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Horda: El infierno sobre la tierra


Relatos de Fantasía

05-02-2007 15:50
Por: Nachob

Segunda entrega de una fantasía épica en cuatro capítulos y un epílogo


horda: el infierno sobre la tierra
Llevamos un mes luchando sin cesar contra la Horda. He perdido la cuenta de con cuantos enemigos he acabado ya, y mi uniforme está pegado a mí como una segunda piel, lleno de sangre y restos. Apenas descansamos, a pesar de que el agotamiento es lo más peligroso, porque si desfalleces un segundo y les das una simple posibilidad saltan sobre ti como alimañas y te despellejan vivo. He visto compañeros morir así, en un abrir y cerrar de ojos, simplemente por tomarse un segundo para recuperar el aliento.

Vienen por oleadas. Insistentemente, sin parar, sabiendo que su única opción es no darnos tregua. No les importa morir, se lanzan irracionalmente uno tras otro llenos de rabia y locura, pisando los cadáveres de sus propios congéneres. Los rechazamos tenazmente con espantosas pérdidas, y siguen llegando. Cuando abren una brecha todo está perdido. No hay segunda oportunidad. Como monos rabiosos, machos, hembras, crías incluso, atacan constantemente, infatigables, en una espiral diabólica. Son tan parecidos que llegas a creer que son inmortales, que siempre estás matando al mismo, una vez y otra vez y otra. Al final te duelen tanto los brazos que parece que se te están cayendo, pero tienes que continuar, clavando, golpeando, destrozando, despedazando, partiéndoles por la mitad mientras te ahogas en su sangre. Si alguien quiso saber qué es el infierno para un guerrero, está claro que se ha desatado sobre nosotros.

***

Lo primero que percibimos de ellos fue el sonido. Fue tal como nos lo había descrito el oficial de la desventurada ciudad de Gondomar. Primero un rumor distante, suave, pero a la vez extrañamente inquietante. A medida que pasaba el tiempo el ruido aumentaba en intensidad, se hacía más virulento y desagradable. Al cabo se convirtió en un fastidioso zumbido, como el de cientos de panales lejanos. Para entonces los vigías ya empezaban a divisarlos. Cuando les preguntamos por dónde venían, contestaron desencajados: ‘por todas partes’. Era verdad, el sonido llenaba el aire, adueñándose de todo. Tras unas horas era tan alto y agudo, que destrozaba los nervios. Todavía no se les veía desde la muralla exterior, pero parecía como si incontables insectos revolotearan a nuestro alrededor. Fue entonces cuando llegó el olor.

Al principio también empezó tenue, como el ruido. Un olor acre, a establos, a ciudad repleta. Creo que todos nos miramos y miramos a nuestro alrededor pensando que provenía de dentro, de nuestro propio hacinamiento. Pero cuando nos dimos cuenta de que llegaba con el viento, y que inundaba toda la ciudad, supimos que esa pestilencia provenía de ellos. Miles y miles de sucios y apestosos seres avanzando sin descanso, sobre sus propios excrementos, portando los restos de cientos de cadáveres exhibidos como trofeos. Tratamos de vaciar nuestras mentes e ignorarlo, pero el hedor era cada vez más insoportable. Muchos empezaron a perder los estribos.

Las mujeres trataban de calmar a sus hijos, que atemorizados ante aquel espantoso ruido y la inaguantable fetidez rompían a llorar desconsolados. El viejo Edgar se acercó entonces a unos niños que atemorizados se escondían entre las elegantes columnas y, sacando un pieza de su querido pan de ambrosía, se lo mostró y les pidió que imaginaran que ese bollo era la Horda y que su propia cabeza representaba la ciudadela. Los chiquillos le miraron con los ojos como platos. Captada su atención, y con una sonrisa pícara, acercó lentamente el bollo a su rostro, manteniendo la expectación. De repente, abrió su enorme bocaza y lo devoró de un solo mordisco, gruñendo teatralmente y haciendo que los chavales, tras el pequeño susto inicial, estallaran en liberadoras carcajadas. Luego su atronadora risa llenó el recinto, y compartió más pan con sus nuevos amigos. Es un tipo estupendo, el viejo soldado.

Cuando el sonido se volvió un fragor ensordecedor y recibimos una bofetada pestilente que a más de uno hizo casi vomitar, supimos que habían llegado al borde de la meseta que bordea la ciudadela. De repente se hizo el silencio. Imagino que incluso a bárbaros como ellos la imponente visión de la Ciudad de las mil torres, a lo largo de varios kilómetros de la cordillera, les debió causar una honda impresión. Hasta entonces habían acabado con reinos más o menos grandes, con fortificaciones en algunos casos portentosas, pero nada podía compararse con aquello. Por un segundo, deseé que la simple imagen del esplendor y poderío de los hombres les perturbase y afectase tanto que decidieran abandonar o darse en retirada. Pero no, tras unos minutos de aún más escalofriante mudez, su inhumano gruñido reapareció, y advertimos como reanudaban su aproximación. Comprendimos entonces las palabras del oficial herido cuando describió su avance.

Cubrieron la meseta como una ola cubre la playa, como un alud de nieve sepulta la montaña. Sin dejar un espacio libre, ocupando cada minúsculo rincón de ella. Parecían imparables, como una fuerza de la naturaleza, como una inundación que no conoce más razón que seguir llenándolo todo. Nuestro Soberano, atento y conocedor de la angustia que empezaba a ensombrecer nuestros corazones, dio orden de hacer resonar a la vez todos los cuernos de la ciudad. Cientos de sonidos bruñidos salieron de sus enormes bocas, enfrentándose al estruendo infrahumano de la Horda. En un momento consiguió imponerse al mismo y notamos otra vez fluir el calor en nuestro interior. Algo recuperada la confianza, unimos nuestras voces al clamor de los cuernos, e hicimos chocar nuestras armas. Si querían ruido, tendrían ruido. Por un momento la batalla se libró en el aire, clamor contra clamor. No se podía escuchar nada, y la adrenalina nos hacía gritar más y más, cómo si la victoria dependiera de ello.

Pero no se detuvieron, sino que continuaron avanzando y avanzando, hasta quedar a un tiro de arco de la muralla. En ese momento, los capitanes que la protegían, a golpes porque el ensordecedor bullicio no dejaba oír sus órdenes, mandaron a los arqueros tensar sus instrumentos y prepararse para acabar al menos con unos cuantos de ellos. Antes de que alguno de ellos llegara siquiera a disparar, la Horda se detuvo. Al unísono, como si en vez de miles de individuos estuviese compuesta por uno solo, un amorfo y aberrante ser sin huesos. Yo seguía haciendo guardia en el palacio del Soberano y observé cómo miraba intrigado la reacción del enemigo.

horda: el infierno sobre la tierra
Semejante repliegue revelaba que seguían normas, que había una inteligencia que, aunque primitiva y belicosa, era capaz de controlar aquella turba. Y lo hacía a la perfección, con rapidez y eficacia. Uno de los miembros del consejo, que ya había visto su reino arrasado por aquel masivo hormiguero (y que ahora era un rey sin tierra), casi gimoteó comunicando que no suelen atacar de noche, que esperan al amanecer, y que incluso, habían llegado a estar un día entero aguardando antes de proseguir con su ofensiva. Eso parecía darnos algo de respiro. Pero el Señor blanco no se confió. Ordenó poner vigías y oteadores por toda la muralla, y que descansáramos con un ojo abierto. La batalla iba a comenzar pronto, y sólo existía una estrategia posible: matar.

Ellos por su parte no encendieron fuegos. Sólo el hedor y el insoportable zumbido, que aunque ahora más suave, casi como un infernal canto hipnótico, seguía atestando el aire, nos revelaban su presencia. Se ordenaron en cambio encender hogueras por toda la Ciudad, tanto para tratar de infundir confianza a sus habitantes, como para exhibir su tamaño y poder a los asaltantes.

Alrededor de ellas, poco a poco y de un modo espontáneo, se fueron congregando familias, pobladores y soldados, tal vez buscando compañía y mutuo consuelo y apoyo en esos momentos de incertidumbre. Pronto esas improvisadas reuniones se convirtieron en pequeñas y conmovedoras ceremonias donde cada grupo rezaba y se encomendaba a sus propios dioses y realizaba sus ritos guerreros, siguiendo sus distintas tradiciones. Así, tal vez para contrarrestar el execrable sonido que provenía del exterior, los asistentes empezaron a entonar cánticos y salmos, donde las voces de todos se unían para rememorar sus amadas y abandonadas tierras, o para pedir valor o suerte en la batalla. Tampoco se sabe quienes fueron los primeros a los que se les ocurrió la idea, pero igualmente al rato se empezaron a quemar en ellas inciensos y esencias evocadoras, que hacían desaparecer del aire la pestilencia del enemigo, y traían nuevamente el recuerdo de tiempos mejores. Así, la Ciudad de las mil torres se convirtió en la ciudad de los mil perfumes y de las mil canciones, y por un corto espacio de tiempo, sus abrumados residentes se sintieron más unidos que nunca, menos solos ante la adversidad.

Un par de horas antes del amanecer, todas las catapultas de la ciudad empezaron a lanzar brasas ardientes sobre la Horda, que iluminaban como estrellas fugaces el tenebroso cielo y rompían la oscuridad de la noche. No pareció haber respuesta por parte de ellos. Las piedras caían aplastándolos, a continuación por unos minutos se veía arder las ascuas, se apreciaban apenas algunos gritos de pánico y dolor, y de nuevo las sombras como si nada hubiera pasado. Sin embargo me pareció distinguir durante los breves momentos de luminosidad que proporcionaban los proyectiles que aunque la mayoría parecían dormitar, no todos lo hacían. Había cierta actividad en sus filas, y eso seguro que no sería bueno para nosotros.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Muy bueno
29-03-2007 18:59
Mantienes el nivel y el interés. Muy bien narrada la batalla, intensa, vibrante, cruda, emocionante, épica. Funesto presagio el del señor oscuro que me hace sospechar de un futuro muy negro para nuestros combatientes.

Un saludo.

   Me ha gustado mucho
28-02-2007 02:24
Eh leido una y otra vez, me ha encantado el tono y la diversidad de palabras con la que entonas el texto, añadiendo que describes muy bien las acciones del relato.
Muy bueno, espero ansioso el siguiente.

   Muchas gracias
19-02-2007 10:10
Muchas gracias por vuestros comentarios, y me alegra que os este gustando la historia.

Quedan dos episodios y el epilogo, y ya les han dado el visto bueno, así que saldrán regularmente. De hecho, hoy creo que sale el tercero. Espero que siga manteniendo vuestro interés y paseís un rato divertido e intenso.

A la amable anonima reiterar lo que ha comentado el amigo Darthz. Animate a ingresar en nuestro colectivo, date de alta y veras como en el foro de literaratura y en el taller hay muchas oportunidades para comentar y aprender. Incluso a nivel particular no tengo problema para que me mandes un mensaje privado y comentar y leer de primera mano tus textos. Es dificil encontrar lectores que puedan ilustrarnos un poquito antes de atrevernos a mandarlo a la sección y al público examen. En la medida de mis posibilidades prometo ayudar en lo que pueda, aunque como descubriras si visitas el taller de literatura de la página, 'odio la fantasia...'

En todo caso hay muchos textos y relatos que puedes leer y comentar y estupendos autores aquí dentro que seguro que te motivan.

Un saludo a todos.

   La batalla debe continuar
18-02-2007 23:36
Un relato realmente agobiante y no porque canse sino porque la horda parece incontenible y resulta cada vez más angustioso. Pero tú tienes un as y te lo guardas, astuto, en la manga... Aparte de la descripción de la batalla, destacaría que sabes darle un buen final para que el lector se interese por la continuación, algo imprescindible para una de estas series. Y vuelvo a alabar que hayas completado la serie, lo que garantiza que sabes por dónde vas.

Por mi parte, esperaré la próxima entrega con interés. Intuyo que habrá sorpresas.

   sorprendida y deseosa de leer mas
16-02-2007 01:14
Sabes, te felicito pues muy pocas veces he logrado leer una historia belica que tenga tan buena hilacion y que me deje con la sensacion de estar ahi, y lo mejor de todo es que es ficcion.
La Horde y el Señor Oscuro realmente son unos buenos personajes, al igual que la misteriosa Dama Quemada, gracias por brindarme un momento de ocio que por primera vez en mi vida siento que no desperdicie, a ademas me gustaria mucho intercambiar escritos contigo, pues si criticas como escribes creo que me serviria de mucho recibir lecciones de tan buen escritor fantastico-belico.
Sin mas me despido de ti y de los demas ociosos dejandoles mi mail para que se conecten e intercambiemos ideas.
lady_darkmystic@hotmail.com

   Una bonita transición
16-02-2007 01:46
Un capítulo de transición que no deja indiferente. Me ha entretenido bastante y he sido arrastrado por toda la historia deliciosamente bien, con esa prosa arrolladora y ese estilo tan "formal-perfecto" con el que nos deleitas.

Lo cierto es que sólo le he encontrado un punto negativo, y es que quizá me pareció demasiada tela hablando todo el rato de lo mismo, algunos párrafos parecían como si se quisiese alargar más la cosa y no hubiese porque hacerlo.

Por lo demás, chapeau, amigo. Espero con ansias la tercera parte.

   Ah...
16-02-2007 01:48
Y para la sorprendida: creo que si te adentras en nuestros foros y sigues este mismo proceso para publicar y criticar etc etc, aparte de conseguir que aun crezca más la página , sus habitantes y su buen hacer, también conseguirás eso que prentedes: tener gente que te lea, te critique y a fin de cuentas te haga aprender o pasarlo bien. Porque eso esto, una sección de literatura.

Sin más, una sonrisa para todos.

   Intrigado
10-02-2007 15:25
¡Pedazo rumbo a tomado la historia! Cuando los protagonistas creían que no pasaría nada mas, van y aparecen el Señor Oscuro y su prole. Estoy desenado ver como se desarrola el siguiente capítulo.

En cuanto a la estructura del texto y el argumento, te mantienes magníficamente en tus trece. La misma potencialidad en la expresión, la acción, la descripción de la batalla...

   RE: Intrigado
12-02-2007 20:19
Muchas gracias por vuestros comentarios. Sólo espero seguir entreteniendoos y conservar el número de lectores. A ver si los engancho para la tercera parte.

   Magnífico
05-02-2007 15:53
Épica por los cinco costados para el primer capítulo de batalla en sí. Interesante el modo en el que se desarrollada la contienda y la forma que tienes de retratar la angustiosa batalla.

La aparición tardía de los siervos del señor oscuro presagia giros en la contienda que estoy deseando leer. Sin duda, un buen ejemplo del género bélico fantástico y épico. Un placer leerlo



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