Vlad, 2º acto |
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05-04-2007 13:20
Por: Nachob
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Una historia en tres actos y un epílogo
Londres, 9 de noviembre de 1888.-
El escenario es un exclusivo salón del prestigioso Reform Club de Londres, donde respetables caballeros conversan o leen el Times mientras saborean añejos licores y fuman enormes y humeantes puros. Toda la decoración, naturalmente de estilo victoriano, refleja el lujo y pujanza de la época. Una multitud de mayordomos de impecable uniforme recorren las salas y pasillos atentos a las más mínimas indicaciones de sus ilustres miembros.
Los personajes son tres asiduos, vestidos con la esmerada elegancia que requiere la situación, que cómodamente sentados en torno a una mesita habitúan a pasar las últimas horas del día comentando las noticias y los últimos rumores que recorren la ciudad. Cerca de ellos, otros socios disfrutan en solitario de su copa, leen o incluso algunos parecen dormitar despreocupados.
El más joven se llama Henry, es doctor en medicina y se ha especializado en química y análisis del comportamiento humano, materias en principio tan diversas que nos atestiguan su conocido carácter excéntrico, impetuoso y creativo. A su lado, luciendo un enorme bigote típico de los militares destinados en las colonias, se haya John, algo mayor que él, también medico, que ha pasado largos años sirviendo a su majestad en Afganistán y ha regresado a la capital dispuesto a disfrutar de un merecido y bien remunerado retiro. Completa el grupo Phil, de edad más avanzada, y sin embargo el que parece ejemplificar de un modo superlativo las virtudes que se le atribuyen al típico gentleman inglés: pulcritud, distinción, imperturbabilidad. Ha sido un reputado viajero, aunque hace años que no sale de la metrópoli ni rompe su escrupulosa rutina diaria. Pensativo da cuerda a su reloj mientras John, que ha estado leyendo interesado la sección de sucesos, aparta de sí indignado las hojas de papel.
JOHN: Francamente, Scotland Yard está quedando en ridículo en este caso. Es vergonzoso.
HENRY: Scotland Yard queda en ridículo en muchas ocasiones. ¿Cuál es el motivo de tu irritación?
JOHN: Estoy leyendo este artículo sobre los asesinatos de WhiteChapel, y me indigna ver cómo ese vulgar asesino pone en jaque a todo el servicio policial de su Majestad. ¡Y encima se permite el lujo de alardear enviando una aberrante misiva al propio George Lusk, presidente del comité de vigilancia de la zona! ¡Y en que términos!
HENRY: A lo mejor porque ese asesino no es tan vulgar como dices. Ya lo he leído antes. Le han apodado “Jack”, y al parecer ha estado bastante ocupado los dos últimos meses, destripando prostitutas. Y en lugares públicos, donde su cadáveres pueden ser fácilmente encontrados. Por lo que se describe es terriblemente brutal: las degüella y luego somete a sus cuerpos a mutilaciones inenarrables. Un auténtico monstruo.
JOHN: ¡Un delincuente, que está atemorizando a la honrada población de esta ciudad!
HENRY: Bueno, por ahora no se puede decir que esté actuando en zonas o con víctimas que podamos definir como distinguidas. En mi opinión, sólo es una expresión más de la brutalidad animal que anida en el alma de esas pobres gentes, estigmatizadas por la pobreza y la incultura. Un producto más de los suburbios y la marginalidad.
JOHN: Pues eso no es lo que sugiere el Times. Al parecer han encontrado uvas en uno de los escenarios de los crímenes. ¡Uvas! No es algo que se vea con frecuencia por esos barrios.
HENRY: (Divertido ante la exaltación de su amigo) Veo que conoces bien esos “barrios”, como tú dices. Si que es un dato curioso, igual que el comentario que hizo el comisario Grieve sobre los posibles conocimientos de anatomía del asesino. Puede entonces que nos estemos enfrentando no con una simple versión bestializada del mal, sino con una de sus representaciones más refinadas y complejas.
JOHN: Parece como si lo admirases...
HENRY: ¿Admiración? No. Sólo interés. Como estudioso de la naturaleza humana, me fascina la combinación de luz y oscuridad, de bondad y crueldad que anida en su interior. Es como si en cada uno de nosotros existiera una doble fuerza, una doble esencia que lucha entre sí, y que en algunos casos puede desequilibrarse en uno u otro sentido. Lamentablemente, cuando lo hace hacia el mal, puede generar aberraciones como ésta. Pero si fuésemos capaces de distinguirlas, dividirlas, comprenderlas y así saber como compensarlas, entonces....
PHIL: Nuestro amigo se está dejando llevar por la imaginación y tú, mi buen John, por la charlatanería fácil de los panfletos. Quieren a toda costa aumentar sus tiradas y no tienen escrúpulos en utilizar este tipo de argucias, exagerando, si no inventando, conspiraciones, quimeras y otras fantasías que un intelecto sano como el vuestro debería rechazar.
(Phil participa por primera vez. Sus interlocutores callan y le miran, dado que sus intervenciones suelen ser escasas, pero contundentes).
PHIL: Si trabajásemos un poco más nuestra memoria y nuestro espíritu critico, comprobaríamos que los casos de asesinatos y desapariciones son comunes en nuestra ciudad, y que, tras el sensacionalismo de las portadas, lo que se trasluce es el inevitable precio que una urbe cosmopolita como la nuestra, centro incuestionable del mundo civilizado, tiene que pagar por mantener en tan estrecha convivencia tal magnitud ingente y variopinta de individuos. Haciendo sólo memoria de los últimos meses, creo recordar haber leído más de veinte crónicas sobre inexplicables desapariciones y cadáveres encontrados en enigmáticas circunstancias. Y no se ha levantado esta polémica, aunque podría haberse producido. Está claro que están ocurriendo hechos deleznables en Whitechapel, pero de ahí a la polvareda montada por la existencia de un supuesto demonio sanguinario... Seamos serios, nos encontramos simplemente ante un nuevo escándalo propiciado por la prensa en busca de mayores ventas, apoyado en la predispuesta credulidad de incautos como vosotros.
JOHN: (Algo molesto) ¿Y según tú es normal que aparezcan cuerpos mutilados de prostitutas? No dudo que, como gran ciudad, en la nuestra, y a pesar de nuestro carácter sosegado y racional -no quiero imaginar que podría llegar a suceder si además fuéramos latinos-, sea inevitable que acontezcan hechos criminales execrables, pero creo que esto escapa de lo que yo me atrevería a calificar como “normalidad”.
PHIL: Acepto tu desafío, y si me permites acudir unos momentos a la hemeroteca, no dudo que sabré dar adecuada respuesta al mismo.
(John, desconocedor hasta ese instante de haber formulado ningún reto, se queda atónito mientras su contertulio parte hacia la biblioteca, dejándolos al poco de nuevo enfrascados en un cruce de opiniones e informaciones sobre el tema del día. Pasado un cuarto de hora, Phil regresa con una libreta en la que ha hecho algunas anotaciones).
PHIL: Bueno, he tenido que retrotraerme unos tres meses, pero ya he conseguido la información que buscaba sobre el tema que nos ocupa. Queridos amigos, en el periodo que he referenciado he encontrado reseñas de veintiuna muertes violentas sólo en el área metropolitana, además de al menos dieciocho casos de desaparecidos sin rastro conocido. De ellos (se concentra unos momentos en sus cálculos), trece responden al perfil de mujer en edad de merecer y, ¡oh sorpresa!, en cinco de ellos se conjuga un elemento de los considerados más morbosos por la prensa sensacionalista. Sus cadáveres aparecieron sin una pizca de sangre.
(Esta última observación provoca que sus acompañantes levanten la vista inquisitivos, y aviva el interés por su disertación)
PHIL: Veo por vuestras miradas que hasta que no he sacado a relucir el matiz escabroso no habéis prestado la atención debida a mi argumentación. Bien, esto no hace sino confirmar la misma. No son las noticias ni la información en sí la que resulta atrayente o importante, sino la propia condición humana que le hace interesarse especialmente por todo lo sórdido y siniestro, exagerando su gravedad más allá de lo que el sentido común sugeriría.
(Sin embargo, para su disgusto, y a pesar de la vehemencia con que ha finalizado su discurso, sus colegas parecen más atentos a verificar los datos por él aportados que a dejarse cautivar por sus impecables razonamientos. Por fin, de mala gana tiene que acceder a sus requerimientos y dar pormenores y aclaraciones sobre sus fuentes)
JOHN: Es increíble que nadie se haya percatado hasta ahora. Seguro que levantaría oleadas de líneas en la prensa. ¿Cómo es posible?
PHIL: Las noticias están sacadas de distintos diarios, y algunas hacen referencia a pueblos y villas de las afueras. Incluso de otras provincias. Está claro que el lector medio únicamente muestra inclinación por lo local y cercano. En tal sentido….
(Antes de que pueda iniciar una nueva perorata Henry le corta exclamando con pasión)
HENRY: Entonces es posible que en otros rotativos de localidades cercanas podamos encontrar más detalles e incluso nuevos casos.
(Mira a sus amigos, y basta un simple gesto para que él y John salgan disparados a la biblioteca, seguidos de un gruñón Phil que ahora lamenta haber iniciado la discusión, y que todavía se encuentra algo fastidiado por la actitud desatenta de sus colegas)
(Al cabo de media hora regresan con el debate aún más encendido)
JOHN: Diecinueve y veinte. En total se han encontrado los cuerpos de veinte jóvenes desangrados en los últimos seis meses. Veintidós si contamos los dos del sur de Escocia.
HENRY: Y veinticinco si contamos con los de Gales.
PHIL: Y dos mil si contamos los de la India. Seamos serios, señores.
(Phil sigue contrariado)
HENRY: No, no, tiene su lógica. Si compruebas las fechas, coincide. Es como si el asesino hubiera hecho un viaje por la zona, acabado con la vida de esas desgraciadas, y vuelto a Londres a seguir cometiendo sus villanías.
(Hasta Phil tiene que admitir que esa tesis es aceptable. Pero no está dispuesto a dar su brazo a torcer).
PHIL: Muy bien, pero entonces ¿qué estamos insinuando?, ¿que existe un funesto personaje que recorre las ciudades de nuestra nación seduciendo y acabando con la vida de bellas jovencitas, sorbiéndolas como si fueran naranjas?
JOHN: Lo de seducir lo has añadido tú, y por lo que veo, eso quiere decir que a todos se nos está ocurriendo la misma idea.
(Los tres se miran, sin atreverse ninguno a ser el siguiente en hablar, hasta que por fin Henry es el primero en pronunciar una palabra que está en la mente de todos)
HENRY: Un vampiro.
JOHN: Un vampiro.
PHIL: ¡Un vampiro!
(Nuevamente los tres callan, mirando sus anotaciones como si fueran los manuscritos perdidos donde se revela el camino a las minas del rey Salomón, a la fuente de la eterna juventud o al tesoro del pirata Barbanegra)
JOHN: Si no fuera porque es imposible, los datos están ahí.
PHIL: Tiene que haber una explicación plausible. La causalidad, o la existencia de algún tipo de sociedad secreta o secta satánica.
JOHN: No sé qué es peor.
HENRY: No, amigos míos, pensarlo bien. Sabemos que no puede existir nada así, porque desafía las leyes de la naturaleza y de Dios. Pero por un momento, imaginad que sois un ser solitario, que vive de la sangre de sus congéneres, que debe huir del día y del conocimiento de los demás. Decidme, si tuvieseis que salir periódicamente a buscar una nueva víctima con la que alimentaros, con la que saciar vuestra sed inmortal, y hacerlo discretamente, además de poder llevar una subsistencia agradable y exquisita propia de su alto y antiquísimo linaje, ¿donde acudiríais?
PHIL: Al lugar de la Tierra donde hay más almas reunidas por milla cuadrada, lleno de recovecos y tugurios donde ocultarse, donde un muerto más no es noticia. La capital del mundo.
JOHN: Londres
HENRY: Londres. Señores, hay un vampiro en Londres.
(Los tres se miran excitados y algo indecisos. Tras esa rotunda afirmación, se dejan de nuevo caer en sus asientos, tratando de recuperar la calma y su habitual flema británica).
PHIL: Bueno, no deja de ser una suposición basada en datos poco corroborados.
JOHN: Sería necesario hacer un estudio más concienzudo, y descartar otras justificaciones más admisibles. Probablemente el mismo entusiasmo que nos ha embargado a nosotros puede haber guiado la pluma de los redactores.
HENRY: Sí, desde luego, esto sólo son apreciaciones sin una base científica. Un mero divertimento mental.
(El silencio se adueña nuevamente de ellos. John es el primero en hablar)
JOHN: ¿Realmente creéis que algo así puede existir? Quiero decir ¿Creéis que los vampiros existen?
PHIL: ¿Te refieres a los no muertos, a los espectros de la noche? No, sólo en las mentes de las viejas, los adolescentes y los niños.
HENRY: En efecto. Recordad la leyenda de Drácula, el príncipe de las tinieblas. Sólo es una novela barata sacada de leyendas olvidadas. Pero desde un punto de vista antropológico tiene su interés, como todos los cuentos. Veréis, Drácula es el creyente que tras toda una vida de sacrificio y entrega a Dios se siente traicionado por él y renuncia a su gracia. Y como todo blasfemo, recibe el castigo justo y adecuado a su pecado. Así, si él renuncia a Dios, éste a su vez le obliga a renunciar a su propia condición humana. Y lo consigue haciendo que deba desistir de convivir con sus semejantes. Es decir, pierde lo más importante que tiene el hombre, su prójimo. Le convierte en un ser único, que debe alimentarse de lo que antes eran sus iguales, y que por tanto es despreciado y perseguido, odiado y temido, sin poder nunca encontrar consuelo a su perpetua soledad. Ya no puede convivir con los demás dado que vive de los demás. Es el mito del hombre que deja de ser hombre para convertirse en bestia. Y como tal sólo puede gozar de placeres animales, como el sexo, el poder, la violencia. Pero ya no puede acceder a la amistad, al cariño, al amor. Y de este modo está condenado a vagar solo por la eternidad sin más compañía que su apetito insaciable y agotador, que lo aísla y martiriza.
(Esta reflexión que humaniza la figura de lo que antes simplemente era un monstruo más, les deja pensativos)
JOHN: Como siempre recuerdas, Henry, en cualquier ser existen las dos caras, y con un poco de esfuerzo nos podemos ver identificados en ellas y llegarlas a comprender.
PHIL: ¿Incluso en Jack el destripador, estimado doctor?
HENRY: Nos habíamos olvidado de él. No sé, puede que incluso en un ser tan enloquecido como él pueda persistir aún algún rasgo de humanidad.
(Nuevamente se hace el silencio en el grupo. La conversación ha derivado hacia temas muy trascendentales)
JOHN: ¿Realmente puede existir algo así? No me refiero a un desequilibrado que se crea un vampiro, que es la solución más verosímil. Me refiero a un ser que no puede morir si no se le atraviesa el corazón con una estaca, o se le corta la cabeza. Que teme a las cruces y al agua bendita, y huye de la luz del sol y de los ajos. Que se alimenta únicamente de sangre humana, que disfruta con el dolor y la degradación ajena y con poder para influir sobre entes y objetos. ¿Un ser así puede existir en este mundo?...
(Bajan la vista al suelo, sumidos en negras aprensiones. Una voz les sobresalta y les saca de su ensimismamiento. Miran al propietario de la misma como si fuera una aparición).
PHIL: Lord Ruthven, no le habíamos oído llegar.
(El nuevo personaje es un caballero ya maduro, aunque de edad indefinida. Alto, en su juventud debió ser extremadamente corpulento. Sin embargo en sus gestos y vestimenta se aprecia una seguridad y calma atemporal).
LORD RUTHVEN: Perdonen pero no he podido evitar escuchar su conversación. Me gustaría señalarles que creo poder afirmar sin ningún género de dudas que los vampiros no existen.
(Los tres le observan aún desconcertados por su intervención)
PHIL: Pero Lord...
(Su mirada les atraviesa como si fuera un puñal y ellos parecen quedar como hechizados)
LORD RUTHVEN: Insisto. Los vampiros no existen.
(Su voz y su presencia son tan intensas que el mundo desaparece por un instante para ellos, que repiten absortos)
PHIL: Los vampiros no existen…
JOHN: Los vampiros…
HENRY: ...No existen…
LORD RUTHVEN: Además, no creo que deban recordar ni volver a discutir o siquiera pensar en este tema, que sólo es palabrería barata.
PHIL: Palabrería barata…
JOHN: Palabrería…
HENRY: ...Barata…
LORD RUTHVEN: Bien, señor Fogg, señor Watson, señor Jeckill, disculpen mi intromisión y continúen con su agradable coloquio, no quiero molestarles más.
(Tan repentinamente como ha aparecido, silencioso como el batir de unas alas lejanas, Lord Ruthven desaparece de escena. Ellos aún tardan unos instantes en reaccionar)
PHIL: No es ninguna molestia, mi lord… ¿pero donde está?
(Se miran sorprendidos unos a otros como despertando de un sueño)
JOHN: Es curioso este Lord. Dicen que es una de las personas más ricas de Londres.
HENRY: Y más reservadas. Nadie sabe nada de él. A mí me da escalofríos. Siempre sentado en su sillón, solo, con su copa de licor, sin hablar con nadie, sumido en sus pensamientos, hasta que llega la noche y se marcha. A veces desaparece algunos días, y luego vuelta a su rutina diaria. Un sujeto de lo más extravagante.
PHIL: Y no sabéis lo más extraño. (Ambos se aproximan expectantes). En todos los años que llevo viniendo aquí, nunca le he visto beber ni un solo sorbo de su vaso, que siempre deja lleno en la mesa.
(Los tres se giran en dirección al rincón que momentos antes ocupaba el misterioso personaje. Sobre la mesa, lúgubre y confirmatoria, llena de reflejos carmesí, permanece solitaria una enorme copa de brandy con su contenido aún intacto. El tiempo transcurre lento, golpeando con su tictac sus corazones. Phil es el primero en reponerse, sacudiéndose los hombros como espantando malos presagios)
PHIL: Bueno, ¿de qué estábamos hablando? Ah, sí, de ese asesino vuestro, ese tal “Jack”. Oye, John, ¿Por qué no le dices a ese nuevo amigo tuyo que le atrape con su casi mágico procedimiento científico? (Añade jocoso).
HENRY: Sí, ese “detective aconsejador” (se suma Henry a la broma)
JOHN: “Detective consultor” (se defiende John), y no os metáis con él. Es un tipo realmente interesante y que dará que hablar….
Dejemos a los tres camaradas continuar con su desenfadada conversación y sigamos al siniestro individuo que ha aparecido en el último momento. Le vemos abandonar el selecto club y pasear por las calles oscuras y húmedas a buen paso, introduciéndose cada vez más en las mismas entrañas de la ciudad, hasta llegar a una impresionante mansión de aspecto imponente pero descuidado en cuyo tenebroso interior penetra. Le distinguimos mientras desciende por una escalera de caracol hasta el sótano y en una lóbrega habitación se detiene fijando su vista en la penumbra que tiene delante. Allí inicia una conversación con alguien que permanece en la sombra.
LORD RUTHVEN: No puedo tolerar que sigas así. Cuando te conocí creí que había por fin encontrado un ser fuerte y con el coraje suficiente como para dominar el ansia. Alguien con quien poder disfrutar de la eternidad. Pero veo que me equivoqué.
DESCONOCIDO: (Con una voz cavernosa). ¿Por eso me convertiste? ¿Para aliviar tu soledad?
LORD RUTHVEN: Te permití vivir porque por fin esperaba haber hallado alguien en quien poder apoyarme para comenzar a construir mi sueño de fundar una nueva raza, una nueva especie que herede la tierra. Una estirpe inmortal y poderosa que pueda convertir de nuevo la creación en el paraíso que nuestro caprichoso Dios nos hurtó con su mojigatería y exigencias. Llevo siglos tratando de encontrar con quien compartir mi visión.
DESCONOCIDO: Llamas a esto vivir. A arrastrarte por el mundo entre las tinieblas, perseguido y escondido, devorado por un hambre atroz que te consume y con el cerebro ahíto de voces llenas de muerte y destrucción. Ya no sé qué es real o no. Ni siquiera sé si tú existes de verdad.
LORD RUTHVEN: Tienes que combatir a las voces, sólo así podrás ser libre.
DESCONOCIDO: Yo antes era libre, ahora sólo soy un engendro. Miró mis manos repletas de sangre fresca y compruebo con repugnancia que lo que realmente deseo es lamerlas. Me despierto y me devora una avidez implacable por atiborrarme de ese jugo espeso y cálido. Y cuando calmo el apetito de mis entrañas, mi cerebro se vuelve loco y otra ansía aun más feroz me invade. Un deseo irrefrenable de causar dolor, de aniquilar la pureza y la inocencia del modo más cruel posible. Y no puedo acallarla, no puedo, hasta que consumo el más impío de los crímenes, y me levanto cubierto de vísceras con la boca henchida de carne humana.
LORD RUTHVEN: Tus actos son demasiado espectaculares. Te estas poniendo en evidencia. Como sigas así pronto te atraparan, y yo no puedo permitirlo.
DESCONOCIDO: Sí, maestro, ¿Ya no te soy útil? ¿Acabarás conmigo como si fuera otro experimento fallido?
LORD RUTHVEN: Debo hacerte regresar al infierno donde debiste acudir hace tiempo.
DESCONOCIDO: (Gritando) ¡Yo ya estoy en el infierno! ¿O qué crees que es esto? ¡Mira! (Unas manos salen de las sombras, portando algo que muestra a Lord Ruthven). Todavía está caliente. Acabo de matarla ahora mismo. Era más joven que las demás. Más pura, más inocente. Más sabrosa.
LORD RUTHVEN: Eras tan… prometedor.
Salgamos, aquí ya no queda nada por ver. Mientras nos alejamos, lo último que escuchamos son los aullidos de una alimaña infrahumana e imposible.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Lo que es la excentricidad británica |
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07-06-2007 14:39 |
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Vaya, has utilizado una serie de recursos muy interesantes: la alternancia entre teatro y prosa, la incursión de personajes bien conocidos de la literatura británica del s. XIX... Es original y divertido. Para mi gusto, este segundo episodio es mejor que el primero.
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Divertido |
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05-06-2007 16:39 |
Me he reído un montón con la conversación, la verdad. Es lo que más destacaria de esta segunda parte.
Por otro lado, el juego entre géneros es interesante, pero me parece que no terminas de encajarlos.
Por un lado, la conversación parece totalmente una parte de una obra de teatro. Por sí sola es muy buena, sin embargo no se integra con el principio, tan expositivo. Quizás deberías haber potenciado más las frases fuera de la conversación (lo que va entre paréntesis, vamos) porque las pocas que hay son muy buenas y definen a los personajes incluso más que sus palabras.
Luego está el cambio. Volvemos al narrador, que nos habla directamente. Esta parte me ha recordado a las novelas de Dumas, que lo hace mucho, y me gusta bastante ese recurso pero.. no me cuadra muy bien con el estilo teatral. Quizás si hubieras seguido por ahi, pero vuelves al estilo teatral con la conversación entre los vampiros.
Me parece un interesante experimento, pero creo que todos esos cambios perjudican el conjunto de la obra.
Por otro lado, el cambio respeto a la primera parte es brutal. No entiendo qué pretendes al hacer cada parte de tu obra completamente distinta de las demás. Quizás al leerla poco a poco no se note mucho, pero al leer las cuatro partes de golpe se nota una falta de unidad entre ellas que perjudica bastante el conjunto del relato, en lugar de estar contando una historia, parece que estás contando cuatro historias distintas.
Pd. Me voy a trabajar, esta noche te comento los otros dos
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RE: Divertido |
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05-06-2007 17:23 |
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Gracias de nuevo por el comentario.
A lo mejor es que debería avisar previamente. Como bien te has dado cuenta, son cuatro relatos independientes. Si lo tomas como continuación, puede descolocar. Al publicarse poco a poco, daba más tiempo para asumir su autonomía.
Surgio como idea de presentar un relato distinto a cada uno de los géneros en que se dividida el certamen de ociojoven (fantasia, terror, histórico, ciencia ficción), pero que tuviesen una relación entre sí, o en conjunto contasen una historia común (y qué mejor que dracula para ello).
Lo de hacerlo en estilos distintos es un ejercicio.
Y sí, este es un obra de teatro, pero preparada para ser leida, por lo que las acotaciones y la parte central son informaciones para que el lector se situe en la acción.
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RE: Divertido |
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05-06-2007 21:51 |
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Sí que me ha descolocado, sí. Por el título pensé que iba todo junto, por eso decidí leerlo todo de corrido y ver el efecto de conjunto.
Como experimento me ha parecido muy interesante, ahora te comento los otros dos.
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Genial |
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18-04-2007 19:57 |
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Voy a ser conciso. Me ha parecido excelente, tanto por su originalidad como por su estilo y narrativa. Cada día me sorprendes más, en serio, que deberías intentar algo más con esto de la escritura, Nchoba. (:P)
Pronto me leeré las continuaciones. Te felicito por esta genial entrega.
Una sonrisa.
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Metaliterario |
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05-04-2007 13:24 |
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Me ha gustado, demonios. Al principio lo veía cojear, sin terminar de cuajar del todo, pero poco a poco va cogiendo fuerza y, al final, deslumbra. Un ejercicio de entretejido muy interesante que justifica pequeños detalles temporales, como que Drácula se escribió 9 años después de este encuentro.
Quizá me haya sobrado la insistencia en la identidad de John Watson (se le identificaba desde el principio), y creo que los pasajes intermedios entre diálogos no son todo lo intensos que deberían. Quizá podrías haber jugado con un presentador tipo Creepe Show, como parece apuntar al final, o dejarlo más como apuntes teatrales.
No obstante, el resultado global es muy muy bueno. De quitarse el sombrero. Si la serie sigue esta línea, va a ser memorable. Espero impaciente tener el tiempo para leer las siguientes.
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RE: Metaliterario |
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05-04-2007 15:37 |
Pssss! Guardame el secreto, que no se puede tener todo (es que estas hecho una enciclopedia andante de estos temas).
Como ya he comentado cada capitulo es distinto, tanto en estilo como en temática, y por eso imagino que unos gustaran a unos y otros les resultaran más aburridos o sosos. Como sabes los escribi hace ya tiempo, y al releerlos tal vez ahora cambiase algo más (que raro en mí).
Pero hay que asumir que es imposible hacer relatos que gusten a todos todos. Por ejemplo invasión, que aunque necesita algunos pulidos, no acaba de cuajar, pues es ciencia ficción algo conceptual. Pero todo tiene su valor.
Gracias por la critica (¿Qué es exactamente metaliteratura?)
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RE: Metaliterario |
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12-04-2007 09:35 |
Nachob dijo: Gracias por la critica (¿Qué es exactamente metaliteratura?)
Que va más allá de la literatura. Se usa -o al menos yo lo hago- cuando el autor juega con elementos literarios saliéndose del esquema clásico de una novela. Por ejemplo, en Drácula los personajes son personajes: no pueden interactuar con, digamos, Bram Stoker. Si lo hicieran, se podría plantear una situación metaliteraria (más allá de la literatura).
"La cámara oscura" de Peter Straub, que tenéis reseñada en esta página, incluye muchos juegos metaliterarios dentro de la propia trama. "El camino del acero", de Andrés Díaz también incluye alguno hacia el final.
ps.- a mí la entrega me ha gustado mucho
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Me quito el sombrero |
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17-04-2007 02:00 |
JA JA JA casi me muero de la risa leyendo este experimento, me ha encantado a todos los niveles a pesar de tratarse como bien dice Phil (creo que lo dice él) un mero entretenimiento mental, pero muy divertido. Ahondando en el concepto de metaliteratura o metaarte que si fuera correcto sería más exacto, se podría definir de forma global como aquella manifestación artística que hace visibles en el interior de la obra los mecanismos de diálogo entre el receptor (lector, espectador de cine o teatro, visitante de museo e incluso jugador de videojuegos) y el emisor (escritor, director de cine, pintor, etc). En mi limitado campo de conocimiento, el cine y el cómic (también la literatura a menor escala y los viedeojuegos, de pintura música y fotografía sé lo justo y lo justo siempre es poco), tenemos numerosos ejemplos del lenguaje meta, desde los más banales (todos los chistes con cámaras que pueblan muchas producciones indecentes, hay alguno memorable como en la loca historia de la guerra de las galaxias cuando el alter ego de Dhartz Vader Casco Oscuro, rebobina el propio metraje de la película hasta llegar a un punto en el que se refleja en la pantalla, pero son los menos) hasta las obras maestras de las que se me ocurren a bote pronto tres aún que hay muchas más, El show de Truman de Peter Weir (aquí la metanografía va explícita en el propio argumento), Persona de Ingman Bergman (recordemos ese arranque con la lente de la cámara filmada de perfil y la luz que da la vida a las imágenes que componen la ilusión que es el cine) y la mejor sobre este asunto, la muy reciente The Inland Empire (no puede ser más adecuado su título de David Lynch) en la que la metacinematografía se da a todos los niveles, en un caledoscopio de tramas paralelas dentro y fuera del imaginario de la película (en la que hay varias películas) para configurar una mas que sabia reflexión sobre el cine y sus medios para atraparnos. Mira otra que se me ocurre además de esta tierra de tortilla y pasiones que es nuestra España es Arrebato de Ivan Zulueta, posiblemente (y junto con Cronos) la película más original sobre el vampirismo que aquí de chupasangres sólo tenemos la cámara que absorbe al protagonista por la fascinación que el despierta. Y lo tuyo es meta en estado puro (casi parece que hablamos de otra cosa que acaba en dona, pero en el fondo cualquier afición es drogadicción así que tampoco está tan lejos). Por mi modesta parte yo también he experimentado con el dentro y fuera, particularmente en una comedia que todavía tengo a medias (tantas cosas a medias que no llegan ni a calcetines) en la que uno de los personajes reclama la presencia del autor, indignado por su diálogo y situación escénica calcada del Romeo y Julieta de Shakespeare, provocado por la arrogancia del escritor arremete con su florete (y perdón por el triple sonsonete  ) y elimina al autor, tras un desconcierto general los personajes deciden retomar el argumento en base a sus propias decisiones (el sueño imposible de todo personaje, decidir) con lo que ya os imagináis la locura y anarquía en la que desemboca. Hablar de ella casi me da ganas de escribirla ahora pero Morfeo y su hijo sin M me reclaman que mañana será un día largo. Bye, Bye.
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RE: Me quito el sombrero |
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18-04-2007 18:52 |
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No se puede negar que tienes la creatividad en las venas.
Muchas gracias por el comentario. Es un placer contar con lectores que comparten tanto como tú.
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