Una pequeña aventura |
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09-01-2007 13:26
Por: Bryn
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Un kender, llamado Saltatrampas, se mete en un pequeño lio, con un hombre de negros ropajes, mientras juega en el bosque con sus amigos y acaba viendo algo increible.
-40… 51… 99…y… ¡100! Preparados o no, allá voy –gritó el pequeño Saltatrampas levantando su pequeña cabeza del árbol en el que, con los ojos cerrados y de cara al tronco, había contado hasta cien-. No os podréis ocultar de mí.
Saltatrampas, un pequeño kender de la gran ciudad de kenders Kendermore. No medía mucho más de medio metro, una altura muy apropiada para los diez años que tenía, vestía unas polainas amarillas a rayas rojas, con varios parches de diferentes colores, y una camisa a cuadros rojos y verdes. El kender lucía el típico copete de cabellos castaños, característico de su raza y todo un conjunto de saquillos colgando de un cinturón, demasiado grande para él.
Saltatrampas recorría los bosques de las estribaciones de la ciudad, rebuscando en cada arbusto, mirando detrás de todos los árboles y troncos y bajo cada roca que encontraba en su camino. De repente, vio un pequeño copete, de cabellos negros cómo el carbón, que sobresalía de detrás de un árbol a unos metros de donde él se encontraba.
-Eh, ¡quieto te he visto! –gritó corriendo hacia el árbol donde había visto el copete, que, al oír aquellos gritos, desapareció dejando detrás suyo un ruido de pisadas y risas infantiles-. No vale -se quejó el pequeño kender-, así yo no juego más, -y, tras cruzarse de brazos y poner gesto ceñudo, se sentó con los brazos cruzados a esperar que sus compañeros de juego salieran de su escondrijo.
Pasó un largo rato allí sentado pero, viendo que su truco no resultaba con sus compañeros, se levantó dispuesto a seguir buscando. De pronto, mientras se limpiaba a palmadas los pantalones, oyó que alguien se aproximaba corriendo y se abalanzó en aquella dirección. De pronto, un hombre corpulento, ataviado con ropajes negros y con cara de pocos amigos, atravesó con rapidez los arbustos, donde se abalanzaba el pequeño kender, derribando a éste de un golpe. Saltatrampas salió disparado y rodó varias veces por el suelo, rasgándose y magullándose todo el cuerpo.
-¡Eh! –se quejó el kender mientras se levantaba y volvía a expulsarse la suciedad de su pantalón lleno de parches-. No es necesario que… Oh, no eres ninguno de mis compañeros. ¿Qué hace un humano cómo tú por aquí? ¿Por qué no estás en la ciudad? Hoy mi madre hace rebajas en su tienda de ropa. Claro, que no sé si tendrá ropa de tu talla. ¿Qué talla usas? Yo no lo sé, mi madre me confecciona la ropa a través de la ropa vieja de mis hermanos. Mi ropa pasará a ser de mi hermano pequeño igual que yo la heredo de mis hermanos mayores. Porque verás nosotros no somos muy ricos y… Uhg
El hombre de negros ropajes puso cara de asco al ver al pequeño kender y le asestó un buen puñetazo en toda la cara, de tal manera que Saltatrampas cayó al suelo de espaldas, se dio un golpe seco y perdió el conocimiento.
Poco después, el kender se despertó con el ruido de una fogata, pensando que estaba en casa y que se había quedado dormido delante de la hoguera. Pero no era así. Ahora se encontraba hecho un hobillo delante de un pequeño fuego, envuelto en una cálida manta y rodeado de un oscuro bosque. Se incorporó y vio una figura sentada a su lado que se llevaba algo a la boca.
-Ah, veo que al fin te has despertado -dijo la figura-. ¿Te apetece un poco de carne seca?
-Sí, gracias -contestó el kender cogiendo un pedazo de carne seca que le tendía el desconocido-. ¿Quién eres? ¿Cómo es que me encuentro en medio del bosque a tan altas horas de la noche? Esta carne está deliciosa, ¿cómo la has hecho? Yo todavía soy pequeño y mi madre no me deja cocinar. Aunque no tengo muchas ganas de aprender ya que tendría que ayudar mucho en casa a mi madre y a mí me gusta explorar. ¿De dónde vienes? Yo soy de Kendermore una ciudad que está aquí al lado. ¿Quieres que te lleve? Sé muchos caminos y algunos muy divertidos, porque me encanta descubrir cosas. Supongo que viene de familia. Mi padre era…
-Más despacio, jovencito -dijo la figura colocándose a la luz del fuego de tal manera que el kender lo pudiera ver-. Las cosas de una en una.
El kender se quedó mirando la cara del extraño. Era un hombre, de cabello cobrizo y mirada tranquila. En su piel, la tenue luz de la hoguera se reflejaba y jugueteaba con las sombras. Su rostro reflejaba tranquilidad, pero, a la vez, dureza.
-Primero, ¿quién soy?, sólo un simple viajero. Te encuentras en este bosque por esto -el viajero sacó un medallón del bolsillo y se lo dio al kender para que lo viera.
Era un medallón de una manufactura exquisita, tan grande que el pequeño kender tuvo que cogerlo con las dos manos. Llevaba grabado en relieve un dragón de cinco cabezas, cada una de un color: roja, azul, verde, blanco y negro. Todas ellas miraban al kender con furia cómo sabiendo que no era su propietario. El kender le dio la vuelta al medallón y vio escrita una frase en un idioma que no entendió.
-Es muy bonito, pero no entiendo qué tiene que ver este medallón conmigo. No lo había visto nunca.
-¿Te has topado con un hombre de oscuros ropajes esta tarde? –Saltatrampas hizo memoria y asintió con la cabeza a la vez que iba a empezar a hablar, pero el viajero le detuvo-. Tendrás muchas preguntas, pero vengo de un viaje y estoy muy cansado. Mañana hablaremos. Puedes quedarte con el medallón con la condición de que te quedes aquí hasta mañana por la tarde. Después te podrás ir, ¿entendido?
-Ah, ¿en serio? Gracias -contestó el kender mientras el viajero apagaba el fuego echándole tierra con el pie y se envolvía en sus ropajes, recostado contra un árbol.
Todo se quedó silencioso y oscuro. Saltatrampas se estuvo un buen rato dándole vueltas al medallón entre sus pequeñas manos y pensando en lo ocurrido.
-Creo que me he olvidado de algo, pero no recuerdo qué es -comentó el kender en voz alta, bostezó y se durmió hecho un ovillo de pieles.
A la mañana siguiente, Saltatrampas se despertó con la cara dolorida. Se pasó la mano por ella y sintió una punzada de dolor al rozar la enorme hinchazón que tenía en el ojo, que le impedía abrirlo. El kender miró con el ojo sano a su alrededor y vio los restos de la hoguera de la noche anterior, un saco junto a él pero ni rastro del extraño viajero. El kender miró con curiosidad dentro de la bolsa y vio un poco de carne seca, una cantimplora llena de agua, varios trozos de pan duro y una nota que decía “Recuerda nuestro acuerdo, kender”. Saltatrampas intentó recordar a que acuerdo había llegado con aquel desconocido, hasta que vio el medallón del dragón de cinco cabezas en el suelo.
-Ya me acuerdo, lo del medallón. Por eso hay comida para todo el día.
El kender dejó la bolsa en su sitio, después de coger un poco de pan, carne y dar unos tragos a la cantimplora. Luego se dedicó a hurgar en sus saquillos y a ordenar todas las cosas que siempre llevaba encima. En un saquillo llevaba toda una colección de cucharas. En otro, todo tipo de piedrecillas que se parecían a alguien conocido. En otro botones de todos los tamaños y colores.
Así siguió durante un largo tiempo, hasta que se cansó y, después de recoger algunas piedrecillas, se dedicó a jugar con ellas. Al cabo de un rato, el kender se cansó y, cómo ya no recordaba ni una palabra del trato que tenía con el viajero, se preparó para regresar a su casa. Pero vio el saco de alimentos que le había dejado y, como tenía hambre, se dirigió hacia él. Cuando estaba a punto de cogerlo, una fuerte mano le cogió a él y lo levantó por los aires.
-Tiene gracia -comentó el kender-. Ahora sé cómo se siente un saco.
-Pues ahora no te hará tanta gracia lo que te va a pasar como no me devuelvas el medallón que me robaste, ladronzuelo -el tipo que lo había cogido era el mismo con el que se topó el otro día, pero ahora lo miraba con una furia desenfrenada y lo amenazaba con una espada corta que había desenfundado.
-¿Es tuyo? Se te debió de caer cuando chocaste conmigo el otro día y yo te lo recogí. Deberías darme las gracias en vez de amenazarme con esa espada; podrías hacer daño a alguien.
-Para eso están las espadas -fue la seca respuesta del hombre.
Tiró al kender al suelo, luego le arrebató el medallón de sus diminutas manos y le asestó una patada en las costillas que lo envió volando hasta el árbol más cercano, contra el que chocó perdiendo casi el sentido.
El hombre de negros ropajes acarició el medallón con ternura, se lo guardó seguro en un bolsillo y se dirigió hacia el kender, dispuesto a ensartarlo con la espada. Por suerte para éste, de entre los arbustos apareció una fugaz figura que, de un golpe, echó al hombre fuera de su alcance. Saltatrampas se quedó mirando a las dos figuras mientras se llevaba las manos al estomago, donde supuso que se había roto cuatro costillas como mínimo. Su mirada se había vuelto borrosa, pero pudo vislumbrar la imagen del viajero de la noche anterior delante del cuerpo derribado del hombre misterioso.
-¡Eh! Yo a ti te conozco… Uhg… -dijo el kender, llevándose las manos al estomago donde sentía un gran dolor agudo.
El hombre de negro se levantó y miró con furia al viajero que lo había derribado e impedido que matase aquel pequeño kender entrometido que le había hecho perder todo un día de viaje. Pero su mirada cambió al ver el personaje que se había atrevido a plantarle cara y echó a correr, tan rápido cómo sus piernas le permitieron.
El viajero hizo una mueca de desagrado y de repente todo su cuerpo se volvió de bronce. Sus manos y pies se convirtieron en unas terroríficas garras. En su espalda le crecieron unas enormes alas y una cola serpenteó entre las garras traseras. Su cuello y todo su cuerpo empezaron a alargarse, su piel humana se transformó en una escamosa piel de reptil, cuyas escamas fueron creciendo y se volvieron fuertes y resistentes. Su cara también se alargó, junto su mandíbula en la que aparecieron unos temibles y enormes dientes.
Cuando acabó su transformación, el dragón de bronce se estiró, cómo si acabara de despertarse y, de una enorme bocanada, expulsó un rayo que alcanzó al hombre de negro en la espalda y lo mató. Luego, a grandes pasos, se dirigió hacia el cadáver inerte del hombre y, con una garra le arrancó una bolsa que llevaba atada al cinto. Depositó en el suelo su contenido, del cual salió un tosco anillo de plata, con ribetes de oro que lo bordeaban. El dragón lo cogió con delicadez con la garra y se dirigió hacia el pobre Saltatrampas, que había perdido el sentido a causa del dolor que le provocaban las cinco costillas que tenía rotas. El viajero, convertido ahora en dragón, le puso una zarpa encima con delicadez y pronunció un conjuro curativo. Cuando acabó el conjuro, batió fuertemente las alas, se elevó hacia el cielo, murmurando otro hechizo, y desapareció.
Saltatrampas se despertó al cabo de unas horas, con el estomago vacío y hambriento. Se puso en pie y se dirigió hacia su casa intentando recordar qué hacía solo en el bosque.
Cuando llegó a casa, su madre le esperaba junto a otras madres kenders. La señora le apuntó con una cuchara amenazante y le gritó:
-¿Donde has estado Saltatrampas?
-En el bosque. ¿Ha pasado algo?
-Por supuesto. ¿Qué harían si no las madres de tus amigos en casa esperándote?
-Podría ser una fiesta sorpresa. ¿Es eso, una fiesta sorpresa?
-¡No, no es una fiesta sorpresa! ¿Dónde están tus amigos? Me dijiste que te habías ido a jugar al bosque con ellos.
-¡Uoops!
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Buen relato |
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07-02-2007 15:34 |
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Buen ralato, me a gustado mucho, sobre todo cómo tratas a los kenders. Sigue así, pero vigila la puntuación
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Aviso importante |
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19-01-2007 10:48 |
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Bryn, te he enviado un email para decirte que tu relato Venganza de magos ha llegado incompleto ya que el sistema tiende a eliminar el texto comprendido entre símbolos de < y >. Es por ello que se deben utilizar comillas altas.
Espero que nos lo reenvíes de nuevo y compruebes la dirección que aparece en tu ficha de poblador, ya que es conveniente tener un modo de contacto para estas cosas.
Un saludo
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No está mal |
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09-01-2007 18:12 |
El relato está bastante bien, sobre todo el final que le da ese toque humorístico, pero el relato en sí me parece un poco "vacío". ¿Lo vas continuar? Quizás por eso a lo mejor me parece que excepto el kender apenas se sabe nada más del resto de elementos (los hombres, el medallón, etc). El texto me parece algo corto y para otras ocasiones te recomiendo que te extiendas un poco más.
Por último, otra cosa: ¿Hobillo? Dios, esa me dolió (XD). No te desanimes por mis comentarios, considéralos una crítica constructiva (que al fin y al cabo es lo que todos necesitamos  )
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Recomendaciones |
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10-01-2007 19:43 |
Bueno... yo querría más que nada recomendarte que prestes más atención a las pausas. Hay momentos en los que haces frases demasado largas y deberías poner más comas para que el lector respire... un ejercicio práctico es el de leer en voz alta lo que escribes.
Por lo demás darte ánimos para que sigas escribiendo!! No recuerdo que escrito había dicho que el escribir era 5% talento y 95% perseverancia... es como tocar el piano, hay que entrenarlo.
Ánimos==>
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RE: Recomendaciones |
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29-01-2007 14:39 |
Arkathros dijo: Bueno... yo querría más que nada recomendarte que prestes más atención a las pausas. Hay momentos en los que haces frases demasado largas y deberías poner más comas para que el lector respire... un ejercicio práctico es el de leer en voz alta lo que escribes.
Agradezco mucho tu comentario, y a los demás tambien, pero las comas estan para seprar frases, puede ser que haya dos lineas sin una coma y que esté bien. Pero eso no quita que haya fallado en las ´comas aquí
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