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La tiranía de los hombres malos


Terror y Suspense

14-09-2006 10:57
Por: Dersu

Ese día, no obstante, su madre la sorprendió anunciando que había invitado a un nuevo "amigo" a cenar con ellas esa misma noche, y que debía comportarse educadamente con el nuevo "amigo", y ser amable con él. En un principio, no le preocupó: los amigos de su madre solían serle simpáticos y no se asemejaban en nada a los "hombres malos". Mas en cuanto vio aparecer a éste, apoyándose en su gastado y sucio bastón, con ese caminar siniestro tan característico, la asaltó un presentimiento, un augurio de tragedia. Su silueta destacaba en el horizonte, envuelta en un haz de luz dorada, y se acercaba renqueante hacia la casa, de modo que el brillante resplandor no permitía a la niña ver su cara. Cuando estuvo lo bastante próximo para ello, Sandra pudo observar su rostro misterioso; su vista se dirigió de manera instintiva hacia los ojos, unos ojos tan profundos que temió perderse en su interior y quedar atrapada en el hechizo con que parecía haber seducido a su madre. En su rostro, serio, horripilante, atisbó un intento tímido de sonrisa, dejando entrever unos dientes afilados como cuchillos. Las saludó fríamente y pudo percibir que su voz era ronca y desagradable, y hablaba despacio, como si mover los labios resultara un gran esfuerzo para él.

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Se mostró distante, reservado, durante toda la velada, y apenas habló. A Sandra le dio la impresión de ser un hombre sumamente misterioso, siniestro, y creyó percibir en él cierta repulsión por los espacios grandes y luminosos. Mientras cenaban, en más de una ocasión furiosas ráfagas de aire apagaron las velas que tan cuidadosamente ella y su madre habían dispuesto sobre la mesa, y un par de veces sucedió con las ventanas ya cerradas. Posteriormente, se sentaron en el salón y él escogió el lugar más apartado para sentarse, un sillón junto a una ventana donde a su padre le agradaba acomodarse a hojear el periódico. De noche, ese rincón escapaba a la iluminación de las lámparas y el rostro del hombre no era visible desde el lugar en que se hallaba la niña. Su voz surgía de la oscuridad como un terrible presagio de que algo maligno acechaba en las tinieblas; a Sandra aquella voz profunda, como de cuento de terror, le heló la sangre, y se sintió indefensa ante aquel visitante que, sin lugar a dudas, era uno de los “hombres malos” sobre los que tanto la había prevenido Silvia. La alivió que la enviaran a dormir pronto, pero poco después, sola en su habitación, recapacitando sobre lo acaecido aquella noche, la horrorizó el peligro que corría su madre, sola e indefensa ante ese “hombre malo”. Empujada por este temor, quiso encender la luz y correr hacia el salón para prevenirla de la amenaza. Mas la luz no funcionaba. Aterrada, se disponía a chillar cuando oyó una voz en el pasillo.

-Qué extraño. Se ha ido la luz en toda la casa -dijo una voz, que reconoció como la de su madre.

-¿Seguro que la niña duerme? -respondió otra, la del "hombre malo".

-Sí, siempre duerme muy profundamente.

Temiendo ser vista, se movió bruscamente para echarse en la cama, con tan mala fortuna que golpeó el vaso de agua que reposaba en la mesita de noche y éste cayó al suelo en un horripilante estruendo de cristales rotos. Su madre acudió al oírlo.

-Tengo miedo, mamá. He visto a un hombre en el jardín.

-No digas tonterías, cariño. No hay nadie en el jardín. ¿Verdad que no hay nadie Juan?

Juan recorrió la habitación y se asomó a la ventana; la pálida luz lunar iluminó brevemente su rostro y enseguida volvió a internarse en las sombras.

-Yo no veo a nadie. Te lo habrás imaginado.

-Quiero que te quedes conmigo, mamá.

-Oh, vamos, ya eres mayor para eso.

Juan le susurró algo al oído a la madre y, acto seguido, se despidió de la niña.

-Voy a despedir a Juan y enseguida vuelvo. ¿De acuerdo?

-De acuerdo.

Aquella noche, su madre se durmió pronto; ella permaneció alerta.

"Acecha el peligro", fueron las palabras de Silvia, y no volvió a comentar nada más en todo el día. Aún así, Sandra sabía que estaba meditando sobre la cuestión. A la mañana siguiente, la sorprendió mostrándole una pistola. "Se la he quitado a mi hermano", dijo, "te protegerá". La aceptó sin reservas, y esa noche durmió por fin. Durmió con la seguridad de tener un arma bajo la almohada.

Amaneció alegre, optimista y con una vitalidad que no sentía desde meses atrás. En lugar de un sol radiante halló una masa negra y amenazadora en el cielo; el jardín descansaba bajo un manto de tinieblas inescrutable y siniestro. Miró el reloj: marcaba las once en punto. Volvió a observar el exterior, pero tanto el jardín como la calle permanecían ocultos en un mar de sombras. Oyó algo que, no obstante, la animó de nuevo; es más, la emocionó tanto que fue incapaz de reprimir las lágrimas y un grito de desahogo y alegría surgió de su garganta, atronador: "Tobey". Reconoció aquel sonido que parecía surgir de ninguna parte; los ladridos, cariñosos, familiares e inconfundibles de su amado perro. "Está en el jardín", pensó. Y, como en respuesta a su pensamiento, una luz cuyo origen desconocía iluminó fugazmente el lugar del que provenían los ladridos, y allí pudo ver la figura negra y blanca del animal, agitando el rabo como solía hacer cuando ella volvía a casa.

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Salió corriendo de su habitación, mas de pronto las luces se apagaron y no pudo ver nada. Avanzó con los brazos extendidos hacia delante hasta palpar la pared. Buscó el interruptor, pero fue inútil; las luces no se encendieron. En la planta de abajo, una puerta crujió y oyó el retumbar inconfundible del bastón de Juan, resonando cada vez con mayor intensidad, terrorífico, insinuante. Retornó a su habitación y rebuscó entre los cajones hasta hallar la pistola. Asiéndola con fuerza, bajó las escaleras, con la horrorosa banda sonora repitiéndose con insistencia. La oscuridad era tan profunda que ni tan siquiera podía ver el suelo que pisaba, por lo que bajar la escalera supuso un auténtico reto para ella. Apenas podía dominar sus nervios. Las rodillas le temblaban, pero no tenía pánico. No a un "hombre malo". En el comedor, los golpes dejaron de oírse. Le preocupó que los ladridos de Tobey hubieran cesado.

-Parece que se os ha vuelto a ir la luz, niña. No te asustes, soy yo, Juan.

-¿Qué hace aquí?

-Vengo a ver a tu madre, claro. Me prometió pasar el día juntos los tres. Dijo que nos había preparado una sorpresa. ¿Está durmiendo?

-¿Dónde está Tobey?

-¿Quién?

-Tobey, mi perro.

-Aquí no hay ningún perro, niña. ¿Y tu madre?

-Lo he oído. Sé que está ahí fuera.

-Oye, tu madre me habló del perro. Ella dice que se lo llevó tu padre.

-Mentira. Le mataré si no me dice qué le ha hecho a mi Tobey.

-No seas absurda, niña.

Oyó el retumbar del bastón aproximarse rápidamente, pero su portador aún era invisible entre las sombras. Apuntó con la pistola hacia el lugar del que procedían los golpes y disparó. La sobresaltó el ensordecedor ruido del arma, vio el cuerpo de Juan caer desplomado, muy cerca de su ubicación, y notó que un líquido caliente le acariciaba los pies descalzos.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Buen relato
14-09-2006 11:01
Buena idea, buen ritmo, buena historia. No obstante, creo que te ha faltado afinarlo un poco para que fuera muy bueno. El paso entre la primera visita del hombre del bastón y la adquisión de la pistola me ha resultado confusa -¿era el día siguiente? ¿pasa más tiempo?-, lo del perro algo atropellado y la mentalidad de la niña al principio me ha resultado algo excesivamente infantil porque la imaginaba algo mayor.

En resumen, un buen relato que creo que hubieras podido explotar mucho mejor.

   RE: Buen relato
15-09-2006 12:45
Gracias por pasarte Akhul.

Creo que no estuve muy acertado a la hora de introducir lo del perro, y sobre la adquisición de la pistola, transcurren dos días: el día siguiente a la cena con Juan, cuando la niña cuenta a su amiga lo sucedido y el segundo día tras la cena, que es cuando, después de haber hablado el día anterior, la amiga le da la pistola. Tras recibir la pistola, esa noche ella duerme apaciblemente y luego despierta, que es cuando tiene lugar el desenlace. Quizá haya quedado demasiado comprimido en unas pocas lineas y poco claro, pero es que intenté introducir una conversación entre ambas niñas y me dio la impresión de que quedaba muy forzado. Pensé que era más efectivo que simplemente le diera la pistola, sin más, sin hablar de lo que ello implica.

Lo de la mentalidad en exceso infantil, no lo he entendido. ¿Qué te hizo pensar que era mayor?.

   RE: Buen relato
18-09-2006 09:41
Dersu dijo:
Lo de la mentalidad en exceso infantil, no lo he entendido. ¿Qué te hizo pensar que era mayor?.



Nada en particular. Puede que la claridad con la que percibe los cambios a pesar de que lo exprese de un modo muy infantil. Creo que es sólo una impresión personal.



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