Película buñuelina |
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20-09-2006 11:05
Por: stalina
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...y de postre un Louis Armstrong a modo de sorbete de limón...
Llama a la puerta del pasado una sonrisa que revienta en recuerdo, esos dientes que se escapan entre el torcer de los labios, esas manos y unas arruguitas de la cara de cuando aflora un sentimiento. Sí, entonces todo brillaba y todo quedaba suspenso por un halo de emoción que no sostenía nada ni nadie, solo el aire testigo de algo tierno.
Eso mismo, entonces, porque ahora quedan las cenizas del cigarro ya prendido. Ahora duelen ciertos acordes sensibleros y el recuerdo que brota como mala hierba en el tejado de mi ser. Huele a mojado de lluvia de noche, a tango argentino, como sal envinagrada que salpica la carne hendida por el rayo, a ese olmo machadiano que es mi espalda. No es como el jazz el tango, este último es más de: “camarero otro vaso de vino para ahogar esta pena” y el jazz es para mi la banda sonora de la resignación. Serían pues primer plato un tangazo y de postre un Louis Armstrong a modo de sorbete de limón que rebaje este ardor de tanta cena.
Pues eso, el jazz para resignarse, ese saxofón o ese clarinete parece que son una palmadita en la espalda y un susurro que nos dice que así es la vida, campeona, todo va a seguir aunque te apees, parece que empiezas a comprender este juego que es vivir, y que, como decía Octavio Paz, vivir es exponerse, o que te den una hostia añadiría yo.
¿No es maravilloso? ¡Oh, sí! ¡Dime que sí! La luna ascendiendo por entre los tejados frente a tu ventana mientras... meditas y de lo que meditas transcribes. Que gran luna, redonda, luna llena casi rebosa la plata. Con la chimenea con la que tropieza sólo faltaba que un gato negro saltara por aquí. Pues en el campo el lobo y en la ciudad el gato son las esencias animales para con el satélite sin lugar a dudas. ¿Y el poeta triste, el borracho, el suicida, el loco, el transeúnte de la noche callejeando? También.
¿Y tú? ¿Yo? Sí, tú. Yo... me gusta la luna nada más. ¿Lo has visto? Parece como si hubiera esquivado la chimenea y ahora vuelve a ascender en vertical como al principio.
La luna es algo inmenso, es la cristalización perfecta del alma humana allí en el cielo expuesta. Sí, los miedos y dudas de la humanidad, los males de amores, la soledad, la locura, el hastío de estar vivo. La luna es todo eso, es lo último que ve el suicida antes de apretar el gatillo. También es un recorrido por su historia. A Platón la luna le ponía cachondo y seguro que fue inspiración de alguna obra de Beethoven. Las veces que ha alumbrado orgías en los jardines posmedievales de aquella Italia tan ardiente y lo que añadiera de locura al pobre Edmund Dantes injustamente encarcelado. Sí, la luna. Déjala ya que la agotas, la sobrecargas de definiciones y conceptos de contornos y carices. Refresca en madrugada y cierro la ventana. La luna aun a través del cristal perpetúa su brillo en la habitación, pero… quedamos en dejar de hablar de ella, así que nada.
Un cementerio sin muertos sigue siendo un cementerio, al cementerio le son imprescindibles los cadáveres y si reparamos en ornamentos, ese cristo del gran poder, esa estampita de convento. Pues eso, los muertos no, pero los cadáveres sí, como en la vida, no le son imprescindibles los vivos pero sí las vivencias y una derrota puede llegar a tornarse en dulce señalización de carretera, ¡dos kilómetros ya! ¡Dos mil metros! Cómo avanzo, cómo vivo, cómo experimento. Espectacular. Que vivir es bonito que vivir es malo... por ninguno de los dos me decanto, que siempre perdemos los mismos... tampoco, que por mil tropiezos que llevemos en este caminito ya hemos de exasperarnos rendirnos y encorarnos contra la vida por habernos puesto tanto estorbo en el trayecto. No, hombre, no.
Caudinita desearía mil veces rasgar los rostros más bellos a hachazos, mermar risas y cocinar vivos a los niños que juegan en los patios. Los niños en el centro de su acción contra la vida porque dice que en ellos, en su inocencia, se leen bien las intenciones de la vida que usa el código de esta felicidad efímera que mama de lo ignorado, de lo no asumido, de, en definitiva, lo inocente, para expresarse, porque la vida se conforma de impulsos así como la acción del niño. Muerto el niño muerto el impulso, el aliento, la vida en lo brusco. De primero tenemos sopa de niño, sencillamente excelente, ¿y de segundo? De segundo la tranquilidad de dominar sobre alegrías. Nadie más reirá por encima de mi risa, yo elegiré cuándo somos o no somos felices, se acabó la desigualdad de ánimos. O reímos todos o rompemos la mandíbula.
Risa maligna. Fin de la película.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Comento. |
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28-10-2006 10:58 |
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Un gran escrito, sin duda. Coincido con Akhul en lo errático, pero para nade me parece un defecto: consigue poner en situación: un hilo de pensamiento muy bien adornado y así realista.
El estilo con que has conseguido personalizar el texto es también un punto relevante a tratar. Las alusiones externas, el uso de tópicos o la desviación de estos confieren una belleza de forma importante en este caso por la acertada colocación de los mismos.
Ahora bien, hay un par de cosas que quizá se podrían modificar. Te comento alguna cosa por si te pudiese ser útil.
No es como el jazz el tango, este último es más de: “camarero otro vaso de vino para ahogar esta pena” y el jazz es para mi la banda sonora de la resignación.
A partir de las comillas me parecería útil una revisión, tanto por la repetición innecesaria de la palabra como por el "en mi opinión" que quita algo de atractivo.
Pues eso, los muertos no, pero los cadáveres sí, como en la vida, no le son imprescindibles los vivos pero sí las vivencias y una derrota puede llegar a tornarse en dulce señalización de carretera, ¡dos kilómetros ya! ¡Dos mil metros!
Me pregunto si falta un punto después de la vida, o esque soy algo tonto y no encuentro el sentido que querías dar a la frase.
Aquí acabo entonces. Un saludo.
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Perturbador |
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20-09-2006 11:08 |
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Ha habido momentos en los que me ha resultado demasiado errático, demasiado descentrado. No obstante, debo decir que finalmente me ha conseguido perturbar, lo que no es poco en un texto. Un buen trabajo, supongo
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