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Agincourt


Otros Relatos

20-05-2006 12:25
Por: Solharis

Normandía, 1415. Crónica de una de las batallas más singulares de la Historia. Porque las batallas de verdad no son cómo las cuentan en los libros de caballería...

I Camino del desastre

A mediados de octubre de 1415 el tiempo es el que podría esperarse en Normandía a estas alturas del año, es decir, un tiempo pésimo. Un Sol blancuzco brilla cadavérico entre las nieblas, cuando no desaparece para que llueva otra vez sobre los caminos enlodados, y la pálida luz no ayuda precisamente a levantar la moral de los soldados ingleses.

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Luego llega la noche y un verdadero aguacero cae sobre el campamento inglés antes de la batalla. Los soldados se guarnecen como pueden bajo sus tiendas. No importa la lluvia y el frío, porque ellos cantan y bromean, incluso ríen, a pesar de su estado de ánimo. Han dejado de creer en la victoria y no todos son capaces de sobreponerse a la desesperación. La mayoría piensan en sus hogares y en sus familias. Es normal escuchar fervorosas oraciones aquí y allá porque son muchos los que esperan pronto rendir cuentas ante el Señor. Se sienten enfermos y sufren de vómitos y diarreas. Tampoco el hambre es un consuelo…

Pero, a pesar de todo, también piensan en luchar con todas sus energías y hasta la muerte. No por la victoria, ni por la gloria de Inglaterra, sino porque no tienen alternativa. Si huyen… ¿adónde ir? Un mar les separa de su patria y no pueden esperar cobijo y protección entre una población hostil. ¿Rendirse? Eso pueden hacerlo sus señores. Ellos pueden claudicar y comprar luego su libertad por un rescate. La soldadesca, que no espere compasión: la muerte, la tortura y las mutilaciones para los que caigan prisioneros.

Su rey, Enrique V de Inglaterra, no se encuentra de mejor ánimo. El destino ha querido que todos sus planes se hayan torcido y que la campaña esté a punto de terminar en el fracaso. Le rodean sus notables pero es difícil para todos fingir optimismo. Uno de ellos no puede contenerse y opina:

-¡No tenemos posibilidades contra los franceses! ¡Ojalá contáramos mañana con ocho mil arqueros más!

-¡Ve entonces a Inglaterra y vuelve con ellos mañana! –le responde furioso el rey: ya siente suficiente pesimismo a su alrededor.

Avergonzado, el alterado noble calla al instante y sus camaradas le miran airados. En realidad sólo ha dicho lo que todos piensan, pero si no es posible fingir que la situación es favorable, al menos cada uno debe intentar olvidar sus propios temores.

Pese a todo, Enrique no se deja arrastrar por el desánimo, ni antes ni ahora. Sabe muy bien cómo es la guerra porque la ha vivido desde joven, primero sofocando la rebelión en Gales y después combatiendo en las guerras civiles por el trono. Con sus veintiocho años, es un soldado experimentado y con dotes de liderazgo. Y un líder tiene que conservar la confianza en los peores momentos o sus seguidores dejarán de creer en él.

Se halla en su plenitud física. Alto y de constitución atlética, con el cabello oscuro rapado por debajo de la altura de las orejas y bien afeitado, Enrique impone con su presencia tanto como con su personalidad. Es bien parecido y tiene un perfil enérgico, lo que no evita que se adivine mucha dureza en ese rostro y en los ojos fríos como el filo de una espada. Audaz, enérgico y ambicioso, es un hombre duro, insensible a las necesidades humanas. Bien tendrá ocasión de demostrar un pragmatismo que le arrastrará hasta la crueldad…

Lo cierto es que Enrique no puede dejar de pensar que el fracaso está próximo y que va a suponer más que un contratiempo para sus ambiciones, y es que, sabed, la mayor de estas ambiciones, la que le ha llevado a invadir Francia, consiste nada menos que en el trono de este país. Nada le parece más claro que su legítimo derecho a la corona de Francia.

¿Que cómo puede aspirar un rey inglés a reinar sobre Francia? No es algo sencillo de explicar sino el resultado de una enrevesada cuestión dinástica que había comenzado hacía más de dos siglos atrás, con el Duque de Normandía al que los historiadores se refieren como Guillermo el Conquistador y al que las malas lenguas llamaban Guillermo el Bastardo. A pesar del título ofensivo, Guillermo hablaba sin pudor de su origen y se llamaba a sí mismo bastardo, enorgulleciéndose de ello incluso; lo que no quitaba para que hubiera matado a cualquiera que se atreviera a decir bastardo en su presencia…

Lo cierto es que el Conquistador organizó por su cuenta y riesgo la invasión de Inglaterra, sin tener en cuenta al débil rey de Francia. Desde entonces fueron los duques de Normandía también reyes de Inglaterra. El problema es que, como duques de Normandía, Guillermo y sus descendientes debían vasallaje al rey de Francia, aun cuando fueran más poderosos que unos reyes que apenas podían mantenerse en el trono entre los odios y rivalidades de la aristocracia francesa. ¿Pero era Inglaterra entonces un dominio del rey de Francia? En esta situación insólita los reyes franceses entendieron que sí y los reyes de Inglaterra, y también duques de Normandía, entendieron que no. Las guerras entre Francia e Inglaterra se sucederían hasta acabar en la Guerra de los Cien Años, que no fue sino una serie de guerras. Si cualquier guerra tiene mucho de insensata, este conflicto no podía llegar a ningún término porque era imposible que Francia e Inglaterra permaneciesen bajo un mismo soberano.

Para acabar de complicar la situación, ocurrió que, por azares dinásticos, el derecho sucesorio fue a parar al rey de Inglaterra por parte de madre y la Ley Sálica establecía que en Francia el derecho al trono sólo podía transmitirse por vía masculina. La guerra era inevitable.

Por estas razones se consideraba Enrique con derecho al trono y no nos explayaremos más con esto. Sólo añadiremos que Normandía se había perdido y no conservaba de ella más que el estratégico puerto de Calais, en el lugar donde Francia e Inglaterra se encuentran más próximas. Sin embargo, Enrique había preferido desembarcar en las cercanías de la ciudad francesa de Harfleur, más al sur. Se apoderaría de esta ciudad y marcharía luego al noroeste, recuperando Normandía y, ¿quién sabe?, quizás marchase hasta la misma París… Era un plan audaz pero también realista. Enrique no era un mal estratega.

Pero desde el principio todo salió mal.

Harfleur, conectada con el mar por medio de un estrecho canal, se hallaba bien protegida detrás de sus muros y de sus fosos de tierra y agua. No fue sencillo tomarla, y lo peor es que, mientras se prolongaba el asedio, la desgracia se abatió sobre las tropas de Enrique, que hubo de ver cómo muchos de sus soldados caían víctimas de la disentería y de las fiebres. Algunos dijeron que la causa se encontraba en los moluscos que recolectaban en las rías. Sea como fuere, no podía haber empezado peor la campaña.

Acabó por rendirse la ciudad y Enrique tuvo que dejar una pequeña guarnición de mil hombres, mucho para un ejército mermado. Luego marchó por Normandía sin poder hacer demasiado con un ejército reducido a la mitad y con bastantes hombres enfermos. Los franceses no presentaban batalla pero le llegaban informes de grandes ejércitos no muy lejos de él, preparados para atacar. En estas condiciones no podía intentar un asedio y menos marchar contra París.

Esperaba que los víveres les permitiesen resistir largo tiempo pero las tropas marchaban muy despacio, enfermas y desanimadas. El alimento empezó a escasear y se convirtió en un nuevo problema. Era difícil aprovisionarse y se buscaba con desesperación en los graneros de los campesinos e incluso se recogían las bayas de los bosques.

De esta manera se había convertido una campaña de conquista en una retirada desesperada a Calais.

Pero las complicaciones no habían terminado, porque al llegar al río Somne Enrique supo que los franceses habían eliminado los puentes y guarnecido bien los vados para atacarles en cuanto intentaran cruzarlo. No es buena situación para ningún ejército ser atacado mientras cruza un río y asediar la ciudad de Rouen estaba descartado. Así pues, el ejército inglés se dispuso a rodear el río Somne.

Finalmente Enrique no aguantó más y dio la arriesgada orden de cruzar el río. Lo hicieron por unas marismas, tiritando y con el agua helada hasta la cintura, pero fueron muy afortunados de no ser sorprendidos.

En esta situación se encontraba Enrique ahora y no podía dejar de preguntarse si el Señor no había querido castigarle por su arrogancia obligándole a regresar a Inglaterra humillado y vencido. Era probable, incluso, que los franceses aprovecharan la oportunidad para despojarle de sus dominios en Francia. ¡En verdad que el destino no podía haberse torcido de peor manera!

Pero Enrique se equivocaba, porque poco después supo que un ejército francés, muy superior en tropas, iba a plantarle batalla para cortarle el camino a Calais.

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II El rey de cristal

No puede ser más distinta la situación del ejército francés, todos los nobles celebran por anticipado una victoria cierta. No puede ser de otra forma porque su ejército duplica o triplica, al menos, los efectivos del enemigo. Además un caballero francés vale lo que muchos soldados ingleses…

De la misma manera, no puede haber dos hombres más distintos que Enrique V de Inglaterra y Carlos VI de Francia. Si aquél es frío y duro como el hierro, éste es frágil… como el cristal.

Es más que pura metáfora, porque el rey Carlos vive obsesionado con la idea más absurda que pueda imaginarse. Cree nada menos que su cuerpo esta hecho de cristal y no de carne. Todo él se siente frágil como el vidrio y le aterra imaginar una caída, un golpe cualquiera que pueda quebrar su cuerpo. Está de más explicar que un hombre así no puede ser un buen militar -no estará presente en la batalla- como lo está también decir que es un desequilibrado.

Es fácil imaginarse el estupor del rey Carlos cuando recibió de su enemigo la oferta de un duelo personal para decidir la guerra. Muchas vidas se hubieran ahorrado, ciertamente, pero Carlos palideció, sintiéndose insultado, y no quiso ni oír hablar del tema. Tan cobarde como loco, pensaron los nobles, aunque se guardaron esa opinión para sí mismos.

El Delfín, el príncipe heredero, es digno hijo de su padre. Pusilánime y cobarde, tampoco acudirá a la batalla. Los nobles, por otra parte, mantienen sus disputas y apenas han sido capaces en estos momentos difíciles de sobreponerse por el interés de Francia. A tal punto llega la rivalidad entre los nobles que el más poderoso entre ellos, el Duque de Borgoña, se ha negado a participar.

Así están las cosas y la situación sería mucho más equilibrada para los ingleses de no ser por el Duque de Orleáns y, sobre todo, por el mariscal Juan Le Maingre, más conocido como Bocicault. El veterano de las Cruzadas aporta sensatez y prudencia a unos nobles que sueñan con imitar las heroicidades que se cuentan en los bellamente ilustrados libros de gestas. Hasta el momento ha preferido el mariscal la cautela y seguir los pasos del ejército inglés, acosándoles y entorpeciendo su marcha pero sin correr el riesgo de una batalla.

-¿Por qué arriesgar nuestra suerte en una batalla cuando nuestros enemigos se hunden poco a poco? –opinaba, y la Historia le daría la razón.

Pero la mayoría de los nobles son de otro parecer. Quieren la gloria, realizar grandes gestas para sus casas, y miran con recelo a un hombre que no pertenece a la alta nobleza. Ni que decir que se sienten, con sus importantes títulos heredados, muy por encima de un militar que ha llegado a caballero por sus méritos.

El mariscal hubiera querido darles su opinión sobre esos títulos y también explicarles las diferencias entre las guerras reales y las que se cuentan en los libros de gestas, mas ha cedido finalmente y, muy a su pesar, tomado la decisión de enfrentar sus fuerzas con las del rey Enrique en las cercanías del pueblo de Agincourt.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Interesante
17-05-2007 15:30
Bueno, he de decir que en este caso me ha gustado más la historia que la forma. El hecho histórico es muy interesante, y eso hace entretenido el relato, pero la forma de escribir resulta algo desapasionada y plana, a medio camino entre la literatura y el libro de texto.

Incluso a la hora de leer he tropezado un par de veces con alguna frase más dura que cortaba el ritmo. Se nota que has mejorado mucho en tal sentido.

   RE: Interesante
24-05-2007 08:08
Sí, sé que es algo desapasionado al relato. Espero haber mejorado en esto como dices. Gracias por tu comentario, Nachob.

   Muy bueno
20-05-2006 12:27
Precisamente ahora me acabo de terminar de leer un cómic de la guerra de los cien años :-)

Tu relato está genial. Me alegra que hayas rescatado este episodio de le historia de Europa con tanto acierto. Me ha encantado. Espero que sigas con tus repasos históricos

   RE: Muy bueno
26-05-2006 12:17
Gracias por tu comentario. La verdad es que temía que el relato resultase un poco frío pero celebro que te haya gustado.



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