Tú que estás en mi corazón |
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28-06-2007 16:44
Por: Sky Render
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Historia breve de un amor joven. No es lo que parece.
El destino es caprichoso, y es cruel, y es inevitable... pero precisamente por eso las personas siguen viviendo. Pues la gente siempre creerá que hay algo más, aparte del destino, que les empuja a vivir: la búsqueda de la felicidad, y la esperanza de, algún día, encontrarla.
Porque la esperanza es lo último que se pierde. FIN.
Pablo levantó la vista de la pantalla del ordenador y miró por la ventana. Fuera, un mirlo trinaba. Hacía sol, y calor. Los grillos cantaban. Y él, tras tantos años de preparación, tantos meses de desarrollo y tantas noches sin dormir, había dado el primer paso hacia su sueño. Volvió la cabeza hacia el monitor y contempló de nuevo aquella palabra: fin. El fin de aquel primer volumen, el principio de algo grande.
Ella se movía tan silenciosa como la brisa cálida del exterior, pero él sintió que se acercaba.
-¿Cómo va tu gran obra?
Su voz hacía que el trinar del mirlo fuera de la ventana sonara a papel de estraza. Se volvió y la vio llegar contoneándose, con su cabellera roja larga hasta los hombros y su cuello de cisne. Neus le abrazó por detrás, atrayendo su cabeza hacia sus pechos. Sus brazos despedían una fragancia suave y su piel era fresca como el primer día.
-Va muy bien. Mejor que bien. Ya he terminado.
-Tras largos meses sin despegarte del ordenador, al fin te las has arreglado para terminar tu condenado libro –dijo ella, sonriendo, mientras sus ojos observaban la pantalla-. Un final un poco meloso, ¿no?
-Cuando lo leas te darás cuenta de que, en realidad, no acaba demasiado bien –repuso Pablo-. Este volumen, al menos.
-“¿Este volumen?” –Neus pareció de pronto contrariada. Sus manos se tensaron levemente en su cuello-. ¿Es que hay más volúmenes aparte de éste?
-Ya te lo dije. Pienso escribir una saga. Una tetralogía.
-¡¿Piensas escribir TRES libros más de esto?!
Él se liberó de su abrazo y la miró a la cara. Su expresión era insondable. Pablo no hubiera podido decir si transmitía enfado, decepción, desconcierto, o lo que fuera.
Lo que desde luego no reflejaba su rostro era alegría. La voz de él adquirió un tono más suave al hablar.
-¿Ocurre algo, cielo?
Ella no contestó inmediatamente. Pero cuando lo hizo, adoptó una voz mucho más profunda, reflejo de un evidente disgusto.
-Pablo, ¿cuánto tiempo te ha llevado escribir este libro?
Al interpelado la pregunta le cogió por sorpresa. Lentamente, respondió:
-Ocho... Nueve. Nueve meses.
-Y en ese tiempo, ¿cuántas veces hemos salido juntos a cenar?
-¿Qué?
-¿Cuántos días para nosotros solos hemos tenido? ¿Cuántas veces hemos ido al cine? ¿A cuantas fiestas hemos asistido? ¿Cuántas veces hemos paseado bajo las estrellas, como hacíamos antes?
Su discurso cada vez se hacía más apasionado, y su voz más quebrada.
-¿...Cuántas veces hemos hecho el amor?
Entonces se dio cuenta de lo que pasaba, y sintió que se rompía por dentro. Sintió pena por ella, rabia por su propia ceguera y vergüenza de sí mismo, todo a un tiempo.
-...Yo había aguantado, había esperado a que terminaras, pensé que... que pronto acabarías pero yo... no puedo. No puedo aguantar más esta situación.
-Neus, yo...
Ella rodeó su cuello con los brazos, se sentó en su regazo, apoyó la cabeza en su hombro y rompió a llorar.
Para un hombre no hay nada peor que sentir vergüenza de sí mismo. La cabeza de Pablo era en aquellos momentos una vorágine en la cual no podía pensar. Había pasado de la alegría al pesar con tanta rapidez que ambos sentimientos parecían haberse mezclado en su cráneo formando un torbellino que había dejado tras de sí una nube de confusión. Haz algo, le decía una vocecilla en la cabeza. Di algo, imbécil lo que sea.
-Neus... cariño, perdóname, yo... yo no lo supe ver. Perdóname... –le decía mientras le hacía torpes caricias en la espalda. Ella no dejaba de llorar-. Sé que he sido egoísta... También me he dado cuenta de que no te he prestado la atención que te mereces. Me dejé llevar por mi pasión. Sé que es estúpido que te lo diga ahora. Y soy un estúpido.
Aquellas palabras sonaron patéticamente vacías y sin sentido. Ella seguía sollozando en su hombro.
-Neus, si fuera por ti... –Pablo tragó saliva-. Si fuera por ti, si con eso consiguiera que dejases de llorar... dejaría todas estas tonterías. Todos estos estúpidos sueños. No merecen la pena.
Entonces, el llanto cesó.
-Neus, mírame, por favor.
Ella alzó la cabeza y le miró. En su cara se dibujaba una gran sonrisa de oreja a oreja, mostrando todos los dientes, y sus ojos brillaban divertidos. No había rastro de lágrimas en sus mejillas.
-¿Qué...?
-Idiota.
Entonces, ella le mordió la nariz.
* * * * * * * *
-Tienes ideas de bombero, Neus.
-Bueno, tú deberías haberme visto venir. ¿No te pareció todo demasiado absurdo? Eres un pardillo.
-Nunca sé por dónde vas, ¿cómo te voy a ver venir?
Aunque Pablo ya estaba acostumbrado al lado travieso y juguetón de Neus, lo cierto es que sus tretas y bromas casi siempre lograban sorprenderle. Era tan buena actriz que nunca sabía cuándo decía la verdad y cuándo mentía. Según ella, le venía de familia.
-¿Estás enfadado?
Una vez más, la pregunta le cogió por sorpresa.
-¿Enfadado? Claro que no, mujer. ¿Por qué iba a estarlo?
-Quizá me pasé un poco. Se te veía tan arrepentido... Sólo quería probarte.
-¿Probarme?
Neus desvió la mirada. Sus ojos brillaron un breve instante, pero él no lo advirtió.
-Probar si realmente te importaba lo nuestro.
-Bueno... –Pablo se rascó la cabeza, mirando al techo-. La verdad es que tenías razón. Estos días te he dejado abandonada.
De repente, ella puso una cara muy seria.
-No digas estupideces. Estabas haciendo lo que siempre has querido hacer. ¿No iba a ser ésta tu gran creación? ¿El libro con el que sorprenderías a todos? ¿La historia que llevas tantos años desarrollando? –cogió su cabeza por las sienes y clavó en él sus ojos avellana-. Escúchame bien. No quiero volver a oírte decir nunca más que arrojarías tus sueños por la borda. Ni por mí ni por nadie.
Él sonrió y la cogió de las muñecas.
-Lo haría una y mil veces, por ti.
Como respuesta, ella volvió a morderle la nariz.
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| COMENTARIOS DE LOS POBLADORES |
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Un final abrupto |
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05-07-2007 09:29 |
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Para un buen relato. Coincido en que el lector se queda con sensación de trampa. Creo que si hubieras potenciado más ese lado inquietante de la muchacha, ese punto incomprendido por parte del chico, la cosa hubiera resultado más arrolladora.
En cualquier caso, es un buen relato, y destaca especialmente, a mi parecer, por la buena prosa.
ps.- Supongo que lo conoces, pero estás invitado a pasarte por el Relato del mes en el foro de literatura. Tu relato concursará en junio.
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Bueno |
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28-06-2007 19:45 |
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Me ha gustado mucho el estilo y el tono del relato. Como yo suelo pecar de ser demasiado expositivo, valoro especialmente unos dialogos tan agiles y agradables.
El argumento me ha resultado interasante, pero creo que el fallo del relato es el final. Parece demasiado artificial y cogido por los pelos. No pega con el resto del relato, y además resulta poco creible y acelerado.
Todo lo que ganas en los dos primeros tercios, que son autenticamente de quitarse el sombrero, al final se pierde y no acaba de cuajar.
En mi opinión hubiera quedado mejor como un simple relato de amor, tal vez animado con un toque de magia como que fuera circular, y acabase igual que empieza, como si ellos mismos se convirtieran en los personajes de su libro (aunque probablemente tampoco seria demasiado original, pero dejaría mejor sabor de boca)
En todo caso enhorabuena por la calidad que demuestras. Chapó. Espero leer más cosas tuyas.
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Muy buena |
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28-06-2007 19:46 |
Me ha gustado sobre todo que está contada de forma ágil ,la explicación de la imagen en el corazón (aunque esa idea ya la había oído antes en alguna parte) y que te mantiene la curiosidad sobre qué pasará hasta el final. Felicidades,
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Posdata |
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28-06-2007 19:49 |
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Y se me olvidaba... ¿¿¿mirlos???
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