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La fuente de energía


Relatos de Ciencia Ficción

25-09-2006 17:59
Por: Gandalf_Mithrandir

-De acuerdo –dijo Lan-. Aunque creyeseis que antes esta dormido en la cabina, no era así. Escuché todo lo que dijisteis sobre la situación de la ciudad. Yo también creo que el gobernador debería financiar más la investigación científica y técnica y no dedicarse tanto a adornar la ciudad. De ese modo, creo que podría llegarse a construir robots obreros realmente eficientes. Además, si continuamos perforando la Tierra de este modo, llegará el momento en que el suelo se nos venga abajo.

“Por eso, el Consejo de Científicos se reunió hace nueve meses para deliberar. No podemos obligar al gobernador a financiar nuestros experimentos, pero sí podemos construir máquinas perforadoras haciendo modificaciones en su estructura. Teníamos que buscar una fuente de energía nueva y perpetua, y pensamos que en la superficie podríamos encontrar alguna.

-La superficie –repitió Gong-. ¿Te refieres a lo que está arriba? ¿Por encima de la ciudad?

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-Así es –respondió Lan-. Como sabréis, hubo una época en que la ciudad estuvo allí arriba.

-Pero estamos bajo el agua –repuso Samus-. Bajo esa cantidad de agua que la gente llamaba mar.

-No hay problema. A parte de que mi máquina es capaz de viajar en un medio acuoso, también podríamos adentrarnos en la tierra y emerger en un ambiente más seco.

Gong y Samus se miraron indecisos, ante los ojos brillantes y expectantes del ingeniero. No les apetecía lo más mínimo emerger en la superficie, bajo el cielo infinito y desconocido. Sus antepasados habían decidido sumergir la ciudad ante la amenaza que se cernía sobre el mundo. ¿Qué podrían encontrar allá arriba? Además, ¿soportarían aquel llameante astro que las viejas escrituras denominaban Sol? Sin embargo, también veían la necesidad de encontrar una nueva fuente de energía. Las palabras de Lan Goni tenían mucho sentido.

-Está bien –dijo finalmente Gong-, yo estoy dispuesto a seguirte, si Samus está de acuerdo. Recuerda que él es el único capaz de manejar este trasto.

-No creas que no voy a ir –respondió el piloto, intentando parecer confiado, pero consiguiéndolo sólo a medias-. Subamos a la superficie y veamos qué pasa.

-Me gusta vuestra actitud –dijo Lan-. Os dije que había dos opciones. Podemos subir en línea recta, y después viajar por el agua. O bien adentrarnos un poco en la corteza, desviándonos de la ciudad, y emerger después en tierra firme. Creo que la segunda opción es mejor.

Sus dos compañeros estuvieron de acuerdo con el ingeniero, y se alejaron rápidamente del núcleo. La máquina perforadora se colocó en posición horizontal y siguió avanzando. Cuando Lan lo consideró conveniente, le dijo a Samus que viajase hacia arriba. A pesar del tremendo gasto energético, podían usar el magma recogido en el núcleo para fabricar los cristales que hacían funcionar la máquina, cosa que no hubiera sido posible sin Gong. El hombre bajo y regordete era experto en quitar las impurezas del magma y hacer los cristales, y era uno de los mejores.

El recorrido les llevó más tiempo del esperado, pero tenían energía de sobra, pues el magma que trasportaban estaba destinado a reabastecer a toda una ciudad durante al menos dos años. Lan había enviado otra máquina perforadora unos días antes de que su grupo abandonara la ciudad, pues no iban a dejarla sin energía.

Doce meses después, Samus comunicó a sus compañeros que estaban a punto de salir a la superficie. El ingeniero le ordenó que detuviera los motores mientras él comprobaba la atmósfera. Cuando descubrió que el aire era respirable, la gravedad soportable y la radiación lo suficientemente baja, permitió al piloto conducir el vehículo hacia la superficie. Lan conectó la pantalla y los rayos solares cegaron a los tres. El ingeniero pasó a sus compañeros unas gafas de cristales tintados, y se puso él también unas, quitándose previamente sus anteojos.

El Sol todavía les dañaba los ojos, pero ahora era más soportable. Estudió lo que veían por la pantalla, y quedó maravillado. Habían emergido en medio de un campo de hierba verde y pocos árboles. Unos cuantos animales pastaban en el lugar, aunque habían dejado de comer para mirar la máquina con una mezcla de miedo y curiosidad. “Vacas”, pensó Lan, “son vacas. Aparecían en los antiguos escritos”. El prado estaba cercado con una valla de madera blanca, y un poco más lejos había una extraña construcción que los tres identificaron como una casa.

-Nunca he visto una casa como ésa –comentó Gong-. Ni siquiera aparecen en los grabados de los viejos documentos.

-Además –repuso Lan-, está en buen estado. No parece tener miles de años.

-¿Qué quieres decir? –preguntó Samus, mirando bruscamente al ingeniero.

-Creo poder afirmar que esa construcción es reciente. Debe tener bastantes menos de cien años.

El piloto se quedó mirando a Lan, sin ser capaz de articular palabra. Gong también parecía contrariado.

-Eso es imposible –consiguió decir Samus-. La humanidad desapareció de la faz de la Tierra. Por eso nuestros antepasados se instalaron bajo el mar. El castigo divino…

-No me hables del castigo divino –replicó Lan, impaciente-, ya conozco la historia. Pero esto no puede tener otra explicación. Tampoco acepto que haya surgido otra especie de nuestra inteligencia. Afirmo que nuestros antepasados se equivocaron con respecto al castigo divino.

-Si te oyeran los monjes, se escandalizarían –dijo Gong-. Tiene que haber otra explicación. Quizá esa casa emplee unos materiales muy resistentes.

-Soy ingeniero, y de los buenos. Te digo de un solo vistazo, que los materiales que usa esa cosa son bastante más flojos que los que usamos abajo en la ciudad. Además, ¿cómo explicas lo de las vacas? Recuerda lo que se decía de ellas. Era animales domésticos. Alguien tiene que cuidar de ellas. Así que no me hables de los monjes y sus absurdas supersticiones.

Guardaron silencio durante un rato, todos cabizbajos y extrañados, hasta que Samus, que había estado mirando la pantalla, lo rompió bruscamente.

-Quizá allí venga la respuesta –dijo.

Lan y Gong miraron el monitor y vieron atónitos que una figura humana se acercaba corriendo al vehículo. El piloto y el hombre rechoncho se quedaron boquiabiertos. El hombre que venía corriendo tendría unos cuarenta años, y era algo y delgado, pero los tres compañeros no podían confirmar el tema de la edad. Su rostro era una extraña mezcla de temor, curiosidad y sorpresa. Se detuvo a escasos metros de la máquina perforadora y la contempló con incredulidad.

-Abre la puerta –dijo Lan-. Vamos salir y a tomar contacto con él.

-¿Para qué quieres algo así? –estalló Gong-. No sabemos cómo va a reaccionar. Fíjate en su cara. Está muerto de miedo.

-Tranquilo –respondió Lan-, con un poco de control mental podré aplacar su miedo.

Los ingenieros habían conseguido estudiar y perfeccionar sus dotes mentales y eran unos maestros en las artes de la telequinesia y de la telepatía. Había sido un proceso de siglos, pero había valido la pena.

Aunque reacio, Gong apretó un botón y la portezuela de la izquierda se abrió hacia arriba. Una rampa bajó hasta el suelo para permitir a los tripulantes descender hasta el suelo. Por la pantalla vieron que el desconocido se apartaba del transporte, aún más asustado, pero también parecía que sentía más curiosidad. Los tres compañeros descendieron por la rampa y se mostraron ante él. El extraño parecía sorprendido de ver a unas criaturas tan parecidas a él. Lan avanzó unos pasos lenta y vacilantemente, todavía aturdido por la luz del Sol y un poco incómodo por hallarse al aire libre. Levantó la mano derecha y dijo:

-Saludos. Venimos en son de paz. Solicitamos que se nos preste una audiencia.

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El extraño se quedó de piedra ante las palabras del ingeniero. Frunció el ceño, sin entender, y después empezó a hablar en un lenguaje incomprensible para los visitantes. Gong enarcó una ceja y miró de reojo al ingeniero. Lan se dio cuenta, resopló y dijo:

-Está bien, utilizaré mis habilidades mentálicas.

Se volvió hacia el extraño y entró en una especie de trance. Al mismo tiempo, el extraño pareció quedarse mirando a la nada. Después de un rato, el ingeniero abrió los ojos y e contacto mental se rompió. El extraño se volvió y fue andando hacia la casa. Lan miró unos instantes al hombre y después se dirigió a sus compañeros.

-Vámonos –dijo-. Aquí ya hemos terminado.

-¿Qué? –exclamó Gong-. ¿Tan pronto? ¿Has encontrado algo?

-Sí –respondió Lan-. La mente de ese hombre era muy simple, y no fue complicado penetrar en ella. Le he ordenado que se fuera a su casa a dormir. Mañana creerá que todo ha sido un sueño.

-¿Has encontrado algo importante? –preguntó Samus.

-He dicho que sí –replicó en ingeniero con impaciencia-, pero prefiero contaros todo de camino a casa.

El piloto se encogió de hombros y abrió la marcha hacia el interior de la máquina. Cuando todos estuvieron instalados, cerró la portezuela y encendió el motor. Viró el morro del vehículo y se adentró en el agujero que habían hecho para salir al exterior. Samus tapó la entrada al túnel y después empezó a descender. Se volvió entonces a Lan.

-Ahora, ¿nos vas a decir qué descubriste?

-Sí –replicó el ingeniero-. He descubierto muchas cosas. Encontré una fuente permanente de energía, pero otras cosas muy interesantes. En primer lugar, ese hombre hablaba griego.

-¿Griego? –exclamó Gong-. ¡No digas sandeces! No hemos entendido ni una palabra de lo que ha dicho…

-Eso es porque no es exactamente el mismo griego. En 2000 años, el mundo seguramente ha sufrido muchos cambios. Incluso el idioma evoluciona de manera que no se parezca al nuevo lenguaje. En segundo lugar, esta gente sabe de nuestra ciudad.

-¿Cómo? –exclamó Samus-. ¿Cómo puede conocer la existencia de nuestra sociedad?

-No conoce nuestra existencia exactamente –dijo Lan-. Para ellos, nuestra ciudad es una leyenda. Pero lo más importante de todo, es que tienen una fuente inagotable de energía, aunque ellos mismo no saben cómo aprovecharla. Esa fuente de energía es el Sol.

Samus y Gong miraron con los ojos abiertos de par en par al ingeniero, que ya se había quitado las gafas de cristales tintados y se había colocado sus anteojos.

-Los rayos solares tienen unas propiedades que pueden ser utilizadas para proporcionar energía –continuó-. Ahora, los ingenieros nos esforzaremos para intentar aprovechar la fuerza del Sol desde las profundidades del mar, y creo que no tardaremos en conseguirlo.

Samus, Lan y Gong celebraron el descubrimiento mientras la máquina perforadora avanzaba hacia las profundidades de la tierra, hacia la mítica ciudad de Atlantis.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   esta weno
01-03-2007 17:23
Me gusto bastante, salvo el final, ya que cuando pones que hablan griego y que su ciudad es mitica, ya uno se imagina que es la Atlantida.

Quizas deberias trabajar mas en mantener la sorpresa, aunque de todas formas lo encontre buenisimo.

   opinas
10-12-2006 21:43
muy buen relato me parece de buen gusto e ingenioso

   Bravo!!
22-11-2006 16:04
Pues a mi me ha encantado, me sobraba el rollo de la telequinesia, pero sin eso no se puede completar la historia. Sin embargo, muy buena la idea! Adelante campeón.

Gonzalo, el Bardo.

   la fuente de energia
22-10-2006 21:16
Me ha gustado el cuento, pero podrías haberlo enriquecido con más datos, más incognitas, hasta la sorpresa final. Los lectores ávidos de ciencia ficción (no tanto en otros géneros) son devoradores de ideas, por lo que hay que evitar ser demasiado lineal, y tratar de conjugar nuevas posibilidades a cada párrafo.

Seguiremos aprendiendo, y disfrutando, gracias a relatos como el tuyo.

En todo caso la idea de una civilización que nos descubra es muy interesante. Imagina que vienen de repente, y esta vez resulta que ellos son los conquistadores españoles y nosotros los pueblos indígenas primitivos....

   RE: la fuente de energia
25-10-2006 12:56
Gracias por comentar y por las críticas. La idea se me ocurrió leyendo un relato de Isaac Asimov sobre una temática parecida.

   Un buen cierre
25-09-2006 18:02
Reconozco que pensaba que el relato iba en cualquier dirección hasta que he leído la última frase. Muy ingenioso. Me ha gustado mucho, aunque creo que no está muy bien compensado a nivel de tempo. En cualquier caso, una buena idea



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