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Andanzas de un soldado Imperial II


Warhammer Fantasy

25-09-2006 17:19
Por: --|Link|--

Capítulo 4: Profundo en la fortaleza

Como era lógico, nos esperaba el comité de bienvenida druchii, con lanzas por delante y temibles arqueros por detrás. Y una de sus maléficas armas de guerra: una ballesta con múltiples agujeros dispuestos en hilera de los que salían decenas de flechas. Dispararon, y nosotros respondimos con otra descarga. Nuestros escudos y armaduras repelieron las flechas, pero muchos cayeron, al igual que en el otro bando. Faltaban unos metros para el choque. Yo iba al frente, tan sólo un par de filas detrás de los lanceros. A mi derecha corría Tauler, y a mi izquierda el general, blandiendo su temible hacha. Y el impacto. Espadas, lanzas y armaduras se mezclaron en un terrible entrechocar de aceros. La primera fila de cada bando fue atravesada sin piedad por las lanzas del otro, y algún flechazo se coló entre los yelmos. Comenzó el cuerpo a cuerpo.

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Los metales chocaban aquí y allá, y de vez en cuando una bola de magia estallaba por ahí, lanzando por los aires al desdichado objetivo. Yo me enfrenté a un elfo jefe que iba montado en una extraña bestia, que según me dijeron, era un gélido. Era como un reptil enorme, y despedía un aliento fétido y frío. Su jinete tenía una armadura plateada, y una rara arma de doble filo. Tenía una fuerza superior a la mía, pero le vencí gracias a su montura, que se negó a obedecerle, haciéndole caer. A mi alrededor, la batalla era fiera.

El general Kemlish estaba sobre una pila de cadáveres de elfos, lanzando mandobles de su hacha a todas partes. Tauler estaba partiendo el yelmo de otro jinete en dos, y mis camaradas parecía que también compartían esa fiereza. El ánimo de los elfos decrecía, y el nuestro amentaba a medida que íbamos avanzando en aquel patio rodeado de muros. Aquel cacharro lleno de flechas disparó, abatiendo a más elfos que humanos, pero fue arrollado por nuestro avance. ¡Estábamos venciendo! Los elfos presentaron batalla y desde las callejuelas que venían del corazón de la ciudad, vinieron más elfos, armados hasta los dientes. Empujaron a sus compinches contra nosotros, provocando un caos terrible en nuestras filas.

Tuvimos que retroceder para dar un espacio sobre el que movernos, aunque todos estábamos apretujados hombro con hombro, y lanzando estocadas por encima del brazo del que teníamos al lado. La batalla seguía sin que ningún bando cediera terreno. Los refuerzos que habían recibido los elfos les habían subido la moral, y ahora atacaban con más fuerza. No quedaban más jefes en su bando, habían caído todos, por lo que reinaba algo de caos. Pero los elfos eran perfectamente disciplinados, y se reorganizaron de nuevo, colocando sus temibles picas al frente, protegiendo a los arqueros. Éstos nos lanzaron una descarga, que abatió a muchos del frente. Una flecha pasó rozando mi hombrera.

Nosotros respondimos con otra, aunque mucho menos numerosa, pues nuestros arqueros eran menos y se encontraban más atrás. Apenas causó daños. Otra flecha me impactó en el pecho, pero rebotó gracias a mi armadura. Me lancé contra ellos y logré hacer una brecha entre sus lanzas, por la que nos colamos. Creamos un enorme caos a nuestro alrededor. Sus arqueros concentraron el fuego en nosotros, y eso hizo que se despistaran de los demás. El general aprovechó e inició una carga contra los lanceros, que no pudieron repelerla. Los obligamos a retroceder, dejando un rastro de cadáveres a nuestro paso.

Huyeron por las callejas, y les dimos caza en parte. Pero al llegar más arriba, nos detuvo el muro del segundo nivel, tras el que se encontraba el castillo principal. Allí, los arqueros apostados lanzaron varias descargas, y el capitán Knurlous tocó a retirada, para no morir acribillados. Nos retiramos hasta la entrada, donde estaban los cadáveres de la batalla, como una cicatriz de la refriega. Se estaba haciendo de noche, y los capitanes decidieron hacer un campamento avanzado al inicio de la rampa.

Pasaron dos horas antes de que hubiéramos montado el campamento, y allí se dio refugio a los soldados heridos en batalla. Los capitanes se metieron en su tienda para planear el ataque a la fortaleza. Ya habían comprendido que nos habían engañado con sus tretas, pues el grueso del ejército no se hallaba en el muro delantero, como esperábamos, sino en el castillo. Y su plan era hacernos llegar hasta él, para allí matarnos a placer desde los muros, escondidos como ratas.

Nos mandaron descansar, pues mañana nos esperaba una dura batalla, y fueron los técnicos de las catapultas los que montaron guardia. Yo estaba magullado, pues había recibido golpes en todo el cuerpo, y habían perforado la hombrera derecha. Me quité de encima la armadura y las armas, y me tumbé. Enseguida me dormí, agotado.


A la mañana siguiente, todos nos preparamos enseguida para la batalla.

Asombrosamente, no me dolía nada del día anterior, y lo agradecí, pues iba a tener otras cosas de las que preocuparme. La estrategia de los capitanes, decidida durante la noche, era llevar el ariete y las catapultas por las callejas, e ir nosotros detrás. Sabían que los elfos no saldrían de sus escondrijos, y que nos lanzarían sus endemoniados proyectiles desde ellos. Lo único que temían los capitanes era que se hubieran escondido por las calles, y que nos sorprendieran por la espalda, muy propio de ellos. Pero no nos quedaba otro remedio, pues si esperábamos a los refuerzos para el ataque, reconstruirían con magia los daños, y serían más fuertes. Por eso, salimos enseguida, y avanzamos de nuevo por aquella rampa maldita, lenta y pausadamente. Llegamos arriba antes del mediodía, y seguimos ascendiendo calle arriba, rumbo a la fortaleza.

-Estad alerta -nos dijo el capitán cuando entramos-. Pueden andar escondidos por ahí.

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Yo, por supuesto, estuve atento por si veía algo, pero, por más que escruté la oscura piedra, no vi nada. Pasado el mediodía, estábamos casi en las puertas del muro. Pudimos ver a los elfos asomando por arriba, y avisando de que llegábamos. Las estrechas calles sólo permitían la colocación de las catapultas en fila, quedando al otro lado un pequeño espacio para los soldados, pero no para el ariete, que hubo de quedarse atrás. Las catapultas recibieron una descarga de flechas, que se clavaron en ellas inofensivamente, sin herir siquiera a los técnicos.

-Creí que los elfos eran más listos -le dije a Tauler.

-Lo son, estarán tramando algo... -me respondió.

Las catapultas dispararon al portón, derrumbándolo entre una nube de polvo marrón. Vítores salieron de nuestras gargantas, pues habíamos conseguido una brecha de un solo disparo. Estaban ya cargándolas otra vez cuando se oyó algo en élfico, y de las flechas salió una chispa roja. Enseguida, empezaron a arder, y en pocos minutos de las catapultas y los técnicos sólo quedaban las cenizas.

-Te dije que algo harían -me dijo Tauler.

-¡Maldita sea! Ahora tendremos que atacar sin haber podido eliminar un solo arquero -dije.

-¡Maldición! -gritó el general Kemlish- ¡Disparad! ¡Acabad con ellos!

A la orden del general, los arqueros dispararon contra los elfos, pero la mitad de las flechas se detuvieron a escasos centímetros del muro, y algunas se estrellaron contra él, sin matar a un solo elfo.

-¡Cargad! -gritó el general.

Gritando, todos corrimos contra el muro, dispuestos a entrar aunque nos echaran mil flechas. De nuevo, un grito élfico resonó en las calles, y una descarga se cernió sobre nosotros. Fueron muchos los que cayeron, abatidos por la fatal descarga. Estábamos ya cerca, pero aún les dio tiempo a lanzar otra. Aun menguados en número, entramos, prestos a aniquilar cualquiera que se interpusiera en nuestro camino. De nuevo había una fila de lanceros resguardando a arqueros y espadachines, cerrada en semicírculo en torno a la entrada. Era tal la fuerza de la carga que no pudieron detenernos las picas, y algunos elfos cayeron al suelo.

Desde el muro, los arqueros se habían dado la vuelta y nos dispararon. Pero enseguida nos dejaron, pues las escaleras que nuestros compañeros traían se apoyaron en el muro, listas para invadirlo. Por ellas treparon los soldados, y pronto se hicieron con el dominio del muro. Aunque no pude observarlo por mucho tiempo, pues la batalla requería toda mi atención. Como en la escaramuza de la puerta principal, estábamos apretados unos contra otros, lo que facilitaba la protección, pero dificultaba el ataque. Los arqueros soltaban flechazos entre los demás combatientes, que surcaban el aire con un ¡schium!, y acababan en el otro frente, produciendo siempre una muerte. Los magos elfos también estaban presentes, y lanzaban de cuando en cuando bolas de energía verdes o rojas.

Yo reflecté dos con el escudo, que acabaron en un caso con el atacante, y en el otro se perdieron en la lejanía. La batalla no se decantaba hacia ningún bando, y era por ello que luchaban sus contendientes con mayor fiereza. El general había iniciado una carga con un puñado de hombres un poco más allá, a mi derecha, que estaba dando su fruto, y estaban consiguiendo entrar en el frente enemigo. Pero la incursión fue desbaratada, pues un gélido se lanzó contra el general, y lo tumbó en el suelo. Se levantó y plantó cara a la bestia y a su jinete, que vestía una armadura de un rojo metálico y reluciente.

El general detuvo un golpe de su contrincante, y se lo devolvió con tal fuerza que lo lanzó fuera de la silla. La bestia, libre de su carga, saltó a un lado para despistar al general, pero este previó su movimiento y saltó hacia atrás, desde donde desplazó su hacha en un giro e impactó en la cabeza de la bestia por un lado, rompiéndole el cráneo. Los elfos, visiblemente desanimados, retrocedieron un poco, y aprovechamos eso para iniciar otra carga. Masacró su primera línea, pero nos hicieron volver a base de flechazos.

Los del muro, que habían conseguido acabar con los arqueros, estaban ahora disparando desde lo alto, causando muchas bajas entre sus filas. Yo tuve que luchar contra un ágil elfo, que esquivaba mis golpes a pesar del poco espacio que había. Bloqueó gran parte, y apenas logré rozarle un poco la armadura. En cambio él me aguijoneó con su filo, aquí y allá, debilitándome por momentos. Finalmente trastabilló con un cadáver y cayó, clavándose una lanza que había en el suelo.

Aparte de eso, los demás elfos eran fáciles de vencer, gracias al espacio reducido que había, pues se sabe que los elfos son muy ágiles, y sin duda nos habrían machacado en un espacio más abierto. La verdad, creo que se equivocaron al hacer su fortaleza tan estrecha, pues no compaginaba con su estilo de lucha. Debieron diseñarla así para estancar a su enemigo y acribillarlo desde las alturas, al resguardo de los muros. Pensando en esto, recibí un tajo en el brazo, y a partir de ahí presté más atención.

Seguimos luchando durante mucho tiempo más, y pensé que aquella batalla no se decidiría nunca, cuando llegaron refuerzos para los elfos. Se lanzaron encima de sus compinches, empujándolos contra nosotros, y al sonar de un cuerno iniciaron una carga que nos obligó a retroceder casi hasta la puerta. Pero aguantamos. Al parecer llegaron más magos, porque las explosiones aumentaron. Una se produjo muy cerca de mí, abriendo un gran hueco por el que entraron los elfos, desbancando la defensa. Desde atrás, alguien ordenó una renovación de tropas. Esa estrategia consistía en cambiar las posiciones de los soldados del frente, que estaban ya cansados, por los de detrás, más preparados para la batalla. Así se hizo.

Cambiamos posiciones, excepto los soldados de élite y los héroes. Cargamos. La estrategia surtió efecto. Los soldados que no habían luchado tenían más energías, y por eso atacaron con más vigor. Rompimos sus filas, y muchos fueron los que cayeron bajo nuestro filo. Sembramos el caos en sus tropas, y a pesar de los refuerzos, estábamos venciendo. Seguimos avanzando, hasta que quedamos varios soldados en un círculo, rodeados de elfos completamente y aislados del resto de nuestro ejército. Desde ahí, podíamos atacar mejor, y estábamos obteniendo la victoria. El chocar de los aceros y el fragor de la batalla nos hizo atacar aún más fuerte. Y por esa razón no oímos el sonido hasta mucho más tarde.

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Era un sonido regular, como un compás, que se producía cada poco. Era como el desplazar del viento. Era...como un batir de alas. Zum...Zum...Zum... Entonces, el cielo se oscureció, eclipsado el sol por una presencia mayor. Una presencia cuya sola imagen provocaba pavor. Era como una autoridad oscura, que presionaba el ambiente, como un emisario oscuro, que sembraba el caos y la muerte allá donde pasaba su mirada. La refriega se detuvo, y todos alzamos la mirada al cielo. Vimos allí la peor visión que podíamos haber visto nunca. Allí en el cielo, bordeada su silueta por un halo de tinieblas, se hallaba un monstruo alado enorme. Era de un color verde reluciente, con tonos de negro. Sus alas eran enormes, membranosas, y estaban rotas por algunos sitios. Sus escamas eran duras como el acero, y puntiagudas como el filo de un sable. Los dientes de aquella feroz bestia eran del tamaño de un hombre, y estaban afiladísimos. Sus ojos reflejaban nuestro terror, rojos como la sangre y bordeados del negro de nuestro miedo. Un espantoso chillido salió de su boca, como un presagio de muerte. Y en su lomo, donde terminaba su robusto cuello y empezaban sus alas, estaba su jinete. Un elfo recubierto de una armadura negra como la pez, con un yelmo oscuro que no dejaba ver su malvado rostro. Y en sus manos sostenía una enorme espada de borde serrado, acabada en una temible punta, y con gemas incrustadas en su mango. Aquella bestia y su jinete eran la Hidra y su Señor: el príncipe Ërhedar.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   No esta nada mal
16-10-2006 22:18
Muy buena historia, pero tienes que repartirla mas porque al tener tanta descripcion leerla del tiron es algo cansado. En general est abien pero te estas centrando demasiado en como se desarroya el combate sin evolucionar ni la historia ni los personages. Es buena historia pero le hace falta un poco de profundidad.

   RE: No esta nada mal
18-10-2006 16:19
:-O Por fin un comentario! xD. Los necesitaba, pues ahora la historia se me hace más chunga... Pues bueno, miraré eso que me dices, fiel lector (xD, es porque leiste también el otro relato ^^), y a ver si la tercera entrega se os hace más amena e interesante :-D
Saludos!



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