No hay prisa |
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16-11-2006 11:10
Por: Nachob
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El azar es una de las fuerzas más poderosas del Universo
Era un día gris y lluvioso, en el que había estallado una de esas primeras tormentas de otoño que te pillan desprevenido con ropa de verano y que parecen calarte hasta el alma, como un aviso de que el final de los días de luz está llegando. Mojado y agotado, abrió la puerta del cuarto, y echó un breve vistazo a su interior. Sólo otra anónima habitación de un motel perdido en las afueras de una gran ciudad. Dejó caer su exiguo equipaje y recorrió pesadamente los escasos metros de la sala, inspeccionando el baño y los armarios vacíos. Nada destacable. Ni muy limpio ni muy sucio. Ni muy nuevo ni muy viejo. Ni muy confortable, ni especialmente incómodo. Un lugar más.
Deshizo su bolsa de viaje, se puso el raído pijama y se sentó en la butaca del pequeño mueble que hacía las veces de escritorio, adornado únicamente por un desconchado cenicero de cristal. Sacó su cartera, la abrió y sacó de ella unas manoseadas fotos en la que unos felices rostros le miraban desde la lejanía. “Os echo de menos”, pensó mientras se llevaba las manos al rostro y reprimía un ligero hipido que amenazaba en convertirse en lágrima. Extrajo de su chaqueta una petaca, que examinó taciturno. La colocó en mitad de la mesa y apoyando la barbilla sobre sus brazos cruzados se quedó contemplándola, ensimismado en sus pensamientos, pero sin apartar los ojos de ella.
El repentino bocinazo de un camión en la cercana carretera le sobresaltó, haciéndole dar un bote y empujar la mesa. La petaca cayó hacia atrás y se deslizó por detrás del panel posterior, que quedaba algo separado de la pared. Gruñó una maldición y se levantó, contrariado. Tiró del mueble hacia sí y lo separó aún más del tabique, lo suficiente como para poder introducir la mano, y así tratar de recuperarla. Al hacerlo sus dedos tocaron algo inesperado. Su primera reacción fue retirarla, pero percatándose de que el tacto percibido no era preocupante, volvió a introducir el brazo y extrajo el insospechado objeto. Era una enorme agenda, llena a rebosar de papeles, atada con un cordel de cuero. Extrañado la depositó sobre la mesa, y metió de nuevo la mano en el hueco, consiguiendo ahora sí recuperar su petaca.
Un destello de curiosidad iluminó sus cansados y enrojecidos ojos, y sin titubear empezó a inspeccionar el inesperado hallazgo. Era una agenda de piel, de buena calidad, entre cuyas hojas se hallaban intercalados multitud de recortes. La abrió tras desatar el cordel que la mantenía cerrada, y comprobó que en sus primeras páginas no había ninguna seña o dirección que le permitiera conocer la identidad de su propietario. Razonó que probablemente se trataría del anterior inquilino de su habitación, que la perdería sin darse cuenta antes de marcharse sin que el deficiente servicio de limpieza del local se hubiera percatado de ello. Por otro lado conjeturó que dada la prolijidad con que estaban escritas las distintas hojas, y los innumerables añadidos que tenían, debía ser un instrumento valioso para su dueño y que éste probablemente estaría lamentando su extravío.
Se acomodó en el asiento e inició un reconocimiento más detallado de su descubrimiento. La mayoría de los escritos que encontró eran artículos de periódico y notas ininteligibles. Comprobó que se trataba de un diario, con una hoja por día, en la que concienzudamente habían apuntado horas, siglas, lugares, nombres de ciudad y otros signos indescifrables para él. Las anotaciones de los días ya pasados habían sido punteados, como si constituyeran una lista de cosas por hacer y su autor hubiese señalado las ya terminadas. A todas luces era asombrosa la planificación que el sujeto, quien quiera que fuese, llevaba, pues tenía todas las hojas hasta completar el año completamente llenas de similares instrucciones a las ya completadas. A pesar del abigarramiento y singularidad de muchas de las expresiones y símbolos, el conjunto daba la sensación de un profundo orden. Debía tratarse de una persona muy ocupada, pero profundamente metódica y puntillosa, y por el número de tareas señaladas como cumplidas, extraordinariamente eficaz. Trató de interpretar lo que quería decir con aquellos símbolos y expresiones, pero al poco renunció, incapaz de discernir que era lo que tan rigurosamente apuntaba.
Se centró en los recortes de periódico. Tampoco sacó nada en claro, pues la mayoría trataban de asuntos cotidianos de distintas ciudades. Había anuncios, noticias de sucesos, declaraciones de líderes locales, ecos de sociedad... A medida que sus esfuerzos por darle un sentido se mostraban infructuosos, perdía paulatinamente el interés por su hallazgo. Volvió a mirar la petaca, que sobre la superficie de la mesa, bajo la escasa luz de la lamparilla que apenas iluminaba el breve espacio en el que se encontraba, parecía esperarle, queriendo recuperar el protagonismo perdido. Se relajó en el agarre de la agenda, lo que provocó que unas fotos cayeran a sus pies. Las recogió del suelo y comprobó que se trataba de retratos de distintas personas. Recordó sus propias fotos, que, desatendidas, yacían al alcance de su mano y desde las cuales sus allegados seguían sonriéndole, imperturbables.
Tampoco pudo extraer ninguna conclusión de éstas, pues no parecía haber relación entre las personas que mostraban. Las repasó una y otra vez, sin acabar de encontrar siquiera un rasgo de familiaridad entre ellas. Había de ancianos, jóvenes, hombres, mujeres, negros, blancos, de apariencia pobre o sofisticada. Incluso una chiquilla de inmensos ojos azules que le recordó a su pequeña. Pero no fue esa foto la que más le turbó. Sujetó frente a sí otra, ante la que no pudo evitar un escalofrío. Pero no pudo adivinar el porqué, pues en principio ni siquiera era nítida. Estaba como desenfocada, y mostraba una amalgama de colores al que no supo dar interpretación. Pero algo en ella le inquietaba intensamente. Tal vez estuviese también algo influido por la tremenda negrura de esa noche, que parecía extenderse por todos los sitios haciendo peligrar incluso la delicada e impotente luz que le alumbraba, o por el sonido de la lluvia y los truenos de la tormenta que cada vez tenían más fuerza y que hacían aún más siniestro aquel lugar. El breve e intenso resplandor de los frecuentes rayos sólo contribuía a darle un aspecto aún más fantasmagórico a la estancia.
El cansancio apareció de pronto como un mazazo, y decidió dar por terminado el día y acostarse un rato. “No hay prisa”, se dijo. Fatigosamente se levantó y se dejó caer sobre la cama, notando como si de repente el agotamiento hiciera mella en él con la contundencia de un muro de ladrillos. Llevaba todo el día conduciendo, y el descubrimiento de la agenda en la habitación, aunque por un momento le había sacado de sus preocupaciones, finalmente no había sido capaz de hacerle superar la profunda extenuación que padecía.
Sin embargo, su sueño no fue nada plácido. Tuvo agitadas visiones en las que el tema recurrente era la agenda encontrada y su significado. Incluso la extraña fotografía aparecía una y otra vez, extendiendo su halo inquietante y haciéndole sudar acongojado. Trataba de encontrar sentido a lo que en ella se mostraba, pero a la vez tenía miedo de enfrentarse con ello, como si escondiera un terrible secreto. Convertida ya en pesadilla, la imagen giraba y se agitaba en un desesperado intento por descubrir su auténtica realidad. Por fin, golpeándole como si fuera un bate de béisbol, todos sus colores se organizaron alrededor de lo que de repente se reveló como un escalofriante ojo abierto, cuya mirada perdida parecía traspasarle como un cuchillo. Gritó en sus sueños y se despertó empapado.
La habitación seguía sumida en la penumbra. Angustiado trató de incorporarse y encender una luz salvadora que apartase de su mente la espantosa visión de aquel ojo sangriento, pero no pudo levantarse. Estaba totalmente paralizado, y a pesar de sus esfuerzos, era incapaz de mover un solo músculo. Sorprendido y notando cómo el temor empezaba a apoderarse de él indagó a su alrededor tratando de encontrar una explicación a su repentina parálisis. Fue entonces cuando le vio.
Lo primero que percibió de él fueron las volutas de humo saliendo de la oscuridad y creando extrañas formas en la luz mortecina que entraba por la ventana y que apenas servía para arrancar algunas siluetas deformes a las tinieblas. Luego, un rayo de la tormenta que todavía continuaba descargando en el exterior iluminó por un momento su figura en el sillón, sentado, fumando apaciblemente, observándole desde hace no sabía cuanto tiempo. Fue un segundo fugaz, pero su rostro anguloso y sus ojos profundos y oscuros se quedaron grabados a fuego en su interior. Presa del pánico trató de nuevo de levantarse, inútilmente. Estaba pegado a aquella cama, a merced de aquel hombre desconocido. De las sombras que ocupaba surgió entonces su voz, profunda y tranquila, que se dirigió a él como si estuviese contándole a un amigo en un bar la última anécdota vivida. Le escuchó impotente, aterrado por aquella aparición:
-Esto no estaba previsto. No tenía por qué suceder. No quiero decir que me importe tener que improvisar, pero es que me resulta curioso. En general sabemos que la vida es una lotería, y que en el momento más insospechado te puede pasar cualquier cosa (lo sé, me dedicó a ello), pero no deja de sorprenderme cómo a veces las coincidencias encadenadas nos arrastran a una situación inesperada. No te esfuerces en tratar de moverte, lo que te he inyectado te mantendrá inmovilizado durante bastante tiempo. Normalmente no doy tantas explicaciones, pero al tratarse de algo tan insólito, creo que merece la pena perder algo de tiempo en reflexionar sobre el asunto.
El visitante hablaba despacio, interrumpiéndose sólo cuando daba una calada al cigarrillo. En ese momento la brasa del mismo iluminaba de rojo su rostro, y no podía evitar estremecerse al contemplar la dureza de sus rasgos, esculpidos como cicatrices.
-Casualidades, causalidades...
Al no verle hablar, no conseguía relacionar aquella áspera voz con la cara que ocasionalmente intuía, como si fueran dos realidades distintas, inconexas, pero ambas espeluznantes. El visitante continuó con su monologo:
-En primer lugar casualidades. Un hombre llega a una ciudad, por negocios o diversión, busca un motel de los muchos que la rodean y pide una habitación cualquiera. Podría haber ido a otro lugar, haber retrasado el viaje, decidir darse un capricho y acudir a un sitio mejor, o simplemente la mano del conserje podía haber resbalado de una casilla a otra para darle la habitación contigua. Podría incluso haber llegado otro individuo segundos antes y haberse quedado con ese fatídico cuarto.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Fecha: |
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Genial |
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19-04-2007 13:28 |
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Realmente satisfactorio, eso es lo que diría si me pidieran describir tu relato en dos palabras.
Esa tensión creada casi sin querer, la forma en la que la habitación pasa de ser un sitio más a convertirse en un lugar tétrico casis in querer, la relación de hechos aparentemente inconexos que terminan encajando como piezas de un puzzle. Muy bien.
En cuanto a pequeños fallos, diría que usas demasiados adverbios, como ya apuntó Baron de la Birra, y que, si bien el personaje protagonista está muy bien hilado, el asesino queda un poco irreal. Yo le daría cuatro estrellas y media, por esos pequeños detallitos.
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RE: Genial |
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19-04-2007 14:47 |
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Muchas gracias Coon, será dos cosas que tendré muy en cuenta cuando lo repase.
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Chapó |
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18-04-2007 17:52 |
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Genial, nachete, genial. Este es uno de esos relatos que merece ser leído una vez más, y otra, con un final excepcional (¡excepcional, de veras!), una tensión que va aumentando, un misterio que en un principio uno no cree que va a desembocar en semejante lío; y, lo más importante, todo encaja, uno no tiene la sensación de que el diario ha sido la excusa para que apareciese el asesino. Es más, se le hela a uno la sangre al comprobar para qué usaba el asesino dicho diario.
Además, contiene un mensaje, una idea, que si bien no es excesivamente original cumple. Y es que todo es casualidad, y si uno piensa con detenimiento, mucho de lo que te puede ocurrir en la vida no es más que una serie de casualidades...
Bien, todo correcto. Y ahora te señalo detalles que creo que deberías mejorar. Para resumir, he encontrado un exceso de adverbios en general, y en determinadas partes demasiados adjetivos (además de un par de fallos muy concretos). Esto puede ralentizar un pelín la lectura, pero se suple con creces dada la historia, con esa tensión, y ese final, y esos personajes... Allá va:
Aunque es cuestión personal, a mí lo de "día gris y lluvioso" me parece
muy trillado. Y que conste que a veces no puedo evitarlo y también
lo gasto para ambientar el relato.
"Dejó caer su exiguo equipaje y recorrió pesadamente los escasos
metros de la sala" Mmm, no acaba de gustarme lo de recorrer pesadamente.
Yo habría quitado el adverbio (odio los adverbios, yo intento suprimir
en lo posible su uso), aunque entiendo que quieres destacar que está cansado.
Precisamente (mira, uno de los adverbios que sí uso) por decir que está cansado
puedes prescindir del adverbio. Además hablas de "exiguo equipaje". Intuyo que
quisiste hablar del equipaje como algo liviano, humilde, cuando exiguo va más
allá, y en este caso con exiguo parece indicar que el equipaje es
hasta insuficiente para pasar la noche en el motel.
En el segundo párrafo veo demasiados adjetivos.
Tercer párrafo. "haciéndole dar un bote". Si denota sorpresa, es más adecuado
usar salto o brinco. "La petaca cayó hacia atrás". Di que la petaca se volcó, o cayó.
Y si el bocinazo del camión le sobresalta, se intuye que la carretera está cercana.
"Extrañado la depositó sobre la mesa, y metió de nuevo la mano en el hueco, consiguiendo ahora sí recuperar su petaca." Tal vez mejore si eliminas la primera coma y
pones el ahora sí entre comas.
Cuarto párrafo. Dices de nuevo que es una agenda, pero añades que es de piel y
de buena calidad. Podrías haberlo indicado la primera vez (ya que se
puede ver a simple vista que es de piel) y aprovechar la segunda vez para describir
el contenido de la agenda.
Quinto párrafo. Demasiados adverbios. Comprobarás que, al terminar todos en mente,
puede resultar algo repetitivo si incluyes más de uno o dos en un mismo párrafo.
Octavo párrafo. "El cansancio apareció de pronto como un mazazo". Si comparamos
con el primer párrafo, en el que se indica que está "mojado y agotado", encontramos
un dato redundante. Mejor indicar que el cansancio aumentó, obligándole a
descansar.
Noveno párrafo. "Por fin, golpeándole como si fuera un bate de béisbol,", creo que
no es necesario indicar esto, además en el párrafo anterior el personaje ya recibió
"un mazazo". Una vez suficiente.
Decimoprimer párrafo. "desde hace no sabía cuanto tiempo", falta un acento, cuánto.
"Presa del pánico trató de nuevo de levantarse, inútilmente". Aquí encuentro
un ejemplo claro para explicarte cómo evitar los adverbios que no son necesarios.
Sustituye "inútilmente" por "sin lograrlo" y disminuirás su uso, evitando
redundancia debido a la profusión de "mente"
He perdido la cuenta de párrafos. "y así saber porque vas a morir". Por qué.
"Notó como toda su espalda..." Cómo.
"y los realmente tocados por la mano de dios, en cuanto se les revela su potencialidad, sienten como un deber el llegar a las más altas cotas de perfección en su disciplina"
Quizás una frase demasiado larga, yo la veo mejor con las comas que he añadido. para
evitar un exceso de comas, pondría un punto o punto y coma, y a continuación empezaría
otra frase, "Yo enseguida..."
Tengo una duda: ¿es "me di cuenta que" o "me di cuenta de que"?
"no dejo oportunidad de cogerme", mejor "de que me cojan" o "atrapen". Siendo
estricto, pero estricto de verdad, escogería "de que me atrapen", para evitar
el que y el co, similares fonéticamente.
"ensañar nuevos métodos" ¿o ensayar?
"Ves este número, al final de cada apunte" Quedaría mejor con interrogantes
Ahí es nada. Venga, un saludete!
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RE: Chapó |
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18-04-2007 18:39 |
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Baron, es un placer y un honor que te haya gustado el relato. Pero no te engañes, has empezado por lo mejor que tengo.
Muchisimas gracias por tan estudiado examen, va a serme de muchisima utilidad tanto para aprender como para rehacer el relato mejor. Nunca suelto un cuento, siempre estoy retocandolo, tratando de hacerlo más redondo.
No dudes de que seguiré tus consejos.
No leas en todo caso nido 3 ni el espejo, porque su redacción va a cambiar en breve. Son mis relatos más fallidos, y los voy a retocar en base a los comentarios de los compañeros.
Hasta pronto.
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RE: Chapó |
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18-04-2007 19:48 |
Nachob dijo: Baron, es un placer y un honor que te haya gustado el relato. Pero no te engañes, has empezado por lo mejor que tengo.
Muchisimas gracias por tan estudiado examen, va a serme de muchisima utilidad tanto para aprender como para rehacer el relato mejor. Nunca suelto un cuento, siempre estoy retocandolo, tratando de hacerlo más redondo.
No dudes de que seguiré tus consejos.
No leas en todo caso nido 3 ni el espejo, porque su redacción va a cambiar en breve. Son mis relatos más fallidos, y los voy a retocar en base a los comentarios de los compañeros.
Hasta pronto.
Bien, me alegro de que te sirvan mis consejos. Y más cuando los buscas. En todo caso no son unas reglas estrictas, a veces dependen del relato en concreto, y algunas son una opinión bastante subjetiva cuya consideración va a depender, en última instancia, del autor del relato.
Tío, me sorprende que me aconsejes NO leer esos relatos. Te veo muy perfeccionista, siempre interesado en mejorar; lo cual es positivo.
Cuando dices que su redacción va a cambiar en breve, ¿te refieres a que los vas a reenviar a la página?
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RE: Chapó |
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18-04-2007 20:05 |
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No para que se publiquen de nuevo, sino para que se modifiquen los que estan. Es algo muy pesado para los administradores, así que dependo un poco de ellos, y de que puedan hacerlo. Pero esa es la idea.
Luego lo comentaré en el foro por si alguién quiere leerlos o releerlos, y esperaré opiniones nuevas que me confirmen que voy por buen camino.
Y sí, lamentablemente, soy un poco pesado y pejigotero, pero, que quieres, son mis niños.
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Mecachis |
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18-04-2007 17:55 |
Ahora comprendo por qué el equipaje es exiguo. Este señor no ha ido al motel a pasar unas agradables vacaciones navideñas...
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Gracias |
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15-01-2007 02:45 |
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Gracias es lo que se puede decir cuando algo de verdad se agradece, y yo agradezco eternamente que estés en esta página y el haberte podido, a través de ella, conocerte. Cada relato nuevo que leo tuyo me sorprendes más.
Realmente tendría tantas cosas para decir que me quedo en una sensación extraña de quietud y sosiego cuando acabo de leerte, porque es mucho y muy bueno, y porque realmente yo saco muchas reflexiones de las cosas que te leo y me llega como una lanza muy afilada tu prosa, tus historias, tus moralejas.
No puedo decir mucho más de lo que ya te han dicho. Creo que el relato en sí es redondo, no se le puede pedir más, o al menos yo no lo haría. Me encandiló desde el principio y me pasó una de las cosas a las que creo que todo escritor debe aspirar: que el lector no quiera terminar la lectura.
Y además, veo un estilo muy definido en ti. Como me dijiste, siempre algo de fantasía en tus relatos, una moraleja, un por qué, una explicación. Y a mí el tema del azar me fascina, y tú relato me ha llegado al alma, tío. No puedo decir más.
Una sonrisa desde el infinito azar.
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RE: Gracias |
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17-01-2007 20:45 |
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Tal como parece que intuimos todos en el tema del reconocimiento del escritor que has abierto en el foro, yo, escritor, existo, porque tú, lector, me das vida.
Gracias.
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Un instante es lo máximo que se puede... |
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03-01-2007 14:30 |
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... esperar de la perfección.
Bueno, ya está todo dicho. Un relato buenísimo, muy bien escrito, con gran sentido del ritmo, un argumento sencillo pero excelente y tremendamente efectivo.
Me ha encantado el monólogo del asesino, esa necesidad de compartir con alguien lo que es y lo que ha hecho, de autoglorificarse. Y estoy completamente de acuerdo con tu reflexión sobre el azar (un relato de suspense con tema filosófico, qué curioso). El giro final ha sido muy efectivo, aunque quizá un poco previsible (el hecho en sí, no el modo), por aquello de que por muy meticuloso y perfeccionista que seas quince años son muchos y nunca se sabe cuándo el azar puede truncar tus planes.
Por cierto, te señalo un error que has cometida en más de una ocasión: no es correcto usar "porqué" una interrogativa indirecta, sino "por qué", al igual que en las interrogativas directas.
En fin, excelente relato. Un saludo.
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RE: Un instante es lo máximo que se puede... |
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03-01-2007 14:51 |
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Gracias Dersu, por tu comentario, me alegra que te haya gustado, y me temo que los que me vais conociendo ya estais más preparados a esperar algún tipo de giro en mis finales.
Aviso en todo caso que ya no trato de buscar espectacularidad, sino muchas veces solo un remate que dé esperanza (o desespenranza) en ellos. A veces la historia tiene que ser bella en si misma, por lo que cuenta, no por como termina.
En todo caso un relato es una comida con varios platos, y todos deben tener su punto.
Y, sí, lo confieso, aunque le doy muchas vueltas suelo cometer esas faltas (no estuve muy atento en clase). Y otras peores. Gracias por decirmelas, a ver si consigo corregirlas.
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RE: Un instante es lo máximo que se puede... |
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04-01-2007 17:47 |
Nachob dijo: Gracias Dersu, por tu comentario, me alegra que te haya gustado, y me temo que los que me vais conociendo ya estais más preparados a esperar algún tipo de giro en mis finales.
Aviso en todo caso que ya no trato de buscar espectacularidad, sino muchas veces solo un remate que dé esperanza (o desespenranza) en ellos. A veces la historia tiene que ser bella en si misma, por lo que cuenta, no por como termina.
En todo caso un relato es una comida con varios platos, y todos deben tener su punto.
Y, sí, lo confieso, aunque le doy muchas vueltas suelo cometer esas faltas (no estuve muy atento en clase). Y otras peores. Gracias por decirmelas, a ver si consigo corregirlas.
Me explico: sospechaba que el asesino moriría por un golpe de suerte, pero no tenía ni idea del modo exacto. Y esto es porque es un final completamente coherente con el desarrollo y con la reflexión en sí. Y por eso me gusta tu final, porque no busca sorprender a cualquier precio. No es absurdo. Es coherente y en absoluto inútil o innecesario.
Yo, como lector, no exijo un giro final sorpresivo, y como escritor tampoco suelo incluirlo; excepto cuando parto del final, mis desenlaces suele imponérmelos la propia historia, normalmente intento dejar que el relato fluya, no forzar las situaciones ni manipular al lector. Es una cuestión que depende en gran parte del lector y de sus gustos.
De todas maneras, creo que éste es un recurso que se usa muchas veces erróneamente, de manera artificiosa, vacuamente espectacular, innecesaria... realmente se me antoja difícil comprender qué necesidad hay de sorprender a cualquier precio. Es decir, ¿qué se consigue con construir un relato basándose en este giro final?. ¿Tiene sentido ser tramposo e incoherente sólo por sorprender?. ¿Para qué sirve un final que no aporta nada al relato más allá del efímero efecto sorpresa?. ¿Es éste giro sorpresa lo esencial del relato?.
Bueno, espero no haberme desviado mucho del tema del relato, pero es que tus respuestas incitan inevitablemente al debate, o al menos a la reflexión.
Un saludo.
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RE: Un instante es lo máximo que se puede... |
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04-01-2007 18:03 |
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Tü lo has dicho, coherencia.
En todo caso cada relato es un mundo, y como tales deben ser tratados.
Mi preocupación es precisamente esa, que se crea que solo busco la espectacularidad. Creo que solo trato de que el final sea un colofón o guinda del relato, algo que potencie y mejore su sabor, o que nos libre de su amargura, nunca el exclusivo motor de la historia.
Si un relato es capaz de causarnos una emoción es un triunfo. Y si es capaz de provocarnos dos distintas y encadenadas, mejor que mejor.
Un abrazo, Dersu, es un placer reflexionar contigo.
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21-12-2006 09:47 |
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Venga, no te preocupes más, que es un buen relato de suspense.
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entiendo tu preocupación... |
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21-12-2006 09:46 |
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Entiendo que te preocupe resultar pesado a la hora de escribir textos más largos. A mí me pasa exactamente lo mismo y más de una vez he caído en el error de sacrificar la calidad para conseguir la brevedad, así que no te lo aconsejo.
Quien no haya tenido la paciencia de terminar el relato, pues se habrá quedado sin un efectivo final que deja todo bien atado, lo que es importante para este tipo de relatos.
Una pequeña crítica es que lo de los más de 11.000 asesinatos me parece demasiado fantasioso... Sé de algunos asesinos que han llegado a los 200 asesinatos pero a miles...
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RE: entiendo tu preocupación... |
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26-12-2006 10:13 |
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Muchas gracias por tu comentario. A veces es difícil saber estar en el punto medio, y no pecar ni por exceso ni por defecto. Pero claro, si fuera fácil....
Decirte que tienes razón en cuanto al número de asesinatos. Lo que pasa es que se basa en otra idea para un relato sobre ese personaje. Resumidamente iría sobre un periodista que de un modo casual aprecia ciertas similitudes entre diversos sucesos, aparentemente sin conexión, y empieza a relacionarlos, busca otros, hace consultas, recoge estadísticas, etc. Al final sobre un mapa del país empieza a colocar chinchetas con todos estos casos, y descubre que una especie de rastro sangriento que lo recorre. Luego hecha hacia atrás, y encuentra antecedentes desde hace 15 años. Y cuando une no solo los casos de homicidio, sino incluso en lo que en un primer momento se tomaron como muertes accidentales o naturales, descubre que también siguen esa pauta. Así intuye la existencia de un ‘personaje’ –aunque al principio cree que podría ser otra cosa, como un virus inductor asesino, una influencia maléfica que viaja con el viento,...- que lleva 15 años dedicándose a matar todo el tiempo, ensayando nuevos métodos, estilos, etc. Capaz de detenerse en una carretera y acribillar a tiros a una familia, para esa misma noche matar a una prostituta en una ciudad a 300 kilómetros. Incluso, a planear durante un tiempo como provocar un accidente de tren con decenas de victimas, etc...
Por eso exagere el número, pues la idea era también enfatizar que después de tanto tiempo y experiencia, su capacidad homicida era aberrante. Pero como has apreciado, resulta casi de ciencia ficción, y puede afectar a la verosimilitud y coherencia del relato.
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No hay prisa |
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06-12-2006 22:47 |
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Lo primero que puedo decir es:IMPACTANTANTE!!!
Un muy buen relato con un inicio sencillo, pero, con un desarrollo y un final muy bien cuidados especifica mente el epilogo que te permite apreciar que no es necesario empezar con un principio enredado para que haya un final bueno y lo ultimo es: PERFECTO.:-D
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Muy bueno! |
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20-11-2006 21:59 |
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Te atrapa desde el principio, y no te suelta hasta el final. Te diría que cuides esos finales sorpresa, no sea que se vuelvan costumbre... Pero qué importa, si tan bien te quedan, cierto?
Mereces 5, casi seguro, pero te llevo hasta 4 por la forma de hablar del asesino. A pesar de ser tan metódico, habla como leyendo un libreto, y termina sonando a irreal...
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RE: Muy bueno! |
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22-11-2006 13:15 |
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Intente que fuera pedante, pero culto, y prepotente. Al final decidi dejarle incluso una muletilla (dice tres veces bueno, lo que me parecía una especie de paradoja tratandose de quien se trataba), y un par de toques de humor sarcástico (que le gustará llegar a un numero capicua y el final,sobre el lugar de culto).
No todo puede ser.
Gracias por el comentario. A tu disposición.
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Bravo |
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16-11-2006 11:12 |
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Es todo lo que puedo decir: bravo.
El relato me estaba pareciendo más bien clásico y ya estaba esperándome un final tópico y un tanto dudoso cuando he llegado al epílogo. Al ver que todo encaja me he quedado sin palabras.
Sencillo, efectivo, bien hilado y, sobre todo, perfectamente cerrado. Bravo, demonios, bravo
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