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María cosía


Otros Relatos

19-12-2006 14:38
Por: Queen of tales

La señora María es feliz a pesar de su edad y lo que ello conlleva: dolor de espalda, de tobillos y de rodillas, poca habilidad en sus movimientos...

En su pueblo todo el mundo la quiere.

Así se pasaban los minutos, las horas y los días, mientras la señora María era feliz a pesar de sus tobillos y sus rodillas, a pesar de su mala vista y su poca habilidad con las manos que no la permitían coser como ella quería.

María cosía

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En un barrio desconocido de un pueblo olvidado había una pequeña casa muy bien cuidada, la de la señora María. La señora María era mayor como ella sola y se pasaba tejiendo y bordando todas las tardes pequeñas bufandas, gorros y mantas. Sus ojos, de tanto haber visto, estaban muy cansados, por eso llevaba gafas de tapas duras, como a ella le gustaban. Sus manos estaban ya mayores y apenas respondían a las precisas órdenes que mandaba el cerebro, que por la edad ya tampoco podía recordar a pesar de su esmero.

Según tejía iba recordando, movía los hilos de lo que era su vida, tejiendo historias imposibles de lo que podía haber pasado, con colores vivos y cálidos. Y entre los huecos que había en sus finos bordados se entreveían los dulces momentos de su triste vida, huérfana de padres y virgen de hijos e hijas.

En el pueblo poca gente no sabía cómo y dónde vivía la señora María, pues eran bien conocidas sus bufandas y sus buñuelos, aunque yo siempre prefería sus buenas charlas sobre el amor verdadero que tanto gustaban al carnicero.

Le costaba mucho moverse, sus tobillos se resentían a cada paso y sus rodillas temblaban ante los tres escalones que le separaban del resto del pueblo. Por las mañanas iba a comprar. Siempre tenía algo que comprar y así se lo programaba para que cada día estuviese ocupada en algo que hacer y no se sintiera sola y triste como cuando se ponía a coser. Cuando cosía el tiempo se paraba, sólo había una aguja y un hilo que hilvanaba y mientras cosía, o como decía ella, mientras componía su nueva sinfonía, recordaba los mejores momentos de su infancia, que por ser pocos, se los sabía de memoria. Ella todos los días decía: “Señor, si me quitas algo, que sea la vida, pero no me quites los recuerdos de mi preciada vida”.

Otro gusto que tenía y del que gustaba con gran gusto era escuchar música clásica, en especial Beethoven y sus sinfonías. Cuando paseaba por el parque los domingos al mediodía canturreaba con gusto la séptima sinfonía.

Así se pasaban los minutos, las horas y los días, mientras la señora María era feliz a pesar de sus tobillos y sus rodillas, a pesar de su mala vista y su poca habilidad con las manos que no la permitían coser como ella quería.

En el pueblo todos la conocían, desde el párroco hasta el carnicero de la esquina y tan buena fama tenía, que cuando el pastelero la veía pasar por delante de su tienda dejaba de atender la clientela con tal de regalarle una napolitana y preguntarle por su receta secreta, la de los buñuelos. Pero ella se limitaba a responder con una sonrisa y un guiño y seguía andando camino a la carnicería. Su corazón era tan blando y tan tierno que decía el carnicero que carne tan buena como la de ella escaseaba en estos tiempos. Después de decir esto desaparecía tras el mostrador y salía con un pequeño paquete: eran dos filetes de ternera, muy finos, como ella siempre los pedía.

Después visitaba a la dependienta de su frutería favorita, si bien es cierto que no había otra frutería en aquel pueblecito alejado del rencor y mal hacer de la ciudad. Dependiendo de la época pedía plátanos o pera, melocotones o cerezas, o incluso fresas y frambuesas. Después pasaba a la floristería, compraba un tulipán azul turquesa y una amapola del color más rojo e intenso de la tienda. Un día la dependienta le preguntó por qué compraba un tulipán azul turquesa y una amapola roja intensa y ella la contestó que cuando era pequeña un chico le regaló un tulipán azul turquesa porque era lo que más le gustaban a las princesas y en cuanto a la amapola, era porque a su madre la encantaban y además hacían que no se sintiese sola.

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En los días más fríos, que no eran muchos pero sí muy fríos, sus rodillas se resentían a cada paso y le producían un gran dolor que sólo se le pasaba con un chocolate calentito al lado del fuego del comedor.

Esos días tan fríos eran sus preferidos, pues uno del pueblo venía con todo lo que normalmente compraba y se lo colocaba en las estanterías tan limpias y tan bien cuidadas de su casa. Después le pedía uno de sus famosos buñuelos y una historia alegre que le hiciese llorar. A ella le encantaba contar historias, incluso le gustaba más que tejer y oír sinfonías. Cuando terminaba su historia el muchacho se iba y ella se volvía a quedar sola, pero no por mucho tiempo, pues el muchacho nada más salir de su casa daba aviso a otro pueblerino que encantado iba a pedir más buñuelos y otro cuento. Y así, ahora el carnicero, después doña Ana, al final pasaba todo el pueblo por la casa de la anciana. Cuando se había ido su última visita empezaba a preparar la comida, y tan buena era y tan buen olor desprendía que todo aquél que pasase se detenía un momento en su casa para rendir homenaje a semejante comida.

Todo el mundo sabía que por las tardes la señora María cosía y que era inoportuna cualquier visita.

Así se pasaban los minutos, las horas y los días, mientras la señora María era feliz a pesar de sus tobillos y sus rodillas, a pesar de su mala vista y su poca habilidad con las manos que no la permitían coser como ella quería.

Los momentos más tristes y de más melancolía llegaban por la noche, cuando le dolían las rodillas, la espalda y los tobillos y sus ojos le escocían. Estaba muy cansada pero nunca conseguía dormir y sus pensamientos le llevaban a recordar aquello que tan bien ocultaba mientras cosía y escuchaba sinfonías. Se acordaba de sus padres, aunque de mucho no se acordaba pues habían desaparecido cuando ella apenas andaba. Se acordaba de sus momentos más tristes, de los momentos que la caprichosa memoria no quería borrar para traumatizarla. Tenía miedo a la noche, a los recuerdos que en ella evocaba la oscuridad del techo y sus muñecas de porcelana. Un rato se entretenía paseando sus dedos sobre la suave almohada, acariciaba otro rato la esponjosa sábana pero se resistía a tocar la rugosa manta. Se acurrucaba a un lado de la cama para coger la postura que tenía asegurada de tantos días que había buscado una posición que la salvase de su dolor de espalda. Y esperaba y esperaba, después de tantos años sabía lo qué le deparaba la noche y se resignaba. Intentaba pensar en lo que iba a bordar a la siguiente tarde o lo que iba a comprar por la mañana, pero sus temores más ocultos se confirmaban cuando volvían sus terribles pesadillas a su mente débil y anciana.

Así se pasaban los minutos, las horas y los días, mientras la señora María era feliz a pesar de sus tobillos y sus rodillas, a pesar de su mala vista y su poca habilidad con las manos que no la permitían coser como ella quería.

En el día de su cumpleaños el carpintero la regalaba cajitas de madera de diferentes formas y tamaños y de vez en cuando el pequeño Tomasito, hijo de doña Ana, le llevaba bombones y la abrazaba. La dependienta de la floristería le llenaba la casa de lilas y margaritas mientras que el carnicero le regalaba muñecas de porcelana. Todos la regalaban con el cariño de una familia y la pobre señora María, que se emocionaba a la mínima, preparaba sus mejores pasteles y ofrecía a cuantos podía.

Y así se pasaban los minutos, las horas y los días, mientras que la señora María era feliz…

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Agradable y positivo
26-12-2006 09:45
Tu relato es muy agradable de leer, y su sencillez en tal sentido es una ventaja. Además tiene un fondo muy positivo, lo que es de agradecer en este mundo actual tan dado al pesimismo autocomplaciente y a la justificación exculpativa . Los relateros (o cuentistas, según proceda), tendemos a exagerar el morbo o la sordidez de nuestras historias en un afán por hacerlas más reales o atractivas, sin darnos cuenta que muchas veces para combatir el frío basta con una simple taza de caldo, como en este caso.

En cuanto al estilo, que no es mi fuerte, es correcto y se ajusta a la naturaleza de la historia. Solo decirte que la tercera vez que utilizas el párrafo introductorio, el que acaba “...como ella quería”, a pesar de estar muy conseguido y ser un buen recurso literario, resulta repetitivo porque no hay suficiente separación ni formal ni de contenido con la vez anterior. Hubiera sido bueno un poco más de texto entre uno y otro.

En cuanto al argumento, la historia es amable y bonita, aunque tal vez le ha faltado una chispina para acabar de meternos en la historia del todo (una descripción de su casa y sus objetos, entrelazándolos con sus recuerdos; una visita de familiares lejanos, que expresara lo sola y abandonada que esta en ese aspecto, pero como lo compensan sus vecinos y amigos; alguna historia de su vida que nos acercará más a ella, ...). No sé, un poquito más, un sabor más en el cocido que lo redondeara. Aunque también es verdad que dicen que los platos auténticamente buenos son los que te dejan con ganas de un poquito más.

Naturalmente esto solo son opiniones.

Encantado de leerte. :-)

   RE: Agradable y positivo
26-12-2006 21:53
La verdad es que se agradece mucho que comenten tus relatos y más si te dan su opinión personal de cómo les ha parecido. Creo que tienes razón en lo de que resulta un tanto repetitivo el estribillo, quizá tendría que haber contado algo más entre medias para que no lo pareciese, pero me parecía que iba a ser demasiado largo para no contar nada en concreto porque a la historia le falta una trama, algo que haga que se sucedan los acontecimientos y levante expectación.
Muchas gracias por comentarla, tendré muy en cuenta lo que me has dicho para la próxima vez.

   Off topic: relato del mes
19-12-2006 14:40
Aprovecho para comentarte que tu relato participará como candidato a relato del mes en el foro de literatura. Te animo a que pases por el mismo para dejar tus votos y opiniones en esta competición amistosa

   Bonito
19-12-2006 14:41
Tiene su gracia hacer un relato realista poco realista. Lo cierto es que me ha gustado. Es suave, bonito y, aunque no introduce elementos de tensión aparente, te atrapa e interesa. Muy interesante. Gracias por compartirlo

   RE: Bonito
20-12-2006 23:07
Muchas gracias por el comentario y por valorar mi texto. En verdad no es un relato porque no hay un conflicto aparente (por eso no hay tensión). Sólo me limito a describir la vida de la señora María :-)



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