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Tormenta eterna en Kios IX


Relatos de Fantasía

07-08-2006 11:17
Por: Destripacuentos

Noveno capítulo de esta novela de espada y brujería que estoy tratando de corregir. Serán bienvenidas todas las críticas, especialmente las constructivas. Espero que os guste tanto como las entregas precedentes

Un relámpago tiñó con su suave luminiscencia las calles de Kios. La lluvia persistía en lavar la ciudad, como si los dioses de las tormentas estuvieran disgustados por el enfrentamiento e intentarán borrar todo rastro de su existencia. Apoyado en la barandilla de uno de los balcones de su torre, Arrenus disfrutaba del ronco protestar de los truenos. Su mirada se paseaba por las siniestras calles de la polis, en busca de algún movimiento, pues aquella noche esperaba visita. El dulce calor despedido por la chimenea de la sala le producía unos suaves escalofríos al enfrentarse al cortante frío del exterior. Al rato optó por esperar sentado junto al fuego, a sabiendas que la recepción se consumaría en breve.

tormenta eterna en kios ix
Al aparecer su criado y franquear la entrada a su invitado apenas levantó la mirada de la chimenea, como si el conjuro del fuego hubiera cautivado su mente para siempre. Al abandonar la estancia el sirviente, el recién llegado se liberó de su capa y saludó con tono marcial al antiguo consejero:

-Saludos, Arrenus. Que los espíritus guarden tu sabiduría por largo tiempo.

El anciano le mostró con la mano un sillón, conminándole a sentarse junto a la chimenea. Antes de comenzar a hablar contempló minuciosamente el atuendo del soldado. Su uniforme y sus armas relucían, como intentando ponerse a la altura de la reciente insignia de capitán que lucía en el pecho. Un lustroso bigote castaño, macerado en gris, adornaba su severo rostro. Su mirada sólo contenía preocupaciones. El anciano comenzó a hablar, pausado, midiendo las palabras, pues sabía que en el arte de la política no se permiten rectificaciones ni errores:

-Saludos, Cyhon, hijo de Aruk el Grande. Me alegro al comprobar que a pesar de vuestra nueva condición no olvidáis a los que os han sido favorables durante estos tiempos inciertos.

-Jamás podría olvidar al que fue el mejor consejero de mi padre. Larga vida a toda tu estirpe.

El anciano se levantó lentamente y caminó hacia un escritorio sobre el cual destacaba un pesado medallón de oro macizo, adornado con el murciélago de Kios, signo de los espíritus de los antepasados. Sujetándolo por la cadena se lo tendió al nuevo capitán de la Guardia de Reos, diciéndole:

-Se acercan tiempos difíciles, en los que la providencia seguirá arrastrándonos como un mar con resaca. Me gustaría que aceptarais este presente: es un amuleto que conjurará la buena suerte para su portador.

El militar se pasó la cadena de oro por el cuello sin percibir el leve resplandor verdoso que emitió el adorno. Observando cómo el anciano se sentaba de nuevo, le comentó sus inquietudes.

-Bien os habréis imaginado que no comparezco ante vos únicamente por deferencia a la memoria de mi padre, pues es seguro el castigo a los que se reúnen en la noche con conspiradores.

Una leve sonrisa animó el rostro del antiguo consejero. Con un suave movimiento de su mano izquierda revolvió el aire frente a su cara, como espantando algún pensamiento incómodo.

-No obstante, el capitán de la Guardia de Reos, el brazo diestro que asegura la vida de nuestro monarca, estará sin lugar a dudas exento de toda sospecha.

-El rey ha retirado los favores a ambas sectas de la Espada. Nos acusa de haber causado el desorden en nuestra bien amada ciudad. Su cobardía le impide asumir sus responsabilidades -la mirada del soldado se fue tiñendo de furia a medida que las palabras iban abandonando su boca.

-Es terrible que su falta de honor desemboque en calumnias al noble nombre de vuestra congregación, aunque es bien sabido que los crímenes derivados de los excesos de Lirias no os han situado en muy buena posición frente al pueblo de Kios. Bien es sabido que éste es de sangre guerrera y que no se atendrá a razones ni negociará con aquéllos que han perdido el favor y, por tanto, el apoyo del rey.

Cyhon se apoyó pesadamente sobre el marco de una ventana y observó absorto la lluvia. La presión acumulada a lo largo de la jornada parecía querer sumirle en la derrota, pero su indómito espíritu le impedía dejarse vencer por los acontecimientos. Se volvió hacia el anciano hundido en el sillón y le anunció con voz neutra:

-Repudiados por el pueblo de Kios y por su monarca; traicionada nuestra confianza por el actual gobierno y ganada nuestra enemistad con el que se avecina, sólo nos resta el destierro. A partir de este momento la Guardia de Reos no se atará de nuevo a ninguna tierra, y en nuestro honor y en nuestra libertad hallaremos nuestra patria. Deseadnos suerte en nuestro nuevo empeño, Señor Arrenus, pues aunque a ella no nos vayamos a abandonar, bien necesitaremos de su gracia para salir con bien de este trance.

El capitán inclinó la cabeza en marcial despedida y abandonó la sala antes de escuchar la débil respuesta del consejero. “Marchad pues; vuestro destino ya no está atado a esta ciudad ni a sus habitantes, aunque el de ellos sí que lo esté al vuestro”.

La puerta se cerró devolviendo la soledad a la estancia. El viejo Arrenus se levantó del sillón y se dirigió de nuevo a la ventana. Una sonrisa diabólica iluminaba su rostro y un fuego infernal animaba su espíritu. El círculo se iba completando y, dentro de poco, el desenlace alcanzaría su fin.



Las luces del alba fueron precedidas por el resplandor de las llamas que devoraban varios barrios de la ciudad. La Guardia de Reos había abandonado Kios para no volver jamás, pero no sin despedirse. Los desterrados encontraron alivio para sus espíritus en soñar que tras ellos sólo quedarían ruinas, pues es grato el consuelo de pensar que lo que nunca más podrás tener carece de todo valor.

La lluvia, sin embargo, frustró parcialmente su venganza, pues descargó de nuevo con furia durante las primeras horas del día, salvando de nuevo a la destrozada ciudad. Los combates habían cesado con la muerte del capitán Lirias, y ya nunca volvieron a reanudarse; los Demonios de la Noche esperaron la marcha de sus férreos enemigos con la condescendencia de los que se consideran vencedores. La ciudad era para ellos un botín que no se dejarían arrebatar fácilmente, y se exhibían por las calles sin el menor temor.



tormenta eterna en kios ix
La plaza situada frente al Edificio de Justicia se encontraba fuertemente vigilada por un destacamento del ejército de Kios. Se acercaba el medio día y el monarca había sentenciado a muerte a más reos con la esperanza de sepultar bajo una montaña de cadáveres los deseos de insurrección que agitaban la ciudad. Desbandada la Guardia de Reos y desenmascarado el pacto con los piratas del norte, el monarca pretendía recuperar el control de Kios eliminando físicamente a todos los disidentes. Las fuerzas le faltaban y no veía otro modo de terminar con el baño de sangre que vertiendo aún más. No llegaba a entender que quien con el hierro mata por el hierro ha de morir. No quiso, sin embargo, estar presente esta vez en las ejecuciones, pues no se sentía capaz de enfrentarse al populacho hasta que la situación se hubiera calmado un poco.

La muchedumbre se fue reuniendo de nuevo frente al balcón utilizado como patíbulo. Numerosos arqueros se encontraban apostados en los tejados y un doble cordón de soldados impedía a la gente acercarse a la puerta del edificio. Nhao, cubierto su uniforme por un manto negro, se situó en una esquina cercana al balcón, a la espera del momento en que habría de darse el golpe definitivo al tambaleante trono. Entre exaltados gruñidos y furibundas miradas, un heraldo anunció la salida de la primera rea.

Kela apareció en el balcón flanqueada por dos guardias fuertemente pertrechados. En sus ojos no se reflejaba miedo alguno y su rostro era la imagen de la serenidad. Vestía una sencilla túnica blanca, sin más adorno que una delicada talla al cuello. Su larga melena plateada oscilaba al viento como un vaporoso sudario, pues más cercana parecía a la muerte que a la vida. Un silencio aterrador dominó el lugar y, maquinalmente, le pusieron la soga al cuello sin que ésta opusiera la menor resistencia. Algunas miradas de angustia fueron aflorando entre los presentes, pero nadie levantaba un grito de protesta, pues la sangre estaba muy reciente y los ánimos derrotados. El heraldo desplegó un pergamino y leyó con voz firme e impersonal:

“Hemos encontrado culpable a Kela, hija de Orlik, de los siguientes crímenes de sangre: asesinato de nuestro fiel guardián y servidor Lirias, capitán de la Guardia de Reos...”

Cientos de voces se elevaron desaprobadoras sepultando con su estruendo el testimonio del lector. El resto de sus crímenes carecían de importancia para todos los presentes, pues el asesinato en una sociedad de guerreros no se ve tanto como un delito, sino como un acto de justicia. El pueblo de Kios no podría haberse lanzado a una batalla tras otra dudando de los designios de los Dioses de la Guerra; no fue el crimen, sino la víctima la que provocó el tumulto que se iba extendiendo por la plaza. Gritos de traidora y de traidor se entremezclaron en una loca cacofonía que los guardias detuvieron arrojando a Kela desde lo alto del balcón. Los gritos se aunaron entonces en un rugido furioso que hizo estremecer a todos los presentes. La cuerda se tensó pero no consiguió arrebatar el último sopló de vida que se aferraba al cuerpo de la joven. Una avalancha humana desbordó el cordón de soldados y decenas de brazos elevaron el cuerpo de la joven hacia la esperanza.

Nhao, al frente de un puñado de Demonios de la Noche, se encaramó al balcón, donde entablaron un breve combate con los guardias. La ciudad se estremecía agolpada en su corazón y las calles comenzaron a beber sangre de nuevo. Hermanos y enemigos, el pueblo de Kios se enzarzó en un combate consigo mismo, bailando con la muerte en histérico frenesí. Algunas flechas cayeron sobre la gente y otras sobre los arqueros. Algunos soldados se libraron de sus insignias y algunos ciudadanos empuñaron nuevas consignas. Nhao, con una flecha surgiéndole de la espalda, alzó su acero al cielo y un grito de desafío a la muerte. El pueblo de Kios, adorador de las muestras de valentía, no pudo por menos que dispensarle un segundo de atención. El joven guerrero, con el rostro ensangrentado, se encaró con la muchedumbre, sujetando con una mano su espada y con la otra la cuerda de la que pendía Kela.

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-Ella nos libró de nuestro verdugo y nosotros íbamos a dejar que la ejecutaran. Ella se enfrentó al que nos roba la vida por defender nuestro más sagrado bien, nuestra sangre. El tirano se esconde de su pueblo porque sabe que ya no es suyo. Mientras que ella se ha depositado en nuestras manos con valentía y confianza, y nosotros la hemos abandonado para que se la lleve la marea. -Un hilo de sangre le resbalaba por la comisura de la boca y las piernas comenzaban a flaquearle. En un último y titánico esfuerzo cortó la cuerda con su espada, librando de las garras de la muerte a Kela. Una sonrisa de sincera alegría se dibujo en los rasgos del joven. Su arma cayó inerme de su mano, pero el dolor no pudo impedir que su brazo izquierdo se levantara y que de su voz surgiera un desafío ronco como un ladrido.- ¡El pueblo de Kios nunca ha necesitado de libertadores! ¡La justicia es nuestra: apliquémosla a ese traidor que tenemos por monarca!

Como una sola entidad, las voces de los kianos reclamaron más sangre a la ciudad. Disminuidos grupos de fieles al monarca abandonaron como ladrones la plaza del edificio de Justicia, intentando ganar la fortaleza en la que se refugiaba éste.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   un poco monótono
23-09-2006 19:20
Encuentro este capítulo más monótono que los anteriores. Hay un cambio de ritmo, debido quizá a que en muchas escenas de acción no hay un protagonista claro, salvo al final, cuando Kela asume el liderazgo. A ver cómo termina la historia.

   RE: un poco monótono
14-10-2006 09:32
Sí, es cierto que la mayor parte de la acción se centra siempre en un personaje y que aquí paso a un enfoque más panorámico. Lo tendré en cuenta en las revisiones finales. Muchas gracias por tu ayuda, jerjes

   ME SIGUE GUSTANDO
11-08-2006 02:19
Me gusta mucho, el rescate de kelá fue muy bueno, espero el capitulo 10 muy pronto.

   RE: ME SIGUE GUSTANDO
14-10-2006 09:33
Muchas gracias por el comentario y perdona la demora en contestar. Espero que te haya gustado el capítulo X



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