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Cuentos de Athel Loren I


Warhammer Fantasy

27-07-2006 12:08
Por: JohnnyMetal

Relatos pertenecientes al trasfondo de mi ejército Elfo Silvano. Primera entrega de una larga historia. Consta de 3 cuentos cortos.

El follaje de las copas de los árboles era espeso, la luz intentaba abrirse paso entre las hojas, pero la mayoría de los haces sucumbían ante el grueso escudo y sólo unos pocos conseguían pasar, dando así cierta luminosidad al terreno por el que caminaba.

Historia del Exilio

Sus pasos eran firmes, el césped le hacía hueco a cada paso que daba, le susurraba melodías que le acompañaban durante su largo camino.

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Hacía tiempo que dejó los claros donde paseaba y hablaba con sus congéneres; los lindes donde protegía expectante cualquier movimiento que amenazase su hogar, siempre con su arco tenso y la punta de su flecha apuntando.

Fue en un largo y duro invierno, cuando el bosque duerme, cuando decidió alejarse de la comunidad. Partió lejos, al este, escondido a los ojos de lo más atentos seres del bosque. Su marcha fue repentina, de un día para otro. Ni siquiera su fiel montura, Gíl-Lòmen, el águila de las cumbres, tuvo noticias de él. Sobrevoló una y otra vez los claros y las montañas; viajó tan lejos como sus espléndidas alas le permitieron, pero fue inútil. Su certera vista no consiguió encontrarle.

Los espíritus del bosque le siguieron la pista durante gran parte de su caminar. Durante diez días y diez noches le observaron a cada instante, cada movimiento era seguido por la vigilia constante de estos seres. Hasta que un día fueron burlados. Durante un instante de distracción, que él supo aprovechar. Desde entonces nada ni nadie tuvieron noticia alguna de él.

El tiempo le hizo caer en el olvido. Se convirtió en leyenda, y su leyenda se convirtió en mito. Hay quien dice que fue a descansar en la eternidad, lejos de quienes un día fueron compañeros y grandes amigos; otros dicen que la armonía con el bosque le hizo formar parte de él y que hoy es uno más de los espíritus; y hay quien dice que no es más que una sombra furtiva, siempre atento, dispuesto a cazar las amenazas del bosque.
Sea lo que sea aún está entre nosotros, ayudándonos y velando por la seguridad de quien un día fue su pueblo. Si algún día te sientes observado por algo que no sea el bosque, no temas… es él.

El Duende de las Flechas

La última flecha para la última bestia. Hubiera podido esperar a que estuviera más cerca, pero eso era darle demasiadas esperanzas a la bestia que corría enfurecida hacia él. Un tiro limpio, elegante, certero, justo entre los dos ojos. La bestia siguió corriendo, ya muerta, hasta desplomarse a los pies de su verdugo.

Fue recogiendo uno a uno todos los cuerpos inertes para recuperar las flechas clavadas en ellos. Era repugnante el olor que desprendían, inundaba el aire y lo hacían espeso. Dejó los cuerpos allí, dos docenas al menos, ya se encargaría el bosque de hacerlos desaparecer.

Llenó el carcaj con la última flecha de su última víctima y se adentró para perderse en la espesura del mágico bosque. Llevaba un paso lento, pero firme. Observaba cada rama, cada hoja, cada nudo en los robustos troncos de los árboles, escuchaba cada uno de los sonidos de animales y seres del bosque. Caminaba hacia el sur, en dirección al Bosque Salvaje. Se quedaría en sus lindes durante un tiempo, después podría volver a vagar por todo Loren como había hecho durante tantos años.

Eran multitud de sombras y figuras las que acompañaban cada paso, cada aliento, cada día, cada noche, cada sueño… les hubo burlado y les hizo perder su pista; pero el Bosque siempre había sido más inteligente y sabio y siempre lograba encontrarle.
La amistad que entabló con las hadas y duendecillos del bosque se hizo muy estrecha, especialmente con Buszfi, un duende que se ocultó en su carcaj el mismo día en que decidió marchar. No se percató de su presencia hasta pasados unos años.

Buszfi era un duende tímido, reservado, escurridizo, a diferencia de todos los de su especie, que son juguetones, rebeldes, iracundos y en la mayoría de los casos, violentos. Quizá fue su carácter el que le hizo sentirse afín a ese elfo que viajaba solo y que era independiente a los demás.

Fue un día en el que decidió afilar las puntas de sus flechas cuando lo vio. Vació el carcaj y Buszfi cayó de sopetón contra el suelo. La sorpresa de ambos fue enorme y el duendecillo salió corriendo despavorido hacia el interior del bosque. Durante siete días y siete noches no volvió a verlo, pero su presencia estaba allí y sus pequeños ojos brillantes en la noche también.

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La octava noche dejó su carcaj en el suelo, vacío. Se recostó contra un árbol con los ojos entreabiertos, fingiendo dormir. Por entre las rendijas que sus ojos formaban observó cómo el duendecillo se encaminaba hacia el, en teoría, solitario carcaj. Cuando puso sus pequeñas manos sobre él, el elfo abrió los ojos de súbito. El duendecillo lo miró asustado y reclinó la cabeza, juntando su barbilla con su pecho. El elfo le sonrió y le tendió parte de la comida que tenía envuelta entre hojas. El duendecillo la cogió con cierto recelo, y después de mirarla una y otra vez, se aventuró a darle un pequeño mordisco. “Buszfi” fue lo que exclamó el duende. El elfo no supo si era su nombre o una expresión de aprobación ante la comida, pero a partir de ese momento adoptó esa palabra como nombre. El elfo lo miró y le dijo su nombre. Era la primera vez durante tantos años en la que habló. El duendecillo lo miró a los ojos y le dedicó una amplia sonrisa mientras repetía su nombre: “Elderane”.

Cuento bretoniano, El Bosque Seductor

Las formas retorcidas de los árboles llamaban la atención de Pierre. La ciudad de Quenelles quedaba cerca del bosque mágico de los elfos y eran muchas las veces que se acercaba a contemplarlo. No se internaba en él por miedo a ser castigado por sus habitantes por entrar sin permiso. Los cantares de los juglares y las historias contadas en los libros le fascinaban, e incluso lo aterraban, pues en muchas de ellas se contaban las crueldades que los seres del bosque habían llevado a cabo por intromisiones en sus dominios.

Sobre todo le gustaba observarlo al anochecer, cuando creía ver luces que se movían, ojos que le observaban y ruidos entre las ramas que mantenían su atención alerta.

Eran muchos los caballeros que se internaban en el bosque en búsqueda del Grial, pero también eran muchos los que no volvían, y los que volvían lo hacían locos o delirando y contando historias sobre enormes árboles parlantes y que caminan. También se contaban historias sobre caballeros que entraron y no volvieron a aparecer en décadas, y cuando lo hicieron, envejecieron en el acto y murieron. Pero ésas son historias para crédulos.

Pierre se preguntaba cómo serían las gentes del bosque, cómo sus casas, sus ciudades, qué ropajes vestían… se preguntaba todo acerca de ellos. Tan sólo era un caballero novel a disposición del duque de Quenelles y algún día aspiraría a ser un renombrado caballero en busca del Grial. Pero todavía le quedaban muchos años para serlo y tan sólo era un sueño, un sueño que podría ser inalcanzable.

Su familia no pasaba por un buen momento. Sus hermanos habían caído en la locura por no se sabe qué razón, su padre murió cuando paseaba a la luz de la luna demasiado cerca del bosque; quizá se adentrase en él y sufrió la más terrible de las muertes. Apareció colgado de un árbol, totalmente desmembrado y con una expresión de terror dibujada en el rostro. Pierre no odió por ello a las gentes del bosque, sino que su respeto hacia ellos fue muy cercano al que siente por la Gran Hechicera.

Por otra parte, la madre de Pierre estaba empezando a sufrir los estragos del tiempo y su vida se acortaba más rápido de lo normal.

La noche del festival es la última en la que se puede hablar de la existencia de Pierre. El vino corría con abundante caudal de jarra en jarra. Pierre celebraba con sus compañeros el ascenso del cuerpo; habían pasado a formar parte de las filas de los Caballeros del Reino, era un honor para todos ellos.

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Embriagado por el dulce vino se retiró en compañía de su amiga fiel, la luna. Era una noche clara, podía verse todo en varios metros a la redonda.

Como era habitual en él, caminó hasta los lindes del bosque mágico, y allí se sentó. El vino le envalentonaba a entrar en él, pero por suerte aún conservaba un ápice de cordura. Esa noche las luces que veía en el bosque eran más numerosas que de costumbre y permanecía embobado mirándolas e intentado seguirlas con la vista tan rápido como el vino lo dejaba. Eso le hacía gracia y, de vez en cuando, soltaba una carcajada. “¡Algún día tú me darás la gloria!” gritó hacia el bosque y de nuevo se llevó la jarra, ya vacía, a la boca. Maldijo cuanto pudo, y después de varios intentos de levantarse, se encaminó dando tumbos de vuelta al festival. Uno de los pasos fue un tropiezo y se cayó al suelo boca abajo. Se dio la vuelta y una de aquellas extrañas luces se posó frente su rostro. Se irguió lentamente para observarla y la luz salió rauda hacia el bosque. Intentó seguirla tan rápido como pudo, pero en un momento de sentido común recordó no entrar al bosque.

De entre los árboles surgió una sensual figura de mujer que lo invitó a entrar en el bosque. Pierre la miró y se lo pensó dos veces antes de entrar. La mujer se dio la vuelta con extrema sensualidad mientras no dejaba de mirarle a los ojos. Un gesto con el dedo índice fue suficiente para que Pierre comenzara a caminar hacia el interior del bosque. “Simple humano” fueron las últimas palabras que pudo escuchar.

Mientras, el festival seguía su celebración.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   De acuerdo, interesante...
13-08-2006 14:24
Como nuevo capitán silvano, es un honor conocerte, estoy empezando pero son fascinantes..(por cierto, enano, cuando quieras comentamos qué tienen de honorable y qué no los silvanos y los enanos, jeje!no, pero a mi me fascinaron...por cosas que no vienen a cuento, pk hablamos precisamente del cuento...)más bien poco se puede decir aún del cuento pork es la primera parte, pero yo te puedo decir que me intriga, y ánimo!
Erodain, Capitán Silvano del Ejército del Claro de Luna.

   Esta juventud...
02-08-2006 14:41
Tanta embriagez por una raza habitante en el bosque, ya nadie recuerda a los habitantes de la selva ni siquiera ellos, que una vez fueron amigos,...XD bueno y dicho esta tonteria dire que mola el relato XD, ¬¬ pero nunca se pone nada de los hombres lagarto, si esque...si el cacique kroak levantara la cabeza...XD a los viejos siempre nos dejan de lado XD

   Elfos, ¿por qué no dan la cara?
27-07-2006 17:22
¡Puf, vaya con los elfos! No dan la cara tal como hacemos los enanos. Espero algún día cruzarme con uno de ellos. Probará mi hacha.
Bueno, delirios aparte, me ha gustado, sobre todo el cuento bretoniano. ¿Dices que es el trasfondo de tú ejército? Espero que te enganche algún enano y te limpie (JAJA, otra vez saló el enano de mi interior).
¿Qué habrá pasado con el personaje principal del primer relato? ¿Lo tienes en tu ejército o es para darle un toque de misterio?
Se han puesto de moda los silvanos por OJ. Hum, mala señal para los de mi raza ;-) Me alegro, así tendremos multitud de orejotas a los que ajusticiar. Consultaré mi libro de agravios a ver si estás tú en él ;-)
Espero leer pronto las siguientes partes. Un saludo.

   RE: Elfos, ¿por qué no dan la cara?
27-07-2006 23:02
Bueno, yo llevo con silvanos cerca de 8 años... :P

Decir que llevo muchas páginas ya escritas, y poco a poco las iré mandando aquí.

Me alegro de que te haya gustado. Sólo puedo decirte que poco a poco todos los relatos están entrelazados de alguna manera.



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