El buen pastor |
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08-05-2007 17:38
Por: Manheor
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De Niro y la CIA en un cóctel emocionante
Muchas veces una crítica se convierte en un monólogo egocéntrico de su autor que, en la creencia de la posesión de la verdad absoluta, olvida la verdadera naturaleza de su profesión, estableciendo una barrera infranqueable entre él y sus lectores. Desde esta página para los jóvenes que es la nuestra, aceptamos nuestra responsabilidad como tales, para intentar cambiar aquellas costumbres, que no por asumidas deben asumirse. Por esta razón me gustaría acercarme más a ti lector, que eres quién le da sentido con tus ojos a estas palabras. Lo más importante que podemos contarte es esto, apenas una frase: ve a ver “El buen pastor”. No queremos engañarte, puede que el ritmo lento y la larga duración de la película, acaben cansándote o incluso aburriéndote. Pero creemos que la posibilidad de que eso no ocurra, merece el riesgo de darle una oportunidad. Esto es lo que queríamos decirte, ve a ver “El buen pastor” y, si lo deseas, acompáñanos un poco más a lo largo de este análisis. Tal vez, entre lo poco que sabemos, haya algo que te sea de provecho. Robert De Niro, director de dos largometrajes, “Una historia del Bronx” y el que nos ocupa, “El buen pastor”; actor de cine. Tal vez no sea decir mucho, o tal vez sea mejor que dedicarle cien adjetivos tan rimbombantes como innecesarios, simplemente baste con decir que es uno de esos casos en el que su personalidad artística en relación con su arte resultan inseparables, Robert de Niro es cine en sí mismo. Su primer papel de cierta envergadura le llegó de la mano del maestro del terror de la serie B Roger Corman, a la edad de veintisiete años en 1970. Interpretó para este realizador el rol de un hermano psicópata y drogadicto, dentro de la terrible y asocial entidad familiar que protagonizaba el film de título original “Bloody Mama” (“Mamá sangrienta”).
Aunque no fue uno de los títulos más celebrados de la carrera de Corman (lejos de sus obras más logradas de antaño, adaptando al genial literato de lo oscuro Edgard Allan Poe) y a pesar de tener en cuenta de que el papel de Robert de Niro ni siquiera era el principal, su magnetismo en escena quedaron presentes en la única secuencia para el recuerdo que dejó dicha producción, la conversación previa a la violación que su personaje, Lloyd Baker, mantiene con una hermosa joven a la orilla de un río. La perversa inocencia que destila De Niro en este diálogo (con el genial contrapunto del bucólico escenario en el que tiene lugar, un hermoso prado a ala orilla de un río), auguraba un horizonte de éxito que no tardaría en llegar. Dos años después, un joven realizador italoamericano, cuyos orígenes como aprendiz estuvieron tutelados por el mismo Corman, realizaba una prueba de casting para seleccionar al intérprete que daría vida a un joven y violento mafioso italiano. El personaje era Sonny Corleone y la película “El Padrino”. La interpretación de De Niro dejó atónito al joven Coppola, que rechazó a De Niro a favor de James Caan, por el excesivo ímpetu y magnetismo del joven actor, que amenazaban muy seriamente con eclipsar a quién debía de ser la futura estrella de la saga, un joven y desconocido actor llamado Al Pacino. Pero Coppola tomó buena nota de lo que vio en aquella prueba y sólo dos años después le ofreció a aquel actor que tanto lo había impresionado, el mayor reto con el que se ha tenido que enfrentar un actor en toda la historia del cine, interpretar la juventud de la que se ha llegado a considerar como la encarnación más portentosa llevada a cabo por un actor de un personaje cinematográfico, Vito Corleone y Marlon Brando o Marlon Brando y Vito Corleone. Contra todo pronóstico, Robert De Niro superó la prueba, hasta el punto de hacer tan suyo el personaje como lo fue del genial Brando. A partir de ahí la carrera de De Niro tomó el meteórico ascenso por todos conocido, encadenando en tan sólo una década obras del calado de: “Taxi Driver”, “Novecento”, “El cazador”, “Toro Salvaje” o “Érase una vez en América”, todos títulos fundamentales en cualquier compendio de las mejores obras cinematográficas del siglo veinte.
Su rivalidad a lo largo de los años (alimentada por la crítica, siempre deseosa de establecer el orden de las medallas) por el puesto de mejor actor de la historia con su “hijo” cinematográfico Al Pacino, cristalizó de la manera más hermosa en el único cara a cara que han mantenido en el cine, la archiconocida conversación tomando un café en un bar de carretera de Los Ángeles de la obra maestra de Michael Mann Heat, probablemente el punto álgido de la carrera de ambos en el que su despliegue ante el rival, acaba cediendo en un bello y mutuo respeto. Dos grandes caballeros que bajaron sus espadas para darse la mano. Como director De Niro es un caso excepcional, por lo atípico e infrecuente que le resulta asumir este rol (sólo dos películas separadas por trece años de silencio en la realización) y por la maestría y seguridad que demuestra a pesar de su (ya puntualizaremos esta afirmación con más detalle de esto en la sección correspondiente) escasa experiencia. Viendo que su carrera como actor se había quedado estancada en proyectos de escaso interés (acusando cada vez más el talón de Aquiles de la inmensa mayoría de los grandes actores en el final de su carrera, acabar por interpretarse a uno mismo) y que los resultados cada vez que se pone detrás de la cámara son óptimos, no podemos más que desear que esta costumbre infrecuente, se regularice para beneficio de espectadores y del cine en general. Por último comentar el buen momento que vive el cine político made in Hollywood. En estos últimos años, títulos como “Munich”, “Infiltrados”, el dúo bélico “Banderas de nuestros padres” y “Cartas desde Iwo-Jima”, “Syriana”, “El señor de la guerra” o (ahora) “El buen pastor” demuestran una sorprendente salud de hierro del espíritu crítico norteamericano, tal vez auspiciada por la turbulenta situación política dentro y fuera de sus fronteras y por la sabia madurez que sus grandes realizadores han sabido rentabilizar. Ahora continuamos con el (ya conocido) análisis por secciones de la película, comenzando por su guión.
La película
Guión (Autor: Eric Roth)
Si se conoce a su autor, el guionista de origen judío Eric Roth, no resultará nada sorprendente la siguiente afirmación, el guión de “El buen pastor” es lo mejor de una gran película, no porque sus otros aspectos estén descuidados, al contrario, lo que ocurre es que el texto de Roth brilla como solo lo hace el oro. Probablemente el guionista más dotado de su tiempo (como demuestra Munich de Steven Spielberg, aunque el genial lunático Charlie Kaufman y los hermanos Nolan tengan mucho que decir en este campo), Roth elabora una complejísima y excelentemente trabajada trama durante casi tres horas de metraje, con el único defecto achacable de la atención que demanda del espectador para no perderse en la compleja estructura temporal de los argumentos, conectados entre sí por largos flashbacks y flasforwards (la película bascula durante todo su metraje hacia atrás y hacia delante en lo temporal), que obligan al espectador a retener una gran cantidad de información, variedad de situaciones y personajes y situaciones históricas, que pueden llegar a embotar y hacer que el hilo de la narración se tense y rompa por sobre acumulación. Es una historia que exige paciencia y claridad mental, no es compatible su disfrute con una actitud relajada o con una atención que no esté viva y despierta. Sí estas condiciones se dan, la propuesta resulta apasionante, con unos personajes extraordinariamente dibujados, llenos de facetas y sombras, cuidados para parecer de carne y sangre hasta el extremo de que aquellos más casuales, que apenas sobrepasan la barrera del cameo, resultan tan creíbles como los que ocupan la mayoría del metraje. Mención especial merece el tratamiento del papel protagonista, Edward Bell Wilson, interpretado de forma extraordinaria (como comentaremos luego) por Matt Damon. A la vez su trama histórica desgrana con precisión de cirujano, los distintos pasos dados hasta la creación de la institución de la C.I.A. por los servicios de inteligencia norteamericanos, actuando a espaldas de la democracia y la moral para conseguir mantener el equilibrio de poderes, después de la segunda Gran Guerra, sin llegar a un fatal y definitivo conflicto abierto (como dice el personaje de Matt Damon “Nosotros luchamos porque las guerras sean pequeñas). Resumiendo, excelente trabajo de Roth, que se va labrando un prestigio más que merecido, como fantástico constructor de ficciones de calado en la condición humana.
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