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Relato ganador de la categoría Diletante del III Certamen de Relato Joven, patrocinada por Plaza y Janés
El humo invadió la garganta de Jaime; todo él, convertido en una estatua de alquitrán y tabaco, gozó de la sensación que suponía una nueva inyección de Marlboro en su organismo. Conquistando, llegando a los pulmones y después saliendo con un resoplido libre de preocupaciones. La barra de ceniza se iba consumiendo muy poco a poco, el humo invadiendo, conquistando, haciéndose señor y amo de un fosco feudo, aunque débil y fugaz, de un cuerpo castigado por las cenas, los roscones, la resaca y una ley que se había puesto en marcha tan sólo tres días atrás.
Era un día frío, brumoso. La estación del Norte, a las ocho de la mañana, era un continuo ir y venir, hormiguero de gente, algunos extranjeros; otros formaban parte de aquel universo de mochilas y miradas al panel de salidas y llegadas. Las tiendas de regalos aún estaban montadas, pues las vacaciones de Navidad no acababan de difuminarse; le llegaba el murmullo de los primeros compradores, los más madrugadores, los que se habían contagiado por completo con el Espíritu de la Navidad.
Miró la hora.
Esperaba el tren de ida a Játiva que, según estaba programado, tenía asignada la vía cuatro, pero aún no había llegado. Así que no tenía más remedio que asesinar el tiempo de alguna forma. Sabía que no se podía fumar en la estación, pero, no obstante, ¿quién podía verlo?
¿Quién podía fijarse en un esclavo más de la vida moderna, mordisqueado por los dientes de las agujas de un reloj sangrante?
¿Quién iba a preocuparse por un ser insignificante?
Rodeado de gente era un punto en medio del estallido de pintura de un cuadro vanguardista, delirios de pintor, paranoias de una noche de visitas a la barra y estómagos sin fondo. Dio una nueva calada, dejándose llevar esta vez por un placer prohibido. Como la manzana en el paraíso, como el cuchillo con el que no se debe jugar, la guadaña que cortó el aire en un instante y un momento inapropiados, la escopeta con un cartucho de más; él, su rostro enjuto, los labios, no obstante, belfos y gruesos, la nariz aguileña, el pelo color alabastro cayendo sobre la frente. Él había cogido la manzana y le había dado un mordisco.
No, no le había dado un mordisco. Había cocinado un pastel. Comía con la boca llena
El pecado, el pecado original, centelleando bajo sus zapatos, creando un círculo de fuego que lo señalaba como el peor delincuente de Valencia. Aquí yace el mayor delincuente de Valencia, decía un cartel invisible a su lado. No acercarse. Extremadamente peligroso. Porque su garganta había cometido una suerte de adulterio, pedofilia, necrofilia, gerontofilia y demás filias. Tabacofilia. Por si esto no fuese suficiente, se sentía observado. Llegaron los primeros comentarios:
-¡Quina falta de respecte!(1), gritaban, distorsionando el murmullo de las tiendas de regalos. Miles de ojos ejercían de juez, condenándolo a años de cárcel, al entierro en vida, a un pasarse la vida recluido entre tres paredes subyugado al reino de un televisor que sólo retransmite coloquios sobre poesía antigua. Sentía miles de agujas penetrando en su conciencia, lacerando con herida de lava, profunda. Algunos lo miraban de reojo, o incluso lo tenían como al mayor exponente de paganismo y demás ismos. Tabaquismo. Sobre todo este cúmulo flotaba un sentimiento, muy fuerte, que lo convertía en el centro de atención.
La gente se iba acercando por momentos. Ya eran un buen puñado, allí en mitad de la estación, rodeándolo. Centenares de dedos lo señalaban, uñas roídas, placer de calada. Empezaron los empellones, el pisotear, la violencia fingida; las tarjetas rojas, los penaltis, la cuenta atrás, de tres a cero en medio segundo. Y, al fin, el multitudinario veredicto de los jueces:
-¡Deuria donar-li vergonya!(2)
-¡Que hi ha menors d’edat!(3)
-¡Es usted un impresentable!
Tren con destino Mogente, Vía Cuatro, Sector B. Salido inmediata, anunciaba una voz femenina. Se recuerda a los pasajeros que no está permitido fumar dentro del recinto según la legislación vigente, dijo unos segundos después.
-¿No escolta el megàfon, o què, xe?(4)
-¡Ja no hi ha respecte!(5)
-¡No mires, Júlia, no mires!(6)
-¡Esto con Franco no pasaba!
Entonces, llenando el aire con ascuas de malicia, autoridad y mala leche, apareció un individuo vestido con traje elegante, de vientre grande, cuello grande, cara grande, cabeza grande; ojos grandes. Voz grande. Al hablarle, cara a cara, notó ese peculiar aroma del que se ha cargado las pilas con un buen desayuno y luego no se ha lavado los dientes. Al momento la gente se difuminó entre la gente, las personas entre las personas, acusadores entre acusadores, traidores entre traidores, como las ondas que produce una piedra al patinar sobre un lago.
-Haga el favor de acompañarme –le dijo, sin más palabras, la voz grande, rajándole el cuello con una mirada desvanecida por unas gafas de sol.
-Es un momento. Mire, ya lo apago.
-Demasiado tarde.
-Pero está apagado –se señalaba los zapatos, que estaban barriendo el suelo-. ¿Ve?, ya está, a-pa-ga-do…
-Usted no entiende cuando le dicen que es demasiado tarde, ¿no? Usted no entiende que debe acompañarme. ¿No?
-Tengo que coger un tren.
-Como si llueven chopitos en el desierto. Usted no cogerá ningún tren.
Y como le sujetara del brazo con un gesto intimidante hicieron camino hacia una puerta situada cerca de los pasillos, junto a un estanco. Era una tienda menuda, donde se encontraban hacinadas dos dependientas y un muestrario de cajetillas de tabaco. Las dependientas eran dos mujeres de edad avanzada, ya a un paso de la jubilación, con varias mellas en su dentadura que mostraron con una sonrisa. No hubo saludos, sólo las sonrisas y un guiño de complicidad que bastó para que una de las ancianas le tendiera una llave, que cogió con disimulo. Sin mediar palabra abrió la puerta, pulsó un interruptor y bajaron por unas escaleras al resplandor de una bombilla que pendía solitaria del techo. Varios escalones más abajo dieron con otra puerta custodiada por un traje gris, unas gafas de sol y un guiño de complicidad.
Notas:
1.- ¡Qué falta de respeto!
2.- ¡Debería darle vergüenza!
3.- ¡Que hay menores de edad!
4.- ¿No escucha el megáfono o qué?
5.- ¡Ya no hay respeto!
6.- ¡No mires, Julia, no mires!
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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no me ha gustado |
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23-01-2007 11:19 |
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Me ha resultado bastante pesado, no es un relato demasiado original, a pesar de lo que dicen por aquí. Es una opinion, pero no me parece para tanto el relato.
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RE: no me ha gustado |
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25-01-2007 12:12 |
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Anónimo, ergo, lo de siempre.
Así es la vida, el inconformismo injustificado y la pataleta.
Un saludo.
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Saludos |
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22-01-2007 17:00 |
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A mí me parece que uno de los grandes problemas de la literatura es encontrarla cansada, repetitiva; lo mismo de siempre. Contigo suena distinto, es otra melodía, es un humor negro que rompe con los cimientos de lo establecido y que crítica a la vez que enseña.
Tienes un estilo muy definido y bastante original, lo que hace a este relato original y digno del premio, a mi parecer. Aunque no he tenido la oportunidad de leer los diversos relatos que se enviasen en esta, como en las demás, categoría.
A mí me parece, a diferencia de Death, que el gran pleonasmo de tu relato es lo que consigue agarrar un ritmo frenético e intenso que condiciona al lector a disfrutar de una buena y fluída lectura.
Una sonrisa, y fue un placer leer un relato tan bueno.
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A carajo sacao! |
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17-01-2007 20:14 |
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A carajo sacao un primer agradecimiento a todos por haber leído el relato y comentarlo. En especial a Death Herald por criticar los errores sin tapujos. ¿Duro? No lo creo: sincero. Y, sobre todo, útil para mejorar como escritor.
En fin, ya me pasaré un día de estos para agradecimientos personales.
Saludos!
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Buen fondo, malas formas |
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13-01-2007 11:34 |
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Bueno, mucho hacía que yo no me paraba a ver un relato publicado en OcioJoven. Estoy muy oxidado en lo que concierne a dar una opinión, pero intentaré hacerlo lo mejor que pueda (y recuerde XD).
El paso del primero al segundo párrafo carece de conexión, Barón. No sabe uno si es este un relato circular, un fragmento de memoria, o algo similar. Es más, el segundo párrafo está escrito de tal forma que parece ser el verdadero comienzo.
Estación del Norte ya sugiere frío, y hormiguero de gente está demasiado trillado. Me habría gustado leer una metáfora diferente. Suena vulgar, en las líneas de un narrador al que le gustan los efectos poéticos. Con narrador, me refiero precisamente a eso. Al personaje narrador, no al autor. Aunque es cierto que algún otro relato tuyo comparte ese rasgo. Vuelvo al texto.
Si las vacaciones aún no se habían difuminado, las imagina uno como un recuerdo reciente; no como algo aún presente, a juzgar por las compras. O talvez te refieras a las rebajas, quien sabe.
Tampoco has definido Espíritu de la Navidad, y no sabe uno si relacionas el consumismo que lo ha reemplazado o con las ganas de compartir algo con los sus seres queridos de uno. La figura del narrador sugiere que es lo primero, pero no está claro. Puede que para quienes te leen habitualmente sí lo esté, pero recuerda que hay que escribir para todos.
“Mordisqueado por los dientes de las agujas de un reloj sangrante”, a mí me parece una circunlocución (al igual que lo es mi forma de expresarlo, en este preciso instante) innecesaria.
En lugar de que el narrador lance preguntas al aire, hubiera sido mucho más gráfico mostrar al protagonista mirar alrededor, con cierta desgana, encoger los hombros y encender (con letanía, o incluso con resignación, si procede) el cigarrillo.
El siguiente párrafo está excesivamente cargado. Para mi gusto, al menos. Y la verdad es que tengo cierta dificultad para asociar una calada, antes bocado en una manzana, con la deglución de un pastel.
Pasarse la vida en tres paredes, es algo poco familiar. Hubiera debido haber un algo que lo aclarara, puesto que la lectura del relato se interrumpe un momento. No sabe uno si el protagonista estaría destinado a una celda especial, a un edificio de diseño, o si una de las paredes se omite por considerarla la que tiene la puerta de entrada a una casa.
La escena posterior, cuando le recriminan, es una hipérbole empírica, si se me permite el neologismo. El mensaje está tan saturado que ha perdido el efecto estilístico que debe tener, en menor o mayor grado, todo cuento o novela. Casi has saltado del cuento a la tesis.
El “gran” pleonasmo es, probablemente, el mejor acierto de las redundancias empleadas a lo largo de tu relato. El problema es que es un recurso del que (para mí) abusa tu escrito, y eso le resta fuerza.
“Estrechez agobiante” es un término demasiado relativo. ¿Así resulta para el narrador, el fumador o para el “grande”? Y lo mismo le pasa a olor característico. No todo el mundo sale a qué huele un subterráneo, o las nubes. Cuando se apela a las emociones o a alguno(s) de los sentidos que poseemos, soy partidario de ser explícito. El narrador da determinadas cosas por hecho, a lo largo del relato. Insisto, es mi opinión.
Uno de los párrafos posteriores, explica aún mejor lo que quiero decir. “Empezó un espectáculo macabro” es prescindible. Sólo con que narres lo que le sigue, ese adjetivo acude a la mente de quien lo lea con bastante más fuerza. Si no previenes al lector de lo que hay (porque es innecesario), la realidad alternativa que propone tu relato se la hará llegar. Por cierto, considero “esponja caliente” un acierto.
Y el resto del relato es un mensaje demasiado obvio, que se sale del espíritu (por llamarlo de algún modo) del narrador. Como te he comentado antes, gran parte del estilismo del cuento se pierde por esto.
Acabo de releer mi crítica (al menos, eso he intentado que fuera), y me doy cuenta de que esto puede sonar duro. Seguro que la mayoría, exceptuando a nuestro inestimable anónimo, le parece incluso que es demasiado duro. En mi defensa, diré que he intentado ser lo más objetivo posible. No diré si lo he logrado, pues eso es algo de lo que cada cual tendrá su propia opinión.
He intentando hacer una crítica justa, aunque esta parezca severa. Creo que he conseguido explicar por qué no me han gustado determinadas partes de tu relato, aunque este tenga un buen fondo. Pero las formas empleadas lo someten al pudo ser y no fue. Es mi opinión, y como tal puede estar equivocada.
Un saludo.
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Genial |
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09-01-2007 20:37 |
Creo que es uno de los relatos más redondos que te he leído. Me encanta el tono entre irónico y surrealista. Muy acertada la crítica social, y como siempre un estilo muy cuidado.
A ver cuándo volvemos a verte por el foro
Un saludo, y felicidades por el premio.
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barón, el tabaco mata |
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08-01-2007 09:09 |
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Como antitabaquista convencido, no estoy muy de acuerdo con el contenido de tu relato pero en fin...
Se trata de valorar el mismo relato y no polemizar sobre el tema, así que te diré que el relato en sí es bueno. Realmente entretiene y resulta fácil de leer. La descripción de las situaciones es notable y nunca está de más un poco de ese humor que tanto me gustó ya en El desván de los cuervos solitarios.
Lo único que me parece mejorable es que el relato criticara a los fumadores y no a las autoridades...
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Surrealista |
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03-01-2007 17:18 |
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Muy bueno, Barón. Me ha gustado especialmente el punto Carrere que tiene. Un texto canalla y perturbador, pero humano -tal vez demasiado-. Fascinante viaje al submundo de la gran ciudad. Bravo
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Curioso |
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03-01-2007 23:35 |
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Pues sinceramente no me gusto, no me entretuvo para nada, tuve que hacer de tripas corazón para no saltarme pedazos, pero sobretodo no me dejo nada…. No momento sí, hubo algo que si me llamo la atención, el hecho de que un cuento tan típico, tan acorde con lo que se espera de la literatura actual, que digamos parece un perfecto cuento de “intelectuales” para “intelectuales” o de “literatos” para “literatos”, sin quererlo, se critique a si mismo al respaldar a quienes son desechados por no jugar con las estrictas y limitadas reglas sistema.
Mi consejo no pienses tanto en un cuento como un producto para satisfacer a los de siempre. Arriésgate, marca la diferencia, aporta algo nuevo.
Al fin y al cavo, los que creen saber de algo que llaman literatura, también hacen parte del sistema
Dijo alguien más sabio que tu y yo juntos: No mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el ojo propio. Aunque todos pecamos por eso pero es bueno que no los recuerden cundo hacemos algo que lo evidencia.
Perdón si fui muy directo, pero así me salio.
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RE: Curioso |
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13-01-2007 11:27 |
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No basta con decir que es un relato para "intelectuales". Hay que decir por qué. Una crítica vacía no es más que una sucesión de palabras sin sentido, sin fuerza, sin autoridad para ser tenida en cuenta.
Por si tienes un solo argumento válido para criticar este relato, quedas invitado a mencionarlo en este mismo comentario o en el foro de literatura.
Borraré los demás mensajes anónimos de este relato.
Un saludo.
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Qué sorpresa |
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03-01-2007 17:45 |
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Menudo texto. Muy bueno, Barón, buenísimo. La idea suena un poco a cachondeo pero el tratamiento es genial.
Un rato muy agradable leyéndolo. Enhorabuena.
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Qué decir |
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03-01-2007 19:54 |
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Salvo raras excepciones tus relatos me asombran, tio. Por el estilo, siempre cuidado, y el humor negro. Ese humor ácido, cínico, que considero la marca distintiva de tu forma de entender la literatura.
No sé como serían el resto de relatos de tu categoría, pero el tuyo es un relato ganador sin duda alguna.
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Muy buen relato |
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03-01-2007 19:05 |
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Ahora comprendo lo que decía Akhul cuando se refería a tu estilo.
Ironía y fantasía para sacar a la luz las miserias de nuestra sociedad.
Un texto cuidado, una estructura y ritmo impecable, unas figuras brillantes.
Enhorabuena.
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