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La Última Palabra


Warhammer 40.000

19-10-2006 09:57
Por: El Señor de los Zombies

La historia cuenta como el influyente Capellán del poderoso Capítulo de Los Silenciadores acaba con la amenaza de la Flota Enjambre Hydra en el día en que expulsó a los Xenos de su planeta natal


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El Capellán Khadreck Kheichii se levantó del suelo después de que un Guerrero Tiránido lo hubiese derribado. Con una Fe ciega en el Emperador se levantó rápidamente y sin pensárselo dos veces cargó contra aquel monstruo. El Tiránido intentó defenderse, pero poco tenía que hacer contra el Señor de la Santidad de la 1ª Compañía de Los Silenciadores. El Capellán, protegido en su Armadura de Exterminador y armado con un Bólter de Asalto y el Silencius Arcanum del capítulo, no tardó en destrozar al alienígena. Entonces, levantó la vista y lo que vio le causó gran pesar.

La Flota Enjambre denominada Hydra había invadido Silencius, el planeta natal de los Silenciadores. Éstos Marines Espaciales son uno de los Capítulos sucesores de los Ángeles Oscuros y, al igual que éstos, también se autodenominan los No Perdonados. Las negras armaduras decoradas con detalles de oro y plata se distinguían en el campo de batalla, donde mantenían una feroz lucha contra los horribles Xenos. Entonces, y sin saber por qué, al Capellán Khadreck le vino a la memoria el día en que inició sus días como Reclusiarca. Ahora, Señor de la Santidad de los Silenciadores, velaba para que el Capítulo siguiera manteniendo el silencio sepulcral al que estaba condenado. Por aquellos misteriosos sucesos, a partir de los cuales los Ángeles Oscuros se autodenominaron los No Perdonados, Los Silenciadores juraron mantener silencio eterno para que nunca se supiera la terrible verdad. Desde aquel entonces, en raras ocasiones un Silenciador rompe su silencio, y los únicos con derecho a hacerlo eran los Bibliotecarios, los Capellanes y los Capitanes. El Capítulo carecía de Señor.

Khadreck trató de alejar de su mente aquellos pensamientos para poder concentrarse en la batalla. Ingentes hordas de Espinagantes salían bulliciosamente de las esporas Micéticas que enturbiaban el cielo de Silencius. Salían corriendo, aplastando en su carrera a sus hermanos, ansiando llegar cuanto antes al combate. A pesar de que los Bólteres Pesados abatían a innumerables de ellos, aparecían más y más. Aunque pequeños, en masa resultan letales, pues pueden descargar una impresionante cantidad de dardos neurotóxicos contra su rival para después hacerlo desaparecer bajo una marea de caparazones color turquesa. Si sangraban o no, eso no lo sabía Khadreck, pues su piel era de un rojo vivo que incluso resultaba difícil de observar.

Barrió el campo de batalla en busca del Hermano Drakkan, el cual se hallaba, junto a su guardia personal, luchando ferozmente contra los Guerreros Tiránidos. Su propia escolta, la de Khadreck, ayudaba en aquella empresa. En los cielos, terribles Guerreros alados mantenían una lucha feroz contra sus Marines de Asalto. A pesar de estar equipados con las temibles espadas sierra y con los veloces retrorreactores, los Xenos parecía ser más veloces e incluso parecía que jugaban con los Marines. Las terribles garras que poseían los hacían imparables en combate. Ni siquiera cuando eran despedazados Los Silenciadores emitían grito alguno.

Un potente sonido metálico lo sacó de sus pensamientos. A una distancia considerable de allí, cerca de un bosque, el Hermano Shadow había perdido su batalla. Dos enormes Carnifexes habían destrozado al Venerable Dreadnought que tanto tiempo había servido al Capítulo. Uno de los Cárnifex se dirigió hacia un grupo de Marines y comenzó a escupir sobre ellos un líquido corrosivo que deshacía las armaduras. El otro se entretenía disparando sus semillas enredadera contra los servidores del Emperador y aquellos demasiados valientes como para acercarse eran destrozados por sus enormes garras trituradoras. Terribles heridas cruzaban sus cuerpos, pero aquellas bestias continuaban en pie.

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Por el rabillo del ojo distinguió unas figuras alargadas y giró su cabeza para comprobar que estaba en un error. Desafortunadamente no era así. Dos Zoántropos hacían levitar sus bulbosas cabezas por el campo de batalla. Vio como el Hermano Bibliotecario Zesaleth resistía los terribles poderes psíquicos de los Tiránidos. Sus compañeros no parecían tener la misma suerte, ya que eran reducidos a cenizas por los rayos de energía verde que lanzaban los Zoántropos. Incluso aquellos monstruos parecían resistir al impacto de un misil.

Algo le dijo que no tardarían en tener problemas, y así fue. Detrás de él, en unas ruinas que usaban como protección, sus hermanos se vieron envueltos en un grave aprieto. Un Líder de Progenie había aparecido de entre las sombras acompañado de su escolta Genestealer y atacaban salvajemente a los Marines. Los pocos Genestealers que no caían presa de los Bólteres conseguían llegar velozmente a las líneas humanas. Khadreck se dirigió rápidamente para ayudar a sus hermanos, pero de nuevo su instinto le hizo girarse a la derecha. Apareciendo de unas rocas, del bosque y de las ruinas, surgieron tres Líctores que habían estado esperando su momento. Una vez aparecieron, los Genestealers parecieron tener menos dificultad en abatir a los Marines. Al parecer aquellos Líctores les comunicaban telepáticamente los puntos débiles de los soldados. A Khadreck le extrañó tanto como le sorprendió el hecho de que los Áuspex no hubieran dado señal de enemigos.

Pero lo peor aún estaba por llegar. Un rugido atronador le hizo estremecerse. Parecía que el cielo iba a caer sobre sus cabezas. Desafortunadamente, no fue así. Un enorme Tirano de Enjambre sobrevolaba el campo con ayuda de sus dos alas membranosas. Describió algunos círculos en el aire antes de caer con todo su peso sobre los Exterminadores de Asalto que acompañaban a Khadreck. El peso del monstruo aplastó a uno de ellos en el acto. Poco después volvió a emprender el vuelo para poder atacarlos con sus enormes garras en forma de guadaña y con las garras de sus pies. Los Exterminadores parecían verse en apuros y no tardó en caer otro. Cerca de aquella batalla, el Capitán Drakkan se hallaba luchando en solitario contra los Guerreros que habían abatido a su escuadra. Con una imagen de Fe inquebrantable, al Capitán le había dado tiempo de recoger el rasgado Estandarte y ahora lo sostenía firmemente en su mano. A Khadreck le pareció que sin la ayuda espiritual del Estandarte, hacía tiempo que el Capitán habría muerto.

Cada vez eran menos los Marines y más los Tiránidos. No sabía cuánto tiempo aguantarían y dudaba sobre si su mensaje de auxilio habría sido recibido y mucho menos contestado. Instintivamente se agachó a tiempo de evitar una materia viscosa de procedencia claramente alienígena.

A su alrededor sus hombres luchaban incansablemente, pero parecían agotados. Khadreck supo inmediatamente lo que debía hacer. Con una mezcla de deber y de ganas, afianzó su Silencius Arcanum a su brazo con ayuda de unas cadenas y corrió hacia el Tirano Alado. Disparó una ráfaga con su Bólter para después arrojarlo lejos. Agarró el Silencius Arcanum con ambas manos y, para sorpresa de sus hombres, decidió romper su prolongado silencio de más de trescientos cincuenta años gritando “¡Por el Emperador!” al tiempo que llegaba hasta el Tirano para comenzar una de las batallas más encarnizadas de uno contra uno que han tenido lugar en toda la galaxia.

Hace tiempo que el Capellán abatió a aquella bestia, haciendo huir a la Flota Enjambre Hydra. Poco después, el Capellán también murió, debido a las horribles heridas que el Tirano le había inflingido. Khadreck siempre será recordado en nuestra memoria como el salvador de Silencius y como el Guardián del Silencio. Salve Khadreck, Capellán de los Silenciadores.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   ta bien
19-10-2006 11:44
para ser descendientes de lion:-D



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