|CINE Y DVD| VIDEOJUEGOS | MÚSICA| LITERATURA | COMICS | MANGA|TECNOLOGÍA|TIEMPO LIBRE
|    DRAGONMANIA     |   Juegos de rol   |   Miniaturas   |   Juegos de cartas   |   Literatura  |  Juega y Fórrate 
| Publicidad | Concursos | Foros |
  Noticias |  Reseñas |  Fantasía |  Ficción |  Terror y Suspense |  Poesía |  Otros Relatos |  Opinión |  Ranking |  Actividades |  La Galería |  Juegos para tu móvil |  Tienda Libros

Hacía frío el día en que morí


Otros Relatos

14-06-2006 10:46
Por: rasec77c

Relato corto sobre una tripulación de submarino durante la Segunda Guerra Mundial

Habíamos dejado el puerto de Lorient camino del Atlántico para vigilar el Oeste de Gran Bretaña. Por aquel entonces ésa era la mejor y más directa ruta marítima entre los Estados Unidos e Inglaterra, aunque no era la más segura, y de eso nos encargábamos nosotros. No teníamos el mejor submarino, ni el mejor capitán, ni siquiera habíamos hundido más naves o llevábamos en el mar más tiempo, pero nos queríamos. Nos tocó a nosotros.

tech
En alguna parte de ese enorme crucigrama en el que la Kriegsmarine había dividido el mar nos esperaba un mercante, probablemente escondido entre las sombras y con el temor de la puesta en escena de algún errante buque con sed de destrucción y de hacer su trabajo. Nos quedaban aún tres torpedos aparte de los cargados en los tubos y uno más para el tubo de popa, aunque de Diesel y de provisiones no íbamos precisamente sobrados.

El día 25 de Diciembre habíamos dejado nuestra huella 14 grados Oeste, 54 Norte. Después de seguir al convoy durante dieciséis horas el Oberbejehlshaber nos ordenó atacarlo para que se dispersasen y algunos otros submarinos terminasen el trabajo. Nos llevamos un petrolero y una corbeta pesada. Cuando el resto del convoy se dispersó y las otras naves militares se dieron cuenta, ya estábamos huyendo, con los motores al mínimo y a 80 metros de profundidad: Carrera silenciosa. Ni siquiera se molestaron en seguirnos e intentar hundirnos. Aunque un submarino por un petrolero lleno de combustible para submarinos es la aritmética que le gusta al Führer.

El 26 de Diciembre fue el cumpleaños de Johann, él controla nuestro sónar, no he visto muchos otros, así que no puedo decir que es bueno, su hermana estará en Alemania, en alguna fábrica ensamblando casquillos de granadas o haciendo cacerolas. No teníamos regalo para él, pero le preparamos una fiesta, y lo celebramos, el cocinero sacó de alguna parte pollo para casi todos. Dietrich había atado algo al periscopio y entre todos le gastamos una broma, el muy pardillo pensaba que teníamos detrás a un acorazado, a menos de dos kilómetros. No sabemos cómo o qué hizo, Dietrich sí que era el mejor, dicen que con diez años arregló la radio de su casa, él precisamente se encarga de la radio y no hay quién sepa de electrónica como él.

El día 27 de Diciembre andábamos lejos de cualquier informe de contacto así que subimos a la superficie para recargar las baterías para renovar el aire y para localizar al barco con el que debíamos reunirnos para abastecernos. Nos jugábamos cigarrillos a ver quién era capaz de romper unas botellas que tirábamos al mar con la ametralladora antiaérea. Recuerdo que yo le di a una, también recuerdo que Jürgen, el capitán, no acertó ninguna y que sacó una botella de whisky de alguna parte para beberla entre todos; en cuestión de segundos también se vio en el mar, intentando esquivar los balazos que le disparábamos. Franz no era el artillero, se encargaba de las salas de torpedos, pero fue capaz de darle a una botella incluso antes de que tocase el agua.

Antes del atardecer vimos el barco, lanzamos una bengala como se había acordado para que no nos confundiese con algún submarino enemigo; ambas naves corrimos al encuentro. Recuerdo que jugaba a las cartas con Johann y Georg, uno de los encargados de los timones de profundidad, apostándonos algunos cigarrillos, estábamos en mi camastro apoyados, y Franz estaba sentado en un petate que habría sacado de debajo de alguna cama. El capitán pasó a nuestro lado, por detrás de Franz, a quién propinó una colleja. Franz se levantó y se puso firme, levantando la mano al frente, como se enseña durante la instrucción, aunque no era necesario, por lo menos, con nuestro capitán.

–Marineros -llamó con su ronca y persuasiva voz.– He recibido órdenes del alto mando y…- dejó un momento de suspense para tomar aliento antes de continuar.– Después de repostar en el “Dora” rodearemos el norte de Inglaterra y nos dirigiremos a Wilhelmshaven. Tendremos bastantes días de descanso por navidad, antes de que nos asignen un nuevo submarino y nuevas misiones.

La sala estalló en murmullos, llevábamos mucho tiempo esperando este momento, nos habían dado días de descanso, pero normalmente eran uno o dos, sueltos. Tras llegar a Wilhelmshaven nos esperaba una semana, probablemente más tiempo de descanso, yo podría ir a ver a mi madre, Dietrich podría ir a ver a su novia, Alfred podría estar unos días con su esposa e hijos. Alfred tenía una hija preciosa, era morena y tenía los ojos verdes, aunque probablemente le cambiarían con la edad: sólo tenía cinco años en la mugrienta foto que Alfred guardaba con él como su más preciado tesoro.

tech
Pero las cosas nunca salen tan bien.

Yo estaba al lado del capitán cuándo sucedió:

-Señor –llamó Johann desde su puesto frente al sónar.- el “Dora” está virando, cambia su rumbo hacia el noroeste, señor.

-¿Qué demonios se cree que hace? -bramó extrañado nuestro capitán.- Sala de máquinas, avante emergencia y que pongan igual rumbo que el barco. Peter –llamó el capitán a nuestro hombre de señales- coja la linterna de señales y suba a cubierta conmigo, ¡ya!

Antes de que pudieran el capitán y Peter subir a cubierta Johann se dio cuenta: hélices rápidas justo detrás de nosotros, el sonido de nuestros motores diesel le había impedido escucharlo antes, probablemente el mercante huía de aquello, fuese lo que fuese. Peter se quedó abajo y Erich, nuestro artillero, el capitán y yo subimos a cubierta. Un destructor, americano o inglés, todavía no se podía ver claramente, estaba justo detrás de nosotros, amenazando con su proa al mercante, pues probablemente a nosotros todavía no nos había visto. De repente oímos unos silbidos, por encima de nosotros, instantes después el agua salpicaba la cubierta del “Dora”; no le habían impactado, pero no tardarían en hacerlo y ahí iba otra andanada de silbidos, teníamos que hacer algo, pero nuestro cañón de cubierta de 88 milímetros no alcanzaría a arañar el casco de la bestia marina que se acercaba, veinticinco nudos por hora tras nosotros. La velocidad media máxima de un submarino es de diecisiete nudos por hora, y eso en la superficie.

-¡Inmersión!, ¡rápido! -bramó el capitán exaltado.- ¡Tenemos el destructor en el UZO!, ¡encended el resolvedor de ángulos! -el capitán chillaba y chillaba, muchas de las veces no se sabía a quién se dirigía, lo acabábamos por averiguar por la naturaleza de la tarea que pedía.- ¡Fuego el cinco!

El tubo lanzatorpedos número cinco se sitúa en la popa del submarino, no íbamos a impactar al destructor, pero con suerte lo asustaríamos, eso nos daría tiempo para girar y poder poner el barco a tiro, el destructor, persiguiendo al mercante, pasaría por delante de nosotros y podríamos abrir fuego fácil y tranquilamente. Pero antes de alcanzar la profundidad de periscopio nos alcanzó, probablemente de refilón, cerca de la torre del submarino, adiós al cañón de proa, había sido un disparo entre mil. Pero tendrían que repetir muchos si pretendían hundirnos.

Profundidad de periscopio: estábamos a salvo, o por lo menos de sus granadas, en poco menos de un minuto nos situamos transversalmente a la trayectoria del tiburón que avanzaba veloz, acercándose letalmente al mercante, a situarse delante de nosotros. “Fuego tubos 1 y 2” disparó nuestro capitán, echando a nadar dos de nuestros peces, todavía nos quedaban dos tubos cargados a proa y el de popa, en el que trabajábamos rápidamente para terminar de cargar. Pero estos torpedos nuestros no son cómo los cohetes esos que fabrican los científicos de von Braun, son lentos y pesados como tortugas, aún siendo más rápidos que el destructor.

El capitán observaba atento por el periscopio, sostenía un cronómetro, en el que marcaba con un dedo el momento del impacto. Hasta nosotros pudimos, desde debajo del agua, oír la explosión. El tiburón había alcanzado mortalmente a su presa: el mercante “Dora” se iba al fondo de los mares cómo tantos otros habían ido antes, y el destructor viraba hacia nosotros para convertirse en nuestra pesadilla. Los torpedos enviados no le impactarían. El capitán disparó nuestros dos últimos peces, dos de nuestras últimas esperanzas antes de ordenar inmersión de emergencia: 100 metros, hasta nueva orden.

tech
Simplemente, no dimos al destructor, ahora pasábamos a poco más de 70 metros por debajo suyo. Se empezaron a oír las cargas, tenían detonador corto, el destructor había calculado mal nuestra profundidad, viramos un poco a la izquierda, motor eléctrico avante un tercio, sería difícil oírnos. Las cargas martilleaban encima de nosotros a una docena de metros.

-Ciento cincuenta metros -susurró el capitán.- Detengan motores.

Era el viejo truco de hacerse el muerto, estábamos en el límite de la profundidad testada y se empezaba a oír la chapa, comprimiéndose; el agua la empujaba, la presión la asfixiaba y oprimía el submarino cómo a una lata de cerveza, pero todavía aguantaría un buen rato, hasta que la bestia marina se marcase un equívoco tanto. Más no se quedaron satisfechos.

–Vuelven, señor -gimió Johann desde sus cascos con un hilo de voz.

-Ciento setenta -respondió Jürgen, decidido.

A esa profundidad es difícil que impacte una carga amén de que la tiren en el lugar apropiado. Oímos algunas detrás nuestro, acercándose, una encima y una explosionó casi a nuestro lado, lo justo para que comenzase a haber fugas, a esa profundidad una carga puede hacer estragos, liberamos agua de los tanques sólo para no hundirnos, los creyentes rezaban, el agua en la sala de motores llegaba por los tobillos, Dietrich miraba nostálgico una foto de su novia, casi con lágrimas en los ojos, el tubo de popa quedó inoperativo, así que desistimos de cargarlo y nos dedicamos a intentar sellar algunas fugas, Jürgen , el capitán, se aferraba al periscopio, sin inmutarse, firme, todos sabíamos porqué.

Recuerdo que el agua nos cubría completamente los pies, y aun así subíamos debido al agua liberada de los tanques, estábamos muertos, oíamos las cargas del insaciable destructor martilleando por todos lados, agitando el submarino como agita un bebé su sonajero, juguetón, para que suene. Podría dejar de castigarnos, pero no lo hizo. El agua nos llegaba por la pantorrilla y nos helaba de frío, supongo que algunos todavía tendrían esperanzas de sobrevivir cuando ocurrió.

Recuerdo… hacía frío, mucho frío el día en que morí.

 



La voluptuosidad
La voluptuosidad
Precio: 20,00 €
 Imágenes
tech
tech
tech

 Vota este artículo


 Recomienda
 Emails separados por comas
| Formato imprimible |
Comentarios Votos Estrellas
4 2 ***
 
 
COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   está bien
19-07-2006 22:17
Alargar demasiado las frases es un defecto muy común que tienes que evitar porque cansa mucho al lector.
Pero el relato no está mal. Describe bien el ambiente que se vivía en estos submarinos.

   Entretenido
14-06-2006 10:50
La historia en sí me ha gustado mucho, junto con la elección de personajes y el tipo de narración. Sin embargo, no estoy en nada de acuerdo con los signos de puntuación. Creo que deberías cambiar muchas de las comas por puntos y seguido, pues las frases resultan demasiado largas y pierden la coherencia que deberían tener como unidad.

También hay algún detalle, como poner nudos por hora cuando los nudos -si mis escasos conocimientos marineros no me fallan- son ya una medida de velocidad.

En cualquier caso, estos detalles no desmerecen tu relato, y espero seguir viendo más tuyos por aquí.

Aprovecho para anunciarte que tu relato participará enlas votaciones para mejor relato del mes que realizamos los pobladores en el foro de literatura

   RE: Entretenido
14-06-2006 16:33
Estás en lo cierto Akhul, los nudos miden velocidad ya de por sí; se me debió de colar o algo.
Me temo que las frases largas son una adicción para mí, y me va a costar "desintoxicarme".
Gracias Akhul.



Otras webs de Planeta Ads Network:

MANGA - OCIO JOVEN | ULTIMAS NOTICIAS - ADN | Cursos a distancia - CEAC | CURSOS DE INGLES - HOME.ES | SERIES INFANTILES - PLANETA DIRECTO | NOTICIAS MADRID - ADN | CRUCEROS - OCIOCRUCEROS | FOTOGRAFIA - CONOCIO | Naves StarWars - PLANETA DeAGOSTINI | ADMINISTRACION DE EMPRESA - e-DEUSTO

Publicidad: Credit Cards - News - Cheap Car I - Dutch Bodybuilding Forums - Bad Credit Loan
Copyright Ociojoven Networks Publicidad Sobre nosotros Pobladores Aviso legal Trabaja con nosotros