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Bayonas


Otros Relatos

10-01-2007 16:50
Por: orospeda26

Relato ganador de la Categoría Tácito del III Certamen de Relato Joven, patrocinada por Edhasa


bayonas
-Entonces -dijo el alcalde-, ¿estamos todos de acuerdo?

Diego Ruiz, uno de los regidores, parecía no estar satisfecho con la decisión adoptada. Finalmente, agachó la cabeza asintiendo.

-Si no hay nada más que decir, mandaré avisar a Pedro Serrano y Francisco de Besares.



Blanca había bajado al arroyo a por un poco de agua. El deshielo hacía que la corriente bajara con más fuerza de lo habitual. Llenó el cántaro y, de vuelta a casa, se acercó a la huerta a coger un poco de hierbabuena. Raro era el día que sus hombres subían a la Hoya del Viznagal y no bajaban con una ardilla. “Si Dios quiere, esta noche cenaremos andrajos”. De repente, una voz lejana interrumpió su pensamiento.

-¡Blanca, espera, tengo que decirte algo importante! -Era Martín, el mayordomo del Concejo.

Martín era un hombre que rondaba los setenta, bajito y rechoncho. Bajaba corriendo por la ladera de la iglesia, justo al otro lado del arroyo. A punto estuvo de caer al agua al resbalar sobre uno de los cabrios que hacía de puente. “Por un ducado al año lo que tiene que penar este hombre”.

-Blanca, el gobernador de Segura ha traído órdenes -dijo medio asfixiado por la caminata.- El alcalde me ha pedido que Pedro se presente en el ayuntamiento lo antes posible.

Pedro era su marido. Él y su hijo Cristóbal eran la única familia que le quedaba.

-¿Sabes de qué se trata Martín?

Blanca estaba asustada. El alguacil de Segura sólo venía cuando tenía que recoger los diezmos. Y eso había sido hace tres meses. Aquel día, Pedro entregó la fanega de trigo y la media fanega de cebada y centeno que le correspondía. Al menos, eso creía ella.

-No sé los motivos. También me ha ordenado que avise a Francisco de Besares.

Al oír esas palabras, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Francisco era el cura del pueblo, un hombre joven, de unos treinta años. A pesar de ello, llevaba ya más de once predicando la palabra de Dios en la Iglesia parroquial de San Andrés, la única que existía en el pueblo. Con su llegada se había acabado el vaivén de sacerdotes que hubo antaño. El arzobispado de Toledo no ayudaba en nada para el buen funcionamiento de sus santos lugares. El salario de Francisco se basaba en las letanías y casamientos que hubiera en el pueblo. Los ingresos eran siempre escasos, salvo el año de la peste, que hubo más de cuarenta defunciones.

-¿Has hablado ya con el cura? -preguntó angustiada-. ¿Te ha dicho algo?

-No, no lo he visto aún, me han dicho que ha subido a la ermita a coger cera.

-Está bien Martín. Pedro está ahora en la sierra con el ganado. Cuando vuelva, se lo diré.

Se despidieron. Martín atravesó de nuevo el puente y se dirigió hacia la iglesia, tal vez para ver si había regresado el sacerdote.

Blanca se quedó inmóvil, el miedo le había agarrotado los músculos. Su cabeza no dejaba de dar vueltas. “¿Qué habrá hecho Pedro para que lo avisen desde Segura?”. No sabía que pensar. Quizás su marido la había engañado y no había entregado el diezmo al alguacil, y por eso ahora venían a rendir cuentas. Pero ¿y el cura?, ¿por qué avisarle también a él? No sabía que pensar.

Con paso ligero, regresó a casa, cogió su polaina, y echó a andar en dirección a la Hoya del Viznagal.



Pedro terminó de despellejar el animal y volvió a colocar el lazo. Hacía dos años que no se capturaba ningún oso en el valle y adentrarse al interior de la sierra en su búsqueda conllevaba demasiados riesgos. “Espero que este año se paguen bien”. La mañana era nublada y la nieve que aún se podía ver en las cumbres hacía que el aire soplara frío.

-Cristóbal, deberías ir a Siles a por la recompensa del oso.

Siles tenía fama de ser la villa donde mejor pagaban las capturas de salvajinas. Las Ordenanzas del Común de Segura así lo estipulaban, las habían firmado todas las villas de la Encomienda hacía siete años. Con un poco de suerte, les darían unos tres mil maravedíes.

-Está bien padre. -A Cristóbal le encantó la idea. No eran muchas las veces que salía del pueblo. Siles era una de las villas más grandes de la Encomienda y al muchacho le gustaba conocer lugares nuevos. Viajar era algo con lo que soñaba todas las noches–. A media tarde estaré de regreso en Bayonas.

Cristóbal era un crío de apenas trece años, pero curtido en mil batallas. La pobreza hacía que desde el momento en que se tenía uso de razón los niños fueran empleados en los trabajos del campo. A las niñas se les enseñaban las labores propias de la casa.

Pedro le dio el arcabuz. Con el interior de la sierra nevado era frecuente que los osos y lobos bajaran a los valles en busca de comida fresca. Cristóbal se echó la piel al hombro y se despidió de su padre. Por delante le esperaban cinco largas leguas.



bayonas
-¿Quién anda ahí? -gritó Pedro mientras agarraba con las dos manos su callizo.

-¡Pedro, Pedro!, soy yo. -Esa voz era la de Blanca, la identificaría entre la de diez mil mujeres. Salió de entre unos matorrales. Venía exhausta.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó sorprendido- ¿Qué sucede, Blanca?

-Traigo malas noticias, han llegado órdenes desde Segura. -Las palabras parecían no querer salir de sus labios.- Tú y Francisco, el cura, debéis presentaros inmediatamente ante el alcalde.

-¿De Segura?, ¡Pero si ya les dimos todo lo que nos pidieron!

-No sé Pedro... Esto no me gusta.

-Descansa Blanca, estás agotada.

Pedro sacó su cantimplora y le dio un poco de agua. Después bebió él y se sentaron sobre unas piedras.

-¿De verdad entregaste el diezmo Pedro?

-¡Pero cómo te atreves a dudarlo! Nunca os pondría en peligro por algo así. -La duda de su mujer le hizo enojarse.- ¡El honor de los míos está por encima de unas miserables fanegas de trigo!

-Ya Pedro, pero tú no crees.....

-¡Cállate, Blanca, tú tampoco crees, y pondría la mano en el fuego a que no nos deshonrarías por ello!

Era cierto, Blanca, al igual que la mayoría de las setenta y nueve familias moriscas que vivían en la Encomienda de Segura, seguían profesando su devoción por Alá. Debajo de su cama, Blanca guardaba celosamente el tesoro familiar, dos lienzos labrados con seda a colores, muy viejos y algo estropeados, con insignias de torres, fortalezas, y unas llaves. Al pie de ellas, una multitud de árabes aparecían como guardándolas. En letras arábigas, en uno de los lienzos se podía leer “En el nombre de Dios piadoso y misericordioso, que nos libre del Satán maldito”, en el otro, “No hay Dios sino Dios y Mahoma alumbrado de Dios”. Si esto se supiera, la Inquisición los enviaría a la hoguera a los tres.

De repente, Blanca temió lo peor, tal vez habían descubierto su secreto. El rey Felipe llevaba tiempo recelando de los moriscos que decidieron quedarse en España. El vecino reino de Granada hacía menos de un siglo que había caído. Muchos musulmanes decidieron pasar al otro lado del Mediterráneo, pero otros muchos, entre ellos los padres de Blanca, decidieron quedarse. Ellos murieron, y Blanca, con apenas catorce años, abandonó la ciudad de la Alhambra en busca de una mejor vida. Estando sirviendo para unos señores de la villa de Huéscar, conoció a un mozo diez años mayor que ella. Era guapo y gracioso, y trabajaba en una carnicería con sus padres y hermanos. Ese hombre era Pedro. Se enamoraron perdidamente desde el primer día, pero la familia de Pedro nunca la aceptó. No tuvieron otra opción que abandonar Huéscar.

Habían oído decir que la vecina Encomienda de Segura de la Sierra ofrecía muchas ventajas, que no se pagaban alcabalas y servicio a la corona, y que era una tierra muy fértil y casi despoblada donde a la gente que llegaba a avencidar se les otorgaba un pedazo de tierra y algunos aperos de labranza. La Orden de los Caballeros de Santiago quería que esta tierra estuviera poblada y estimulaba a las gentes a que vinieran a habitarla mediante leyes que emanaban del fuero de Cuenca. Era la forma más eficaz de controlar la frontera ante el vecino reino nazarí. Pero Granada ya había caído, y cuando llegaron se encontraron una tierra no tan paradisíaca como esperaban. Bayonas fue el lugar a donde los destinaron, en la frontera de la Encomienda con el vecino Señorío de las Cinco Villas del conde de Paredes de Nava. Hacía doscientos años habría sido el edén para cualquier familia; ahora se estaba convirtiendo en un pueblo en tierra de nadie.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   I am here.
02-03-2007 15:51
Yo no soy muy dado a este género, el histórico, y eso que me gusta la historia y creo que es imprescindible para conocernos a nosotros mismos. Pero este relato me ha gustado, he leído el comentario que te ha hecho Nachob y ahora me quedaría corto o sonaría repetitivo si te dijese lo mismo, pero lo comparto casi en plenitud.

Una sonrisa.

   bayonas
12-01-2007 21:01
Gracias por vuestros comentarios, me agrada que os haya entretenido, prometo volver por estos lares. Un saludo a todos.

   Una maravilla
11-01-2007 16:55
Una gozada de relato. Una cuidada ambientación, argumento sencillo pero muy logrado (bien mantenida la intriga), y muy bien escrito.

Enhorabuena.

   Muy bueno
10-01-2007 16:52
Me ha encantado el modo en el que la tensión se mantiene durante todo el relato, cómo uno se va esperando lo peor, y al final cómo se resuelve todo del modo más simple. Lo más curioso es que, sin darse cuenta, uno se ha dado una vuelta completa por toda la sociedad de la época. Muy buen trabajo

   RE: Muy bueno
30-01-2007 14:30
Efectivamente, a finales del siglo XVII, Segura permutó Bayonas por la dehesa de la Hueta, que pertenecía a Siles.
Todavía hoy, hay un lugar que se llama Puerto de Siles, cercano a la Hueta, que era por donde pasaban los límites de Siles con Orcera desde el año 1397.
Los habitantes de Bayonas abandonaron aquél lugar y se trasladaron a un valle de la cabecera del río Carrizal, cercano a Siles. que en la actualidad se llama la Vega de Castrobayona.
La pila bautismal mencionada está en la ermita de San Roque de Siles.
En la actualidad, Bayonas es una dehesa cercana a Bienservida, que contiene un área recreativa.

   RE: Muy bueno
04-02-2007 17:44
dijo:
Efectivamente, a finales del siglo XVII, Segura permutó Bayonas por la dehesa de la Hueta, que pertenecía a Siles.
Todavía hoy, hay un lugar que se llama Puerto de Siles, cercano a la Hueta, que era por donde pasaban los límites de Siles con Orcera desde el año 1397.
Los habitantes de Bayonas abandonaron aquél lugar y se trasladaron a un valle de la cabecera del río Carrizal, cercano a Siles. que en la actualidad se llama la Vega de Castrobayona.
La pila bautismal mencionada está en la ermita de San Roque de Siles.
En la actualidad, Bayonas es una dehesa cercana a Bienservida, que contiene un área recreativa.





Por lo que me cuentas debes ser de mi tierra, sin embargo debo decirte que la pila bautismal no está en la ermita de Siles, sino en la iglesia de Villarrodrigo. Por otro lado, no existe, que yo sepa, datos que avalen eso que dices que abandonaron Bayonas para irse a la Vega de Castrovayona, pues esta dehesa pertenecía a Siles, y las relaciones topgráficas te la diferencian claramente del pueblo de Bayonas. sin más, un saludo

   Muy bien
10-01-2007 20:23
Tenía ganas de leer el último relato, porque el género histórico es uno de los más difíciles. Se dice que un escritor escribe de lo que conoce, y hacerlo del pasado requiere una preparación previa importante y meticulosa.

Que de decir que me ha parecido un relato muy hermoso. Cumple ampliamente con el requisito anterior, pues se ve que esta muy trabajado en ese terreno. Pero además tiene dos elementos que me han gustado enormemente.

Uno es un estilo llano y directo, sin artificios o fatuosidades, que facilita la lectura y demuestra oficio o al menos talento.

El segundo, no sé si me equivocare, es que trasluce un gran amor a la tierra, a las raíces. No solo por haberse tomado el esfuerzo de conocerlas y recopilarlas, sino por el retrato entrañable de los personajes, como si estuvieses contando la historia de alguien que aunque, lejano, esta cerca, es de la familia, pisó los lugares que pisamos, miró los paisajes que ahora miramos, sintió y vivió donde ahora lo hacemos nosotros.

La historia es sencilla, pero maneja con maestría un leve punto de tensión que simplemente es una excusa para un viaje al pasado, al tuyo a lo mejor, pero también el de todos, y que nos ha puesto más cerca de unos antepasados que solemos ignorar pero que forman parte de nosotros, y a los que nos parecemos más de lo que creemos.

Un aplauso. Largo.


P.D.: A ver si te animas y te unes a nuestro pequeño grupo con tus comentarios, participaciones y relatos. A mi desde luego me ha resultado muy reconfortante.



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