|CINE Y DVD| VIDEOJUEGOS | MÚSICA| LITERATURA | COMICS | MANGA|TECNOLOGÍA|TIEMPO LIBRE
|    DRAGONMANIA     |   Juegos de rol   |   Miniaturas   |   Juegos de cartas   |   Literatura  |  Juega y Fórrate 
| Publicidad | Concursos | Foros |
  Noticias |  Reseñas |  Fantasía |  Ficción |  Terror y Suspense |  Poesía |  Otros Relatos |  Opinión |  Ranking |  Actividades |  La Galería |  Juegos para tu móvil |  Tienda Libros

Horda: El infierno sobre la tierra


Relatos de Fantasía

05-02-2007 15:50
Por: Nachob


horda: el infierno sobre la tierra
En su primera oleada arrasaron la primera muralla y destruyeron trece torres menores y uno de los castillos principales. Empezaron justo al alba, de un modo diabólicamente simultáneo. Durante la noche habían fabricado y tejido cientos de escalas, cuerdas y ganchos rudimentarios, que utilizaron para superar el muro. Fue un movimiento tan rápido y coordinado, que aunque los observadores estaban apostados y todos lo esperábamos, ya los primeros habían conseguido empezar a trepar el muro cuando los cuernos de batalla dieron la alarma. La parte central y derecha resistió, pero prácticamente barrieron la parte izquierda, la más nueva y alejada de las construcciones mayores, y lamentablemente, más baja y peor pertrechada. Su técnica era rudimentaria, y de haberla previsto fácilmente rechazable, pero hasta ese día nunca nos habíamos enfrentado con algo así. Miles de sogas, toscas escaleras y garfios fueron usados masivamente al mismo tiempo, sin que los defensores reaccionaran con la suficiente rapidez para cortarlas o empujarlas. Subiendo unos sobre otros, ajenos a los terribles daños que se les infringían, traspasaron la ineficaz barrera y empezaron las primeras peleas cuerpo a cuerpo. Fue entonces cuando empezamos a conocer a nuestro enemigo.

Cientos de valientes guerreros acudieron para tratar de cerrar la brecha, y el choque fue terrible. Al principio la suerte parecía de nuestra parte, pues sus miembros caían como moscas, pero pronto nos dimos cuenta de que la palabra retirada no estaba en su débiles mentes. Pronto esas defensas fueron también superadas y los pocos sobrevivientes huían a refugiarse a las fortalezas más cercanas, desde donde se trataba de organizar una segunda línea de contención, y miles de flechas y lanzas trataban de diezmar a los atacantes y hacerles desistir de su acoso. Pero éstos sabían cuál era su punto fuerte y no se detuvieron ni un momento, persiguiendo sin tregua a los que escapaban como perros de presa. Las que no tuvieron la precaución de cerrar sus puertas, a pesar de que ello supusiera la muerte de los rezagados, pagaron cara su compasión, y fueron pronto tomadas y sus defensores acuchillados y descuartizados sin piedad. Pronto comprendimos la degradación de nuestros enemigos, que no se conformaban con aniquilar a sus oponentes, sino que tenían la costumbre de despedazarlos portando después partes de sus cuerpos como botín, y arrojando el resto como tétricos proyectiles. Incluso no tenían pudor en utilizarlas como improvisadas armas. El horror del averno se había liberado sobre nuestras cabezas.

Tratando de organizar de nuevo nuestra vanguardia, mi unidad fue enviada en una misión desesperada al ancho corredor central que unía la principal fortaleza de la zona con el siguiente nivel superior. El Señor blanco se había percatado de que era una brecha abierta que en caso de ser tomada, les permitiría acceder hasta el propio corazón de la ciudadela. Su guardia personal era la única fuerza disponible para ser mandada en un primer momento mientras localizaba y desplazaba nuevos efectivos.

Nuestro objetivo era llegar hasta la entrada de ese pasaje y cerrar sus cancelas, impidiendo que consiguieran tomarlas y tener así acceso ilimitado al siguiente círculo. La violencia de su primer ataque había desbordado nuestras expectativas y habían conseguido penetrar más allá de nuestras peores previsiones, con lo cual nadie había tomado la precaución de guardar ese acceso. Nos dirigimos a toda velocidad por el amplio pasillo entre murallas de los castillos circundantes, tratando de alcanzar la puerta, protegida por dos enormes torreones porticados. Cuando nos faltaban apenas un centenar de metros escuchamos el inconfundible eco de sus gruñidos. Habían llegado antes que nosotros.

El capitán ordenó disponernos en tres filas, una detrás de otra, para hacerles frente. Si no les frenábamos y conseguían hacerse fuertes en ese lugar, el desastre sería irreparable. Mi amigo el oso y yo nos colocamos en la primera fila, y desenvainamos las espadas, con ese giro de molinillo tan característico que nos había hecho célebres. Le oí murmurar “vamos a hacer picadillo de mono” y, asintiendo, apreté los dientes, dispuesto al combate. Todavía no les veíamos, pero sabíamos que subían por el corredor hacia nosotros. Nuestro capitán nos arengó, y se situó a nuestro lado. Aulló a los cuatro vientos su tradicional consigna “hoy no nos iremos solos al infierno”, y todos supimos que lucharíamos con él hasta la muerte e incluso más allá si era necesario.

Cuando aparecieron, como un tumulto vociferante y nauseabundo, no retrocedimos ni un centímetro. Los vimos aproximarse, gritando y rugiendo, cada vez más cerca, más cerca. Nuestros músculos estaban tensos como el acero, nuestra mirada afilada como un cuchillo, pero no nos moveríamos hasta que nuestro capitán diera la orden. Cuando apenas nos separaban unos metros, un grito de guerra brotó de su garganta y rápidamente se vio coreado por todas nuestras voces. Era nuestro primer contacto con el enemigo. La sangre pronto cubrió el suelo y las paredes del ancho corredor.

Golpeé y golpeé, partiendo huesos, mutilando brazos, piernas, cráneos, con todas mis energías y mi destreza. Tratábamos de adelantarnos aunque fuera unos centímetros, pero su empuje y número era arrollador. Fue entonces cuando el capitán dio la orden, y pusimos en práctica la maniobra que había ideado para enfrentarnos con un enemigo de esta calaña. La segunda fila, que justo detrás de nosotros nos apoyaba y cubría nuestras espaldas, avanzó entre nosotros mientras, con la coordinación que dan mil refriegas juntos, dábamos a la vez un paso hacia atrás, dejándoles hueco. El movimiento fue tan rápido y preciso, que no dio ocasión a nuestros atacantes para aprovecharse de este relevo, y así fuimos sustituidos por hombres descansados en primera línea. Repetimos la operación y pasamos a tercera fila, donde podíamos reponernos y esperar el siguiente embate. Mientras tanto ganábamos metros al ataque, y nos acercábamos al paso que debíamos ocupar. El capitán no dejó ni un instante de mandar y luchar, transmitiéndonos coraje, y demostrando que era tan hábil como valiente.

Con esta simple técnica, y pasando por encima de los cadáveres de los enemigos, conseguimos llegar hasta los torreones que flaqueaban las puertas que debíamos cerrar. Gracias a los dioses no nos habíamos topado con el cuerpo principal de su avance, sino con una avanzadilla numerosa de las muchas en que se habían disgregado al entrar en la ciudad y su laberíntica estructura. Teníamos aún una oportunidad.

horda: el infierno sobre la tierra
Sin embargo, cuando ya casi estábamos alcanzando la puerta, la masa de atacantes se desvió por un lateral, y el capitán tuvo que dividir nuestras fuerzas. La mayoría continuó luchando, manteniendo la formación, tratando de arrinconar a su ya menguado número contra uno de los muros, mientras que ordenó a Oso, a dos más y a mí, que en esos momentos descansábamos en tercera fila, que acudiésemos a la entrada a atrancar de una vez las puertas de acceso.

Marchamos raudos y nos introdujimos dentro de la construcción que albergaba los pesados portones, junto con el inmenso rastrillo metálico que debíamos dejar caer para acabar de asegurarlas. Confiados en la falta de capacidad de aquellas alimañas para cualquier tipo de argucia, y creyendo que estábamos solos, penetramos sin tomar precauciones. Fue un error fatal. Dentro nos esperaba escondido un nutrido hatajo de aquellos seres, que cayó sobre nosotros cómo ratas. Edgard y yo conseguimos repeler su primera embestida, pero nuestros dos compañeros, que entraron por el lado donde estaban apostados, pronto sucumbieron bajo una maraña de esas sabandijas.

El patio interior entre los torreones era amplio, por lo que el número de los adversarios emboscados era demasiado cuantioso, mucho más de lo que entre los dos podríamos haber hecho frente. Pronto estuvimos espalda contra espalda tratando a duras penas de sobrevivir. Mientras tanto, nuestro pelotón encontraba más dificultades de las esperadas con el grupo que trataba de exterminar. Pensé que no eran tan primitivos y estúpidos como podía parecer, y que nos había hecho caer como tontos en una trampa, lo que mostraba cierta astucia y organización. Empecé a notar como sus cuchillos conseguían llegar a mi carne, no con profundidad suficiente para producirme heridas de gravedad, pero sí lo bastante para hacerme sangrar por doquier. Me encomendé a los dioses y juré llevarme por delante cuantos monos pudiese, seguro de que había llegado nuestro fin.

Entonces la vi, en medio del corredor por el que habíamos llegado, majestuosa, solitaria, con sus ropajes blancos ondeando al viento, como si fuera una aparición. La Reina quemada nos observaba atenta a unas decenas de metros de distancia. Era como un espejismo extraño, una presencia ajena y magnífica entre tanta violencia. Lo siguiente que escuché fue un escalofriante rugido de lo alto, y los enemigos que nos rodeaban literalmente volaron por los aires.

Oso y yo fuimos igualmente empujados por una fuerza sobrenatural contra una pared, y nuestro espacio en medio de la sala fue ocupado por el ser más increíble que haya visto jamás. Una gigantesca fiera, cruce entre un colosal simio y un lobo, con dientes del tamaño de un cuchillo y con gigantescas garras afiladas como puñales, destrozaba entre aullidos y gritos de pánico de sus víctimas a los hasta entonces encarnizados asaltantes, que caían como moscas a sus pies. Debía medir más de tres metros, y parecía salido de una pesadilla. En poco tiempo los diezmó, y vimos por primera vez a algunos de ellos huir, gimoteando como perros asustados ante su rabia.

Nos quedamos estupefactos ante semejante irrupción, pero en cuanto recuperé el aliento recordé nuestra misión y, golpeando en el hombro a Edgar, que miraba embobado con la boca abierta cómo aquella bestia los aniquilaba implacablemente, le indiqué que debíamos cerrar las puertas lo antes posible. De hecho, cuando empezamos a girar las voluminosas hojas cuyo peso era tan abrumador que apenas conseguíamos desplazarlas levemente, oímos por la calle principal el rumor de nuevos enemigos, que avanzaban velozmente hacia nosotros.

Apretamos con todas nuestras fuerzas, pero eran demasiado voluminosas, y no parecía que fuéramos a tener tiempo a cerrarlas antes de que llegaran. En ese momento nuevos compañeros aparecieron, mandados por nuestro capitán a ayudarnos una vez controlado el grupo que estaban atacando. Tras su sorpresa inicial al ver aquel engendro liquidando a los últimos monos, nuestros gritos les alertaron y se pusieron a ayudarnos, pero aún así no conseguíamos avanzar con suficiente rapidez.

Los primeros asaltantes llegaron y dos de nosotros se tuvieron que apartar y ponerse a repeler su ataque, mientras por el hueco que todavía quedaba surgían docenas de brazos y piernas tratando de impedir que consiguiéramos nuestro propósito y cerrásemos del todo la puerta. En vez de progresar empezamos de nuevo a retroceder ante el ímpetu de la multitud de atacantes que empujaban desde el otro lado. De nuevo parecía todo perdido. Y de nuevo la providencial ayuda de aquella bestia nos salvó.

Deshecha toda resistencia, se lanzó contra las puertas, y con una potencia sobrehumana las cerró, aplastando a los infelices que habían interpuesto sus cuerpos para impedirlo. Oímos gritos de dolor y rabia y yo me giré para mirar a aquel monstruo que nos había salvado. En aquel gigantesco cuerpo de animal, de apariencia vagamente humana, percibí unos ojos que me helaron el corazón, pero en los que aprecié algo más que puro instinto. Un segundo más tarde había desaparecido. Lo vi subiendo corriendo a cuatro patas en dirección a la Reina, que desde donde estaba había presenciando todo el asalto, y que, tal como había aparecido, en un suspiro se desvaneció como si todo hubiera sido un sueño.

Nuestro capitán llegó entonces con el resto de la compañía, miró un momento la carnicería que allí se había producido, y, sin siquiera inmutarse, inmediatamente dio orden de apuntalar la puerta, bajar la reja y subir a las defensas, para seguir repeliendo el ataque en tanto llegaran nuevas tropas a relevarnos. Sin embargo, parecía satisfecho. Habíamos conseguido atajar la hasta entonces imparable y demoledora ofensiva de la Horda, aunque desconocía que habíamos contando con una ayuda muy especial.

 

<< Anterior | 1 | < 2 > | 3 | Siguiente >>

Jane eyre
Jane eyre
Precio: 9,76 €
 Imágenes
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra
horda: el infierno sobre la tierra

 Vota este artículo


 Recomienda
 Emails separados por comas
| Formato imprimible |
Comentarios Votos Estrellas
8 12 ****
 
 
COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Muy bueno
29-03-2007 18:59
Mantienes el nivel y el interés. Muy bien narrada la batalla, intensa, vibrante, cruda, emocionante, épica. Funesto presagio el del señor oscuro que me hace sospechar de un futuro muy negro para nuestros combatientes.

Un saludo.

   Me ha gustado mucho
28-02-2007 02:24
Eh leido una y otra vez, me ha encantado el tono y la diversidad de palabras con la que entonas el texto, añadiendo que describes muy bien las acciones del relato.
Muy bueno, espero ansioso el siguiente.

   Muchas gracias
19-02-2007 10:10
Muchas gracias por vuestros comentarios, y me alegra que os este gustando la historia.

Quedan dos episodios y el epilogo, y ya les han dado el visto bueno, así que saldrán regularmente. De hecho, hoy creo que sale el tercero. Espero que siga manteniendo vuestro interés y paseís un rato divertido e intenso.

A la amable anonima reiterar lo que ha comentado el amigo Darthz. Animate a ingresar en nuestro colectivo, date de alta y veras como en el foro de literaratura y en el taller hay muchas oportunidades para comentar y aprender. Incluso a nivel particular no tengo problema para que me mandes un mensaje privado y comentar y leer de primera mano tus textos. Es dificil encontrar lectores que puedan ilustrarnos un poquito antes de atrevernos a mandarlo a la sección y al público examen. En la medida de mis posibilidades prometo ayudar en lo que pueda, aunque como descubriras si visitas el taller de literatura de la página, 'odio la fantasia...'

En todo caso hay muchos textos y relatos que puedes leer y comentar y estupendos autores aquí dentro que seguro que te motivan.

Un saludo a todos.

   La batalla debe continuar
18-02-2007 23:36
Un relato realmente agobiante y no porque canse sino porque la horda parece incontenible y resulta cada vez más angustioso. Pero tú tienes un as y te lo guardas, astuto, en la manga... Aparte de la descripción de la batalla, destacaría que sabes darle un buen final para que el lector se interese por la continuación, algo imprescindible para una de estas series. Y vuelvo a alabar que hayas completado la serie, lo que garantiza que sabes por dónde vas.

Por mi parte, esperaré la próxima entrega con interés. Intuyo que habrá sorpresas.

   sorprendida y deseosa de leer mas
16-02-2007 01:14
Sabes, te felicito pues muy pocas veces he logrado leer una historia belica que tenga tan buena hilacion y que me deje con la sensacion de estar ahi, y lo mejor de todo es que es ficcion.
La Horde y el Señor Oscuro realmente son unos buenos personajes, al igual que la misteriosa Dama Quemada, gracias por brindarme un momento de ocio que por primera vez en mi vida siento que no desperdicie, a ademas me gustaria mucho intercambiar escritos contigo, pues si criticas como escribes creo que me serviria de mucho recibir lecciones de tan buen escritor fantastico-belico.
Sin mas me despido de ti y de los demas ociosos dejandoles mi mail para que se conecten e intercambiemos ideas.
lady_darkmystic@hotmail.com

   Una bonita transición
16-02-2007 01:46
Un capítulo de transición que no deja indiferente. Me ha entretenido bastante y he sido arrastrado por toda la historia deliciosamente bien, con esa prosa arrolladora y ese estilo tan "formal-perfecto" con el que nos deleitas.

Lo cierto es que sólo le he encontrado un punto negativo, y es que quizá me pareció demasiada tela hablando todo el rato de lo mismo, algunos párrafos parecían como si se quisiese alargar más la cosa y no hubiese porque hacerlo.

Por lo demás, chapeau, amigo. Espero con ansias la tercera parte.

   Ah...
16-02-2007 01:48
Y para la sorprendida: creo que si te adentras en nuestros foros y sigues este mismo proceso para publicar y criticar etc etc, aparte de conseguir que aun crezca más la página , sus habitantes y su buen hacer, también conseguirás eso que prentedes: tener gente que te lea, te critique y a fin de cuentas te haga aprender o pasarlo bien. Porque eso esto, una sección de literatura.

Sin más, una sonrisa para todos.

   Intrigado
10-02-2007 15:25
¡Pedazo rumbo a tomado la historia! Cuando los protagonistas creían que no pasaría nada mas, van y aparecen el Señor Oscuro y su prole. Estoy desenado ver como se desarrola el siguiente capítulo.

En cuanto a la estructura del texto y el argumento, te mantienes magníficamente en tus trece. La misma potencialidad en la expresión, la acción, la descripción de la batalla...

   RE: Intrigado
12-02-2007 20:19
Muchas gracias por vuestros comentarios. Sólo espero seguir entreteniendoos y conservar el número de lectores. A ver si los engancho para la tercera parte.

   Magnífico
05-02-2007 15:53
Épica por los cinco costados para el primer capítulo de batalla en sí. Interesante el modo en el que se desarrollada la contienda y la forma que tienes de retratar la angustiosa batalla.

La aparición tardía de los siervos del señor oscuro presagia giros en la contienda que estoy deseando leer. Sin duda, un buen ejemplo del género bélico fantástico y épico. Un placer leerlo



Otras webs de Planeta Ads Network:

manga - ociojoven | ultimas noticias - adn | cursos a distancia - ceac | cursos de ingles - home.es | series infantiles - planeta directo | noticias madrid - adn | cruceros - ociocruceros | fotografia - conocio | naves starwars - planeta deagostini | administracion de empresa - e-deusto

Publicidad: Homeowner Loans - eBay - MPAA - Loans - Credit Card
Copyright Ociojoven Networks Publicidad Sobre nosotros Pobladores Aviso legal Trabaja con nosotros