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Canto a la Decadencia (Parte III)


Terror y Suspense

08-06-2006 10:04
Por: Dark Gandalf

¿Qué ocurría si una mañana te levantases y te dieses cuenta de que tú no eres tú? ¿Qué ocurriría si de tanto tropezar vieses que tu vida es un angustioso teatro? ¿Qué pasaría si lo odiases todo y a todos?

Durante las veinticuatro horas que permanecí bajo observación en el hospital se me realizaron todo tipo de pruebas, la mayoría de ellas pedidas por mi abogado y la fiscalía con vistas al juicio que tendría lugar en pocas semanas. Esas pruebas, dentro de lo que cabe, fueron beneficiosas para mí según mi abogado. En ellas se demostraba que escasas diez horas antes de la agresión había consumido gran cantidad de alcohol y hachís, y era verdad, lo que lograba recordar de la fiesta del día anterior había sido bestial. Alcohol, hachís, marihuana, “speed” y todo tipo de drogas habían corrido como la pólvora.

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Según Amador las acusaciones por consumo me beneficiaba ya que supuestamente no actué en plena capacidad de mis facultades mentales y esto nos daba pie a cimentar una sólida defensa.

Una vez que terminaron con las pruebas y el periodo de observación fui trasladado a la prisión de Topas de manera preventiva hasta la vista, que se celebraría en breve.
Durante las semanas que pasé allí, el ambiente dentro y fuera de prisión fue calentándose poco a poco y la paciencia de mi abogado agotándose ante la escasez de respuesta que obtenía de mis labios.

Al parecer el registro de mi domicilio y la investigación de mi entorno había dado una gran cantidad de jugoso material a la fiscalía y la prensa sensacionalista de este país.
Habían sido incautados una gran cantidad de objetos como numerosos juegos de rol, tanto de mesa como de ordenador, una enorme biblioteca de literatura orientada a la fantasía épica o una gran colección de DVD’s de animación japonesa entre los que destacaban títulos como “Kenshin, el guerrero samurai” en los cuales había un alto índice de violencia y abundantes luchas con katana.

Esto me había planteado ante la opinión pública como un demente obsesionado con los juegos de capa y espada que había dado rienda suelta a su ferviente locura y, como bien dijo mi abogado, si la opinión pública te condena estás perdido. Y para terminar la faena, el examen psicológico al cuál fui sometido dio como resultado un posible brote de esquizofrenia.

Las cartas estaban sobre la mesa, pasaría el resto de mi vida en un manicomio, pero había decidido no defenderme, había destruido una vida y una familia. Seguiría en silencio hasta que me pudiera declarar culpable ante un juez, de todos modos ya había sido juzgado y condenado por el público sin poder defenderme. ¿De que serviría ser libre si la sociedad te margina? Aunque sentía que eso ya ocurría antes de haber sido acusado de asesinato...

Las minorías siempre han estado mal vistas en este país y los “roleros”, “indies” y demás no son una excepción.

Las semanas que precedieron a la vista sólo hicieron que incrementar la presión en mi entorno.

Los resultados de mis análisis fueron filtrados a la prensa, planteando mi consumo de drogas, en los debates matutinos de los programas de crónica rosa tan abundantes en nuestros días, como si de un toxicómano me tratase aunque, en realidad, no consumía más ni menos que lo que consume el noventa por ciento de la juventud española.

Se me acusó, cómo no, de alcohólico y se incitó al debate en lo relativo a la esquizofrenia que los psicólogos me habían diagnosticado. Según ellos, yo poseía una personalidad introvertida y me había auto inflingido una represión sentimental y emocional a lo largo de toda mi vida, la cuál, unida a las drogas y el alcohol, había producido en mi persona un brote de esquizofrenia que dio como resultado el asesinato de aquel agente.

Una revista sensacionalista, no recuerdo el nombre, abrió mi noticia con el siguiente encabezado: Esquizofrenia: enfermedad o excusa. La verdad es que era muy apropiado, ya que toda mi defensa iba a basarse en alegar una locura transitoria apoyándose en los resultados psiquiátricos.

Me era indiferente, sólo deseaba declararme culpable y terminar con todo. Lo lamento por el pobre Amador, esto será un manchón en su impecable historial, pero yo no podía tener esa carga sobre mis hombros y mis ideas estaban totalmente claras después de aquello.

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Para mí todo había terminado, ya no sentía aquel pesar, aquel miedo a la derrota, miedo a la marginación que había sentido padecer durante toda mi vida. Como ya he dicho, había despertado a la vida, puede que tarde pero, al menos, durante algún tiempo me sentía libre de todo malestar y preocupaciones.

El día de la vista llegó. Se me pidió que diese una buena imagen ante el juez, pero yo decidí dar mi propia buena imagen.

De mi piso se trajo una maleta llena con mi ropa. Para la ocasión escogí una camisa negra y unos pantalones también negros, acompañados con unos zapatos a cuadros blancos y negros, un cinturón también blanco adornado con tachuelas de metal. Como colofón final a ese estilo escogí una corbata de color rojo sangre, puede que no muy acertada para la ocasión, y coloqué una chapita cuadrada en la solapa de mi chaqueta en la cual podía verse la silueta de cuatro personajes y leerse “Rage Against the Machine”.

Todo combinado daba una imagen muy retro, tipo años ochenta, algo que, por su expresión, no gustó mucho a mi abogado. Pero yo soy así, preocupado por el qué dirán, pero siempre con estilo propio aunque esto no sea realmente compatible en la sociedad de consumo.

Me coloqué el nudo de la corbata y me preparé para mi traslado a los juzgados. La vista comenzó a las diez y media de la mañana, hora a la cual entré en la sala acompañado por mi abogado y una escolta policial.

La sala no estaba muy llena, algunos personajes esporádicos, sentados aquí y allá.

Pude distinguir a mi paso hacia mi asiento a algunos de mis compañeros de piso sentados al fondo de la sala. No deseaba que ellos viesen esto, pero no era quién para prohibirles estar allí o incluso declarar, aunque esto último no iba a ser necesario.

Se me realizó el típico juramento para asegurar la veracidad de mis declaraciones y el juez me llamó al estrado.

Era un tipo robusto y ancho tanto de espaldas como de barriga, una calva comenzaba a asomar en su coronilla y su rostro, adornado por una espesa barba, tenía una mirada fría y severa.

Subí al estrado y me senté esperando la pregunta que tarde o temprano el juez me realizaría:

-Señor Ramón Fernández... -pues así es cómo me llamo, ya que no recuerdo haberlo dicho con anterioridad.- Señor Ramón Fernández. ¿Se declara usted inocente o culpable?

Pero en el momento en que aquellas palabras salieron de la boca del juez se hicieron incomprensibles a mis oídos. Mis sentidos estaban centrados en el fondo de la sala, pues en una de las esquinas, como intentando ocultarse de mi vista, se hallaba ella.

A pesar de las gafas de sol la reconocí perfectamente, el tiempo que había pasado con ella no se borraba de mi mente, su hermosura nunca me abandonaría, sólo la amnesia podría hacer que me olvidara de ella y, de algún modo, volver a alcanzar la felicidad del que mantiene la agradable ingenuidad.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Buen final
25-07-2006 11:26
En la linea de las anteriores entregas. Buen final para la historia.

Un saludo.

   pues me equivocaba
11-07-2006 07:24
No sé por qué, creía que esta historia iba a terminar de forma feliz, que el protagonista vería la luz y todo eso... Está bien así, la única pega es que algunas cosas parecen demasiado tópicas. Lo de los juegos de rol y, sobre todo, la catana me recuerdan casos de crímenes reales.

   Disgresión
08-06-2006 10:08
El comportamiento del personaje principal sigue totalmente la línea de las dos entregas precedentes, pero, paradógicamente, aparece un personaje secundario que, en apariencia, tiene un peso grande en la historia y del que no habíamos sabido nada hasta el momento.

A parte de este punto, todo se desliza con suavidad, cerrando el relato con elegancia. Una historia entretenida

   RE: Disgresión
08-06-2006 11:22
Ese personaje secundario, creo que quedó claro, era una mujer que le abandonó, los motivos, pensé yo, eran algo nimio y preferí que el lector hiciese sus propias conjeturas.

   RE: Disgresión
09-06-2006 08:56
Dark Gandalf dijo:
Ese personaje secundario, creo que quedó claro, era una mujer que le abandonó


Cierto, no me he expresado bien: no es que no sepamos nada nada de él, sino que queda relegado a un segundo plano. Creo que si iba a ser el cierre del relato -el cual, por cierto, me ha gustado mucho- hubiera sido conveniente darle más espacio durante las primeras entregas.

Choca que en un relato tan interno del protagonista se salte a un final con "cambio de cámara". A eso me refería.



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