenía la cabeza asomando por encima de la roca, el amuleto de Dagren se iluminó intensamente, y éste se despegó de la roca, sin apenas saber lo que hacía. Extendió la mano hacia el dragón, y este, sorprendentemente, se agachó para que lo acariciara. Al ocurrir esto, el amuleto dejó de brillar, y el dragón se corpontó como un perro cualquiera, siempre fiel a su nuevo amo, el cual no se creía lo que había pasado.
A la mañana siguiente se despidieron del dragón,y siguieron su camino para llegar a su destino, a la ciudad del próximo heredero, la ciudad del fuego.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Ay ay ay las faltas
28-04-2006 22:15
Aunque no es algo muy exagerado tiene muchas faltas de ortografía, y repetición de palabras, y expresiones que suenan, que no sé, que ( ;-) ).
Para mi gusto pasa todo muy deprisa (relato muy intenso en cuanto a acción pero muy rápido todo: llega éste y lo matan, llega el otro y lo convencen,..., etc).
Además al ritmo que iban, si hubieran seguido deambulando una semana más habrían conseguido convencer a un gran ejército para que les siguieran.
De todas formas el relato no está mal del todo y te animo a que sigas, ya que a base de practicar se mejora.
Por cierto, ¿Es el libro de Nagash?
Un saludo

   RE: Ay ay ay las faltas
30-04-2006 13:52
si ya lo se hay que corregir ese defecto de las faltas

no es el libro de nagash pero si parecido

PD: es solo la primera parte



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