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Un relato corto ambientado en un 2480 donde la globalización sustituye al gobierno americano y la diferencia entre pobres y ricos se acentúa. Para los amantes del cyberpunk.
La espesa neblina de la mañana se elevó sobre los tejados de las tiendas y casas, estableciéndose justo allí, aguardando al mediodía. Con el sol semioculto tras una capa de vapores venenosos, las perpetuas temperaturas bajo cero eran lo que los ciudadanos de Ambrosía llamaban un buen día.
La calle, un estrecho pasadizo de cemento, conservaba los charcos de lluvia ácida que se habían formado durante la noche. A esta temprana hora, las personas emergían de sus hogares y enfilaban hacia diversos destinos, evitando los charcos para no echarse a perder el calzado. Cerca de una tienda destartalada que vendía material informático, dos hombres con la ropa deshilachada y pantalones que apestaban a orines, injertaban en su cuello largas jeringas repletas de un líquido plateado que brillaba con fuerza. Era una variante de la coca-x, una versión callejera de la popular droga "Sueños Lúcidos", que por desgracia estaba arriba del presupuesto de la mayoría de los mal vivientes que pululaban el barrio.
Al lado de estos personajes, del fondo de un callejón sin salida que estaba al lado de la tienda, salió un hombre alto de entre dos cubos de basura. Su aspecto era el de un matón o un mercenario a sueldo, con esos lentes oscuros en un día nublado, botas de cuero plástico y chaleco negro de fibras. Se dirigió hacia una tienda de la otra acera mientras echaba una mirada nerviosa por debajo de las gafas al callejón del que salió. Al día siguiente, los basureros robots se llevarían el cuerpo de una muchacha de catorce años con varios disparos de láser en el tórax.
Sin que su lenguaje corporal resaltase este hecho, el mercenario llegó hasta el escaparate del edificio y aparentó mirar lo que había a la venta. Su brazo cibernético, un modelo de los mandados a hacer, colgaba rígido de su hombro. Era una pieza del mercado negro, con un recubrimiento metálico muy resistente y varios extras como las garras de cerámica retráctiles que guardaban cuatro de sus dedos.
Mientras se movía de nuevo, tal vez hacia el punto donde había acordado recibir su paga, el matón saboreó el gusto de los dólares g-a que le pagarían en poco tiempo. Su trabajo fue bastante sencillo. Dos horas o tres de seguir a su chica silenciosamente hasta uno de los barrios bajos de la ciudad a la que acababa de llegar en metro. Pronto se estaría embriagando en algún bar cercano y buscando algo de buena compañía femenina.
El drogadicto de la coca-x vio pasar al hombre a lo lejos, deslumbrado por la calidad del brazo cibernético que llevaba. Le masculló un pastoso "No me tardo" a su compañero, seguido de un "Regreso", que tal vez fue un "Mierda". Sin los dientes es muy difícil de comprender algunas palabras y el efecto secundario de la coca-x es provocar la caída de éstos.
Se le acercó por detrás al mercenario a sueldo, tropezando con sus propios pies y rebuscando en un andrajoso bolso de mujer que llevaba colgado al hombro. Mientras encontraba su paquete de "Aguijoneadores" recibió un par de empujones por estorbar el paso en la acera.
Al fin sacó un tubo color amarillo canario, con un botón rojo en un extremo y terminado en un hoyo en el otro. Llevaba grabadas en rojo espolvoreado en brillantina las palabras "O la la".
El aguijoneador era una arma práctica de un solo uso que se conseguía con facilidad, venía en paquetes de a tres y no costaba más de ocho dólares generales americanos.
Sonriendo por su buena suerte, y exponiendo sus desdentadas encías al hacerlo, el drogadicto pegó el cañón del Aguijoneador a la espalda del matón con chaleco de fibras, a la altura de los riñones y sin mediar palabra, apretó el botón.
El arma hizo honor a su nombre al lanzar de su interior siete decenas de largas agujas que atravesaron limpiamente al mercenario de lado a lado y se reventaron contra el suelo, en donde rebotaron en todas direcciones.
Con un grito de agonía y sorpresa, el hombre cayó al suelo sujetándose el vientre y sangrando a chorros. Todavía trató de activar sus garras retráctiles cuando el drogadicto se le echó encima y le rajó la garganta con una hoja de afeitar.
Varios hombres y una mujer con poca ropa vieron el suceso y se lanzaron sobre el cuerpo. El resto de los transeúntes siguió su camino procurando no meterse en asuntos ajenos.
Peleando por las mejores piezas, pero sin tomar nunca nada entero, arrancaron entre todos al moribundo que se hizo cadáver en instantes cada órgano que pudiese ser vendido y cada implemento cibernético que llevase. Le desarmaron su pulmón artificial y sus emplastes dentales.
Cuando la mujer semidesnuda trató de correr con el antebrazo de metal, casi fue atravesada por una variedad de objetos afilados que le erraron por poco.
Cuando terminaron de desmantelar la pistola de láser que el cuerpo llevaba oculta en una sobaquera, los rapaces tomaron su parte del botín, se alejaron de cualquier posible ladrón y se perdieron en distintos callejones.
Al día siguiente, luego de tomar a la chica del callejón, los robots basureros limpiarían la masa informe que antes fue una persona y la llevarían a su central, donde varios empleados la quemarían en algún horno.
La mujer semidesnuda llegó a una esquina alejada del barrio, ya entrada la noche sin luna. Se encontró con un traficante de órganos del mercado negro, un corpulento sujeto con un ojo de vidrio y vestido con un sombrero raído, camisa y pantalones de plástico sintético cubiertos con remiendos. Le cambió a la mujer el hígado y las partes metálicas que tenía en una bolsa por dólares g-a que le permitirían comer caliente unas semanas.
El ojo del traficante era en realidad un caro implante cibernético, pero el no era ningún idiota como para llevar semejantes artilugios expuestos así como así en un barrio bajo de Ambrosía.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Hola |
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02-02-2007 00:26 |
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El relato no nos cuenta nada. Al menos nada nuevo, o algo que nos sorprenda o nos atraiga. Se narra el simple hecho de que un robot mata a otro con la consecuente moraleja de un futuro algo frío y aterrador que nos espera en la que seamos meras piezas mecánicas y robóticas sin magia ni encanto. Pero aparte de esto ser un topicazo, no es tratado de una manera que tome maneras que distraigan, al menos, es una narración breve que se queda incompleta porque deja al lector con ganas de algo que nunca llega.
No está mal escrito, por ello auguro que podrías hacer muchos más relatos buenos y deleitarnos. Y en la ciencia ficción se puede fantasear mucho. Pero este peca de originalidad, y mira que la ambientación me llegó a atraer. Siento ser quizá algo duro y directo, pero es que no saqué nada nuevo, ni nada constructivo, ni nada que me complaciese como para dedicarte un "me ha gustado".
Una sonrisa.
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Incompleto |
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30-01-2007 17:23 |
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El relato está bien escrito y resulta fluido, pero creo que se queda cojo. Nos describes un escenario que no es novedoso y tampoco aportas gran cosa al mismo. El único chispazo es al final, con lo del ojo de cristal.
Por otro lado, veo innecesario que el título vaya en inglés y tengo la impresión de que los personajes resultan muy vagos. En definitiva, veo buena materia prima pero poco utilizada. Veremos que depara tu siguiente texto...
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Cyber punk |
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30-01-2007 19:20 |
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Aparte de consideraciones formales, que más abajo te señalo, me ha parecido un buen relato de ese peculiar estilo. Retrata un mundo cruel y despiadado, donde la complejidad tecnológica ha sustituido a las garrotas, pero el fondo sigue siendo el mismo (el regreso del hombre a su etapa más sangrienta y violenta, o dicho de otra manera, no importa donde lleguemos con nuestra ciencia, siempre seremos unos salvajes).
Esto se puede compartir o no, pero tu cuentas una buena anécdota al respecto. Pero yo no lo situaría tan a largo plazo (a este nivel de progreso, no quiero imaginarme que será el 2480).
En cuanto a la forma, un par de vueltas más no le hubieran venido mal. Antes de dar por cerrado un relato tienes que dejarlo reposar. Sino puedes cometer el error de que la prisa te venza y no consigas transmitir bien lo que tienes en tu cabeza, y no en la nuestra. O considerar que como el argumento te parece tan bueno no importa la forma, pero insisto, no estamos en tu cabeza si no nos pones en ella, y eso es cuestión de estilo.
Por ejemplo el párrafo 5º esta bastante ambiguo y te rompe la suavidad con que antes se leía (insisto, tu me llevas, y aunque tu sepas donde vas, si te descuidas yo me pierdo, y ya has roto la magia).
Hay algunas cosas que han quedado un poco ambiguas o falta de explicación, sobre todo para alguien que no es un fan del genero (¿porque la mujer estaba medio desnuda?, no se entiende tampoco demasiado bien el tema del aguijoneador o de la prótesis. En cambio en la introducción podrías haberte explayado un poco más, para meternos un poco más en ambiente.
En todo caso me parece un buen cuento, impactante hasta cierto punto, desde luego entretenido, que con un par de vueltas hubiera quedado más redondo (bien el final, con el detalle del ojo).
Esto, naturalmente, solo es una opinión. Un saludo.
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RE: Cyber punk |
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30-01-2007 22:45 |
Agradezco sus comentarios, es cierto que el relato tenga una forma y personajes vagos, pero esto es mas o menos lo que pretendía. Los relatos de Decay son para ambientar el mundo del 2480, por lo que el contexto se me hizo mas importante que los personajes. No justifica que sean tan vagos, pero mi intención era destacar el contexto mas que estos. En fin
Planeo hacer tres relatos del mundo distópico, uno por cada clase social. Aunque ya mandé el segundo (Cierto dos veces lo de no dejarlo reposar, Nachob >.<) prometo pulirme para el tercero.
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