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Superado el obstáculo entraron en una habitación desnuda y sombría, muy espaciosa, sin ventanas. Daba la sensación de que hacía relativamente poco que allí no descansaba más que la tierra y los gusanos; se veían manchas de humedad y un olor característico, señal de una excavación con pocos meses de antigüedad. Siguieron por una serie de conductos de estrechez agobiante, de iguales características, siempre llevado por el brazo y notando ahora la presión de lo que supuso sería una pistola.
-¿Dónde estamos? –preguntó.
-En los subterráneos. Bajo la ciudad.
-¿Bajo la ciudad? ¿Y el metro?
-Arriba de nosotros.
Como reforzando su teoría se escuchó un estruendo que levantó polvo y toses. Con premura llegaron a otra habitación, mejor acondicionada. Había una ristra interminable de taquillas y una reja. Su acompañante marcó un número en una de las taquillas, la abrió y extrajo una tarjeta, que pasó por una ranura, descorriendo así la reja que parecía ocultar el secreto de todo aquello.
Empezó un espectáculo macabro. Pegados a las paredes se mostraban cientos de carteles con escenas de enfermos de cáncer. Se veían gargantas y pulmones de cadáveres, renegridos y sanguinolentos, formando un amasijo que despertaban las ganas de vomitar y daba la sensación de tener una esponja caliente en la boca del estómago.
-Una galería de arte –informó la voz grande-. Las estrellas de la galería están por llegar.
Un poco más adelante, un muestrario de órganos carcomidos por el alquitrán, dispuestos en urnas con su correspondiente linfa anaranjada para conservarlo, apenas se dejaba contemplar, por ser un insufrible tormento para la vista. Inhumano. Un monumento al lado más oscuro de la morgue. Espectáculo dantesco, morboso; lo dejaron atrás, pero para Jaime seguía incrustado en su retina, y seguiría incrustado en su subconsciente.
Por fin llegaron a lo que parecía ser el centro de operaciones. Un lugar poblado de ordenadores y, lo más importante, de presencia humana. En las pantallas de los ordenadores se veían imágenes de la ciudad, correspondientes a miles de cámaras de vigilancia, procedentes de un sinnúmero de lugares: parques, la estación del Norte, la ciudad de las Artes y las Ciencias, la Universidad, algunas calles (que no habían sido elegidas al azar), jardines… Todos estos puntos, que eran estratégicos, estaban siendo concienzudamente examinados, a todas horas.
Uno de los cientos de hombres que miraban las pantallas se acercó a ellos; tenía aspecto de científico. Se dirigió a Jaime, en una ensayada presentación que consistía en estrecharle la mano y en esbozar una sonrisa desganada.
-Bienvenido al C.I.D.S. –dijo.
-¿El C.I.D.S.?
-El Centro de Investigación de Delitos Sociales –le dijo su compañero de visitas.
-Veamos… -dijo el científico, consultando una gran base de datos de un ordenador-. Eres el responsable de un delito 8B-3, encender y fumar un cigarrillo en la estación del Norte. Este delito se paga muy, muy caro, ¿lo sabías?
-Bueno, no creo que por fumarme un cigarrillo se me meta entre rejas.
-Fumarse un cigarrillo es algo más que meterse entre rejas –adujo la voz grande-. Te has condenado. De por vida. El tabaco es algo recriminable hoy en día. Ya no lo permitimos en la sociedad. Como los restantes D.S., Delitos Sociales.
-Jefe, tenemos que movernos –dijo el científico, atento a su pantalla-. Sujeto sin cinturón en la Calle Colón. Sujeto de edad temprana pisando el césped en el cauce del río Turia. Sujeto en avanzado estado de embriaguez orinando en las torres de Serranos.
-¡Agh! No lo podemos permitir. Que se encarguen mis hombres, yo tengo un asunto entre manos.
-Entiendo.
-Cuando los detengáis me los enviáis a mi celda.
-¿No prefieres que se encargue de ellos Abellán? Es experto en Actos Vandálicos.
-Pero también es demasiado viejo para esto. Déjamelos a mí. Además, Gutiérrez y sus hombres, de la brigada de Bravuconadas en el Volante, están hoy en misión especial, con todo eso del día de Reyes.
Se despidieron sin apenas mirarse, ni hablar, toda vez que una caterva de hombres con aspecto de científico consultaban sus pantallas y, si la ocasión lo requería, reclamaban la presencia de un energúmeno de vientre grande, cuello grande, cara grande, cabeza grande; ojos grandes. Voz grande. Y la voz grande le volvió a hablar:
-Apuesto a que aún no tienes ni la más remota idea de qué va esto.
-No –contestó-, pero no me interesa. No me interesan los turbios asuntos del Gobierno.
-Ni son turbios ni son asuntos.
-¿Cómo?
-Es un secreto que no debe ser desvelado. El C.I.D.S. es una escisión del ministerio del Interior, que decidió ponerse en funcionamiento con la llegada de la nueva ley antitabaco. Fue la chispa que prendió la mecha.
-Menudo cohete.
-Es un intrincado complejo de vigilancia –continuó, indiferente-, de civismo, de correveidiles. Un gran número de personas nos encargamos de que no se fume, ni en el trabajo ni en la estación ni en los restaurantes donde esté prohibido, de que no se pise el césped, de que los perros no dejen sus despojos en la vía pública, de que se recicle, de que se conduzca como es debido (apoyado por el futuro carné por puntos); ¿sigo o hago un croquis?
-¿Y qué pasa cuando alguien no se preocupa de, por ejemplo, recoger la mierda que ha dejado su perro?
Seriedad. Ante todo seriedad. Se guardó las gafas de sol y le miró por primera vez con unos ojos bien claros que parecían querer morderle la yugular; las ojeras se extendían hasta la punta de una nariz prominente, hundidas las mejillas. Un viso de prepotencia. Un silencio que se quebraba con el sonido de las teclas del ordenador y quebraba a su vez cualquier tipo de serenidad.
Seguía el ajetreo, y, sin embargo, cuán detenido semejaba el tiempo en aquella parcela de desasosiego. Un aura cristalina pálida les rodeaba sin que nadie pudiese entrar en ella.
-¿Y si dijera que no basta con una multa? Jota-A-I: Jaula de Aislamiento Imperecedero.
-¿Cómo se las apañan?
-¿Para qué?
-Para mantener el secreto. Has dicho que es una escisión del Ministerio del Interior, pero que no debe conocerse. Mi novia empezará a preocuparse, tenía que llamarla cuando estuviera en el tren. Que por cierto debería haber cogido hace como una hora.
-Ya la han llamado.
-¿Quién?
-No quiera saberlo. Pero bueno, no creo que se le vaya a escabullir de esa boca negra que tiene. Seguro que no sólo usted se lo está preguntando. En este momento todos sus allegados creen que está en un hospital, en coma, por culpa de un accidente. No llegará a despertar. Los médicos no tardarán en descubrirle un cáncer en el pulmón.
-¿Los médicos…?
-El Ministerio de Sanidad está en esto también. A cambio de una importante suma de dinero los médicos comunican el caso a sus familiares en base a un diagnóstico falso y un paciente también falso, que se hace pasar por usted.
-Pues vaya una noticia.
-Un cáncer de pulmón en estado avanzado –continuó-, irreversible, por lo cual estimarán que morirá bastante antes de salir del coma. Su familia se quedará algo perpleja, no fuma tanto, pero no tardarán en comprender, en morder el anzuelo, en que todo adicto a la nicotina siempre anda buscando el momento para fumar, como esos yonquis asquerosos buscan el momento para hincarse la aguja. Se sentirán cohibidos, escarmentados, un odio irracional se fraguará en ellos. Hay que tener especial cuidado con el actor, procurar estar pendiente de los familiares o, en todo caso, ajenos al C.I.D.S., para suministrarle alimentos y líquidos sin que se enteren.
-¿No descubren nunca que es un actor?
-¿Lo dice por la apariencia? –sonrió-. Simulamos un accidente, recuerde, maquillamos al actor simulando sus facciones, aunque no es necesario que sea completamente fidedigno porque luego… bueno, luego vienen los efectos especiales. El morado y el rojo vienen bien en estos casos.
-Capullos -musitó-. Estáis locos.
-De remate. Desde luego hay que estar loco para montar semejante espectáculo. Pero los cambios lo piden, hay que ser más estrictos, el futuro no es algo con lo que se pueda jugar.
-Al futuro pueden reventársele las entrañas.
-Deje de maldecir y acompáñame para iniciar el tratamiento.
Dejó de maldecir y, aunque iba a preguntar en qué consistía dicho tratamiento, prefirió mantener la boca callada y dejar que todo siguiera su cauce. Él era un criminal, un terrorista. Al menos le trataban como a ellos. Tratamiento. Algo más que estar entre rejas. Jota-A-I. Y mientras seguían un pasillo, un pasillo estrecho, mal iluminado y de paredes amarillentas, se imaginó al pobre diablo que no había hecho algo tan simple como recoger el excremento de su mascota con una bolsa de plástico. Alguien al vehículo, y algo tan simple como no hablar por el móvil o ponerse el cinturón. Tan simple como no pisar el césped, fumar donde no le vean a uno, en las alcantarillas si hace falta, no vomitar, no beber, no mear en la calzada. Y mientras seguían un pasillo, un pasillo largo, mal iluminado y con el suelo cubierto con caparazones de cucarachas, se imaginó su pulmón carcomido de pleura evanescente en el museo del humo, el monumento al lado más oscuro de la morgue. El espectáculo dantesco, la sinfonía morbosa, aunque sabía que no podría dejarlo atrás, incrustado en la retina y en el subconsciente de cualquier otro adicto a la nicotina que, esperando un tren, decidiese convertirse en una estatua de alquitrán y tabaco.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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no me ha gustado |
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23-01-2007 11:19 |
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Me ha resultado bastante pesado, no es un relato demasiado original, a pesar de lo que dicen por aquí. Es una opinion, pero no me parece para tanto el relato.
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RE: no me ha gustado |
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25-01-2007 12:12 |
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Anónimo, ergo, lo de siempre.
Así es la vida, el inconformismo injustificado y la pataleta.
Un saludo.
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Saludos |
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22-01-2007 17:00 |
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A mí me parece que uno de los grandes problemas de la literatura es encontrarla cansada, repetitiva; lo mismo de siempre. Contigo suena distinto, es otra melodía, es un humor negro que rompe con los cimientos de lo establecido y que crítica a la vez que enseña.
Tienes un estilo muy definido y bastante original, lo que hace a este relato original y digno del premio, a mi parecer. Aunque no he tenido la oportunidad de leer los diversos relatos que se enviasen en esta, como en las demás, categoría.
A mí me parece, a diferencia de Death, que el gran pleonasmo de tu relato es lo que consigue agarrar un ritmo frenético e intenso que condiciona al lector a disfrutar de una buena y fluída lectura.
Una sonrisa, y fue un placer leer un relato tan bueno.
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A carajo sacao! |
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17-01-2007 20:14 |
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A carajo sacao un primer agradecimiento a todos por haber leído el relato y comentarlo. En especial a Death Herald por criticar los errores sin tapujos. ¿Duro? No lo creo: sincero. Y, sobre todo, útil para mejorar como escritor.
En fin, ya me pasaré un día de estos para agradecimientos personales.
Saludos!
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Buen fondo, malas formas |
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13-01-2007 11:34 |
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Bueno, mucho hacía que yo no me paraba a ver un relato publicado en OcioJoven. Estoy muy oxidado en lo que concierne a dar una opinión, pero intentaré hacerlo lo mejor que pueda (y recuerde XD).
El paso del primero al segundo párrafo carece de conexión, Barón. No sabe uno si es este un relato circular, un fragmento de memoria, o algo similar. Es más, el segundo párrafo está escrito de tal forma que parece ser el verdadero comienzo.
Estación del Norte ya sugiere frío, y hormiguero de gente está demasiado trillado. Me habría gustado leer una metáfora diferente. Suena vulgar, en las líneas de un narrador al que le gustan los efectos poéticos. Con narrador, me refiero precisamente a eso. Al personaje narrador, no al autor. Aunque es cierto que algún otro relato tuyo comparte ese rasgo. Vuelvo al texto.
Si las vacaciones aún no se habían difuminado, las imagina uno como un recuerdo reciente; no como algo aún presente, a juzgar por las compras. O talvez te refieras a las rebajas, quien sabe.
Tampoco has definido Espíritu de la Navidad, y no sabe uno si relacionas el consumismo que lo ha reemplazado o con las ganas de compartir algo con los sus seres queridos de uno. La figura del narrador sugiere que es lo primero, pero no está claro. Puede que para quienes te leen habitualmente sí lo esté, pero recuerda que hay que escribir para todos.
“Mordisqueado por los dientes de las agujas de un reloj sangrante”, a mí me parece una circunlocución (al igual que lo es mi forma de expresarlo, en este preciso instante) innecesaria.
En lugar de que el narrador lance preguntas al aire, hubiera sido mucho más gráfico mostrar al protagonista mirar alrededor, con cierta desgana, encoger los hombros y encender (con letanía, o incluso con resignación, si procede) el cigarrillo.
El siguiente párrafo está excesivamente cargado. Para mi gusto, al menos. Y la verdad es que tengo cierta dificultad para asociar una calada, antes bocado en una manzana, con la deglución de un pastel.
Pasarse la vida en tres paredes, es algo poco familiar. Hubiera debido haber un algo que lo aclarara, puesto que la lectura del relato se interrumpe un momento. No sabe uno si el protagonista estaría destinado a una celda especial, a un edificio de diseño, o si una de las paredes se omite por considerarla la que tiene la puerta de entrada a una casa.
La escena posterior, cuando le recriminan, es una hipérbole empírica, si se me permite el neologismo. El mensaje está tan saturado que ha perdido el efecto estilístico que debe tener, en menor o mayor grado, todo cuento o novela. Casi has saltado del cuento a la tesis.
El “gran” pleonasmo es, probablemente, el mejor acierto de las redundancias empleadas a lo largo de tu relato. El problema es que es un recurso del que (para mí) abusa tu escrito, y eso le resta fuerza.
“Estrechez agobiante” es un término demasiado relativo. ¿Así resulta para el narrador, el fumador o para el “grande”? Y lo mismo le pasa a olor característico. No todo el mundo sale a qué huele un subterráneo, o las nubes. Cuando se apela a las emociones o a alguno(s) de los sentidos que poseemos, soy partidario de ser explícito. El narrador da determinadas cosas por hecho, a lo largo del relato. Insisto, es mi opinión.
Uno de los párrafos posteriores, explica aún mejor lo que quiero decir. “Empezó un espectáculo macabro” es prescindible. Sólo con que narres lo que le sigue, ese adjetivo acude a la mente de quien lo lea con bastante más fuerza. Si no previenes al lector de lo que hay (porque es innecesario), la realidad alternativa que propone tu relato se la hará llegar. Por cierto, considero “esponja caliente” un acierto.
Y el resto del relato es un mensaje demasiado obvio, que se sale del espíritu (por llamarlo de algún modo) del narrador. Como te he comentado antes, gran parte del estilismo del cuento se pierde por esto.
Acabo de releer mi crítica (al menos, eso he intentado que fuera), y me doy cuenta de que esto puede sonar duro. Seguro que la mayoría, exceptuando a nuestro inestimable anónimo, le parece incluso que es demasiado duro. En mi defensa, diré que he intentado ser lo más objetivo posible. No diré si lo he logrado, pues eso es algo de lo que cada cual tendrá su propia opinión.
He intentando hacer una crítica justa, aunque esta parezca severa. Creo que he conseguido explicar por qué no me han gustado determinadas partes de tu relato, aunque este tenga un buen fondo. Pero las formas empleadas lo someten al pudo ser y no fue. Es mi opinión, y como tal puede estar equivocada.
Un saludo.
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Genial |
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09-01-2007 20:37 |
Creo que es uno de los relatos más redondos que te he leído. Me encanta el tono entre irónico y surrealista. Muy acertada la crítica social, y como siempre un estilo muy cuidado.
A ver cuándo volvemos a verte por el foro
Un saludo, y felicidades por el premio.
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barón, el tabaco mata |
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08-01-2007 09:09 |
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Como antitabaquista convencido, no estoy muy de acuerdo con el contenido de tu relato pero en fin...
Se trata de valorar el mismo relato y no polemizar sobre el tema, así que te diré que el relato en sí es bueno. Realmente entretiene y resulta fácil de leer. La descripción de las situaciones es notable y nunca está de más un poco de ese humor que tanto me gustó ya en El desván de los cuervos solitarios.
Lo único que me parece mejorable es que el relato criticara a los fumadores y no a las autoridades...
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Surrealista |
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03-01-2007 17:18 |
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Muy bueno, Barón. Me ha gustado especialmente el punto Carrere que tiene. Un texto canalla y perturbador, pero humano -tal vez demasiado-. Fascinante viaje al submundo de la gran ciudad. Bravo
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Curioso |
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03-01-2007 23:35 |
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Pues sinceramente no me gusto, no me entretuvo para nada, tuve que hacer de tripas corazón para no saltarme pedazos, pero sobretodo no me dejo nada…. No momento sí, hubo algo que si me llamo la atención, el hecho de que un cuento tan típico, tan acorde con lo que se espera de la literatura actual, que digamos parece un perfecto cuento de “intelectuales” para “intelectuales” o de “literatos” para “literatos”, sin quererlo, se critique a si mismo al respaldar a quienes son desechados por no jugar con las estrictas y limitadas reglas sistema.
Mi consejo no pienses tanto en un cuento como un producto para satisfacer a los de siempre. Arriésgate, marca la diferencia, aporta algo nuevo.
Al fin y al cavo, los que creen saber de algo que llaman literatura, también hacen parte del sistema
Dijo alguien más sabio que tu y yo juntos: No mires la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el ojo propio. Aunque todos pecamos por eso pero es bueno que no los recuerden cundo hacemos algo que lo evidencia.
Perdón si fui muy directo, pero así me salio.
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RE: Curioso |
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13-01-2007 11:27 |
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No basta con decir que es un relato para "intelectuales". Hay que decir por qué. Una crítica vacía no es más que una sucesión de palabras sin sentido, sin fuerza, sin autoridad para ser tenida en cuenta.
Por si tienes un solo argumento válido para criticar este relato, quedas invitado a mencionarlo en este mismo comentario o en el foro de literatura.
Borraré los demás mensajes anónimos de este relato.
Un saludo.
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Qué sorpresa |
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03-01-2007 17:45 |
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Menudo texto. Muy bueno, Barón, buenísimo. La idea suena un poco a cachondeo pero el tratamiento es genial.
Un rato muy agradable leyéndolo. Enhorabuena.
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Qué decir |
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03-01-2007 19:54 |
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Salvo raras excepciones tus relatos me asombran, tio. Por el estilo, siempre cuidado, y el humor negro. Ese humor ácido, cínico, que considero la marca distintiva de tu forma de entender la literatura.
No sé como serían el resto de relatos de tu categoría, pero el tuyo es un relato ganador sin duda alguna.
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Muy buen relato |
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03-01-2007 19:05 |
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Ahora comprendo lo que decía Akhul cuando se refería a tu estilo.
Ironía y fantasía para sacar a la luz las miserias de nuestra sociedad.
Un texto cuidado, una estructura y ritmo impecable, unas figuras brillantes.
Enhorabuena.
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