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Tiempos de sangre


Terror y Supense

21-05-2007 13:44
Por: ProTorM-

Relato seleccionado del concurso Homenaje a Polidori.

Que un hombre de mi linaje
Descienda a tan ruin mansión.

José Zorrilla


tech
Muchos años después, en las barricadas, frente a las lenguas de fuego de los contenedores y el sonido de los cócteles molotov al estrellarse, recordaría el día en que conocí por primera vez la fuerza de la sed.

En mi vida a plena luz del sol fui alguien “respetable”, alguien que se ocupaba de su trabajo y los suyos, alguien que sólo concedía un resquicio a la osadía y el descaro cuando el alcohol y el volumen criminal de la música hacían efecto.

Eso nunca cambió, hasta el fin de mis días.

***

Era de noche en la ciudad, iba bebido y mis oídos se quejaban al silencio por el volumen de la música en los bares que habíamos recorrido horas antes. Caminaba solo. Volvía a casa, eufórico, tras una de las mejores juergas que pasé en vida. Observaba todo difuso a mi alrededor y veía caras que me miraban para agachar la cabeza al instante.

I cant accept what I see, Self destruct.

Alguien tropezó conmigo.

—Más cuidado, tú —le solté, envalentonado, mientras me colocaba la chaqueta de cuero. En la calle había un viejo cartel luminoso que parpadeaba sin acabar de encenderse; el tipo del choque se había detenido delante. Me miraba tras unas gafas de sol y, a contraluz, pude distinguir que sonreía.
—¿De qué ostias te ríes? —Me acerqué lentamente, con la intención de golpearle.
—Tranquilo, hombre. ¿Quieres que alguien por la calle te parta la cara? —Seguía sonriendo. —Vamos, te invito a tomar algo y olvidamos esto.

Recuerdo que pensé: Maldición. Está intentando liarme para que vaya a uno de esos pubs de moda. Pero su aspecto no decía lo mismo. Botas militares, unos vaqueros negros, una camiseta rota y un chaleco verde parcheado y con pinchos no se consideraba “a la moda”. Aún así, me molestaba hablar con individuos anónimos por la calle, todo lo más intercambiar saludos vacíos, evitando los cruces de miradas y cualquier tipo de conversación.

Resultaba aún más extraño que un desconocido que iba solo por la calle te invitara a tomar una copa, pero en ningún momento sentí miedo. Así que, de un modo u otro, acabé aceptando y echamos a andar en busca de algún bareto oscuro que siguiera abierto.

He drops a capsule in your drink
and spikes your dreams with madness

No parecía alguien que hablase demasiado y durante algunos minutos caminamos en silencio. Yo seguía sus puntas de acero hasta que se detuvieron frente a una oscura boca de metro. La parada se abría a la noche como una sucia puerta de descenso al infierno y despedía un intenso olor a vómito y cerveza.

—Conozco un garito a un par de paradas de aquí —Y se echó escaleras abajo sin esperar respuesta, seguro de que le seguiría.

Fui descendiendo hacia las entrañas de la tierra y todo parecía desierto. Saltamos los torniquetes mientras se escuchaba el chirrido quejicoso de las vías. Un tren escapaba por el túnel cuando alcanzamos el andén. En el suelo un pobre viejo lisiado, piojoso y con barba de varios meses pedía limosna.

De repente, en un momento, ya no había nadie más a mi alrededor; había perdido al tipo que seguía, había desaparecido, se había esfumado, me había dejado completamente solo con el lisiado y las ráfagas de aire rancio que salían del sistema de ventilación.

tech
Me di la vuelta y le vi avanzando hacia mí. Sus pasos resonaban en la estación.

—Me he retrasado un momento, lo siento. —Me posó la mano sobre el hombro y me enseñó un cigarro liado.

Los bancos estaban ruinosos, algunos rotos y otros empapados de alcohol. Se sentó en el suelo y yo a su lado. Iba demasiado borracho como para preocuparme de nada. Resoplé.

—Relájate, la muerte es un gran momento, merece la pena esperar y disfrutarlo. —Me ofreció fumar y lo hice, estaba fuerte y tenía un sabor indeterminado. Me pregunté qué habría querido decir con eso.

En el momento de preguntárselo nos interrumpió el traqueteo del tren, que se detuvo con un chirrido metálico. Cruzamos las puertas que se abrieron, con trabajo, automáticamente. Dentro había poca gente, la mayoría borrachos o durmiendo. Me senté en el primer asiento libre y él, aún de pie, sacó un rotulador y se puso a escribir en las paredes.

—¿Sabes? Podrían tacharme de terrorista sólo por hacer esto. Simplemente por molestar. Ni te imaginas quién consigue eso, qué Condenados mueven los hilos. Pero tú eres de los nuestros, de los que cortan hilos.

Le miré sin responder. Cuando terminó lanzó con fuerza el rotulador contra el cristal de la puerta.

—Vamos, levanta, es la siguiente.

My life is their disease
It feels good
And I’m gonna go wild

El bar era un tugurio lóbrego y maloliente, sin más marca distintiva que una fachada completamente negra y una ventana con barrotes. En la puerta una chica pálida, delgada y con medias de rejilla rotas le comía la boca a un hombre enorme.

El interior mantenía esa ambientación decadente y sombría. Oscuridad, telas de araña y música rápida en vena. Al fondo una estatua coronaba la escena. Había un grupo de tías esculturales charlando animosamente.

—Enseguida vuelvo.

Mi compañero se acercó a ellas, saludándolas. Me acerqué a la barra a por una copa y el viejo que atendía, gordo y con una bata manchada, me puso una sin preguntarme ni cobrarme. Era un líquido rojo y grumoso que no parecía demasiado apetecible. Las chicas y el extraño de la calle me lanzaban miradas furtivas de vez en cuando.

Supposed to act my age
Supposed to act mature
I've got better things to do
Than listen to you

Alguien se apoyó en mi hombro.

—¡Guapo! —Era la chica de la puerta, que había abandonado al grandullón. Estaba evidentemente drogada. Me arrancó la copa de las manos y se la bebió de un trago. Cuando terminó, una gota roja le brillaba en los labios.

Se lanzó a mi boca y yo no me aparté. Por un momento se hizo el silencio mientras me besaba, aunque es posible que fueran imaginaciones mías.

tech
Lo siguiente que recuerdo es el sonido de una botella al estrellarse. Vi como el tipo con el que había tropezado en la calle, el que me había llevado hasta allí y que momentos antes ligaba con una decena de mujeres, sujetaba con fuerza a la chica.

—Éste es cosa mía. —gritó, con sorna, a la chica que me había besado. Ella le empujó y, con una rapidez sobrehumana, se puso a su espalda y comenzó a lanzarle patadas y puñetazos. Al fondo se levantaron dos hombres, que avanzaban tambaleándose hacia la pelea.

Antes de darme cuenta estábamos fuera del local y los dos hombres, junto con la chica, se acercaban a nosotros, que habíamos salido corriendo. Nos alcanzaron en una de las calles cercanas. Me golpearon con unas cadenas y sé que caí al suelo. A mi compañero le dieron un navajazo en el estómago. Pensé que iba a caer muerto, pero cogió la navaja y se la arrancó sin problemas. Ni siquiera sangraba. La chica de las medias rotas se puso enfrente de él antes de que pudiera contraatacar.

—Vamos, quieto. Venid dentro.

Él y yo nos miramos. Mientras ella volvía por donde había venido. Los otros dos nos cogieron y nos llevaron a rastras.


My time is drawing near
Salvation comes so swiftly
Forever to be laid to rest
embrace my past for the dying day

A empujones nos metieron en un cuarto. La luz, fría y mortecina, remarcaba los rasgos cadavéricos de mis acompañantes. Yo me acurruqué en el suelo, contra la pared, sin saber qué estaba pasando. Al otro lado de la habitación un cuerpo de mujer yacía en el suelo, desgarrado. Los jirones de piel dejaban al aire el color rojo intenso de los músculos de debajo y, en el suelo, pequeños regueros de sangre. La mandíbula le colgaba, desencajada. Me dieron arcadas y el sabor del alcohol me subió a la boca.

—¿De caza, pequeño? —La chica no se dirigía a mí, hablaba con el otro. Mostraba una sonrisa de cazadora. Afilada y con grandes incisivos. Se acercó a él y, mirándole a los ojos, intentó abrazarle. Se apartó y ella le cruzó la cara de una bofetada.

—Imbécil, si te hubieses quedado aquí habrías disfrutado de ella tanto como yo.

—Señaló el cadáver del suelo y se giró hacia mí —En cambio ¿Qué te has traído? Carne de oficina. Bien ¿Qué pensabas hacer con él?
—Que no te ciegue su apariencia. Es fuerte y salvaje de espíritu.

Hablaban de mí como si no estuviera delante. Para ellos no era más que un cacho de carne.

—¿Convertirle? ¿A él? —Mi miró, con asco, aunque cambió su expresión al instante.—Bueno, bien pensado, no está tan mal.

—Conviértelo tú, si quieres. Pero no te pases.

—Como quieras.

Ella se acercó a mí mientras él se quitaba la chaqueta. En el lugar dónde le habían apuñalado la herida se había cerrado por completo. No me sorprendí, ya solo tenía ojos para ella, que se movía con la agilidad de un depredador. Sonreía. Yo había perdido toda mi voluntad, mi dignidad se había derrumbado. Estaba tirado en el suelo, asustado, lloroso y a punto de vomitar.

tech
—¿Por qué te haces esto? Afronta tus propios deseos. ¿Por qué viniste aquí?

—No... No lo sé.

—Sí, lo sabes.—Rugió desde atrás el chico.—Joder, piénsalo, y levántate de ahí. Tu vida es una mierda, sabías de sobra lo que te ofrecía sin necesidad de que te lo dijera. Pero ahora estas aquí y te asusta enfrentarte a ti mismo. ¿Qué se supone que quieres, volver a tu vida aburrida y monótona, esa que tanto te has esforzado en evitar?

—No sé de qué me hablas, tengo una buena casa, un coche, una tele de 20 pulgadas. También una familia unida, que me quiere... —Estaba muy excitado, quería gritar, quería llorar. —Ni siquiera me creo que de verdad seáis...

—¿Vampiros?

—No... quiero decir... Los vampiros viven en grandes mansiones, son terratenientes, reprimen a sus vasallos...

Ella puso su cara a un palmo de la mía y recorrió mi cuerpo con sus manos.

—Conoces las historias sobre los vampiros de la élite social. Vampiros de barrio alto, grandes señores. Las conoces porque son vanidosos, se dejan llevar por la codicia y la necesidad de poseer y buscan la atención de mujeres y hombres para hacer de ellos sus esclavos. Hace años se inmortalizaban en libros y cuadros porque son débiles, son los mismos que ahora imponen el nuevo orden para protegerse. Son nuestros auténticos enemigos. —Sus movimientos insinuaban un baile mortal. Las caricias, los roces intencionados me hacían estremecer, entregado como estaba a una total sumisión. —Somos los hijos malditos de Caín, los repudiados. No nos arrodillamos ante nadie ni pedimos que nadie lo haga ante nosotros. —Acercó su boca a mi cuello y me susurró al oido. —Ya lo sabías, como muchos otros, desde el primer momento. Piénsalo. —Tenía razón. —Tranquilo, intentaré dominar mi sed mientras te abrazo. —Me besó en el cuello y sentí placer en todo el cuerpo. Se acerco a mi hombro y lo mordisqueó suavemente. Fue bajando poco a poco por mi brazo hasta llegar a la mano, posando sus labios con suavidad, me besó por ultima vez antes de desgarrar la piel y la carne de mi muñeca. Sentí como tomaba mi sangre y se llevaba mi vida. Me sentí dentro de ella y todo mi cuerpo se agitó de gusto. Hasta el final, hasta el último segundo, hasta casi la última gota carmesí.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Bueno
24-05-2007 08:40
Aunque ya lo comente con anterioridad, lo he releido y me afirmo en lo que en su momento dije. me parece muy correcto en forma, fluido e interesante, con algunas frases muy buenas (el final me parece bastante bueno), pero algo plano en el argumento.

Si bien la idea de dar cotidianidad y normalidad al tema de los vampiros, 'humanizarlos' hasta cierto punto, someterlos a las rutinas y miserias humanas y sociales, es buena e incluso en algunas partes conseguida, en general falta una auténtica história, un algo que pase, una profundización en los personajes o situaciones que haga el relato más redondo. Como la diferencia entre una foto en la que sale gente y otra en la que se 've' a la gente. En definitiva un algo más aparte del retrato del ambiente.

Si que me ha gustado la estructura y la fluidez, reitero, de los diálogos.

Pero como ya dije, creo que es un buen relato

   Expositivo
24-05-2007 09:25
La idea en sí no es demasiado novedosa (me ha hecho pensar en las partidas de Vampiro), y aunque la redacción es buena, tiene un defecto: resulta muy expositiva.

Los vampiros nos cuentan las cosas directamente, por lo que el lector tiene la impresión de estar delante de alguien que le echa un discurso. Creo que hubiera funcionado mejor si ese grupo de vampiros revolucionarios se hubiera mostrado a través de la acción, de un modo indirecto.

El lector se suele quedar más satisfecho cuando es él quien encaja las piezas.



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