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Horda: El enemigo a las puertas


Relatos de Fantasía

22-01-2007 14:30
Por: Nachob


horda: el enemigo a las puertas
Horas más tarde estábamos haciendo guardia en el gran salón de recepciones de la Torre entre las nubes, donde los distintos reyes y caudillos se reunían con nuestro Señor para preparar la defensa de la que ya era la última ciudad de los hombres. En el trono que la presidía, la imponente figura de nuestro Soberano supremo escuchaba los acalorados discursos de los distintos monarcas que llenaban el recinto, que exponían atropelladamente sus preocupaciones. Unos se mostraban más alterados y nerviosos que otros, probablemente según hubiera sido su contacto con el enemigo. Los sobrevivientes de sus ataques, que habían perdido sus territorios y casi sus vidas y que se habían refugiado apresuradamente en la ciudadela, se desvivían por explicar a los otros las atrocidades y ferocidad de la Horda. Mientras tanto los poderosos reyes del norte, más antiguos y altivos, les miraban, unos inquietos y otros irónicos, pues la mayoría consideraba que eran exageradas medidas tan extremas, y que una simple unión de sus poderosos ejércitos hubiera bastado para hacer frente a cualquier peligro. El Soberano les miraba circunspecto, sin intervenir, mientras estrechaba en su mano su mítica espada.

Contemplándoles se podía recorrer toda la diversidad a que habían llegado los seres humanos después de tantos siglos. Si bien todos asumíamos que descendíamos del Supremo, con los años sus rasgos se habían diversificado. Así, los habitantes de los reinos costeros del sur eran morenos y cetrinos, más bajos que sus homólogos del norte. Los del oeste eras más oscuros, pero esbeltos y de profundos ojos claros. Al este, en la zona de los grandes bosques, los hombres habían ensanchado sus espaldas, sus vestiduras se habían vuelto más rudimentarias y llevaban largas barbas atadas con trenzas. Unos eran más refinados, otros más rústicos, unos rezaban a unos dioses y otros a otros. La tierra era grande, y llevábamos mucho tiempo dominándola. Sí que me percate de que los pueblos que limitaban con las tierras negras del otro Primordial, el eterno antagonista de los hombres, destacaban por su aspecto belicoso y su bizarría. Otros reinos, más alejados de la frontera, no habían conocido más enemigos que sus cuitas personales, algunas de las cuales que a veces habían derivado en tremendas guerras, siendo en todo caso muy raras las ocasiones en que nuestro Soberano había llegado a intervenir. Siempre habíamos pensado que nuestro más letal rival era el Señor oscuro, con el que se llevaba desde el principio de los tiempos batallando, y nunca imaginamos que surgiría un adversario aún más mortífero y temible, que pondría en peligro nuestra propia supervivencia como especie.

Observando con atención aquel soberbio conjunto de jerarcas, me percaté de la presencia de una figura enigmática sentada bajos los arcos que cerraban el recinto al fondo, en la parte más discreta y oscura de la sala. Era una bellísima dama, esbelta, de porte elegante y noble, con rasgos afilados muy similares a los del Señor blanco. Miraba de lado hacia una ventana y parecía ajena al tumulto que se estaba formando. Le pregunté a un compañero más veterano en la guardia real, y me explicó que era la última monarca del reino que antaño separaba los territorios del Señor oscuro de nuestro Soberano, y la única superviviente de la gran batalla que se libró entre ellos en ese lugar. Fue tan terrible que desoló las tierras y las convirtió en un páramo maldito, quedando desde entonces y para siempre como yerma frontera entre ambas zonas, respetada hasta el momento. Por eso la contienda con los reinos negros únicamente se produce al sur. Comentaban además que era pariente directa del Señor blanco, y que sólo eso explicaría que hubiera podido sobrevivir al espantoso incendio que arrasó su castillo y del que fue la única superviviente. Contaban también que tras el mismo había vagado perdida y enajenada por las tierras salvajes e inhóspitas de los grandes pantanos, habitados por ancestrales seres y monstruos de pesadilla, y que sin embargo regresó de ellas viva y con un poderoso aliado.

Intrigado la examiné con curiosidad, justo a tiempo de ver cómo uno de los reyes de aspecto más zafio y actitud más sofocada, se dirigía a ella increpándola soezmente para que participara en el debate. Con ademanes agresivos se acercó a ella, pero se detuvo en seco al escuchar un espeluznante gruñido que surgió de las sombras a su espalda. Era el sonido más escalofriante que yo había escuchado hasta entonces. Al momento en la oscuridad se encendieron dos grandes teas ardientes, dos ojos sanguinolentos cuya sola mirada paralizó al ya aterrorizado reyezuelo. No puedo imaginar qué tipo de animal o fiera podría ser aquella que protegía a la dama, pero desde luego consiguió que el intruso depusiera su actitud y se retirara despavorido. Luego su presencia se volvió a diluir en las tinieblas. En ese momento la reina giró su rostro y pareció fijar la vista hacia donde yo estaba, cómo si supiera que la estaba observando. Se me heló la sangre en las venas. Si la mitad derecha de su rostro era del más hermoso que jamás hubiera podido soñar, la mitad izquierda estaba deformada de un modo horripilante por espantosas quemaduras, dejando al aire trozos de hueso y un ojo sin parpado que miraba de un modo terrible. Supe entonces que ya había oído hablar de ella y de cómo la llamaban. Comprendí por qué era la legendaria Reina quemada.

Pero al segundo volvió a girar su rostro y a encerrarse de nuevo en sus pensamientos, mientras el debate continuaba. Éste se había dividido ahora entre los que consideraban que la amenaza en realidad no era tan grave y bastaba con afrontar al enemigo en campo abierto con una fuerza combinada y bien preparada, pues habían oído que sus integrantes no tenían comparación en fuerza, coraje ni técnica con nuestros avezados guerreros, y los que ya se habían enfrentado a ellos, que completamente fuera de sí repetían una y otra vez que nunca se había conocido un rival igual.

horda: el enemigo a las puertas
En esos momentos se abrió la gran puerta de la sala y entró por ella un soldado, con la armadura totalmente cubierta de sangre, que arrastraba un saco tras de sí. Reconocí a uno de los bizarros oficiales de la tropa que defendía el castillo de los dos ríos, último baluarte que habíamos visto sucumbir y arder hacía unas horas. Había sido enviado in extremis por su superior para llevar un último mensaje cuando todo ya parecía perdido. Cojeaba y estaba visiblemente herido, lleno de magulladuras y laceraciones. Se situó trabajosamente en medio de grupo, que lo miró entre curioso y preocupado, y saludó al Soberano, pidiendo su venia para hablar. Cuando la recibió expuso con entrecortado aliento que habían tratado de defender la ciudad todo lo que pudieron, pero que el enemigo había resultado demasiado fuerte, imparable. Narró con simpleza de combatiente cómo habían fallecido todos peleando hasta la extenuación. Nuestro Soberano, afligido por la noticia, le preguntó quién era ese contrincante tan poderoso como para poder acabar con las formidables defensas de la ciudad en tan escaso tiempo. Ante esta cuestión el oficial, que parecía a punto de derrumbarse, alzó la mirada y arrojó a sus pies el saco que portaba, de cuyo interior extrajo lo que parecía una especie de mono furioso, lleno de pelo, que se agitaba y lanzaba continuos e infructuosos zarpazos y dentelladas. Su tamaño era de un poco más de la mitad de un hombre e iba cubierto apenas con pieles en forma de harapos. Sucio y primitivo, parecía una alimaña rabiosa que a pesar de estar rodeado de enemigos, o a lo mejor por eso mismo, se comportaba como un animal enjaulado y atacaba continuamente a todo lo que se le acercaba. Su hedor era inmundo, y apenas se podía distinguir un brillo de inteligencia en sus minúsculos ojos hundidos.

Lo sujetó con una cuerda al cuello, sin que pudiera evitar que le mordiera en su ferocidad. Luego lo ató a una argolla y se retiró para que todos pudieran examinarlo. Los allí reunidos se adelantaron extrañados y algo inquietos, y lo rodearon dispuestos a inspeccionar a aquel diminuto ser salvaje que no parecía sino una bestezuela iracunda y que, sin embargo, era el motivo de sus zozobras. Tras la primera sorpresa inicial, los reyes del norte estallaron en una carcajada, algo nerviosa, apuntando que semejante espécimen era imposible que constituyese una amenaza seria contra bravos soldados formados y entrenados para la batalla.

El oficial les miró con cólera. Les contestó que, no obstante, esos seres les habían barrido. Ante su actitud inquisitiva les explicó que tal vez fueran como animales, sin mente, sólo movidos por el impulso brutal de destruir y exterminar todo lo que se cruzara a su paso, que tal vez su fuerza no fuera apreciable, y sus armas, fundamentalmente unos puñales largos toscos, no fueran muy sofisticadas, pero que su determinación e instinto asesino era abrumador. Avanzaban sin respiro, por encima de sus muertos, llevados por el miedo o la locura, pero sin detenerse nunca. Y eran miles, cientos de miles. Como un inmenso hormiguero que lo arrasaba todo a su paso. Por cada uno que eliminabas aparecían diez más, y luego veinte, y luego cien. Podías estar horas aniquilándolos, pero seguían surgiendo más y más, con igual ímpetu homicida, hasta que el cansancio o su aplastante superioridad numérica te vencían y como ratas caían sobre ti, cortándote en pedazos. Eran zafios en su armamento y estrategia, pero lo compensaban con barbarie y cantidad. Cuando marchaban, no se veía el suelo. No se veía el horizonte. Sólo se les veía a ellos. Y el infernal zumbido que sus bestiales gruñidos producían, que te volvía loco y que era como si procediera de todas partes. No era un ejército: era un océano de diminutos monstruos implacables obsesionados con acabar con todo.

Su manera de contarlo hizo que se produjera un silencio total. Todos miraron de nuevo a aquel ser que parecía fácilmente aplastable, y por un momento trataron de imaginarse rodeados por centenares de ellos. Un estremecimiento recorrió sus espaldas.

El Soberano se adelantó y preguntó al oficial si había visto cabecillas o jefes en sus filas, que les organizaran o dirigieran. Era vital conocer sus métodos de ataque, conocer quiénes les mandaban, para tratar de eliminarlos lo antes posible. E incluso era importante en el caso de que hubiera que pactar o negociar en la victoria o en la (vaciló unos segundos, pero al final dijo la temible palabra) derrota. Éste dudó un momento antes de contestar, pero luego señaló que la Horda estaba compuesto por individuos muy similares, e incluso pensaba que muchos de ellos eran hembras y crías, que no desmerecían en brutalidad a la de los machos adultos. Pero no recordaba ver estandartes o uniformes. Sí que los componentes de la Horda llevaban como una burla cruel objetos arrancados a sus víctimas, que resultaban chocantes en sus pequeños cuerpos, pero salvo la especial crueldad de algunos de ellos, no recordaba haberles visto seguir instrucciones o planes en la batalla, sólo el ataque hasta la muerte. El Soberano se mostró intrigado por el interés de esos seres por asumir comportamientos o vestiduras de los hombres, como si a pesar de la batalla en el fondo se sintieran fascinados por la parafernalia de sus trajes, armaduras y blasones. Se acercó al espécimen, que ante su magnificencia se acobardó y empezó a gemir asustado. Lo levantó con su vigoroso brazo y lo reconoció, tratando de descubrir en su rostro algún signo de entendimiento. Sólo encontró instintos primitivos. Lo dejó caer y se volvió hacia los presentes. Todos esperaron sus palabras. Levantó las manos abiertas en actitud solemne y proclamó que era hora de que los hombres demostraran otra vez ser merecedores de habitar la tierra. La más difícil de las batallas había llegado, e iba a decidir quien iba a heredar el mundo. La humanidad y su inteligencia, o aquellos animales y su ira. Era hora de matar para vivir. Y tendrían que hacerlo, mucho y por mucho tiempo, si querían acabar con semejante y tan cuantioso enemigo. Les pidió que afilasen sus espadas, que transmitiesen su valor a sus súbditos, y que se prepararan para la guerra.

horda: el enemigo a las puertas
Más taciturnos que a la entrada, los distintos reyes y señores fueron saliendo de la sala, enfrascados en abatidas conversaciones y pesimistas pensamientos. La dama blanca, majestuosa en todos sus movimientos, abandonó también la estancia del brazo del Soberano. Mi alma quedó apesadumbrada, ante el incierto futuro que nos aguardaba. Cuando quise darme cuenta advertí cómo el prisionero capturado había conseguido liberarse de su atadura y trataba de huir corriendo en dirección a una de las ventanas que se abrían al fondo. Iba a salir en su persecución cuando de las sombras de los arcos donde momentos antes había estado sentada la reina quemada surgió como un rayo un descomunal y musculoso brazo peludo acabado en una demencial garra, que de un solo zarpazo atrapó a aquel ser en pleno salto y lo arrastró a la oscuridad. Oí sus chillidos de pánico y al momento un sonido de crujir de huesos, como si lo hubiesen partido por la mitad. Luego el silencio. Ni yo ni el resto de los que hacíamos guardia nos acercamos a ver que había pasado. Nos bastaba con saber la fuga se había frustrado. Me pareció percibir unos intensos ojos rojos que nos escudriñaban desde la penumbra, y un estremecedor sonido de enormes mandíbulas masticando.

Por la ventana la luz de la luna apenas conseguía atravesar con leves rayos las nubes que cubrían el cielo. Mañana sería un día de tormenta.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Apasionante inicio
24-02-2007 12:06
Odias la fantasía, ya, ya. Y yo soy el rey del melodrama, no te digo.

No es un relato original. Eso es verdad. Pero has conseguido captar perfectamente la esencia de la fantasía épica y trasladarla a tu mundo particular mejor que algunos aficionados del género. Descripciones precisas y cuidadas, personajes muy bien definidos, una situación insólita, extrema y terrible, un escenario majestuoso e imponente y un enemigo temible y brutal. La tragedia está servida. Se palpa la tensión. Se adivina el comienzo de una epopeya grandiosa en su concepción. Y, ante ello, un instante de calma, tierno y emotivo, tal vez el último antes de que la ferocidad de la Horda arrase con todo.

No es innovador, sí. Pero está narrado con solvencia, sensibilidad, buen gusto e ideas claras.

Espero que las otras entregas se mantegan a este nivel. Un saludo.

P.D: ¿Qué problema tenéis tú y Akhul con los monos?.

   Me gusto mucho
01-02-2007 00:42
Ami lo que más me gusta de la literatura es especialmente los relatos de fantasía; por que es donde tu desentrañas lo que hay en tu interior y lo transmites.

Es muy emocinante saber como será el siguiente capitulo espero y sigas con la misma drama y además que hayan conversaciones por que me parece que es todo narración.

Pero me encanto tu capitulo

   RE: Me gusto mucho
01-02-2007 10:18
Muchas gracias. Pero me temo que todo el relato ya esta escrito, y, aunque pasan muchas cosas, no hay mucho dialogo. Si no se hubiera alargado demasiado, y yo ya no doy mas de mi mismamente mismo.

Pero estoy seguro que encontrarás cosas emocionantes.

Gracias a ti y a todos, espero que me sigais leyendo.

   ¿y dices que odias la fantasía...?
25-01-2007 21:44
Para odiar la fantasía no se te da nada mal... Realmente es un comienzo prometedor y te desenvuelves en cuanto a la redacción igual de bien que con tus relatos de otros temas. También la idea es interesante y la ambientación... Yo creo que ya no puedes decir que odias la fantasía porque te desenvuelves bien.
Es pronto para juzgar el argumento pero el relato apunta bien. Por cierto, me ha gustado el detalle del guerrero y los niños. Es muy tierno. Por último, veo que ya sabes el número exacto de entregas, de forma que es una historia terminada y eso se agradece mucho. Creo que estas series es mejor terminarlas primero y no recurrir a la traicionera improvisación...

Hay algo que me ha extrañado y son las coincidencias con la serie que estoy escribiendo...

   Los monos asesinos... ¡Como me gustan!
25-01-2007 21:42
He necesitado mas de dos días para poder leer tu relato, y no es porque no me gustara, sino que cada vez que me ponía, surguía algo que me obligaba dejar la lectura.

Pero por fin la acabé.

Esta primera parte me encanta, hay partes que la expresión sufre un cresendo digno de la mas pura épica fantástica. Y por eso debó darte la enhorabuena.

¡No leía algo así desde La Rueda del Tiempo!

Luego, el lenguaje con el que escribes es de lo mas fluído y minucioso, guías al lector por tu nuevo mundo de manera magnífica haciendo confluír la descripción con la acción de la historia.

Tan solo he encontrado un fallo (que por otra parte creo que debe ser necesario) y es la extensión de algunos párrafos. No esque se hagan pesados, pero tu lenguaje tiene tanta fuerza, que el lector se abruma (Por lo menos es lo que me ha pasado) si lo lee tan seguidamente. Pero es tan solo mi opinión.

En conclusión Nachob, que espero la siguente entrega como agua de mayo.

   ¡A ver esa segunda parte!
24-01-2007 18:04
{message_hidden_body}

   Un comienzo épico
22-01-2007 14:32
Modelar un nuevo mundo de fantasía es una tarea epopéyica. Conseguir hacerlo en un capítulo sin agotar al lector, titánica. Enhorabuena.

El mundo que has creado tiene unos cuantos elementos geniales: la gran ciudadela, la horda imparable, la clásica unión de los pueblos... Ahora queda ver cómo los explotas.

Personalmente soy más aficionado a la acción que a la descripción, y aun así has conseguido engancharme. Sólo buenos augurios a la espera de las siguientes partes.

ps.- Otro acierto es el título. "Horda", sin determinantes ni artículos, da una sensación más consistente, más enorme.

   Wau
22-01-2007 19:49
Lo he imprimido y lo he leído, y me ha quedado una sensación bastante agradable.

Obviamente, no podemos tomar lazos muy fuertes aún en nuestras opiniones pues es solo un comienzo de lo que será. Y a mí me ha cautivado.

Lo primero que intento siempre no ver en un relato de este género, y normalmente me suelo encontrar, es la reiteración de nombres y más nombres propios de seguido que hace que el lector se abrume entre tanto capricho del autor y se agobie y no recuerde al final nada. Contigo no ocurre esto.

Me encanta tu escritura, no ya solo por la gran destreza y la maestría que tienes al desenvolverte, sino porque todas las descripciones que has hecho me han traído imágenes muy clara, concisas, y me han sumergido de lleno en ese mundo que ha empezado a adueñarse de mi mirada como amante de la fantasía.

Al principio pensé que estaba viendo una historia más como otras tantas, con los mismos tópicos y los mismos infortunios. Y en cierta manera es difícil ser original, pero a mí me ha empezado a encantar aún más cuando has sacado a la luz esa bestia con forma de mono y nos has dado a conocer a ese enemigo que hasta entonces sólo lo habías nombrado una y otra vez como "el más temido"; "imparable", etcétera.

Me ha llegado mucho la escena en la que queda palpable la personalidad de ese hombretón que aparentemente parece bruto y tiene alma juguetona y tranquila. Trasladas fenomenalmente al lector de un punto a otro de la historia y practicamente mientras lo he ido leyendo me ha parecido que esta visionando, más que leyendo, el relato. Parecía como si a través de la mirada de ese protagonista me sumergiese en el mundo, y desde los cielos, fuese contemplando las escenas.

Simplemente maravillso. Como antes dije, y reitero, me ha cautivado; y a esperas de la siguiente entrega me quedo, amigo.

Una sonrisa.

   RE: Wau
24-01-2007 10:52
Así da gusto, espero no decepcionaros.

Me repasaré el resto de los capitulos, que ya estan escritos, para mejorarlos en lo que pueda.

Recomiendo para su lectura, naturalmente, la BSO de ESDLA.



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