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Azteca


Opinión

30-04-2006 10:38
Por: "vox popoli, vox dei"

El presente es un texto que intenta hacer una crítica constructiva a la forma en la que Carl Jennings escribe su obra maestra, "Azteca".


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La compilación de información respectiva a un aspecto histórico de tiempos pasados representa por sí misma una creatividad y empeño notable, que debe ser reconocido y emulado por aquéllos que en su concepto lo comprendieron.

Así es como más allá del menoscabo de la lectura que el presente libro nos puede proporcionar, se debe reconocer al autor su impresionante capacidad para ajustar cada uno de los datos que nos muestra, la información procesada de la que hace uso denota que no sólo hizo una investigación anterior exhaustiva, sino que además de ello, supo componer cada una de las reseñas históricas de manera que dieran forma a una obra literaria de incalculable valor cultural.

La mayor virtud que nos puede presentar un personaje es una personalidad única, que sea distinguible entre otros por el simple hecho de existir, pues en ello deriva el que sea el protagonista; sin embargo, en el libro del que se habla ahora es quizá irreconocible el verdadero personaje principal, ya que, yo, en lo particular, atribuiría todos sus efectos a un uso espectacular de la gramática y a la descripción del material técnico del que hizo muestra el autor.

Es acaso que me atrevo a especular que este hombre, me refiero por supuesto a Jennings, fue capaz de trasladarnos a los mismos terrenos donde la vida de sus personajes fueron partícipes, haciéndonos uno más de entre ellos, creándonos la necesidad de interactuar y vincularnos con sus costumbres, con sus tradiciones, con todo aquello que de interés cultural puede suponer la declaración de gloria dentro de un sistema distinto al común en el que nos desenvolvemos día a día, y que paulatinamente nos llega a parecer monótono, al punto en el que el remoto cantar de la víspera no es sino una estrella más en el cielo.

El efecto gutural que la coyuntura de aquel tiempo debe utilizar para la comunicación ordinaria es semejante a la forma en que cada uno de nosotros defiende en la relación de poder que representa nuestro Estado. Por ello, no dista mucho la realidad que se nos presenta en el texto de la que en nuestra percepción somos dueños, pues cabe considerar que la realidad es tan subjetiva como el gusto por un literato.

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Me valdría pues poco comentar que el libro fue de mi completo agrado, puesto que en lo anteriormente comentado debe quedar más que sobre entendido, hecho que me sorprende singularmente por la actuación que a lo largo de mi vida he tenido con respecto a la historia de las culturas que se desarrollaron entorno al nuevo mundo. Mi actitud ante esto había siempre sido indiferente y sin demostración alguna de interés, muy por el contrario, subsanaba mi falta de cuestionamiento objetivo con la investigación directa de las naciones matrices, aquéllas en que la sociedad encontró su esplendor por medio del raciocinio, tales como Grecia, y gustaba por demás del conocimiento que nos ha legado un “Sócrates”, un “Platón”, un “Parménides” o hasta un “Aristóteles” –del cual debo reconocer no soy muy afecto, ni a él por sí mismo y su método, ni a lo comprobado mediocremente con ello; por el contrario, gusto de refutar sus teorías objetivistas y positivas con el panteísmo de “Spinoza” o el existencialismo origen de “Sören Kierkegard”, tal como lo hace este último con el “grandioso” Kant, de una forma más sutil de lo que presume Nietzsche, pero con la misma galanura y sencillez, aún cuando ambos son corrientes distintas y la zoología instintiva nada equipara con el ser que existe sin existir en vida-, o bien retomaba puntos esenciales de lo que fue la divinidad para civilizaciones tan constantes y benévolas como la que acabo de citar. Así es como mi mayor recogimiento de información ha sido labrar un esquema conceptual de todos los dioses, semidioses, musas, titanes y ninfas de la mitología griega, de la cual se obtienen sellos tan distintivos como el parecido de un Dios sentado a la izquierda de su hijo con un parecido extraordinario a la figura antropomórfica de Zeus y Atenea en el Olimpo, coronados por la atribución que el ser humano les otorga.

Y es que a pesar de todo lo anterior, nunca me había sentido atraído a la cultura que se dio con anterioridad en lo que ahora considero mi tierra, nunca puse mi mente a colaborar con la historia del suelo que piso o la magnificencia de las sociedades tan organizadas que en algún momento fueron dueñas de lo que ahora me pertenece.

Con sinceridad, ahora me pregunto cómo es que pude demostrar tanta indiferencia hacia ello, y me conmuevo por la presencia del fantasma del pasado que tenemos en común, puesto que a través de mi vida no fui capaz de considerarlo como parte de mi ser.

Empero, es en estos instantes, apenas a unas horas de haber concluido la lectura, que doy esperanza a la concepción de distintas órdenes surgiendo en mi pensamiento, las que construyen el camino de lo que andaré, y será sin lugar a dudas pensando en que nada de lo que conozco sobre lo que fue en mi sitio me será sin recapitulación exacta y determinada.

En lo personal, considero que fue un verdadero placer conocer, a través de un autor, que me parece ya tan importante en mi ilustración como lo es Edgar Allan Poe, JRR Tolkien, o Aldous Huxley, que simpatizó con lo que nos debería aportar más agrado a los que residimos en el mismo suelo que pisaron todas aquellas civilizaciones que engrandecen el pasado de la humanidad.

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Sin duda alguna, el libro es largo, puede inclusive llegar a ser tedioso, pero es menester resaltar que la meticulosidad con que el autor nos lleva a una descripción exacta y minuciosa del entorno y los acontecimientos que suceden a la par de una trama coordinada, es ejemplar el trabajo realizado, cual si de una obra de arte se tratase, aunque a bien estaría reconocerla como tal, y entonces todas sus palabras estarían fundamentadas en la elaboración de una escultura en papel, cual Miguel Ángel en todos los años de la Capilla Sixtina, mientras que las ideas de Jennings representan en anterior a escribirlas, lo que el pintor veía tras un enorme bloque de mármol.

Ahora bien, llegando más lejos de todo lo que he escrito, quisiese ahondar ahora en los motivos que pudieron haber inspirado para la creación de lo que tuvimos la oportunidad de leer, es decir, cuáles fueron las causas que llevaron al autor a dar origen a una cumbre de emociones irreconocibles que todos nosotros experimentamos.

En orientación a ello, y en principio, debemos reconocer que nada se hace si no es por amor: todo lo que nos mueve, nos conduce y puede ser representación nuestra, no es sino una clara expresión de amor, ya a nosotros mismos, ya a otros, e inclusive cuando nos acusan de odio y la voz del mundo dice que actuamos indiscriminadamente por un rencor fatal, sin que por esto sea mentira, lo más cierto es que lo que hacemos, aún la venganza, es en función de satisfacer nuestras necesidades, la vanidad quizá, o bien, actuamos por enamoramiento de nosotros mismos, hedonismo, por lo que el amor propio nos conduce a gestar un conjunto de acciones que sean capaces de demostrar nuestra ideología o nuestros sentimientos.

Así bien, una vez entendido mi punto con respecto al amor, no como distorsionada cursilería, sino como fatal vanidad, creo yo que debió existir un completo enamoramiento de parte del escritor con respecto a una raza desaparecida, tal como yo casi lo he logrado con los helenos.

Pero él, con su magnífica cualidad en la composición, lideró la creación de algo que le será recordado hasta el fin de los días, puesto que existen ciertas obras que no desaparecen aun cuando su original perezca, y éste es el caso de Azteca, del cual se seguirán pidiendo reseñas, ensayos, y se seguirán haciendo con el mayor de los gustos, con la esperanza de que renazca la fidelidad a las palabras escritas.

 



Cántico de sangre
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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Opinión
15-05-2006 17:57
El libro trata sobre la vida de Mixtli, cuenta con mucho realismo las escenas de la vida cotidiana de los aztecas, hay momentos muy intensos por su gran crueldad.

El libro está estructurado de forma que comienza con una carta del obispo de México al rey Carlos II, describe lo que va a ser el libro, es decir la crónica de un azteca (Mixtli) que cuenta su vida hasta la llegada de los españoles y la destrucción de Tenochtitlan.

Mixtli consigue sobrevivir a la destrucción por su rápido aprendizaje de la lengua española, lo que le lleva a ser utilizado como traductor. Gracias a ello es capaz de relatar a los sacerdotes y al obispo su vida.

Te hace pensar mucho acerca de lo que fue esa civilización y de su desmoronamiento. Y de como una serie de situaciones fortuitas acabaron con esa civilización.

   Galimatías
30-04-2006 10:39
Me temo que aunque el tema resulta interesante, la redacción del artículo es tan enrevesada que cuesta disfrutarlo. Espero que el próximo que publiques lo aligeres un poco a nivel de redacción.



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