Pain Of Salvation: Scarsick |
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09-03-2007 13:43
Por: Locky P.
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Daniel Gildenlöw, nos invita a un viaje casi surrealista en el nuevo trabajo de Pain Of Salvation, Scarsick.
Descubrir el particular universo de Pain Of Salvation, es penetrar en una dimensión alejada de cualquier convencionalismo. Los parámetros por los que se desarrollan las composiciones creadas por su líder, Daniel Gildenlow (voces, guitarra y bajo), ni siquiera encajan en las coordenadas por las que deambulan la mayoría de los grupos de rock progresivo, etiqueta en la que también se incluye a Pain Of Salvation.
Y... sí, evidentemente, Pain Of Salvation muestra los atributos necesarios como para entrar a formar parte del rock progresivo, pero su propuesta es tan particular que se habría de crear un subgénero solo para esta banda.
Si su anterior trabajo, Be, entraba de lleno en el dramatismo sinfónico y nos envolvía en ambientes atmosféricos, Scarsick, se aleja de la oscuridad para incursionar en la crudeza y la experimentación.
Variado, sorprendente y arriesgado, el álbum es un variopinto viaje a través de un contraste de sonoridades que para otros grupos sería imposible encajar. De entrada, nos avasalla con el tema título y un riff aplastante que deja espacio a voces que igual apuestan por la melodía que entroncan con los perfiles del rap, algo que permanece en el siguiente corte, Spitfall, algo más intrincado y de ritmos confusos.
En el tercer tema, Cribcaged, se produce un giro radical, con la voz marcando las pautas en un ambiente cercano a la psicodelia. De la teatralidad pasamos a la frescura popera de América, un corte rítmico y desenfadado, a pesar de ser un alegato contra el gobierno de Estados Unidos.
A partir del sexto corte, definido como lado B, el álbum entra en una dinámica más homogénea, pero sin perder su toque particular. Así, el expresionismo trepidante de las partes instrumentales se mezcla con perfiles vocales de registros variados.
La presencia de una percusión casi tribal y efectos prestados del metal industrial ayudan a generar un complejo entramado de enrevesados pasajes que subvierten los sentidos para abandonarse a una experiencia musical abstracta y retorcida.
La general tendencia rompedora del álbum incluye un corte esperpéntico, Disco Queen. En su búsqueda de lo inverosímil, a Daniel se le va la olla del todo al entrar en el terreno del sonido disco y los rimtos discotequeros de los 70, en plena era travoltiana. Posiblemente tenga sus motivos y le haya apetecido incluirlo como rareza, para demostrar que está abierto a todas las posibilidades. Habrá que tomárselo como un desliz provocador.
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