La Casita Blanca (quinta parte) |
|
23-06-2006 17:27
Por: Dersu
|
|
 |
|
Estoy convencido de que deseaba revelarme algo, pero no se atrevía, o no podía, y por ello, cuando iba a hacerlo, divagaba de nuevo sobre los antiguos días y su hermana, recuerdos que le proporcionaban paz y estabilidad. Intuía que existía una conexión entre el secreto de Nevado y las historias que estaba escribiendo, y sabía que ambos enigmas me conduciría a una misma conclusión; pero, por mucho que lo intentara, esa conclusión se me escapaba. Entonces llegó el último de mis compañeros de viaje. En cuanto lo tuve ante mí, rescaté de mi memoria los recuerdos que de él tenía, los de la visión sobre hechos futuros, y me advertí a mí mismo sobre los peligros de confiar demasiado en aquel hombre. Sin embargo, pese a mi recelo inicial, la narración sobre sus experiencias en La Casita Blanca fue tan sincera como las anteriores. Y, llegados al punto que despertaba en mí mayor interés, la historia se repitió, idéntica en cada detalle a mis propias vivencias y las de mis otros dos compañeros.
Pero en esta ocasión ocurrió algo distinto: al acabar su narración, el hombre, en lugar de desaparecer, me pidió que le permitiera leer la novela, ahora que al fin había sido terminada. Me sobrecogí de horror e incluso pensé en negarme bruscamente, pero en el fondo sabía que no tenía derecho a guardarme aquel secreto para mí; al fin y al cabo, él había pasado por lo mismo que yo. Merecía saberlo. Y al leerla, en efecto, se percató de lo extraño de la situación. No obstante, para sorpresa mía, no pareció preocuparle; soltó una sonora carcajada y se marchó riendo de casa antes de que pudiera siquiera preguntarle qué opinaba.
Así, una vez más, quedé solo con mis pensamientos, y con el espectro de Nevado recorriendo los pasillos. Me senté a leer la novela, y al terminarla mi impresión se confirmó; todo estaba en su sitio, era lo mejor que había escrito nunca. Y en mi mente cobró forma y sentido la pregunta sobre Nevado que, aún ignorándolo, había rondado por mi cabeza todo aquel tiempo: ¿cómo un mundo perfecto había creado a un ser imperfecto?
***
No sé cómo llegué hasta el hogar de Benjamín López. No sé cómo pude encontrar su casa la segunda vez que acudí. No sé cómo la hallé en la tercera ocasión. No sé cómo pude hacerlo una cuarta vez. No sé por qué parecía conocer el camino desde siempre y, sin embargo, tenía la certeza de que nunca había estado allí. No sé por qué comencé a contarle mi historia el primer día. Sí, de acuerdo, podía distinguir en su rostro, sin lugar a dudas, los rasgos de aquel anciano con bastón que, en un hipotético futuro, hablaba conmigo y con mi ¿mujer? ¿La madre de mi hijo? Pero no sabía quién era y por qué debía confiar en él, y también ignoraba quién era ella. ¡Si apenas debía tener veinte años! No entiendo qué inducía a pensar a los miembros de La Casita Blanca que yo iba a dejar embarazada a aquella chiquilla. ¡Si ni siquiera la conocía, demonios! ¿Cómo iba a saber que sería la madre de mi hijo si aún no la conocía? No tenía sentido que ese hombre aceptara mi delirante historia sin mostrar ni una pizca de incredulidad. No tenía sentido que yo mismo creyera en ella. No tenía sentido que toda mi vida, por insulsa e insoportable que fuera, girara alrededor de una idea tan descabellada. No tenía sentido que yo fuera el elegido para una tarea de semejante importancia. No tenía sentido que el mundo fuera a cambiar simplemente porque yo lo deseara. Nada tenía sentido. Y, no obstante, así era. La pesadilla se había convertido en sueño, y el sueño en pesadilla.
No podía escapar de los recuerdos. No podía escapar del unicornio. No podía escapar de aquella sangrienta y brutal historia sobre Nevado. No podía escapar de mis encuentros con Benjamín. No podía escapar de las imágenes de la chica. No podía escapar de mis sueños eróticos en los que ella era la protagonista. Y, a pesar de toda aquella fantástica fantasía que se cernía sobre mí y condicionaba mi vida, no podía tampoco escapar de mi rutina. ¿Y por qué? ¡Si aquello sólo era un período de transición! ¡Si la paz eterna me esperaba al final del camino y el camino finalizaría pronto! No tenía sentido que siguiera yendo a trabajar. No tenía sentido que me pasara por el bar de siempre. No tenía sentido que matara el tiempo sentado ante un televisor. No tenía sentido aquella espera. Pero sucedía todo eso. Todo.
Y sólo quedaba esperar.
***
Era imposible regresar a casa después de lo sucedido antes de mi marcha. Sin duda, aquellos hombres me estarían esperando porque yo sabía que habían cometido un asesinato. En cierto modo, yo era responsable de ese crimen y tenía la obligación de vengar esas muertes, pero lo acaecido en La Casita Blanca no me permitía concentrarme en el problema. Sólo pensaba en el futuro y sus consecuencias, en ese paraíso terrenal que se me había prometido, en ese hijo cuya vida sería gloriosa. ¿Qué eran mi amiga y mi hermano sino mártires que, con su muerte, habían contribuido a mi salvación y, por consiguiente, al nacimiento del rey que surgiría de mi vientre? Su vida y su muerte cobraban sentido con ese acto heroico, gracias a mí. Mi deuda quedaría saldada con creces en cuanto alumbrara a mi heredero.
Me alojé en casa de un amigo de mi edad cuyos padres se hallaban de viaje, de modo que disponíamos de la casa entera para nosotros. Él quiso follarme la misma noche en que me instalé, pero le evadí alimentando su deseo con falsas promesas; ahora que los acontecimientos venideros me habían sido mostrados, tenía la obligación de proteger mi cuerpo, el cuerpo de una reina, y reservarme para mi marido, aquel hombre musculoso, con un rostro algo afeado por la edad, y de aspecto mezquino, que, sin embargo, me trataba con el cariño de un amante. Soñaba con él por las noches; cuanto más ansiaba nuestro encuentro, más repelente me parecía mi insistente amigo.
Los días transcurrían despacio en aquel antro, un hogar que olía a miseria, a clase obrera, indigno de alguien como yo, merecedora de los más altos honores. Temía salir de allí y ser descubierta; sin embargo, un día se apoderó de mí la necesidad de salir a la calle, y comencé a caminar sin rumbo ni destino, hasta que de pronto me detuve ante una vivienda pequeña y ruinosa donde conocí a Benjamín López. Cuando empezaron las visitas al escritor, tuvieron lugar también las primeras apariciones. Primero, fugaces, pero después constantes y duraderas. Era Alba. Su imagen, espectro, o lo que fuera, me acosaba continuamente, surgiendo de rincones inesperados, tanto estando despierta como dormida, en la calle o en el interior de mi morada provisional. No parecía seguir un orden ni perseguir un objetivo que no fuera la tortura sicológica a la que me sometía. Me hablaba una y otra vez de su hermano Nevado, y de cómo aquel ser al que ella había ofrecido su amor incondicional albergaba en su interior un odio oculto, y de cómo se mostraba protector y posesivo con ella, y de cómo la había violado y asesinado en una explosión de pasión y rabia. Yo ya conocía la historia, se lo decía, le insistía en que había sido horrible e injusto y le prometía honrar su memoria con la creación de un mundo nuevo y sin maldad, y le hablaba de mi futuro esposo con quien engendraría al hombre más justo, poderoso y sabio que había existido jamás. Ella menospreciaba esos planes, los creía inútiles, imposibles, e insistía en que debía tomar las riendas de mi propia vida si no deseaba sufrir su mismo destino. Me prevenía contra La Casita Blanca y contra el hijo que aún estaba por llegar. "Es una sociedad que se aferra a su desesperación y cualquier manifestación de actuar en disonancia con sus proyectos puede provocar una reacción brutal, violenta, tal vez fatal", repetía, "eso le sucedió a Nevado", añadía.
Su presencia se convirtió en un problema molesto y angustiante que poco a poco me desquició. Caí rendida ante las continúas arremetidas de mi amigo, entregándole mi cuerpo con la esperanza de acallar esa voz que me atormentaba día y noche. Pero no obtuve el silencio deseado; Alba se transformó en una voz que me abordaba en la oscuridad. Parecía conocer mis debilidades y estados de ánimo, acosándome cuando me hallaba desmotivada, insegura o abatida, incluso cuando hacía el amor, recordándome su horror, haciéndome partícipe de él, penetrando en los más oscuros rincones de mi imaginación. Comencé a tener una pesadilla horrible en el que yo era ella y Nevado me violaba en aquella cueva. Pronto perdí el sueño y apenas comía. Ya era delgada, pero mi peso se redujo, en aquel breve período de tiempo, de manera alarmante. Mi amigo se preocupó y quiso llevarme al médico, pero me negué; no quería abandonar la casa. Tampoco deseaba dormir, ni comer, ni hacer nada, ni siquiera pensar, todo me agotaba.
Y, aún así, el fantasma de Alba siguió atormentándome, insistente, maligno.
Un día huí de la casa con la esperanza de librarme de esa voz. Corrí y corrí sin rumbo aparente, pero mis pies, ajenos a mi voluntad, me guiaron hacia mi destino. A través de calles y casa desconocidas, alcancé al fin mi objetivo. Cuando me abrió la puerta, estaba tan sorprendido como yo misma. Ninguno de los dos fue capaz de articular palabra. Hicimos el amor y sentí un placer que nunca había sentido. Ya no había voces en mi cabeza, ni imágenes sobre violaciones y muertes. Esa noche dormí abrazada a él y con la certeza de que habíamos engendrado un hijo.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|
|
|
| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
 |
| Tema: |
Autor: |
Fecha: |
|
Los cabos se van atando |
|
|
31-07-2006 00:10 |
|
Pero un poco tarde. La entrega me ha gustado pero sigo sin verle la temática al relato.
|
|
Magistral |
|
|
23-06-2006 17:31 |
|
Sencillamente magistral. Hemos llegado a esta entrega con algunos altibajos, como te he comentado, pero sin duda ha merecido la pena.
El capítulo es sólido, está bien redactado, y empieza a dar una consistencia al puzzle insospechada y fascinante. Genial, me ha encantado, tanto a nivel narrativo como a nivel de redacción.
Genial. A pesar del tiempo pasado, no he necesitado releer nada para continuar con la historia y ésta me ha llenado. Enhorabuena, compañero.
|
|
RE: Magistral |
|
|
23-06-2006 20:59 |
|
Vaya, no me esperaba una acogida tan entusiasta. Fue un capítulo muy difícil de escribir, pero a la vez gratificante. Tenía un poco de miedo de que, con tanto retraso, fuese difícil de seguir, así que me alegro de que te haya gustado tanto.
Dentro de poco mandaré la próxima, y definitiva, entrega.
Gracias por el apoyo, compañero. Nos vemos.
|
|
|
|
|
|