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El Monasterio (primera parte)


Terror y Suspense

29-06-2006 09:49
Por: Rey brujo Malekit

Un solitario viaje a un olvidado monasterio se convertirá en una espantosa pesadilla. (dos partes)

El Monasterio

“Sedibus ut saltem placidis in morte quiescam” - Virgilio.


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Es ahora, al final de todas las cosas, cuando una innegable racionalidad se apodera de mi conciencia, tratando en vano de convencerme de que lo visto, lo oído y lo sentido no eran más que un desproporcionado producto de mi sobreexcitada imaginación. O eso se empeñan en explicar mis médicos. Y es que ni siquiera este blanco inmaculado que lo inunda todo, ni ese penetrante olor a intenso desinfectante puede hacerme olvidar esa fatídica noche de hace unos meses, ni el perenne repicar de esas campanas oxidadas, una vez tras otra, sin descanso, habiendo perdido completamente la noción del tiempo. Todavía soy capaz de escucharlo. Me estoy volviendo loco. O quizás ya lo estuviera. Pues no importa cuál sea la pulcra ventana por la que me asome, nunca consigo descubrir si hay realmente un campanario cerca.

Las razones que me condujeron meses atrás hasta el interior de ese derruido monasterio del siglo XV, que yo creía abandonado, ahora no importan. Simplemente un día preparé mi vieja mochila: una potente linterna de mis años de Boy Scout, un viejo rosario de mi fallecida abuela, algo de abrigo y una gran navaja adquirida para la ocasión (nunca se sabe lo grandes que pueden llegar a ser las ratas). Así emprendí mi viaje a lo desconocido en una fría noche otoñal.

El sol ya se había ido, y sólo quedaban unas franjas anaranjadas en el horizonte. La luna se alzaba imponente, desafiándome a entrar en la solitaria abadía. Respiré hondo y crucé la calzada que me separaba de mi destino. Una ciclópea verja de oxidado hierro forjado rodeaba una extensa llanura de campo salvaje, sembrado de matorrales y malas hierbas. El enrejado finalizaba su extremo superior en unas preocupantes puntas de lanza, tan llenas de óxido como el resto de la estructura. Por suerte yo ya había estudiado los posibles puntos débiles de la, al parecer, infranqueable barrera. Existía un tramo en el que la tierra se había tragado una parte de la misma. Además el lugar estaba abarrotado de rocas grandes y planas. En escasos minutos me encontraba dentro. Asegurándome de que nadie me vería preparé mi afilada defensa, en guardia ante cualquier posible movimiento fuera de lo normal.

Avancé con cautela a través del espeso terreno, evitando los arbustos más grandes y sorteando con facilidad los pequeños. Y por fin llegué junto a él. El monasterio, gloriosamente derruido, se erguía desafiante sobre una suave colina, conservando toda la fuerza y potestad obtenidas siglos atrás. La iglesia estaba rematada por un suntuoso campanario, que continuaba en pie, orgulloso, recortándose contra el oscuro cielo de la noche. Nunca olvidaré la asfixiante sensación de insignificancia que me invadió, haciendo que mi espíritu se elevara junto al campanario. Rodeé el monasterio, admirando cada desgastada piedra, cada armónico conjunto de anárquicos sillares derruidos, que una vez constituyeron esta gloriosa casa del Señor.

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Una ligera capa de lluvia comenzó a precipitarse, dotando a la escena de un punto romántico, propio de las leyendas de Bécquer. La oscuridad me envolvía. La tenue luz de la calle apenas era ya un leve resplandor, y la luna, como queriendo evitar contemplar mis sacrílegos pasos sobre ese suelo sagrado, se ocultó tras una titánica y densa nube. Muy a mi pesar encendí la linterna, proyectando el halo de luz sobre las piedras más bajas, intentando no llamar demasiado la atención de posibles curiosos del exterior. Cuando llegué ante la fachada principal de la Iglesia, me detuve, admirando la magnífica talla de las figuras de los apóstoles en las jambas abocinadas de cada una de las tres puertas que daban acceso a su interior. Como aún tenía toda la noche por delante, me recreé ante tan magnífico arte. Apunté con el rayo de luz y mis ojos se deslizaron sobre cada uno de los relieves, sintiendo la mano del escultor sujetando el cincel y golpeando suavemente con su martillo. ¡Cuánta devoción! ¡Cuánta Fe expresada! La puerta principal estaba coronada por un pantocrátor, que representaba a Jesucristo rodeado de muchos ancianos, seguramente personajes bíblicos. Las hiedras y enredaderas lo envolvían todo, trepando hasta lo más alto del templo, extendiendo sus ramas hasta el interior. El implacable paso del tiempo lo había desgastado todo, haciendo caer gran parte de una de las puertas laterales.

De repente algo se movió bajo mis pies. Asustado salté hacia detrás, cayendo sobre un matorral espinoso. Ahogué un pequeño gemido al sentir cientos de púas atravesar mis ropas y clavarse en mi piel. Con la navaja preparada apunté con mi haz luminoso, que sólo me permitió ver cómo una sombra se escapaba bajo una grieta de la puerta izquierda. Su tamaño y su forma me sobrecogieron, anidando un rayo de horror en mi corazón. Era demasiado grande para tratarse de una vulgar rata, y no poseía esa forma alargada y peluda, siendo más bien un cuerpo rollizo y calvo.

Habiéndome deleitado ya suficiente con la contemplación del gran portón, decidí aventurarme al interior, en pos de esa extraña criatura, intrigado por su inusual morfología. Ayudado por un listón de madera conseguí una abertura suficiente como para pasar al interior. La lluvia había pasado a ser una tormenta, y con el cuerpo completamente empapado me deslicé hacia lo oculto.

La oscuridad era desmesuradamente palpable, tanto que incluso mi linterna era incapaz de ir más allá de unos metros. La delgada luz que podrían haber proporcionado las vidrieras quedaba obstaculizada por una gruesa capa de polvo. Una agobiante sensación se apoderó de mí. Mi sentido común me instaba a dar media vuelta y correr fuera de ese lugar, infestado de telarañas y goteras, presa de un profundo terror. Ayudado por mi luz era imposible de distinguir la altura real del edificio; pero mi fascinación y gozo eran aún mayores que el miedo. Avancé unos metros, rodeado de un silencio sepulcral, roto únicamente por el sonido de mis botas al golpear el rico suelo de mármol. Respiraba pesadamente, avanzando sin ninguna noción de adonde me dirigía. Supuse que el altar se encontraría justo enfrente de mí, así que proseguí, esperando encontrarme con los restos de algunos bancos de madera. Tropezando con varias grietas y cascotes caídos conseguí avanzar unos metros.

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Repentinamente quedé clavado en el sitio, sin ser capaz de moverme. Sin previo aviso, mi linterna parpadeó hasta apagarse, y quedé en una oscuridad aún más profunda. Durante lo que me parecieron horas estuve allí, en el interior de una olvidada iglesia, en mitad de un abandonado monasterio, con las goteras a mi alrededor, totalmente empapado y sin una luz que me guiara. Me sentí exhausto, con ganas de proferir el mayor de los alaridos posibles. Pero contuve mi pánico y seguí avanzando, esperando encontrar algunos cabos de velas en el altar. Mi racionalidad me indicaba cuan imposible era encontrar aquello, y aún de dar con ellos, no llevaba ningún encendedor o instrumento similar.

Inesperadamente mil y un destellos pasaron a mi alrededor. La luz se volvió entonces intensa y desagradable. El repicar de las campanas, surgido como de la nada, era ensordecedor, y ya ningún sonido de lluvia se percibía del exterior. Cuando pude recuperar la visión, mi terror se hizo aún mas profundo. Me encontrada en el centro de la iglesia, frente a un Jesucristo crucificado de varios metros de altura, y los bancos de madera estaban perfectamente ordenados, sin carcoma alguna, y ya no había goteras en el techo, y el suelo estaba completamente seco a excepción de un rastro dejado por mí y en todo el santuario reinaba un orden y una paz inusuales. Y allí, sin explicación alguna, todas las velas contenidas en candelabros colgados de las paredes se habían encendido, mostrándome la magnificencia del templo en todo su esplendor.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Buenas descripciones
02-08-2006 00:25
Me ha gustado mucho tu estilo en las descripciones, se nota muy trabajado. No obstante, echo en falta una introducción al relato, algo que nos indique de qué va todo esto y cuáles son las intenciones del protagonista.

   Una ambientación de las que me gustan
29-06-2006 09:52
Me ha gustado mucho el tono de tu relato y su ambientación.

Creo, no obstante, que hay un par de aspectos a pulir. El primero es la introducción. La parte del hospital está muy bien pero luego, cuando se plantea la excursión, nos damos cuenta de que no sabemos nada del protagonista ni de sus intenciones.

La segunda es el vocabulario. A parte de algún uso erroneo -que te he modificado-, muchas veces es simplemente innecesario y lastra la narración. Los adjetivos, especialmente los poco comunes, deben ser usados con un motivo claro.

En cualquier caso, un relato cautivador cuya segunda parte estoy deseando leer.

   RE: Una ambientación de las que me gustan
30-06-2006 16:06
No quites ninguna de las palabras que he escrito. Te agradezco que rectifiques las faltas de ortografía, pero cada palabra está puesta con alguna segunda intención, y no por el mero hecho de ocupar espacio. Precisamente, lo que quiero es NO dar información alguna sobre el protagonista, de manera que cualquiera que lo lea pueda sentirse identificado en mayor o menor medida con la historia. Gracias de todas maneras por los comentarios.

   RE: Una ambientación de las que me gusta
03-07-2006 09:01
Rey brujo Malekit dijo:
No quites ninguna de las palabras que he escrito.


"Mi racionalidad me indicaba cuan imposible era encontrar..."

Esta es la frase que te he modificado. La original era:

"Mi racionalidad me incitaba cuan imposible era encontrar..."

Que no significada nada.

Tenemos dos opciones: Si aceptas que como corrector de la página pueda corregir -no modificar alegremente, sino corregir- tus textos, los corregiré y los publicaré. Si no lo aceptas, sólo los publicaré en el caso de que estén libres de fallos importantes.

Ya me dirás cómo quieres que hagamos. Un saludo


ps.- no tengo ningún interés en modificar los textos ajenos; es un trabajo ingrato, aunque necesario.

   RE: Una ambientación de las que me gusta
03-07-2006 19:11
Akhul dijo:
Rey brujo Malekit dijo:
No quites ninguna de las palabras que he escrito.


"Mi racionalidad me indicaba cuan imposible era encontrar..."

Esta es la frase que te he modificado. La original era:

"Mi racionalidad me incitaba cuan imposible era encontrar..."

Que no significada nada.

Tenemos dos opciones: Si aceptas que como corrector de la página pueda corregir -no modificar alegremente, sino corregir- tus textos, los corregiré y los publicaré. Si no lo aceptas, sólo los publicaré en el caso de que estén libres de fallos importantes.

Ya me dirás cómo quieres que hagamos. Un saludo


ps.- no tengo ningún interés en modificar los textos ajenos; es un trabajo ingrato, aunque necesario.


jajaja si hombre si!!! En ese caso por ejemplo si, cambialo, pero yo me referia a otra cosa. Eso es un error porque me equivoqué al pulsar la tecla.

   RE: Una ambientación de las que me gusta
04-07-2006 09:22
dijo:
jajaja si hombre si!!! En ese caso por ejemplo si, cambialo, pero yo me referia a otra cosa. Eso es un error porque me equivoqué al pulsar la tecla.


En ese caso, malentendido solucionado. Espero que se hayan disipado tus temores de que vaya mutilando textos ajenos. ;-)

Un saludo y gracias por tu comprensión,



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