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Relato para participar en el concurso "Homenaje a Polidori", cuya temática se inclina al oscuro mundo de los vampiros.
I
Visto de negro porque estoy de luto. O quizá para hacerme uno con la noche que atravieso. No proyecto sombra; ahora soy la mía propia. He vuelto a matar, pero el luto es por mí. Sólo por mí. El diablo anda cerca, merodeando. Los perros se enloquecen, los gatos amenazan a la nada, las palomas rehuyen de lo invisible. La luna sangra. Sangra y yo visto de negro en una noche de gárgolas animadas y antropófagos sigilosos. Ahora lo sé bien. Pero porque estoy muerto, preso en mi cárcel de carne. Soy un alma atrapada en una mazmorra de células muertas, pálidas, frías, sempiternas. Camino ya estando fallecido, y siento al Diablo andar por ahí, en las calles peladas y umbrías. El silencio de mi encierro, de mi condena me rodea y me sofoca.
Debe haber un modo de quitarme este atavío y confiar mi alma a los verdugos del purgatorio. Debo hallarlo, pero no sé cómo.
El sol me atormenta. La luz es vida; la oscuridad es muerte. Yo soy sombra, soy noche. El día me enturbia los sentidos, me veo obligado a emerger a altas horas, cuando ya el sol se ha sepultado en el horizonte.
Hallé dónde esconderme y dormir. Durante las horas diurnas me arrastro por las alcantarillas. No confío en las construcciones abandonadas o las casas en ruinas. Me acogen mejor las cloacas. Casi no huelo los vahos de podredumbre. Peor hieden mis manos, mi culpa. He… he vuelto a matar.
Me creyeron loco, incapaz, demasiado cobarde. Recuerdo sus actitudes, pero sus rostros están borrosos, como tinta pasada por demasiada agua. Juro que lo hice, ¡juro que estoy muerto! ¡Dios, la ira crece dentro de mí como un orbe de espinas y cuchillas! Pero la retengo, la retengo con dolor… soy mártir del vacío, de la nada. Ellos me supieron neurótico y es pura verdad. Siento mi paranoia gritándome con fuerza en la nuca. Empero estoy dispuesto a asegurar que no me engaño a mí mismo.
No les dejé internarme, no pude. Recuerdo haberlas contado. Seiscientas sesenta y algo… demasiadas puñaladas, demasiadas. Tuve que hacerlo por mi propio bien. Pero la ira no se fue… sólo creció. Ahora estoy solo.
El Diablo ronda por Der Wolf. La plaza está sumida en profundo letargo. La figura negra se desliza confusa entre los árboles. ¿Viene a buscarme? ¿Desea excavar en mis vísceras, hender mi abdomen gris y extirparme el alma? Sí. Sed es lo que tiene. Y yo también. He de volver a asesinar. Porque debo. De otro modo me rendiría a las garras de Luzbel. No lo anhelo. Necesito carne fresca; fuerzas; voluntad.
Siempre fui abúlico. Pero cuando arranco la piel, desgarro los músculos y trago la sangre es distinto. Todo cambia. Cobro energías, reclamo lo que otrora perteneció a mi víctima. Por desgracia lo bueno no dura. El hambre regresa siempre. Es un instinto nuevo, vehemente, sobrenatural. Padezco de una antropofagia aberrante y lasciva. La disfruto con grotesca satisfacción. No razono a la hora de alimentarme. Como un lobo salvaje salgo a cazar. Sólo en cuanto me siento satisfecho soy consciente de mis actos.
Poco queda de mis presas. Lo que no estoy digiriendo lo he destazado con lo que encontré; en su defecto: uñas y dientes. Todo lo degenero con mis impulsos malsanos, libidinosos y primitivos.
Supongo que Lucifer siente lo mismo. Busca almas descarriadas. Me busca a mí.
Odio permanecer en este limbo entre Cielo e Infierno, caminando desde mi cadáver por el mundo de los vivos. Puedo sentir mi vello erizarse. La cicatriz alrededor de mi cuello arde, quema como llamas del Tártaro.
Azufre.
Huelo su presencia mezclada con mi culpa. Oigo, aquí bajo la farola herrumbrosa, sus pasos, sus pezuñas. Siento su aliento traído de los Avernos. Casi puedo palpar su cornamenta hirviente. No me cabe duda. Él también siente mi hedor fusionarse con el suyo, confundiéndose uno con otro. Aún tengo presente el sabor de la sangre en coágulos sobre el paladar. Tengo que huir.
II
Creo ver cosas que antes me estaban vedadas. Cosas que los vivos no pueden ver, o que en vida no tuve la posibilidad de ver. Seres, arquitecturas, acontecimientos, fenómenos, que si naturales o sobrenaturales lo dispondrá el Demonio. Desde mi hora final, desde la malaventura de mi deceso incompleto y desfigurado, tuve el infortunio de percibir entidades oriundas de las sombras. Y lo que es peor: creo sentirme una de ellas. Pero prefiero evitarlas.
No siguen un patrón determinado o arquetipo alguno. Son siempre diferentes y todavía no tuve oportunidad, gracias al Divino, de entablar un contacto profundo con alguna.
Sólo con pocas ánimas rebeldes he tenido cierto acercamiento: los cadáveres.
Se ocultan bajo los cuerpos muertos, envueltos en ropas polvorientas con fuerte olor a viejo, a añoso. Muchas veces son huéspedes en ancianos, pero es mucho más macabro cuando usurpan el cuerpo de los niños. Están muertos, sí. Pero aquellas almas heréticas los dotan de una energía de misántropo y diabólica.
Los más comunes, he dicho, son los cadáveres seniles. Conservados por siglos en lo profundo de una fosa húmeda, emergen como autómatas y poco a poco recuperan fuerzas con la luz de la luna y los astros. Por suerte lo mío fue instantáneo. Nadie vino a buscarme. Además, no toleraría sentir el encierro. Creo que soy diferente a ellos. Hace poco he fallecido. Por ahora me considero único en este imperio de oscuridad. Me veo a mí mismo más… humano. Sólo un poco más. O simplemente diferente, ya no lo sé.
Los mortales, como alguna vez yo mismo, los ven como hombres ajenos. Gentes que verán por primera y última vez. Personas anónimas y miserables. Lo pueden ver en su andar, en su piel curtida, en sus ropas andrajosas, en sus años de sufrimiento y desarraigo. Pero los ven vivos y se equivocan. Si se detuvieran a contemplar a aquellos ojos hundidos, esas pupilas huecas e insondables, quizás y sólo quizás podrían vislumbrar una pista acerca del mundo que corre paralelo al de los vivos. Pero los ignoran. Cual yo lo hice alguna vez.
¡No, no! No me creo diferente. Me sé diferente. Ellos toleran el sol, el día. Los muertos vagan también de día. Me pregunto si seré una sombra, o si pronto obtendré la forma de una gárgola, o algo peor que aún no conozco. ¿Qué soy? ¿Quién soy? Me esfuerzo terriblemente por recordar mi nombre de vivo. Pero no puedo, ¡no puedo! ¡Se ha ido con mis látidos, con mi sangre! Me convierto poco a poco en un ser inhumano. ¿Soy un animal, un vampiro o un psicópata inconsciente? No puedo pensar en ello mientras el hambre me atormenta. ¡Siento los músculos de mis brazos erectos, con la primigenia necesidad de matar, de alimentarme! ¿Cómo? ¿Cómo puedo yo, débil como lo fui siempre en mi vida sedentaria, asesinar como lo hago? No soy el mismo.
Afuera el sol arde con rabia y los vivos caminan en todas direcciones, trabajan, estudian, cogen, juegan, mueren. Sé que así es porque yo también lo sentí.
Cinco pértigas llueven desde la tapa de la alcantarilla. Cinco columnas de luz diurna. El polvo se hace visible en ellas. La mugre se entrevé de día, pero lo peor surge de noche. Todavía no encuentro cómo terminar de morir. Siento una dualidad enfermiza en mis sentimientos. Quiero morir pero no puedo permitirlo. Sin embargo lo intento, pero no hay más sangre en mis arterias. Soy un espectro. Intenté reventarme las venas, pero ya estoy muerto, seco como un fruto deshidratado. Sólo la carne ajena vierte sangre en mi organismo. Necesito comer.
Estoy harto de yacer aquí abajo, enrollado como un feto malformado en un vientre ponzoñoso. Quiero la noche, ¡la deseo con fervor! Deseo que la luna reine y que su luz trémula ilumine el parto de cada salida, cuando las napas me expulsen cual pus ensangrentado, supurante de la piel enferma. Pero el astro tirano me retiene. Aguardo… pienso en cómo daré muerte.
Esta vez será un vagabundo. Un paria. Alguien cuya ausencia no se perciba. Seguro el hambre se irá. Mis impulsos se opacan y adormecen cada vez más en cuanto sigo devorando. Espero luego tener que cazar una vez por semana. Por quincena con suerte.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Intenso |
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05-05-2007 21:34 |
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Es un texto extraño. Es intenso y muy expresivo. También irregular, caótico, desquiciante y repetitivo por momentos, incluso confuso; pero en cierto modo eso forma parte de su encanto.
Un saludo.
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Registros |
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15-04-2007 21:04 |
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El relato en general está bastante bien. Me parece que has escogido una estructura formal correcta para transmitir lo que querías. ¿Qué mejor manera de indagar en la psicología de un personaje que la narrativa lírica? Como ya han apuntado, también es un acierto que está en primera persona.
En cuanto a los elementos negativos: creo que el relato mantiene un registro lingüístico medio o "normal"; es decir, que ni es un estilo elevado ni es un estilo coloquial. De manera que llama mucho la atención y distrae bastante que utilices vocablos más "cultos" como "sempiternas", "empero" u "otrora" -que, curiosamente, se concentran sobre todo en la primera parte- y, en contraste, otras expresiones más coloquiales del tipo "ahora paso de ellas" o "tengo flashes en la cabeza" (¿?) -que aparecen aglomeradas en una parte más avanzada del texto-. Personalmente, creo que si estás escribiendo en un determinado registro -especialmente si lo estás hacienso en primera persona, ya que hay que guardar la "regla del decoro"- no puedes salirte de él alegremente. En este texto, para mi gusto, sobran tanto esas florituras como esos coloquialismos; ambos son salidas de tono.
Y, para finalizar, una duda. Cuando en el octavo párrafo de la parte II utilizas la palabra "cogen" ¿te refieres a la acepción sexual que se le da al verbo en algunos países hispanoamericanos?
Nada más, espero haberte servido. Te animo a seguir escribiendo.
Saludos
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RE: Registros |
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19-05-2007 05:56 |
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Muchas gracias por las críticas, siempre vienen al pelo. Y si, con respecto a "cogen" me refiero al acto sexual (puesto que vivo en Argentina, es algo bastante normal).
Te dejo un saludo! Suerte!
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Irregular |
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14-04-2007 23:00 |
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Me ha gustado la idea de hacer un relato reflexivo desde el punto de vista del verdugo (el vampiro) y tratar de ahondar en su psicología. Ahora bien me parece que el estilo es excesivo, demasiado prolijo en adjetivos que frenan el ritmo de la narración y que además, lo contado no está a la altura de la idea, como si te perdieras en el encadenamiento de imágenes y te olvidaras del relato. No vas por mal camino pero deberías de centrarte en lo que quieres contar y, una vez lo tengas claro, decides como contarlo. Un saludo
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Gracias por las críticas! |
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04-04-2007 15:59 |
Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer el relato y formular las críticas que tan bien me vienen! Después de todo es la forma más enriquecedora de crecer. Supongo que deberé obviar tanta podredumbre y hacer las cosas más directas la próxima vez.  :-P
De nuevo gracias por tomarse un tiempo y por dar sus opiniones. ¡Sabré aprovecharlas!
Saludos!
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Algo sobrecargado |
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02-04-2007 12:11 |
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La historia creo que hubiera ganado unos cuantos enteros si la hubieras aligerado: más directa, menos empantanada en las vísceras que, como apuntan, abundan en el texto. En algunos momentos el lector se siente confuso entre tanta macabrada.
En cualquier caso, una buena historia que apunta que vendrán otras mejores.
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Evocador |
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28-03-2007 16:17 |
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No sé qué ha pasado, mi anterior mensaje no ha salido :s Que venga un administrador y lo borre, aquí lo escribo otra vez.
El relato me ha parecido largo y a ratos confuso, te centras más en contar lo que siente el vampiro que en la trama de la historia y eso hace que se vaya perdiendo el interés por lo que pasa.
Lo que más me ha gustado ha sido la narración, muy lírica, emotiva y evocadora, con mucha fuerza. La metáforas que empleas son preciosas y tiene muy buen ritmo. También me parece un acierto emplear la primera persona en un relato de este tipo.
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Me gusta. |
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22-03-2007 16:33 |
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En general me gusta, pero quizá por mi gusto a la hora de leer se me ha mostrado denso. Como si trataras de remarcar muchas veces la "podredumbre" de la que se rodea cuando queda bastante clara desde el principio.
El final me convence mucho, enhorabuena.
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Bueno, pero irregular |
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23-03-2007 08:46 |
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Es un texto largo e intenso, y tal vez por ello tiene momentos realmente sobrecogedores con otros en los que adolece de una bajada de interés, e incluso de cierta confusión.
Es curioso el planteamiento del vampiro, que parece más un zombie que uno de los habituales al uso, además de su forma de adquirir tal condición, que no queda muy clara. Solo al final introduces la temática vampírica, de un modo que además queda algo abrupto.
En cuanto a lo bueno, el que viva en las alcantarillas tratando de asumir su condición y el patetismo de algunos momentos, así como el hecho de que aparezca y se enfrente con otro de su condición.
En cuanto a lo malo, ciertas reiteraciones argumentales, como los sesos en la pelea, que salen por todos lados, una excesiva reiteración de la podedumbre (no se cuentan dos veces lo mismo, sin introducir algún matiz), lo de la viga en el garaje (este término lo situa temporalmente en la época moderna, y en mi opinión, haberla situado en otro sitio - una bodega, un sotano - le daría un aspecto más intemporal, mas propio de la historia), o cierta incoherencia entre lo que recuerda y lo que no.
El tratar de recalcar la expresividad de un texto o potenciar sus aspectos más emocionales del personaje no es óbice para que esos aspectos formales influyan sobre la coherencia intrinseca del relato.
Bien por la idea y la emotividad del relato, algo más flojo en la ejecución (tal vez su longitud haya dificultado este aspecto).
Es solo una opinión, espero leer más cosas tuyas.
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