La triste realidad de las campañas eternas |
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10-10-2006 17:12
Por: Tatharina
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Todo Master, y también PJ, sueña con una larga campaña. Por desgracia, pasa tanto tiempo desde su inicio, que a veces olvidas “ciertos” detalles que resultan ser el objetivo principal de la misma…
Todo Master, y también PJ, sueña con una larga campaña. Una aventura que, tras sesiones y sesiones, meses y meses, o incluso años, llegue a un deseado fin para regocijo de los jugadores. Un fin labrado duramente, con un anhelo especial, ya que llegas a involucrarte tanto en estas campañas tan largas que te interesas más por los personajes, tanto jugadores como no jugadores, mejoras tu PJ, conoces a los demás de tu grupo casi a la perfección... Lamentablemente, la cantidad de tiempo invertido en esa misma aventura, hace que olvides “ciertos” detalles que resultan ser el objetivo principal de la misma…
Esto nos ocurrió en la partida que jugamos actualmente mi grupo y yo. Nuestro benévolo Master nos perdonó un error imperdonable. La historia es la siguiente:
No al principio de la aventura, pero sí hace mucho, mucho tiempo, cuando estábamos todavía en nivel 4, encontramos a un niño, Villar. Quería venir con nosotros como escudero de nuestro paladín. Tekhaes, el paladín, aceptó gustoso y prometió enseñarle todo lo que sabía. Antes de partir del pueblo natal del niño, el paladín le juró a su padre que lo cuidaría…
Vaya mentira. Creo que yo, como Master, habría encontrado en ello motivo suficiente para que su clase cayera en el acto. “¡Yo te cuidaré, lo prometo!” Bien, Tekhaes, te quito la clase por mentir. Punto. Pero no pensó así nuestro Master, que consintió que el pobre Villar viniera con nosotros, perdiendo su infancia y destrozando su vida. ¿Por qué? Pues porque en el fondo había un buen motivo.
Continuando nuestro camino hacia la típica mazmorra, Villar encuentra un collar, se lo pone, y desata el mal en el mundo. En ese momento, el que más y el que menos, ya se había cagado en el niño y, a su vez, el niño en el paladín, que, hablando delicadamente, hacía caso omiso de cualquier necesidad del infante más allá de llevarlo apuntado en su hoja de aventura. Es decir, el niño endemoniado, del que nosotros no nos acordábamos y del que el paladín pasa completamente, se convierte en el objetivo central de la campaña. A partir de ese momento, nuestro objetivo era buscar un templo, debidamente indicado por un entendido en la materia, para salvar al niño y, con él, el futuro de los Reinos. Era sencillo. Era un problema. Veréis por qué.
Mi grupo de rol, al contrario que otros, juega más en invierno que en verano. La razón es que lo único que tenemos en común es jugar al rol. Carreras distintas, horas disponibles distintas… Nuestros periodos de exámenes ni siquiera coinciden. Por eso, son los sábados (o algún viernes) durante el curso, cuando solemos quedar para jugar. Al llegar febrero, y luego junio, se produce un paréntesis que continúa con un par de partidas antes de que la gente comience la típica desbandada en dirección a sus respectivas aldeas. Así, hasta finales de septiembre, para nuestra desdicha, no es posible que estemos todos juntos de nuevo, con lo que el hilo argumental de la partida se pierde en gran parte, y necesitas unas horas para centrarte. Esta historia transcurre durante esas horas.
El Master toma la palabra con lo que se ha convertido en la pregunta cardinal de este tipo de partidas. ¿Alguien me resume lo que pasó en la última partida? La respuesta no debería ser un problema para los PJ. No debería… A no ser que hayan pasado dos meses desde la última partida, claro. Realmente lo has olvidado todo. Ya no me refiero al momento en el que empiezan a aparecer acertijos en los que debes recordar el nombre de cierto dragón que durante la tercera sesión te dijo no sé qué cosa, no… Me refiero a cosas básicas, como, por ejemplo, nuestra ubicación. Si estuvieras centrado, evitarías cosas como:
-Master: Bien, por fin veis la luz de la entrada de la cueva.
-Paladín: Perfecto, pues me subo al caballo.
-Master: Primero, no tienes caballo, y segundo, estás sobre una telaraña vertical.
Y detalles como:
-PJ 1: ¿Cuál es la clave de esta puerta?
-PJ 2: Espera, la apunté detrás de mi hoja, en “Notas” (esa sección taaan recurrida donde apuntas cosas esenciales como tus cicatrices o el dinero que le debes a tu compañero; sección útil que contiene la clave de la partida, aunque nunca te pararás a buscarla en ella, y si lo haces, estará en las “Notas” de tu compañero –quien, por cierto, no las mira-). Sí, aquí está, es… ¡Vaya! Tengo apuntado: Bota – Espino.
-PJ 1: ¿Y eso qué es?
-PJ 2: Pues…
Correcto. Pues. Pues la verdad es que no tienes ni idea.
Hay cosas peores, que conste. Errores fatales derivados, como digo, de “descuidos” sin importancia… Como el verdadero objetivo de la partida. “¿Qué es lo que teníamos que hacer? ¡Ah, sí! Llegar al famoso templo y destrozar el collar maldito. Bien, pues vamos”. Sí, sí, en base era eso…
Así ocurrieron las cosas. Nos dirigíamos hacia el templo mil veces mencionado, a destruir el collar y cumplir la misión que habíamos apartado a finales de mayo y retomábamos en septiembre, cuando fuimos atacados por los característicos e inconfundibles orcos (el perejil de las partidas de D&D, que por algo son verdes). Dale a luchar, dale a luchar… Hasta que aparecen, detrás de los orcos, dos magos. Obvia decir que para el grupo siempre resultan un fastidio, pero bueno, se afronta. Luchamos y punto, que hay que seguir adelante. ¡Hay que destruir el collar! Sí, eso es algo que no habíamos olvidado. Eso. Entonces ocurrió la gran catástrofe. Una bola de fuego.
Bueno, no es para tanto. ¿Qué es una bolita de fuego para personajes en el nivel 12 absolutamente “dopados” por los conjuros del clérigo? Tiradas de salvación de Reflejos, unos zafan, otros no… Lo de siempre. Quítate tantos puntos, tú la mitad, el ladrón que la supera nada… Bien. Nos restamos. ¡Lo hemos superado! Eso creíamos.
El Master baja la cabeza y se hace el silencio más absoluto.
“¿Cuál era vuestra misión?” dice gravemente. Espera, espera, esa pregunta es fácil: ¡llegar al templo y destruir el collar maldito para impedir que el mal se propague por todo el mundo! Lo bonito (y el gran problema) de estas misiones es que alimentan el ego del PJ hasta conseguir que se considere fundamental para el normal desarrollo de la vida. Sólo así se explica que algunos grupos se crean capaces de matar un dragón o sobrevivir a viajes nocturnos por tierras infestadas de orcos. Pero claro, olvidamos que nuestra misión era menos grandilocuente, aunque más importante.
“No, esa no era vuestra misión…”. Su rostro se oscurece. “¿Dónde está Villar?”
Efectivamente. ¿Dónde demonios estaba Villar? Y eso los que habían superado la incertidumbre del primer segundo, cuando te preguntabas: “¿Quién es Villar?”.
-PJ 1: Hombre, Master, pues Villar está con nosotros, ¿no?
-Master: Sí, sí, está. Por lo menos debería estar, aunque no os acordéis. ¿Y en qué nivel está, si se puede saber?
-PJ 2: Pues…
-Master: ¿Lo habéis subido de nivel alguna vez?
-PJ 2: Pues…
Si creéis que el PJ 2 es absurdo simplemente porque lo único que se le atribuye es decir “Pues…”, esperad a la estelar aparición del PJ 3
-PJ 3: Pero, a ver, ¿Villar sigue con nosotros?
-Master: ¡Claro que sigue con vosotros, él es el que lleva el collar! ¡Vuestra misión es protegerlo hasta el templo!
Ups… Sí, era verdad…
-Master: ¿Y en qué nivel está? Buscad su hoja, anda.
-PJ 2: Pues… (je,je. No, es broma, lo que realmente dijo fue…). ¿Hoja?
-Master: ¿No le habéis hecho una hoja?
- PJ 1: No.
-Master: Claro, y lógicamente, a nadie se le ha ocurrido compartir experiencia con él. O sea que el personaje más importante de la partida es un plebeyo de 4 puntos de vida, ¿no? Vale. 4 menos 37, da un total de -33. Es decir, directamente el niño revienta.
Nos quedamos blancos. Amagamos una especie de protesta: ¡Espera, espera! ¡Villar no estaba allí, estaba detrás de… de…! Da igual. El caso es que estaba muerto. Muerto e incinerado; y la apoteosis del niño, ascendiendo a los cielos en una humareda terrible, no era tanto el triste final de nuestra aventura, como la tontería más grande que hemos hecho jamás (matizo que hasta ese momento).
Intentamos asumir la situación: había muerto el niño de forma absurda, cierto, cosa que demostraba inequívocamente que éramos imbéciles. Sólo conozco una circunstancia tan lamentable, y le ocurrió a un amigo mío jugando al Age Of Empires, cuando en modo Regicida, su rey murió asesinado por un lobo… Si me pongo imparcial, creo que lo nuestro era incluso más triste, ¡porque él por lo menos intentó proteger a su rey! En fin. Asumida la situación, intentamos sopesarla. Niño muerto, vale, pero teníamos el collar intacto (que recordemos que sólo podía ser destruido en aquel templo de no sé quién –hace tiempo, no recuerdo el nombre-). Poco nos duró la alegría, ya que lo primero que hizo uno de los orcos, fue coger el collar…
Queda bien si simplemente digo: Fin, ¿no? ¿O es necesario que comente que el mal se desató en el mundo, dominado ahora por los orcos, acabando con todo resquicio de bondad y bla, bla, bla?
Gozamos de un Master benévolo, sin embargo. Nos consintió repetir el combate, como pasa en los videojuegos cuando salvas antes del enemigo final (qué triste, este ni siquiera lo era…). Debo decir que, esta vez, conseguimos que Villar sobreviviera y, terminado el combate, repartimos con él nuestros puntos de experiencia. De los errores se aprende, ¿no?
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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master |
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03-01-2007 22:18 |
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bueno lo unico q no entendi es uando aprete en master :P
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Que bello ! xD |
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10-10-2006 19:28 |
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Muy bueno el artículo. Todas estas cosas ocurren cuando descubres que los jugadores solo saben cuidar de sus personajes jijijiji
¿Vdd que soy un Master cabron? muahahahaha
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RE: Que bello ! xD |
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11-10-2006 17:52 |
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Eso es lo que pasa cuando no se tiene un "guardian de la llama" cuando llegue verano dadle todo al master o a alguien que guarde todas las hojas y que apunte la historia BIEN y que LO RECUERDE TODO aunque claro si es un PJ y es algo cabron puede modificar lo que le de la gana asi que debe ser de confianza, la verdad es que de esa manera en mi grupo lo recordamos todos por que nadie se fia de que no haya cambiado nada
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Un paladín pseudo-arrepentido |
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14-10-2006 01:08 |
Bueno, yo soy el famoso paladín
La verdad es que yo quería tener al chaval como aprendiz... pero me pudo el egoísmo (un paladín egoista...  ) y cuando me enteré de que tenía que repartir mis puntos de experienca con él... lo fui dejando en el olvido.
Lo trataba bien, le daba de comer, lo dejaba en el carro mientras luchábamos, etc.
Pero claro, nos robaron el carro, y ya no había dónde dejarlo... Villar, descansa en paz.
PD: Que conste que el chaval era algo cabroncete y se estaba volviendo maligno. Dicen que por cosas del collar, pero yo creo que tenía un rencor intrínseco fruto del odio que profesaba a su padre...
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RE: Un paladín pseudo-arrepentido |
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15-10-2006 13:48 |
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Claro. Si es que ¿¿qué se puede esperar de estos padres que quieren un futuro mejor para sus hijos?? Jaja.
Nos vemos, señor paladín.
Chau!
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RE: Un paladín pseudo-arrepentido |
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15-10-2006 13:50 |
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NOTA: La de arriba soy yo. Jeje.
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master flexible |
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11-10-2006 10:40 |
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Muy buena la anécdota, lo que me descojonó fue el asesinato del Rey en el Age of Empires.
En mi grupo no pasaría, porque es el máster quien reparte los PX y al ser Villar un PNJ, sería él también quien llevara el control del mismo, incluidas sus estadísticas.
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RE: master flexible |
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13-10-2006 23:42 |
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Es buena la idea de que sea el Master el que reparta la experiencia. Así puede sumar extras por actuación y demás, y yanos daría el resultado al final de la partida. Sólo se subiría de nivel, de poder hacerse, terminada la sesión. Me gusta. Se lo voy a proponer. ¡Gracias!
PD: Aquel buen rey caído en combate... Sit tibi terra levis. RIP.
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Todo un clásico |
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12-10-2006 16:10 |
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Jejeje, yo hago igual que vuestro master, por eso me ha hecho tanta gracia el artículo. Y es que en la partida que estoy llevando y que actualmente termina de cumplir un año y que todavía le hecho medio año más... a mis jugadores les pasó algo por el estilo y el que se suponía que era el enterado del grupo (voy soltando la info con cuentagotas) se pego la inventada del siglo porque no se acordaba de nada, así que me tocó hacerle un paréntesis informativo llevándomelo a parte y al volver soltó un:
PJ: "Bueno, ¿recordáis todo lo que os termino de contar? Vale, olvidarlo, me lie con unos cuentos de mi infancia, ahora en serio [...]".
Desde ese momento se empezó a redactar un diario de campaña con todo lo que acontece en cada capítulo en que se va dividiendo la campaña, así se evitan estas cosas. Aún así, alguna que otra me han vuelto a hacer, pero poco a poco van aprendiendo de los errores y que en la vida del jugador se ha de concretar muy bien las cosas si no quieres que el Master, por muy benevolente que sea, te la meta de canto, xD.
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RE: Todo un clásico |
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13-10-2006 23:35 |
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Lo que hace ahora mi Master para evitar estas cosas es escribir en su página web el resumen de cada sesión. Para el caso, es lo mismo: no lo lee nadie (somos lo peor...). Gracias por tu comentario.
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PNJ que es eso??? |
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11-10-2006 20:42 |
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Siempre pasa, es inevitable, los PNJ acaban sufriendo y creo que tu paladin debería saber que mentía como un bellaco!!!
La historia es acojonante porque le puede pasar a cualquiera. Lo cierto es que tu master fue un poco cruel al principio no reconrdándo lo del niño, pero tampoco tenía porque!!!!
al final se portó genial porque os dejó "salvar partida"
pero en general la idea que defiendes es correcta: Cuando una campaña lleva mucho tiempo los jugadores se olvidan de los detalles para prestara tención a cosas más generales
pero si no lo hiciesen que gracia tendría ser Master buahahahahaha
PD: Un minuto de silencio por el rey caido en las fauces del lobo feroz!!
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RE: PNJ que es eso??? |
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13-10-2006 23:37 |
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Todos seguimos llorando a aquel buen soberano...
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