Crónicas Marcianas |
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05-04-2007 15:33
Por: Darthz
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Reseña de la obra de Ray Bradbury
Una de las sensaciones que normalmente se graban más a fuego en nuestro inconsciente al leer un libro es la de la primera página, la incertidumbre que nos acecha cuando abrimos y olisqueamos esas hojas amarillentas o blanquecinas sin saber qué nos pueden deparar, a veces con más parsimonia y otras con más prisa, acelerados o desacelerados, marcando el rumbo que en ese momento nuestras vidas llevan; otra de esas sensaciones, paradójicamente igual a la primera aunque con algo que lo cambia en esencia: la experiencia, es el acto de cerrar el libro, poner fin a esas páginas que nos han hecho seguir igual de indiferentes que en las carreteras o en los semáforos o, por el contrario, nos han hipnotizado y regalado algo que ya nunca nadie nos podrá quitar, incluso a veces, cambiándonos la vida.
Bien, y se preguntarán por la razón de esta bizarra introducción a lo que es, o debería ser, una reseña a la novela “Crónicas Marcianas”. La respuesta yo tampoco se la voy a dar, simplemente les invitaré a leer esas dos sensaciones que a mí me han llegado y que, para o bien o para mal, ahora les plasmo aquí; y luego a que se adentren en esos relatos que conforman esta novela tan genial e indescriptible, o, perdonen si me equivoco –y no es indescriptible el término exacto–, tan patética y mágica.
Empecé a leerla con la consabida lectura de algunos artículos antes y críticas y comentarios sobre esta obra que era considerada como una de las clásicas de la ciencia ficción, “el gran Ray Bradbury”. En palabras del propio Borges: “En este libro de apariencia fantasmagórica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad…” Y sobre todo, una palabra clave en todo este conjunto de comentarios que llegaron a mi cerebro antes de comenzar la lectura: poesía. El lirismo de esta obra es tan absoluto como genial y extraordinario; no cansa, no aburre, no resulta pedante ni recargado, y resuelve todo con tal patetismo que es impensable que a uno no se le remueva algo cuando empieza a leer, y va acercándose a esas historias que nos previenen de algo que puede ser a lo que nos estemos acercando o que lo veamos muy lejos o ya incluso haya pasado; porque ése es el cometido de la ciencia ficción: poner en nuestras manos una hipótesis y bañarla de fantasía, ingenio, y cariño.
Uno va metiéndose en cada relato –en algunos más que en otros– y descubriendo el genio que hay detrás de cada una de esas palabras: un hombre que sin duda tuvo que escribirlo en una etapa de pleno apogeo, de prolífica poesía, de absoluta dedicación y cariño, de esmero y entusiasmo, con pluma lograda y experimentada, adulta y risueña: sí, niño y a la vez hombre; quizá algo necesario para traspasar algo tan maravilloso y fantástico a un papel.
La otra sensación, inevitable si abres el libro y quedas absorbido y enajenado, cuando cierras el libro y sabes que aquella función tan gloriosa ha llegado a su fin, lo que te invade –y aunque hable en tercera persona usted sabe que hablo por mí– es una sensación de melancolía terrible. Añoranza. Porque cuando uno disfruta y goza tanto de algo, cuando ese algo pone fin, irremediablemente lo anhelará y querrá volver a recuperarlo alguna vez, aunque ya nunca más vuelva a ser la experiencia idéntica. Uno comprende al haber acabado el libro lo que el autor quiso expresar con todo eso que, lo queramos o no, está ahí fuera y no tan lejos de nosotros; aquello que en realidad siempre ha estado presente y siempre lo estará: el enfrentamiento de dos sociedades distintas, la ambición del hombre, el amor por conocer y conquistar, el odio por lo conocido y lo conquistado, la envidia, el amor.
Autor
Ray Douglas Bradbury (Waukegan, Illinois, Estados Unidos, 22 de agosto de 1920) uno de los autores de ciencia ficción y fantasía más representativos.
Desde su lugar de nacimiento su familia se mudó varias veces hasta establecerse finalmente en Los Ángeles en 1934. Bradbury fue un ávido lector en su juventud además de un escritor aficionado. No pudo asistir a la universidad por razones económicas. Para ganarse la vida, comenzó a vender periódicos. Posteriormente se propuso auto-educarse a través de libros y empezó a escribir cuentos en una máquina de escribir. Sus primeros trabajos los vendió a revistas a comienzo de los 40.
Existe un asteroide llamado (9766) Bradbury en su honor.
Sinopsis
Esta colección de relatos reúne la crónica de la colonización de Marte por parte de la humanidad que abandona la Tierra en sucesivas oleadas de cohetes plateados y sueña con reproducir en el Planeta rojo una civilización de perritos calientes, cómodos sofás y limonada en el porche al atardecer. Pero los colonos también traen en su equipaje las enfermedades que diezmarán a los marcianos y mostrarán muy poco respeto por una cultura planetaria, misteriosa y fascinante, que éstos intentarán proteger ante la rapacidad de los terrícolas. Escritas en la década de 1940 y situadas en el lejano futuro que comienza en 1999, estas historias, aparentemente sencillas, sirven de excusa para que Bradbury se sumerja en los misterios del alma humana y desarrolle una de las hazañas más apasionantes de la humanidad.
Edición
Ray Bradbury, 1946, 1948, 1949 y 1950.
Ediciones minotauro: 1995, 1975, 1985, 2002.
Editorial Planeta DeAgostini, S.A., 2006
Conclusión
Yo saboreé estas páginas en varias tardes soleadas en una casa perdida, alejada del murmullo y del ruido, entre jazmines y chorros de agua danzando por mi vista. Ahora les invito a que, sea cual sea su escenario, comiencen, si no lo han hecho ya, esta obra y tengan el placer de conocer, como diría Borges, estos “deleitables terrores”.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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asignatura pendiente |
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09-04-2007 21:28 |
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Éste es uno de esos libros de los que tantas referencias buenas tengo que no me queda más remedio que leerlo... El problema es que la lista es larga, pero prometo leerlo más tarde o temprano.
Gracias por la reseña.
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También lo tengo en la lista |
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10-04-2007 10:01 |
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Especialmente después de haber leído Farenheit. A ver cuando saco tiempo, aunque estos días he reducido "la pila".
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Iniciatico |
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05-04-2007 15:49 |
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Es lo que fue este libro para mi.
Uno de esos que marcan, que derriban barreras en tu mente y te hacen ser capaz de ver e imaginar cosas nuevas. Pero es que yo lo leí hace muchoooo tiempo, con 12 años, en los calurosos veranos de mi pueblo.
Imprescindible, con perspectiva.
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