La tiranía de los hombres malos |
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14-09-2006 10:57
Por: Dersu
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Sandra es una niña alegre e inocente cuya idílica existencia se ve alterada al divorciarse sus padres. Poco a poco, la niña comenzará a percibir que hay "hombres malos" a su alrededor que pueden poner en peligro su vida y la de su madre.
Sandra antes era una niña muy feliz. Cuando sus padres aún estaban juntos, vivían en una gran casa, de amplios y largos pasillos, enormes ventanas y grandes habitaciones con techos altos y decoradas con lujosas lámparas. En el exterior, había un hermoso y verde jardín, que disponía de una pequeña piscina, en la que solía bañarse con sus amigas, y lo que ella solía llamar un "pequeño palacio" para el perro, Tobey, que era en realidad un sencillo, a la par que confortable, hogar de madera. A menudo recibían visitas de sus abuelos y parientes cercanos y disfrutaban de apacibles reuniones familiares en el jardín, en las tardes de verano, o en el interior de la morada, si tenían lugar en invierno. Ocasiones que ella aprovechaba para divertirse con sus primos y jugar con el perro, a quien apreciaba más que a la mayoría de las personas. Sin embargo, este cuento de hadas fue tan intenso como breve, pues, cuando comenzaron las discusiones entre sus padres, estas jornadas tan agradables dejaron de celebrarse y la casa se convirtió en un lugar temido por la niña.
Y, lo más terrible para ella, a la marcha de su padre fue separada de su amado Tobey. El cabeza de familia se lo llevó consigo, junto a la alegre y despreocupada existencia de Sandra. Por aquel entonces, aún reciente la herida, vagaba por la casa como un fantasma, sin rumbo, apática, rememorando una y otra vez en su cabeza los días junto al perro. Su madre no le prestaba atención; estaba demasiado dolida por la separación como para percatarse siquiera del sufrimiento de su hija. Cuando la niña le comentó la cuestión, le pidió que no llorase y prometió comprarle otro perro que la querría tanto como Tobey. No obstante, ella se negó, argumentando que ningún otro animal era como Tobey. "Papá dice que a él le quiere más que a nadie y por eso se lo ha llevado, pero yo sé que Tobey me quiere más a mí", repetía constantemente.
Sandra compartió sus preocupaciones con su mejor amiga, Silvia.
-Mi mamá dice que él es un hombre malo y que no nos quiere. Yo nunca había pensado que mi papá era un hombre malo. Antes era muy bueno conmigo, me llevaba al parque, al zoo y me compraba bombones, muchos bombones que yo me comía enseguida porque me gustaban mucho. Pero ahora ya no es bueno conmigo; no me hace caso ni me compra nada. Ya casi no viene a verme. Mi mamá dice que tengo que acostumbrarme a verlo poco porque ahora se han separado y él no nos visitará mucho.
>>A veces me da miedo que mi papá le haga daño a Tobey. Un día vino a casa y le pregunté por Tobey, pero no me contestó. Me dijo que dejara de molestarlo, que era una niña tonta, y se fue. Yo lloré mucho y le conté a mi mamá lo que había pasado, y ella se enfadó con mi papá. Les oí discutir por teléfono, oí palabras feas de esas que te riñen si las dices. Pero después de eso tampoco supe nada de Tobey. Mi mamá dijo que estaba bien, pero yo sé que mentía porque no la había oído preguntar por él. No está bien oír cuando discuten mi mamá y mi papá, pero yo siempre lo hago. Una vez les oí gritar y fui a ver qué decían. Desde entonces siempre los espío cuando discuten, aunque esté mal. A veces no entiendo algunas palabras, pero más o menos sé por qué riñen.
Silvia prometió guardar el secreto, advirtiéndole además acerca de los "hombres malos". Le confesó que le había preguntado a su hermano mayor, un militar, cuántos "hombres malos" había matado. Él le respondió que muchos y ella le preguntó cómo los había matado. "Como a todo el mundo", fue su respuesta, "ellos también son de carne y hueso". Así que, dedujeron ambas, sólo necesitaban una pistola si se encontraban con un "hombre malo". Pero Sandra no tenía pistola y no sabía dónde podía comprar una. "Entonces no puedes hacer nada. Algún día os matará un hombre malo cuando estéis durmiendo", aseguró Silvia con gravedad. Fue el principio de las noches en vela, escrutando la oscuridad nocturna a través de la ventana en busca de algún "hombre malo" que pusiera en peligro tanto su vida como la de su madre. Puesto que ya no contaban con el cuadrúpedo como vigía, la soledad de la casa, sin nadie para protegerlas, resultaba sobrecogedora.
Solía dormir por las tardes, pues los "hombres malos" siempre aprovechan la oscuridad de la noche para atacar y nunca permiten que se les vea a la luz del día cometiendo alguna maldad. Silvia la adiestró en la identificación de los "hombres malos", enumerando las características básicas de todos ellos. Así pues, a la luz del día, aprovechaba para buscar hombres serios, feos, de ojos amenazadores; nunca sonreían, tenían una voz cavernosa y desagradable, con tendencia a farfullar y a proferir palabrotas e insultos; y a menudo poseían algún miembro amputado o lastimado, y su caminar era siniestro. Asimismo, sabía que no se sentían cómodos en compañía de niños o mujeres, ni a la luz del sol; preferían las sombras, amaban la soledad y las películas "para mayores" sangrientas, y despreciaban el dinero. Lo único que realmente les interesaba era el sufrimiento ajeno. Sandra se contentaba con no ver a nadie que coincidiera con aquella descripción entre sus allegados.
Pero no por ello carecía de preocupaciones. Silvia y ella se asustaron mucho cuando vieron a algunos niños mayores hablar con un adulto situado al otro lado de la verja del patio. Lo identificaron sin lugar a dudas como un "hombre malo" y vieron que daba algo a los niños a cambio de dinero. Su primer impulso fue acudir a las profesoras e informarlas de que un "hombre malo" trataba de hacer daño a unos niños que hablaban con él a escondidas. Pero Silvia rechazó esta línea de acción por considerarla imprudente y propuso ir a hablar con los niños acerca de sus encuentros con el "hombre malo". Éstos se mostraron sorprendidos cuando, en un primer momento, se dirigieron a ellos con intención de hablar sobre "asuntos secretos"; pero la perplejidad inicial dio paso a la ira y la irritación al enterarse de cuál era su propósito. Las amenazaron con darles una paliza si contaban a alguien lo que habían visto o si volvían a rondar por su lugar de reunión. "Ya los ha captado", afirmó Silvia al respecto, "mi hermano dice que los "hombres malos" son como una secta. Te prometen cosas para que confíes en ellos y después te hacen daño". Sandra no estaba segura de comprender el significado de la palabra "captar", ni sabía qué era una "secta"; pero intuía lo que su amiga quería decir. Pensó en Tobey, y en cómo lo engañaba con comida cuando deseaba que el perro hiciese algo a lo que se negaba; y pensó que éste debía ser el modo de actuar de los "hombres malos". El episodio de la escuela la tuvo muy preocupada durante cierto tiempo. La aterraba que el "hombre malo" hiciese algo a los niños o que extendiera sus redes y tratara de "captar" a otros alumnos, o a ella misma, tan indefensa en su vacío hogar.
Le aguardaban días sombríos y noches interminables. En una ocasión, creyó distinguir una sombra furtiva que se arrastraba por el jardín de camino a la casa y sintió un pánico horrible. Encendió todas las luces, subió el volumen del televisor y puso en marcha el equipo de música sin que tales acciones tuvieran otra consecuencia aparente que la de darle un susto de muerte a su madre. Se excusó ante ella diciendo que había oído ruidos extraños y, puesto que dormían ambas, había pensado que entraban a robar. No quería que su madre se enterase de sus conocimientos acerca de los "hombres malos"; Silvia la había prevenido contra ello. "Si tu madre se entera, te llevará a un médico de locos", aseguraba. Así pues, su instinto la impulsó a proteger su secreto por encima del peligro que tal vez acechaba en las sombras.
Al día siguiente, una vez más, acudió a su amiga en busca de consejo.
-Hiciste bien -aprobó ésta.
-Silvia, ¿alguna vez tienes tanto miedo de los “hombres malos” que no puedes hacer nada?
-¿Quieres decir que si les tengo pánico?
-Sí. Eso.
-No; nunca. Porque sé cómo matarlos y qué son. Me darían pánico si no lo supiera. ¿Por qué? ¿Tú les tienes pánico?
-Ya no. Gracias a ti. Antes sí tenía pánico. Al hombre del saco, al monstruo de debajo de la cama y a los “hombres malos”. Pero ahora sé que no existen el hombre del saco y que no hay monstruos debajo de mi cama. Y, gracias a ti, sé cómo matar a los "hombres malos".
Esta charla la reconfortó y, teniendo en cuenta su sabiduría, propuso a su amiga la tarea de liberar a los niños de la influencia del "hombre malo", pero su amiga se negó, pues sin pistola no había victoria posible frente a los "hombres malos"; la única posibilidad para ellas era saber identificarlos y huir en cuanto los vieran.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Buen relato |
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14-09-2006 11:01 |
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Buena idea, buen ritmo, buena historia. No obstante, creo que te ha faltado afinarlo un poco para que fuera muy bueno. El paso entre la primera visita del hombre del bastón y la adquisión de la pistola me ha resultado confusa -¿era el día siguiente? ¿pasa más tiempo?-, lo del perro algo atropellado y la mentalidad de la niña al principio me ha resultado algo excesivamente infantil porque la imaginaba algo mayor.
En resumen, un buen relato que creo que hubieras podido explotar mucho mejor.
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RE: Buen relato |
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15-09-2006 12:45 |
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Gracias por pasarte Akhul.
Creo que no estuve muy acertado a la hora de introducir lo del perro, y sobre la adquisición de la pistola, transcurren dos días: el día siguiente a la cena con Juan, cuando la niña cuenta a su amiga lo sucedido y el segundo día tras la cena, que es cuando, después de haber hablado el día anterior, la amiga le da la pistola. Tras recibir la pistola, esa noche ella duerme apaciblemente y luego despierta, que es cuando tiene lugar el desenlace. Quizá haya quedado demasiado comprimido en unas pocas lineas y poco claro, pero es que intenté introducir una conversación entre ambas niñas y me dio la impresión de que quedaba muy forzado. Pensé que era más efectivo que simplemente le diera la pistola, sin más, sin hablar de lo que ello implica.
Lo de la mentalidad en exceso infantil, no lo he entendido. ¿Qué te hizo pensar que era mayor?.
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RE: Buen relato |
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18-09-2006 09:41 |
Dersu dijo: Lo de la mentalidad en exceso infantil, no lo he entendido. ¿Qué te hizo pensar que era mayor?.
Nada en particular. Puede que la claridad con la que percibe los cambios a pesar de que lo exprese de un modo muy infantil. Creo que es sólo una impresión personal.
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