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Los Estados Felizmente Unidos de América


Relatos de Ciencia Ficción

07-03-2007 15:35
Por: Azhmodeus

¿Qué ocurriría en una sociedad en la que no se castigasen las malas acciones sino que se premiasen las buenas? ¿Qué ocurriría si la gente fuera más positiva y feliz?

Alguien llamó a la puerta del despacho.

-Adelante.

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La puerta se abrió y John apartó el periódico para ver aparecer el rostro sonriente de su compañero.

-Feliz día -dijo, sin dejar de sonreír, mientras dejaba un café sobre su escritorio.

Llevaba un traje azul cielo con una camisa verde manzana y una corbata roja.

-Feliz día, Tom. Gracias por el café -dijo él, dejando a un lado el diario y cogiendo la taza.

El hombre se apoyó en su escritorio y dio un sorbo.

-¿Cómo se presenta el día?

-Fabuloso. El New York Happy Times dice que el presidente ha viajado a Cuba para conferenciar con el presidente Ruíz.

-Excelente. ¿Y dicen algo sobre lo ocurrido en el metro ayer? Oí algo en la holovisión mientras desayunaba.

-Claro. Un hombre le salvó la vida a una anciana. Al parecer tenía problemas respiratorios y le practicó una traqueotomía con un bolígrafo.

-Vaya, eso es genial. ¿Y dicen cuándo será el juicio?

-Sí, mañana por la mañana. Al parecer el fiscal pide cinco meses, pero su abogado pide doce. Probablemente pase unos nueve, la prensa le ha dado mucha importancia. Lo tomarán como ejemplo de aplicación del decreto Freeman.

-Eso me hace feliz. Sin duda el juez dictaminará apropiadamente. Bueno, tengo que dejarte, Perry me ha sugerido terminar los informes sobre la póliza Saughton. Ha sido un placer hablar contigo.

-Lo mismo digo, Tom. Y gracias de nuevo por el café, está delicioso.

-Es un placer -dijo, volviendo a sonreír, aunque en realidad no es que hubiera un momento en el que hubiera dejado de hacerlo, más bien había varios grados dentro de su sonrisa.

John volvió a su diario.

Otra vez tocaron en la puerta y John dejó el periódico sobre la mesa. Era Cindy.

-Feliz día, John -dijo la mujer, que llevaba una pila de carpetas.

-Feliz día, Cindy. He de decir que tu pelo luce radiante esta mañana. ¿Has cambiado de suavizante?

-En efecto. Qué observador eres. ¿Es esa corbata nueva? Me encanta cómo combina con tu precioso traje amarillo -dijo ella, respondiendo al cumplido.

-Muchas gracias. Me la regaló mi hijo por mi cumpleaños -mientras decía eso se colocaba el nudo de la corbata.

Ella cogió uno de los marcos de fotos que tenía sobre el escritorio y lo miró. En él aparecían, John, una mujer muy obesa y un niño que lo estaba tanto que aparentaba tener quince años, cuando tenía diez, que sujetaba un enorme hámster. Los tres sonreían mucho. Los dientes de la mujer estaban amarillentos y al niño le faltaban algunos.

-Tienes un hijo guapísimo, estoy segura de que será un peligro con las chicas.

-Sin duda. Además todos estamos muy orgullosos de su aprobado en ciencias. Es un chico muy listo.

-Se parece a su padre.

-Gracias, Cindy. ¿Qué me traes hoy?

-El señor Louis quiere que te dé las cuentas Hollis y Moss.

-Espero ocuparme de ellas como es debido.

-Seguro que lo harás. Bueno, ya nos veremos más tarde.

-Hasta luego.

La mujer se fue y John empezó a hojear el contenido de las carpetas. Un rato después el ordenador le recordó que tenía una cita en el centro comercial de Nice Beach media hora después.

Había quedado con un cliente para hablar sobre la posibilidad de contratar un seguro parcial de infelicidad para su hijo, al que habían detectado un tumor en el colon. Se levantó, preparó su maletín y sugirió a la telefonista que le pasara las llamadas al móvil.
Caminó hasta el ascensor, en donde empezó a silbar la melodía de un anuncio de salchichas rellenas de queso, hasta que llegó al aparcamiento. Colocó el maletín en la parte trasera de su bici y lo aseguró con unas gomas. Se subió y empezó a pedalear sin dejar de silbar. Salió a la calle precipitadamente y un coche tuvo que pegar un frenazo para no llevárselo por delante. El hombre le dedicó una sonrisa.

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-Feliz día, le sugiero que tenga más cuidado, nadie querría que se hiriera -dijo el conductor, un hombre mayor.

-Gracias, es cierto. Tendré más cautela en el futuro. Ha sido un placer hablar con usted.

Cruzó un par de calles y se entretuvo leyendo la publicidad de las pantallas de holovisión. En una aparecía el presidente jugando con un palo de golf rosa, y en enormes letras amarillas: “Palos Miller, calidad presidencial”. El ver a su líder en una actitud tan cercana le hizo sonreír, más aún, y pedalear con renovado vigor, disfrutando del viento en su rostro.

Cuando, finalmente, llegó al centro comercial en el que se había citado con su cliente, se dio cuenta de que llegaba pronto, por lo que decidió dejar la bici en la calle y mirar tiendas. Los establecimientos de ropa ya habían sacado las prendas de verano y los escaparates lucían con tantos colores y formas. Una vistosa camisa roja y verde llamó su atención, pero el precio le pareció algo excesivo, por lo que siguió mirando. John no llegaba a ponerse de acuerdo si le gustaba más el verano que el resto de las estaciones del año. Sin duda todas eran fabulosas, pero le era imposible decidir cuál lo era más. Un niño de unos siete años chocó con él, sacándole de sus pensamientos.

-Discúlpeme, no le vi.

-Fue culpa mía, pequeño ¿Te has lastimado?

-No, pero gracias por interesarse. Estábamos jugando a diplomáticos y embajadores y Timmy me envió un tratado de paz.

Entró en una tienda de ropa cualquiera. El dependiente no estaba y se entretuvo mirando el precio de un abrigo para su esposa. Entró en la trastienda para preguntar al dependiente si lo tenía en talla xxl cuando lo vio tirado en el suelo. Se acercó corriendo y le buscó el pulso, era débil. El hombre estaba semiinconsciente y tenía los ojos muy abiertos. Inmediatamente llamó al servicio de emergencia y se quedó junto a él, reconfortándole.

-No te preocupes, todo va a salir bien -le decía sonriendo.

La ambulancia no tardó en llegar y se llevaron al hombre al hospital. Un policía se acercó a John.

-Feliz día. ¿Fue usted quién le encontró?

-En efecto.

-¿Esperó a la ambulancia?

-Por supuesto. ¿El dependiente está bien? -preguntó John en tono preocupado.

-Creo que es algo leve, por lo que me han dicho los de la ambulancia.

-Menos mal.

-¿Le importaría acompañarme a la comisaría?

-Por supuesto que no, agente. ¿Puedo preguntar para qué?

-Vamos a sugerir que vaya usted a un centro de felicidad.

-¿En serio? No fue nada, cualquiera hubiera hecho lo mismo que yo.

-Puede ser, pero aun así le llevaremos allí. Pasará unos días en el centro.

-¡Eso sería fabuloso, agente!

El policía le llevó en el coche patrulla. Se sentó detrás y fue escuchando a Chopin y bebiendo un refresco de piña hasta que llegaron a la comisaría. En la puerta estaba colgada la bandera de los Estados Felizmente Unidos de América, que ondeaba al viento con sus barras, estrellas y sonrisas. El juicio fue rápido. El juez, un hombre mayor y de aspecto severo, compensaba su apariencia con un tono de voz vivo y alegre.

-¿Cómo se declara el gratificado, John Newcomen, ante los cargos de bien menor?

-Culpable -dijo su abogado.

-En ese caso le sentencio a una semana en el centro de felicidad.

El hombre golpeó la mesa con el martillo y la sesión terminó. Tras el juicio, pasó el resto del día en la piscina y la sauna de la comisaría. Al día siguiente le mandaron al centro de felicidad de Smilewood, que estaba a las afueras de la ciudad. El autobús, en el que viajaba junto con otros gratificados, era realmente cómodo y pasó el camino viendo una película.

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Bajo un gran cartel con el nombre del centro, estaba el lema del sistema de gratificación americano: toda buena acción tiene su justa retribución. El centro era mixto y, desde el vehículo, John vio cómo un grupo de mujeres corría alrededor de la piscina. Varios camareros les dedicaron sonrisas mientras les tendían jarras con zumos de frutas. Esperó a que terminara la película para bajarse del autobús. Un agente del centro se le acercó.

-Feliz día, gratificado 3850399-E. Espero que la estancia sea lo más agradable posible.

-Sin duda lo será si todos son tan amables como usted, agente.

Cruzó, junto con el resto de compañeros, el extenso patio cubierto de césped. Vio a varios internos tumbados en la hierba, mirando las nubes, jugando a juegos de equipo y leyendo. Todos les miraban con curiosidad; las nuevas adquisiciones eran recibidas con los brazos abiertos, y a cada gratificado se le asignaba un tutor para que le mostrase el centro.

Después de acomodarse en una espaciosa habitación, John dejó sus maletas y acudió a la recepción a que le dijeran la habitación de su guía. Aunque iba a estar poco tiempo, de los que menos de esa entrega, necesitaba a alguien para que le aconsejase la mejor forma de pasar su corta gratificación.

 

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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Bien
27-04-2007 16:49
Me ha gustado la reflexión. Sin embargo, creo que para presentar una distopía en toda su complejidad hace falta más extensión.

En todo caso, la idea está bien sintetizada. Un relato efectivo y terrible.

   Felicidad-es
11-04-2007 19:02
El relato está muy bien, la verdad. Es una buena idea, está bien estructurado y bien desarrollado -salvo un par de faltas de ortografía-. Además los recursos del lenguaje están muy bien utilizados.

Sin embargo, dejas un cabo suelto que, en mi opinión, y atendiedno a cómo es la sociedad que nos describes, deberías haber atado: el cliente con el que ha quedado el protagonista. ¿Qué pasa con él? Si fuera otro tipo de relato ni te lo mencionaría, pero en este país idílico parece inconcebible que eso quede sin resolver. Tal vez, con un simple comentario del protagonista al policía y un "descuide, yo me encargo de eso" hubiera bastado.

Por otro lado, la conclusión del relato es perfecta, pero yo me hubiera recreado más en las miserias de esa sociedad antes de finalizar. De esa manera la crítica sería más desgarrada y ayudaría a la hora de reflexionar sobre lo que nos planteas.

En cualquier caso, dejando a un lado este par de nimiedades -algo había que criticar-, un relato increíble -no de que no sea creíble, sino de que es muy bueno ;-) -. Felicidades. Sigue escribiendo.

Saludos

   Feliz acierto
29-03-2007 12:53
Al principio parece un relato chistoso por lo disparatado de las situaciones en un mundo tan edulcorado que resulta odioso. Pero al final deja un sabor amargo, da qué pensar... Es un argumento interesante para un relato excelente.

   Bravo
07-03-2007 15:39
Al principio había tenido la impresión de que los personajes eran demasiado planos y de que la historia se iba a quedar en una especie de incoherencia humorística. El texto presentaba muchos huecos de planteamiento que mostraban más interés por la idea que por justificarla. Sin embargo, al ir llegando al final, a ese desenlace en el que se muestra la sombra, me has cautivado. Yo también me preguntaba por qué había llorado... terrible.

   RE: Bravo
08-03-2007 00:32
La verdad es que reconozco que muchas veces yo mismo me doy cuenta de que mis personajes son planos y que no profundizo debidamente en sus emociones. Supongo que aún tengo puestos los ruedines en esto de escribir...

   RE: Bravo
08-03-2007 00:34
Ouch, contesté sin meter mi nombre. Perdón.

   Muy bueno
07-03-2007 20:05
Ante todo, es original, y eso ya marca al lector. Es un tema bastante curioso, y nos hace posicionarnos de un lado en el que precisamente es imposible que conozcamos, la plena felicidad y la inexistencia de su contrario; porque todo sinónimo tiene su antónimo, para que nos entendamos. El ying y el yang, suelo hablar mucho de esto. Al principio me pareció que carecería de argumentos, es decir, se quedaría en una simple tesis inconclusa, pero cuando casi al final cuentas más o menos que antes había existido tal infelicidad, pero los cambios en la sociedad -y esto me lleva a pensar en ficciones como la de drogar a todos los ciudadanos con el descubrimiento de una vacuna que otorga la felicidad, o cosas así, y que curiosamente hace poco leí en un relato- habían conseguido tal "logro". Y al final, como todo, se ve que el sentimiento humano siempre está ahí y es incapaz de ocultarlo, y que la imperfección va ligada siempre a nuestra existencia.

Chapeau.

   RE: Muy bueno
08-03-2007 00:39
Ey, me alegro de que te gustase. Como casi todos los relatos de ci-fi nació de una pregunta: ¿y si...
Casi siempre me planteo cosas así, y aunque no siempre terminen en relatos, me gusta cuestionarme las cosas que damos por ciertas y qué ocurriría si no fuese así.

   Felicidad por decreto
07-03-2007 20:54
Bien escrito y estructurado.

Tiene reminiscencias de 'un mundo feliz' y otros relatos del género, por lo que he echado de menos un poquito más de elaboración en el argumento. Demasiado sencillo para mi gusto, el ser humano no es tan simple. Me ha recordado aquel en que los ordenadores tomán el poder y deciden hacer que la humanidad sea feliz, y al final acaban... prefiero no contarlo.

En todo caso tambien este 'sé feliz o te mato' tiene su efectividad y su encanto.

   RE: Felicidad por decreto
08-03-2007 00:43
Gracias. Como ya he dicho no soy bueno en esto de elaborar bien el argumento, y dotar a los personajes de una profundidad no se me da muy bien. En cuanto a lo de Un Mundo Feliz, está claro que me habrá influido, pero no conscientemente.

   Excelente
07-03-2007 23:09
Los relatos que nos hablan de los distintos tipos de sociedades que se han dado -o se podrían dar- siempre me han gustado. Tu relato mejora con cada párrafo y se nota que la idea te ha pegado con fuerza.
La penúltima escena, cuando le dicen a John que mataron a su hijo por llorar por la muerte de su hámster fué excelente.

En fin, que me gustó.

   RE: Excelente
08-03-2007 00:47
Me alegro.
Si te gustan estos temas te recomiendo, si es que no te las has leído, las tres anti-utopías de la ci-fi: 1984 (George Orwell), Farenheit 451 (Ray Bradbury) y Un Mundo Feliz (Aldous Huxley). Yo me he leído las tres y te puedo decir que, aunque para mi gusto la mejor es con diferencia 1984, las tres son de lo mejorcito.

   RE: Excelente
08-03-2007 17:54
Azhmodeus dijo:
Me alegro.
Si te gustan estos temas te recomiendo, si es que no te las has leído, las tres anti-utopías de la ci-fi: 1984 (George Orwell), Farenheit 451 (Ray Bradbury) y Un Mundo Feliz (Aldous Huxley). Yo me he leído las tres y te puedo decir que, aunque para mi gusto la mejor es con diferencia 1984, las tres son de lo mejorcito.


Yo leí el pasado verano 1984 y me encantó. Un mundo feliz la tengo en la estantería y la leeré algún día; de la otra por ahora nada.



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