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Seguimiento diario desde La Croisette
Declaro mi amor sin amor incondicional y sin ataduras a la “Marie Antoniette” de Sofia Coppola. Iba a escribir que es imposible no ver la película y dejarse llevar por su mundo lleno de tonos pastel y por su alocado tono de banalidad, pero viendo la recepción que ha parecido tener entre la prensa, creo que, desgraciadamente, es posible.
Era de esperar que a los franceses les revolviera el alma que alguien jugara con uno de los personajes claves de la historia y lo convirtiera en una adolescente tan insoportable como adorable, pero lo que no era de esperar, es que buena parte de la crítica internacional, la recepción no ha sido tan mala como se apunta desde algunos medios, no entendiera el sentido del humor del que hace gala la película desde los primeros títulos de crédito.
Coppola, muy inteligentemente, ha sabido cambiar de registro, manteniendo el mismo estilo de narración y de filmación que la ha hecho convertirse en una de las autoras por excelencia de los últimos. Cuando lo más fácil, para ella, hubiera sido convertir la película en un “Lost in Versailles”, hay material para ello y la tentación debe haber sido grande, pero la realizadora opta por derroteros muy diferentes.
Para empezar, se aparta casi, por completo, del drama, tocándolo sólo en momentos tan puntuales como excelentes, convierte la película en un entretenimiento tan ligero, tan liviano, que parece que el rollo de película vaya a salir volando mientras está siendo proyectado.
Y es ése el gran acierto de “Marie Antoniette”, por mucho que les pueda doler a algunos, Coppola rechaza toda la tradición de filmes históricos de corte, para ofrecer un cine actual, casi destinado a los adolescentes, entendible para todo tipo de públicos, dejando a 0 el factor pomposidad de un cine anclado en el pasado, elevándonos a un mundo de golosinas y pasteles de color rosa, llenando la sala de un dulce olor a algodón de azúcar, que contagia el entusiasmo y el ánimo que derrocha cada fotograma, que deslumbra en cada plano donde “la hijísima” llena de magia cada resquicio de celuloide, una auténtica delicia para los cinco sentidos. “Je T´ aime, Sofia, je t´aime Marie Antoniette”. Después de ver tu película, creo haberme reconciliado sino con el mundo, sin al menos con festival de Cannes.
Porque vaya jornada llevábamos hasta entonces, desde el agujero negro en el que se metió el certamen tras el paso de Iñarritu y su secuela de “Crash”, digo “Babel”, no había manera de llevarse algo medianamente decente a la boca.
Quizás sea pecar de “anti-gabacho”, pero desde que las películas de producción francesa han empezado a desfilar por La Croisette, la calidad de la Sección Oficial ha descendido hasta niveles calamitosos, hasta llegar al punto de preguntarse, qué narices hacen ciertas películas a competición oficial, y esto es exactamente lo que ocurre con la belga (con gran participación francesa), “La Raiso du Plus Faible”.
Una suerte de film a lo Ken Loach, mezclado con un argumento a lo “Full Monty”, pero sin el sentido del humor del film británico, y donde un grupo de personajes sin oficio, beneficio, ni porvenir, se dedican a dar una serie de golpes que traen en jaque a toda la policía belga.
Todo resulta de una carencia de interés alarmante, el protagonista, que también es el director de la película, compone un personaje tan sobreactuado como esperpéntico, los secundarios no están mucho mejor, la realización es torpe a pesar de tener ansias de ser un producto trepidante, intentando copiar a Michael Mann en más de tres y cuatro escenas para mofa y escarnio de los que están sufriendo la película. Un auténtico descalabro, que lo único que provocó fue bostezos generalizados y alguna cabezada tan profunda como la mía.
Peor aún, resulta la película asiática, “Silk”, algo tan vergonzoso y humillante que no sólo no merece la pena comentarse, y que es más propia de un festival de Sitges, con todos mis respetos, que de proyectarse como sesión especial de madrugada.
Es la enésima historia de muertos que se aparecen en el mundo de los vivos, que planean su venganza y que todavía tienen asuntos por resolver. No sólo es más de lo mismo, sino que su pretenciosidad científica insulta y su puesta en escena es tan ridícula que parece más propia de una película de serie Z, que de cualquier rosa digna de ser rodada en celuloide.
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