El sueño de Alicia |
|
21-06-2007 17:56
Por: Tokrand
|
|
 |
|
Nada aparta los fantasmas y temores de nuestro corazón y nuestra mente como la fe ilimitada que reside en aquello en lo que creemos y confiamos ciegamente.
El estruendo fue ensordecedor, acongojante y seco; como un soberbio rugido cuyo principio y fin ocurriesen a un tiempo, y entre medias sólo el estremecedor aliento de un inefable desasosiego que apesadumbrase el alma enrollándose en los huesos. Con el corazón en vilo, la niña despertó de un sueño ligero dando un salto en la cama e incorporándose alarmada y defensiva, como esperando un ataque incipiente.
Tras un momento de reflexión Alicia retomó el aliento y, aún jadeante, fijó la mirada en la profundidad de las sombras que colmaban su habitación mientras sus ojos se acostumbraban a la larga oscuridad de la estancia. Poco a poco, el miedo creado por el sobresalto se atenuó; pero la niña, aún excitada, escudriñó cada palmo de la habitación con aire juzgador buscando algún signo o evidencia de una presencia extraña al tiempo que trataba de sacudirse las sombras de su pensamiento.
Afuera, las amenazadoras nubes de tormenta se cernían sobre la casa arrastrándose suave pero inexorablemente, como maliciosos demonios tratando de escurrirse inadvertidos entre la densa bruma hasta el momento mismo de su fatal e ineludible caída. En la calle, el leve tintineo de las campanas colgantes y el incesante goteo de los canalones acompañaban como una funesta sinfonía los latidos de su corazón.
Cuando logró recobrarse un poco, Alicia se dio cuenta de que tenía la garganta completamente seca, y el instinto la hizo acercar la mano a la mesita de noche para coger el vaso de agua. En el mismo momento en que alargaba el brazo la niña recordó que ya no quedaba agua, pues la había agotado toda antes de dormirse; pero algo la inquietó mucho más, pues el vaso, que debía reposar junto a la lamparita, ya no estaba allí.
Mil pensamientos cruzaron entonces la imaginativa mente de la niña pero, en el intento de buscar un sentido lógico a dicha ausencia y apartar los fantasmas de su ilusoria imaginación, Alicia concluyó que su madre, tal vez al subir a su habitación para comprobar que todo estaba bien después de que ella se hubiese quedado dormida, se lo habría llevado al verlo vacío y ya, entretenida en otros quehaceres, no había recordado volver a llevárselo. Alicia imaginó entonces a su madre entrando con sigilo en su habitación para darle un beso de buenas noches mientras dormía; con su bata de raso blanca y esa cálida sonrisa siempre pronta cuando era necesaria y que inspiraba una confianza ciega a quien le iba dirigida. Tan segura estuvo y de tal manera evocó el recuerdo que casi pudo sentir el candor de sus labios sobre su frente; y eso la tranquilizó, pues le hizo sentirse protegida. Y se reprochó entonces su cobardía.
Hacía sólo un par de semanas que Alicia y sus padres se habían mudado a aquella casa, una majestuosa mansión del siglo XVII que, a pesar de conservarse en buen estado, necesitaba algunas reformas. La niña aún no había conseguido acostumbrarse al sonido de las oxidadas bisagras de algunos muebles que chirriaban sordamente en el abrir y cerrar de puertas, o a los quejumbrosos gruñidos del parqué de las escaleras que conducían a los aposentos. Pero en realidad estos eran ruidos de poca importancia y preocupaban poco a la niña ya que, una vez descubierta su naturaleza, pasaban a ser poco más que molestos. El problema eran aquellos sonidos que aún no había conseguido descifrar. “El sonido del viento colándose por entre los intersticios de las ventanas y las viejas vigas que necesitan de un refuerzo” – le había dicho su padre-. Pero a ella esta explicación la había convencido poco, ya que se adivinaba por el gesto bobalicón de su cara y por su voz entrecortada que estaba suponiendo, o tal vez inventando, pero no estaba seguro: sólo lo hacía para espantar su miedo, y eso la inquietaba aún más.
Por su divagante imaginación rondaban las más sin pares explicaciones: desde los hambrientos ratones en busca de un buen bocado cuando todo estaba en calma y el peligro dormía, hasta los ladrones que aprovechaban el descuido al cerrar una de las puertas o ventanas para hacerse con un buen botín; pero de todas ellas no había ninguna que a su juicio tuviera consistencia suficiente. Sabía que sólo trataba de convencerse a sí misma, y esto le provocaba una fuerte sensación de indefensión que no en pocas ocasiones había deparado en pánico. Tal vez fuera el miedo, y eso se decía a sí misma, sólo el tonto miedo, pero en el fondo de su corazón la niña sabía que este miedo no era infundado. Algo no estaba bien, algo no era correcto.
Una sacudida de viento irrumpió entonces en la habitación levantando con un estrepitoso silbido las cortinas de lino, y Alicia se dio cuenta de que tenía frío. Inmediatamente se levantó para cerrar la ventana, pero el pensamiento la detuvo al instante: ¿Por qué estaba la ventana abierta? Ella estaba segura de haberla cerrado en el mismo momento en que oyó el primer trueno de tormenta. ¿Habría sido su madre? Ella siempre le aconsejaba dejar una ranura abierta para que el aire de la habitación no se condensase, pero esta vez la ventana estaba abierta de par en par.
De un salto, la niña alcanzó la manivela y la cerró con un rápido movimiento. Su corazón se había acelerado de nuevo. Echó una recelosa mirada a través del cristal, afuera todo parecía estar en calma. El viento sibilante mecía la amarillenta hierba de su jardín, que aún no había sido cortada, y las gotas que habían quedado rezagadas en los tejados salpicaban aquí y allá creando toda una variedad de sonidos incoherentes. Las tenues luces de la hilera de farolas que adornaban la calle parecían ahogarse en la lejanía, desapareciendo a veces, tímidamente disimuladas tras las ramas de los árboles, para volver a aparecer después como una mortecina procesión de almas inanimadas que de forma grácil y sutil trataran de resguardarse de la lluvia venidera. La niña abrazó con más fuerza su peluche cuando, por el rabillo del ojo, creyó ver fantasmas de luz que saltaban de farola en farola a tiempo de esconderse justo antes de que ella mirase, dejando atrás en su presurosa fuga un vago y engañoso haz de luz que se deshacía fugaz en la distancia.
El desespero de Alicia era creciente, y aunque trataba de controlarse para no alarmar a sus padres sin otro motivo que su divagante imaginación, su corazón latía ahora con mayor intensidad. Así fue que la niña se giró rápidamente en un intento de volver a la cama para cubrirse con las sábanas; pero al volverse vio algo que la sobrecogió de espanto. Sus ojos, bien abiertos, fijaban la mirada entre las sombras que se balanceaban traviesas bajo la cama en torno a un pequeño cuerpo de cristal que emitía un débil destello de luz blanquecina. Y la sangre se le heló entonces, y un amargo sabor subió por su garganta al acercarse para descubrir que el pequeño objeto no era otro que el vaso de agua que, tristemente recostado sobre la alfombra, parecía mirar a la niña con la nostalgia y el anhelo de un juguete largo tiempo atrás olvidado.
El terror se adueñó entonces del alma de la niña, y el pánico llegó impío con la arrogancia y la descortesía ingrata con que llega un huésped que no es bienvenido; y en su espanto, la niña trató de gritar, pero el miedo había llenado ya cada rincón de su cuerpo alojándose entre su piel y sus huesos; engarrotando sus músculos sin permitirle el movimiento. Ni tan siquiera el más leve balbuceo salió de su garganta. Pétrea y muda, la niña no dejaba de contemplar el cuerpo de cristal como esperando que algo ocurriese de repente, y le pareció ver entonces, mirando con los torpes ojos del miedo y la desconfianza que se aferran a la engañosa y sugestiva parte del alma para dar rienda suelta a los más insulsos temores de nuestra subconsciencia, que alguien salía de debajo de la cama. Una sombra que se deslizaba suavemente al encuentro de ella; e inesperadamente la ventana se abrió a sus espaldas dejando entrar el viento arrollador y voraz; y las cortinas rodearon a la niña como funestas garras que se retorcían y ceñían en torno a su cuerpo como una serpiente que se enrollara incompasible sobre su presa; y ella supo entonces que ese sería su fin, que aquel ser era el mismo que la había estado persiguiendo desde que llegase a la casa y el cual, para advertirle de su presencia, había provocado aquellos sonidos inexplicables reptando entre las sombras de los rincones y las viejas y raídas vigas; persiguiéndola, vigilándola, siempre al acecho; y ahora se acercaba por fin a ella mientras estaba presa en la maraña de cortinas para llevarla consigo, para siempre.
Pero entonces ocurrió algo inesperado, un grito que parecía provenir de un lugar muy lejano sonó ahogado, un grito de auxilio en la desesperación, y al instante hubo un centelleo y la luz brilló vertiginosa por encima de la subyugante oscuridad, y una voz familiar se acercó como un susurro cálido ahuyentando la turbación y el miedo, y unos brazos la rodearon tiernamente barriendo las sombras en torno a ella, y aunque todo fue confuso durante un momento, pronto se sosegó su corazón con alivio, y supo entonces que todo estaba bien.
Cuando la niña abrió los ojos se encontraba sentada en el centro de la cama. La cara enjuta por las lágrimas. Mientras su madre, sentada junto a ella, la abrazaba susurrándole al oído que todo estaba bien. “Sólo ha sido un mal sueño” – le dijo.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|
|
|
| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
 |
| Tema: |
Autor: |
Fecha: |
|
Mis más sinceras disculpas |
|
|
16-09-2008 12:03 |
¡Saludos compañeros!
Por motivos extraños y en ocasiones ajenos a mi voluntad (hay que ver como suena, jajaja!) llevaba muchísimos tiempo sin escribir nada en la página. Sin embargo yo soy como el Halley, tardo mucho pero siempre vuelvo.
Quería más que nada agradeceros vuestras opiniones aunque haya pasado tantísimo tiempo desde que las disteis, ya que nunca hay que dejar nada por hacer. Tengo que daros la razón a todos en que mi estilo es en ocasiones algo recargado. Esto es algo que he tratado de curar con el tiempo dándole a cada parte su punto exacto en matiz, ámbito y color (por así decirlo). Mi problema cuando comencé a escribir (hace ya años que escribí este relato) era que no tenía miramientos con los adjetivos, ya que, acostumbrado como estaba a escribir poesía, que siempre fue mi gran pasión, me dejaba llevar por el encanto de los recursos y las aliteraciones también en la narración, consiguiendo con esto, como bien ha dicho Darthz, lastrarla. Pero, creo que en ocasiones, tuve cierto éxito en esto, pues como en todo la práctica ayuda y a veces no consiste en quitar cosas ni en poner, sino en hacerlo de forma que todo parezca en su sitio. Así pues escribí otros relatos después con el mismo estilo pero algo más depurado (a mi entender) que a la gente pareció gustarle más (mi padre y mi hermano son muy críticos a este respecto). Proximamente espero colgar algo por aquí, así pues ¡Volvereis a saber de mí Rufianes! ¡Jajajajaja! (Risa malévola).
Bueno, pues solo eso, agradeceros a los tres: Akhul, Nachob y Darthz vuestros comentarios, siempre son bien acogidos, pues de todo tomo nota, nos leemos por aquí.
Saludos
Tokrand
|
|
Ey |
|
|
08-08-2007 01:45 |
|
Acabo de leerlo junto a otros muchos relatos que he imprimido hace un rato para acabar de votar los del mes de Junio, y he de decir que no me ha sabido mal, el tuyo, oye. Creo, si no me falla la memoria, que es lo primero que leo tuyo; y no eres malo, por lo que me gustará ver más cosas tuyas. Pero eso sí, como te han dicho (a mí también me lo pareció, además de que creo que todos hemos pecado mucho en eso, sobre todo cuando empezamos), el estilo a veces resulta algo cargante. Que mira, yo soy el primero en defender el barroquismo y el lirismo, pero cuando es necesario; y aquí veo demasiado adorno superfluo, lo cual lastra la narración y, a pesar de que pueda parecer que creas una atmósfera idónea, lo que consigue es que se vea en ti un estilo poco depurado. Corrige eso, escribe, escribe, y escribe.
|
|
Algo recargado, pero de los que me gusta |
|
|
28-06-2007 09:56 |
|
Coincido con Nachob en que la prosa está demasiado recargada en algunas ocasiones, y sin embargo discrepo en lo del final: a mí has conseguido inquietarme con ese "sólo ha sido un sueño".
Un relato de terror agradable -valga la paradoja- que espero que sea el preludio de más y mejores.
|
|
Bonito historia |
|
|
21-06-2007 20:00 |
|
Me ha parecido una historia muy bonita e incluso tierna, pero creo que abusas un poco de los recursos expresivos (palabras enrevesadas, frases demasiado largas, adjetivos algo exagerados...).
Por eso me quedo con el fondo y con algunos momentos mas intensos, pero creo que tienes que pulir un poco más el estilo, de modo que no sea tan recargado y barroco. Sólo lo que la historia le pida.
Y con el final. Tal vez un poco previsible, pero conseguido.
|
|
|
|
|
|