El encuentro |
|
19-10-2006 10:32
Por: Nachob
|
|
 |
|
Pequeño relato dedicado a Akhul, por su amabilidad y por haberme ayudado a recordar el gusto por los relatos fantásticos.
Destacaba entre la gente como un pez fuera del agua. No sólo era su aspecto desaliñado y su porte desgarbado, sino también sus torpes andares, chocantemente lentos en la vorágine que le rodeaba, como si sus movimientos estuviesen retardados un segundo. Caminaba a otro ritmo, con una cadencia estrambótica, aturdida, similar a la de los desarrapados que no tienen prisa porque tampoco tienen sitio al que acudir. Parecía estar perdido, tropezando con unos y otros. Pero no era sólo eso. Daba la sensación de que no sabía donde ir, o peor aún, donde querer ir.
A pesar de que habían transcurrido muchos años, le reconocí al instante. Seguía siendo bajito y desmañado, pero había engrosado. Tenía un rostro aniñado e hinchado al que una perilla muy cuidada trataba de dar una apariencia más formal, sin conseguirlo. Llevaba gafas redondas de intelectual que no podían ocultar su antigua mirada, limpia, curiosa, ilusionada, de chiquillo soñador. Sin embargo ahora me pareció descubrir en ellos una sombra de desesperación, casi locura. Miraba a un lado y a otro buscando algo, como si estuviese esperando a alguien que no acabase de llegar. Se mostraba huidizo, como un animal herido y atemorizado, abrumado por la gente que le rodeaba e ignoraba, que le consideraba un mero y estrafalario obstáculo en su camino.
Gastaba un traje barato que debió comprar años antes de ensancharse tanto, y en el que el tiempo y la suciedad habían hecho mella. Portaba en una mano un maletín de cuero viejo y destartalado, rebosante hasta casi reventar, mientras que en la otra sujetaba con sus pequeñas manecillas unas carpetas, un periódico y unos folletos arrugados como si fueran el bien más precioso del mundo. Sudaba y se ahogaba con su cuello aprisionado por una camisa que ya no era de su talla. Se paró un momento, sacando un pañuelo gastado con el que se secó las gotas que le resbalaban por las mejillas y la profunda calva que unos pelos grasientos trataban grotescamente de ocultar.
No era el tipo de persona con la que uno quiere que le vean, pero al encontrarle casualmente, mi mente se llenó de tantos recuerdos que por un momento sentí añoranza de la época de mi vida en que le conocí. Además por una vez no tenía ninguna prisa, así que me acerqué a él y le llamé por su nombre.
Me miró como un conejillo asustado, poco acostumbrado al contacto humano. Se me quedó observando con los ojos muy abiertos, como si fuera una aparición, y tuve que repetir su nombre y volver a presentarme, dándole una palmada en el hombro para tranquilizarle. Tras unos segundos en los que estaba tan desconcertado que no era capaz de reaccionar, y en los que pareció rebuscar en su memoria no sólo mi imagen, sino el propio concepto de relación humana, su apurado rostro se relajó y por fin una sonrisa feliz iluminó su cara. Me saludó efusivamente, como si yo fuera la persona con la que se había citado, tabla de salvación de un naufrago desamparado en la ciudad. Trató incluso de abrazarme con torpeza, haciendo muecas y aspavientos que llamaron la atención de los transeúntes, que nos miraron entre divertidos y asustados por tan estrafalaria reacción.
Le invité a tomar un café a una terraza cercana, donde al sentarnos el camarero nos miró con cara de pocos amigos, tal vez por un día mal llevado, o tal vez incomodado por el extravagante comportamiento de mi antiguo compañero, que sin mucho acierto trataba de dejar sus papeles y carpetas sobre la mesa, haciendo rodar los vasos vacíos de los anteriores clientes.
Mientras el camarero se marchaba gruñendo entre dientes con nuestro escaso pedido, mi amigo continuó saludándome con entusiasmo, repitiéndome una y otra vez lo contento que estaba por haberme encontrado después de tantos años. Inmediatamente, con las ganas reprimidas de quien no tiene muchas oportunidades de conversar, empezó a contarme a trompicones y de forma inconexa todo lo que parecía pasar por su cabeza, pasando de un tema a otro sin orden ni línea de continuidad. Era como un dique desbordado que trataba de soltar en dos minutos todo lo que llevaba dentro.
Apenas pude intercalar algunas palabras en su retahíla de anécdotas e historias, para confirmarle que efectivamente me iba bien, una vida normal, casado con una mujer a la que no podía dejar de preguntar como alguien cómo ella podía querer a un insulso como yo, dos niñas a las que adoraba, un grupo de amigos con los que compartir aficiones y momentos, y un trabajo cómodo que me permitía lujos suficientes. Pronto dio por concluidas las formalidades del reencuentro y, sin dejar de gesticular, llevado por la emoción, empezó a contarme relatos incongruentes sobre los más variados y estrambóticos temas. Como una metralleta, y tratando a lo mejor de impresionarme o captar mi atención, empezó a hablar de parapsicología, ovnis, ocultismo, conspiraciones, etc. Una nutrida narración de los puntos comunes y de las leyendas urbanas más habituales de nuestros tiempos hecha atropelladamente, en su ansía de contar más y más sobre esas peculiares cuestiones.
Pronto perdí el hilo de su confusa conversación y me sumí en mis propios recuerdos. Evoqué mi llegada a una tranquila ciudad de provincias con escasos años, y mi entrada en un colegio extraño lleno de desconocidos que me miraban inquisitivos. Rememoré cómo fui poco a poco conociendo a mis nuevos compañeros, y entre ellos a él, enjuto y vivaracho, algo solitario, siempre con la cabeza en las nubes.
Era el hijo único de un matrimonio ya muy entrado en años, que durante décadas trato de tener descendencia y que acogió aquella tardía alegría con júbilo incontenible, colmando al pequeño de caprichos y mimos. A pesar de todo el chaval resultó ser de salud delicada, lo que no hizo sino provocar que se volcaran aún más en sus cuidados y atenciones. Como resultado había crecido rodeado de regalos, tal vez no muy fuerte físicamente, pero con una mente despierta y avispada, aunque algo dada a la ensoñación.
Yo alucinaba cada vez que iba a su casa, que si bien modesta por fuera, escondía en su interior tesoros asombrosos para unos chavales como nosotros. Con toda la capacidad que daba la humilde tienda familiar que regentaban sus padres, sus habitaciones estaban llenas de todo tipo de juguetes a cada cual más apasionante. En aquella época un solo cachivache ya nos volvía locos, y él tenía cientos, como si fuera una tienda de ensueño. En una habitación guardaba la maqueta más grande que había visto nunca de trenes, mientras que otra estaba dedicada sólo a juegos de construcciones, con los que pasábamos días enteros creando ciudades y fábulas imaginarias. Tenía decenas de muñecos, aguerridos y hercúleos, con infinidad de trajes y accesorios, e incluso juguetes eléctricos que proyectaban películas, permitían competir en carreras de coches o te daban respuesta acertadas a preguntas dificilísimas.
Era un paraíso al que sin embargo pocos teníamos acceso. No sólo porque los padres de mi amigo eran extremadamente protectores y siempre temían por él, sino por su desmedida sensibilidad y timidez innata, que combinada con la crueldad que los niños tienen hacia el que es diferente, condicionaba sus relaciones y las circunscribía a algunos allegados que compartíamos su exclusión social, en mi caso por ser el nuevo.
Pasé muy buenos ratos jugando con él, y he de reconocer que mi imaginación aprendió a volar entre aquellas paredes, como si la fantasía estuviese allí refugiada y el mundo de fuera careciera de ella.
Luego crecimos, y yo tuve nuevos amigos y nuevas aficiones, nuevos campos que explorar, nuevos océanos que cruzar. Él, sin embargo, se quedó en la orilla, y a pesar de mis empeños por integrarle y que me acompañara en mis nuevas correrías con mis recientes camaradas, sus esforzados intentos chocaron con un mundo que no admitía rezagados ni discordantes. Poco a poco el fracaso y el desdén hicieron que se fuera aislando en su mundo interior, recluido en su fortaleza dorada al cuidado de unos padres que envejecían muy deprisa, mientras que yo me convertía en un adolescente al uso, obsesionado por el sexo y las aventuras.
Empezamos a quedar cada vez con menos frecuencia, y al mismo tiempo que yo adquiría fama de bala perdida, él sustituía sus fantasías infantiles por otras más oscuras y enrevesadas. Recuerdo haberle acompañado en ese tiempo un par de veces a unas reuniones de grupos de parapsicología, llenos de lo que me parecieron pirados y ridículos personajes, donde no se paraba de hablar de temas de lo más pintorescos y absurdos. Viajes astrales dirigidos, sesiones interminables frente a una vela y un espejo, excursiones extemporáneas mirando el cielo durante horas, grabaciones en lugares infames a horas intempestivas, horas muertas manipulado un tablero con letras y un vaso, embelesados. Y lo peor es que se lo tomaban completamente en serio, no como cuando hacíamos cosas parecidas en la pandilla para cachondearnos y asustar a las chicas.
Sin embargo no lo consideré más que una extravagancia pasajera de mi amigo hasta que de repente todo su mundo se vino abajo. En apenas unos meses, como en un suspiro, su madre murió. Recordé con afecto a aquella señora amable, con apariencia de apacible abuela, que colmaba a su hijo de caricias y besos hasta hacerle protestar avergonzado. Siempre había estado muy unido a ella, y al desaparecer de un modo tan inesperado, mi amigo se sumió en una profunda depresión. El día de su funeral lo encontré ido, con la mirada perdida, y murmurando solo en voz baja. Achaque su trastorno al trago por el que estaba pasando, y trate de consolarlo como pude.
A partir de ese momento se encerró aún más en sí mismo. Su padre, cansado y abatido por la pérdida de quien hasta ese día había sido toda su vida, apenas sabía como reaccionar ante aquel muchacho cada día más triste y taciturno. Antes, los tres formaban una familia feliz que se protegía frente a un mundo que consideraban demasiado duro y ajeno, que no acababan de comprender ni les trataba bien y donde su afectividad no era entendida. Juntos no necesitaban a nadie más, nadie podía hacerles daño. Al fallar la madre, que con su amor rellenaba los resquicios de su existencia, quedaron abandonados y expuestos sin protección alguna a la fría realidad.
Sus aficiones se convirtieron en obsesiones, y si antes nos veíamos poco, ahora era difícil coincidir con él. A veces su padre me llamaba, preocupado con las cada vez más extrañas manías de su hijo, y yo acudía entonces y trataba de sacarlo al menos unas horas de su ensimismamiento. Pero no conseguía arrancarlo más que unos minutos de sus locas quimeras, y al poco me encontraba como ahora escuchando las más rocambolescas patrañas sobre seres imaginarios y fenómenos inexplicables. Recuerdo con inmensa pena la mirada de su padre cuando al acompañarle a casa él, sin apenas saludarlo, se metía en su cuarto, y se encerraba de nuevo en su universo mágico que al parecer le era más fácil de asumir que el real.
Más tarde un nuevo traslado familiar me llevó a otra ciudad, y poco a poco la vida me hizo olvidarlo, salvo en las contadas ocasiones que alguna anécdota o suceso me lo traía a la memoria, siempre acompañadas con una íntima sensación de desasosiego y lástima.
Le miré de nuevo, enrojecido por el entusiasmo que ponía en su disertación, que no difería mucho de las que le conocí antaño, y vi con pesar cómo le observaban los otros ocupantes de la terraza. Con una mezcla de pena y repulsión, trataban de disimular la aprensión que les producía, similar a la que causan los locos cuyas reacciones no sabemos predecir. Incluso el camarero hablaba algo disgustado con una pareja de policías locales, que con la cabeza le hacían elocuentes gestos mientras señalaban en nuestra dirección.
Me dio rabia tanta injusticia con un ser indefenso cuyo único pecado era ser inocente y distinto. ¿Qué culpa tenía él de ser diferente, de no ir en la misma dirección ni poder seguir la misma marcha que los demás? Supe leyendo entre líneas que tras mi partida las cosas no habían hecho sino empeorar, que la tienda que suministraba los escasos recursos a la familia había ido de capa caída, que la salud del padre también se deterioró, que al final perdieron casa y negocio y acabaron malviviendo con la mísera pensión del padre en cuchitriles de mala muerte, mientras él no conseguía integrarse en ningún lugar ni que le durase ningún trabajo y cada vez se refugiaba más en su búsqueda de lo extraordinario e inaudito. Hasta que su padre también falleció, y él quedó solo, sin piel, contra el mundo. Una anciana tía le dio cobijo y alimento, pero no cariño ni comprensión. Sus primos también consiguieron tramitarle una pequeña pensión por enfermedad, suficiente para que pudiera vivir alguien como él, con necesidades que no pertenecían de este mundo. Y desde entonces seguía huyendo de esta realidad en pos de otra más luminosa, más fascinante. Incluso, paradójicamente, más humana.
Le contemplé mientras casi a gritos, consumido por años de desengaños y soledad, trataba angustiosamente de convencerme de que lo que me contaba era cierto, irrefutable, no admitía duda,. Clavaba sus ojos de niño grande en mí y parecía a punto de llorar de rabia e impotencia. Tenía que ser verdad, necesitaba que fuera verdad. Necesitaba creer. Era lo único que le quedaba. No pudo aguantar más la tensión y se levantó corriendo al baño incapaz de contener las lágrimas. Le vi alejarse mientras la gente se apartaba de él casi con miedo.
Se hacía tarde. Tenía que irme, y mi alma estaba triste. Cogí su periódico, busque entre sus páginas y lo dejé abierto sobre la mesa, tras señalar un par de noticias y dedicarle una última frase de despedida. A mi lado oí a varias personas gritar y correr hacia una mujer que acababa de caer desmayada, creando un gran revuelo. Una sirena sonaba a lo lejos.
Me alejé aprovechando el tumulto, pero aún tuve tiempo para observar cómo mi amigo regresaba, y tras buscarme extrañado con la mirada, se percataba por fin del periódico abierto y recogiéndolo leía mi mensaje, dejándose a continuación caer atónito sobre la silla. Pálido, le vi volver a recorrer con estupor la hoja del diario donde el azar había hecho coincidir el artículo sobre el accidente que la noche anterior había provocado mi fallecimiento y mi propia esquela, y al que yo había añadido tres palabras que le dejé escritas como un postrero regalo a un ser tan sensible que era capaz de ver y sentir lo que los demás apenas podían intuir:
todo es cierto.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|
|
|
| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
 |
| Tema: |
Autor: |
Fecha: |
|
buen trabajo. |
|
|
22-03-2008 21:22 |
|
despues de tan buenas criticas solo me queda decir...lo mismo. excelente trabajo.
una pregunta, llevo un rato tratanto de publicar un relato, que se requiere para ello. disculpa por usar tu relato para esto.
repito, excelete relato.
|
|
Excelente |
|
|
07-07-2007 11:21 |
|
Aunque se nota que has mejorado mucho en las formas con el tiempo y la historia deba demasiado a El Sexto Sentido, en todo caso es un magnífico relato y con esa vena emotiva tan característica de tu persona que tanto me gusta (más que tu renombrada (y merecida) fama de contador de historias de entretenimiento). Un saludote.
|
|
RE: Excelente |
|
|
09-07-2007 12:39 |
|
Gracias, siempre da un gusto especial que lean un viejo relato.
Todavía no he empezado a releerlos, pero siento curiosidad por ese momento en que el narrador de hoy se encuentre con el de ayer...
|
|
RE: Excelente |
|
|
09-07-2007 20:51 |
|
Ah, y en cuanto a lo del sexto sentido, soy un poco más viejo que eso. Mi mujer se enfado mucho conmigo cuando al poco de empezar adivine el final. Pero es que después de leer Pedro Páramo, el mundo de los muertos ya no tiene secretos...
|
|
RE: Excelente |
|
|
09-07-2007 21:52 |
Nachob dijo: Ah, y en cuanto a lo del sexto sentido, soy un poco más viejo que eso. Mi mujer se enfado mucho conmigo cuando al poco de empezar adivine el final. Pero es que después de leer Pedro Páramo, el mundo de los muertos ya no tiene secretos...
Por cierto pásate en breve por Nido 3, No hay prisa y Se le oía cantar que los tengo en el punto de mira.
|
|
Hola |
|
|
14-01-2007 16:53 |
|
No mentiría si dijera que es el relato más bueno y que mas me ha llegado que haya leído en este último año... o incluso desde hace algo más.
He visto en ti una gran sensibilidad para narrar historias, que a diferencia del relato anterior, que también era muy bueno, este si que me ha parecido una verdadera joya. Porque creo que sabes sacar esa soledad anexa al hombre de una manera muy suave y realista y a la vez fantástica. Es una mezcla que lleva a uno a una sensación muy sensible, etérea.
También se puede leer en el fondo un mensaje: todo es cierto pero nada lo es realmente. No sabemos nada. Estamos aquí para aprender. Y las apariencias a veces engañan.
Tu relato sume al que lo lee en una especie de sueño, de letargo que gusta y enriquece, y con un final que nos hace verlo aún de mejor modo, si cabe. Por ello me he animado a enviarte este mensaje tan fervoroso.
Espero leer más de ti.
Una sonrisa.
|
|
... |
|
|
01-12-2006 19:30 |
|
En confianza, me he sentido un poco identificado con el amigo del protagonista. Es muy triste.
|
|
RE: ... |
|
|
01-12-2006 21:44 |
|
Y quien no. Este tipo de relatos no solo salen de la cabeza, sino también del corazón. Todos soñamos, y esperamos que la fantasia nos salve.
Que te haya llegado ha sido muy importante para mi. Creo que eres una persona que vives con pasión esta afición, como yo, por eso lo valoro especialmente. Y no fastidies, tus relatos son estupendos, solo que yo estoy en una etapa algo más introspectiva. Gracias, un abrazo.
|
|
emotivo |
|
|
01-12-2006 19:28 |
|
Casi hasta me he sentido mal: yo contando cómo unos buitres le sacan los ojos a un tipo y leo este relato tuyo tan sensible. Ha logrado emocionarme ese personaje tan menospreciado y apartado por la sociedad. Destacaría la descripción y lo logrado del personaje. También ese final.
En serio, me ha llegado.
|
|
Excelente |
|
|
29-11-2006 13:06 |
|
Magnífico retrato de un ser desgraciado y solitario, rechazado por la sociedad por ser distinto y "raro". Muy bien llevado en lineas generales, quizá demasiado explicativo en algunos pasajes, pero sólido en su conjunto, conmovedor y triste.
Acertadísima la descripción de la amistad entre ambos personajes, cómo va evolucionando su relación a través del tiempo, y cómo, por mucho que lo intente, no puede sacar a su amigo de ese mundo fantástico y particular que le sirve como escape de la gris e incomprensible realidad, y cómo se va tornando más oscuro y siniestro conforme crece.
A nivel de redacción, muy bueno, con algunos pequeños deslices, pero nada de gran importancia. Conseguida la tensión "in crescendo", la atmósfera inquietante en la que nos vas sumergiendo hasta ese desenlace sorprendente y maravilloso, un reencuentro feliz que resulta no ser tal.
Excelente. Sin la originalidad e ingenio de tus otros relatos, pero igualmente entretenido, profundo y reflexivo.
Un saludo.
|
|
RE: Excelente |
|
|
29-11-2006 13:32 |
|
Muchas gracias. Estoy intentando hacer otro tipo de relatos, un poco más profundos, donde la emoción sustituya un poco a la imaginación.
|
|
RE: Excelente |
|
|
29-11-2006 14:10 |
|
Muchas gracias. Estoy intentando hacer otro tipo de relatos, un poco más profundos, donde la emoción sustituya un poco a la imaginación.
Esto supone una elaboración mucho más compleja, y hace los relatos más dificiles y laboriosos. Pero creo que es necesario aumentar el nivel de los retos personales. No es lo mismo contar un cuento donde narras una historia, que tratar de transmitir sentimientos.
Por eso ahora juego entre un macrorelato de fantasia, y escritos más intimos. Espero que te sigan gustando.
|
|
Sorpresivo. |
|
|
23-11-2006 18:48 |
|
De ningún modo, y aún habiéndolo tenido ante las narices, imaginé ese desenlaze. Fantástico, aunque a ratos se me ha hecho algo pesado: mucha descripción no especialmente relevante aunque sí necesaria.
El tema de la redacción muy acertado, debo decir que en este caso me ha gustado más que "No hay prisa" -donde, por otro lado, también era muy buena-.
Un cuatro estrellas bien merecidas que no llegan a la quinta por bien poco.
|
|
RE: Sorpresivo. |
|
|
23-11-2006 21:45 |
|
Ah, y una cosita más. El final trata de sorprender, pero sobre todo habla de dar esperanza, de lo bonito que sería que el protagonista ganase por una vez en su vida, que todo fuera cierto.
|
|
RE: Sorpresivo. |
|
|
23-11-2006 21:29 |
|
Me gustaria que leyeras el comentario que hice más abajo. Este relato podría haber tenido otro final más realista, pero deje que la fantasia lo hiciera más asumible.
Pero no me gustaría que quedase como un simple relato sorpresivo. Es una historia sobre un ser doliente, más real de lo que podeis suponer. No es totalmente inventada, sino que tiene pedazos de tres personas que conocí, y me gustaría haberos podido transmitir también un poco de la pena que sobre todo uno de ellos aún hoy dia me produce.
|
|
RE: Sorpresivo. |
|
|
24-11-2006 12:49 |
Nachob dijo: Me gustaria que leyeras el comentario que hice más abajo. Este relato podría haber tenido otro final más realista, pero deje que la fantasia lo hiciera más asumible.
Pero no me gustaría que quedase como un simple relato sorpresivo. Es una historia sobre un ser doliente, más real de lo que podeis suponer. No es totalmente inventada, sino que tiene pedazos de tres personas que conocí, y me gustaría haberos podido transmitir también un poco de la pena que sobre todo uno de ellos aún hoy dia me produce.
Sí, pensé comentar algo al respecto, en relación con el personaje, pero quedé abrumado por el final.
Es una caracterización poco habitual pero de algún modo no tan lejana, todos tenemos algo de iluso dentro y todos nos podemos identificar en algunos aspectos con el hombre (o yo lo hice). Pero, aún mereciéndolo, no he llegado a sentir pena.
|
|
Reminescencia |
|
|
16-11-2006 18:55 |
Muy bueno, colega. A pesar de no ser un final muy original, he de decir que me has puesto los pelos de punta. Lo mejor de todo es echar la vista atrás y comprobar el porqué el camarero y el resto de gente miraba con desprecio y desconfianza. Un asiduo más a tus lecturas. 4*.
|
|
Muy bueno |
|
|
08-11-2006 19:00 |
|
Es sencillamente uno de los mejores relatos de este tipo que he leído. Felicidades
|
|
Magnífico |
|
|
19-10-2006 10:36 |
|
La creación de la atmósfera es magistral, cómo nos va resultando cercana la historia del protagonista involuntario, cómo se va tejiendo toda la historia para llevarnos al último párrafo -leyéndolo se me fueron poniendo los pelos de punta- y al final. Muy buen trabajo. Y muchas gracias por la dedicatoria
|
|
Excelente! |
|
|
21-10-2006 18:24 |
|
Yo soy muy malo para preveer este tipo de finales, lo reconozco. Pero aún así, este te pilla completamente desprevenido (al menos, a mí me pilló más desprevenido de lo que es normal en mí).
Felicidades por tu regreso...
|
|
|
|
|
|