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Repaso diario a lo acontecido desde Le Croisette.
Seguramente, cuando estás líneas salgan publicadas, muchos de vosotros ya habréis pasado por taquilla para ver la última película de David Fincher, “Zodiac”.
Con una carrera comercial, desgraciadamente acabada en los Estados Unidos, sólo un reestreno ocasionado por múltiples nominaciones en los Oscar podría engrosar su pobre taquilla, el Festival de Cannes ha decidido ejercer de plataforma europea, para la que es sin duda alguna, una de las películas más complejas, torturadoras y apasionantes de la temporada.
“Zodiac” no es una película fácil de ver por muchos motivos. La falta de empatía de los personajes con el espectador debido a que nunca se posicione un punto de vista y un protagonista claro, la abrumadora cantidad de datos y personajes que salpica la pantalla; su para algunos excesiva duración (cuando más bien tiene un problema de lo contrario ya que es claramente notable como algunas de las subtramas se han quedado en el suelo de la sala montaje, como la referente al personaje interpretado por Brian Cox)…
Dice David Fincher, que su película es para todos aquellos que amen el cine, no oculta la referencia clara y explicita a “Todos los hombres del Presidente” de Alan J Pakula y afirma que posiblemente sea su obra más madura y alejada del postmodernismo que suponía “El Club de la Lucha”, si bien es cierto, que el que aborde la película desde un tiempo futuro, le permite obtener y dar una visión más clara así como desmitificadora de tiempos pretéritos.
Durante las casi 3 horas de metraje, el director narra una historia de obsesión de tres hombres, un periodista, un caricaturista y un detective de policía, por el llamado asesino del Zodíaco, uno de los criminales más importantes de la historia de América, pero también, uno de los que menos número de crímenes tuvo a lo largo de su carrera delictiva, al menos que se puedan achacar, a ciencia cierto. Lo curioso del caso, es que Fincher juega a que su película se comporte como el propio Zodíaco. El tono burlesco que utiliza el asesino para jugar tanto con los periodistas americanos como los policías, es el mismo que utiliza el director para ridiculizar los “métodos” de investigación del personaje de Jake Gyllenhaal, en una extraordinaria secuencia donde se encuentra recopilando datos y pruebas junto a sus hijos en la pizarra de éstos. Incluso, permite ponerse en la piel del propio asesino, o lo más cerca que un cineasta podría hacer, variando el estilo de narración, en posiblemente, el homicidio fundamental para conocer la identidad del “serial killer” o cambiando a su gusto, el género de la película, cuando más le conviene, pasando de ser un relato estrictamente policiaco, a un relato casi de terror en algunos pasajes de la cinta. El cineasta californiano, subvierte cualquier norma de cualquier género establecido hasta la fecha, no por ello, sin olvidarse de los referentes fílmicos y mirar con cierta socarronería al pasado, con constantes referencias a “Bullit” o “Harry El Sucio”.
Sin, embargo, como ya digo, los problemas que acarrearía una copia con mayor metraje hicieron que el director de “La habitación del Pánico”, tuviera que remontar más de una vez, toda la película, aún siendo probada en diferentes test screenings entre el público americano, dejando varios cabos sueltos en la película imperceptibles para el público en general. Así, ya digo, el personaje de Brian Cox, pasa a ser un simple secundario en la cinta, cuando, en realidad, se trató de uno de los más comentados sospechosos.
Como, el Zodíaco, escribe, de manera socarrona , algún día, alguien hará una película sobre mí, y será el mejor guión que nunca se haya escrito jamás… Fincher, sabe jugar sus cartas, a sabiendas que el Zodíaco siempre jugaba con la baraja marcada, de no caer en la trampa de querer realizar una película “más grande que la vida”, sobre un asesino que conmocionó a la América de los 70.
La otra película a concurso dentro de la Sección Oficial ha sido “Izgnanie”, del ruso Andrei Zviaguintsev, ganador del León de Oro en Venecia por su anterior película, “El Regreso”.
En esta ocasión, el supuesto nuevo talento del cine ruso y también supuesto heredero del legado de Andrei Tarkvosky (lo que hay que leer), se descuelga con una historia de odios, recelo y carcoma dentro de una familia mafiosa de la estepa rusa, que estalla, cuando la mujer le declara al marido, que está esperando un hijo que no es suyo.
2 horas y media de auténtico tedio y somnolencia para contar las mismas cosas trilladas de siempre, un libro de recortables sobre “Crimen y Castigo”, pasado por el conveniente filtro del cine de autor, donde nos explica 5 veces, la moraleja de la historia, por si a la cuarta no nos había quedado clara su intención. Llega a tal punto el desatino, que el realizador se permite incluir al final de la película, un flashback de 20 minutos, para explicarnos los recovecos de lo que no ha estado contando durante las dos horas restantes, al más puro estilo de los thrillers de garrafón.
Tanta sutileza, ha matado a un público, que por ahorrarse, se ha ahorrado hasta los pitos a la salida y no precisamente por falta de ganas, sino por fuerzas ante el estoico esfuerzo de aguantar semejante mastuerzo de duración kilométrica…bueno, todos, salvo la señora lunática que se sentaba en mi butaca de al lado, que ha vivido desde el primer hasta el último segundo de la película, realizando toda clase de aspavientos y suspiros cada vez que se producía algo relevante en pantalla, hasta que cuando ha terminado la película, se ha levantado y ha sido la única de toda la sala, que ha aplaudido como una descosida, ante la cara de incredulidad de todos los que estábamos presente. La verdad, es que al menos, su show interactivo, me ha servido para aligerar la función.
Presentada fuera de Competición y llegada a última hora, tras pasar los rigurosos controles de censura del Gobierno Chino, se exhibió “Triangle”. Historia dirigida a tres manos por Johnny To, Tsui Hark y Ringo Lam; lo que junto a John Woo, podría ser algo como el Dream Team del cine asiático de acción.
“Triangle”, no sólo está dirigida por tres directores, también, como su propio nombre indica, es una historia que tiene como centro neurálgico un triángulo amoroso que será vital para el desarrollo de la película, y una historia protagonizada por tres hombres, con características diferentes, pero como los tres directores de la función, condenados a entenderse para sacar adelante la misión, en este caso, el robo y posterior venta de una importante pieza de escultura y joyería antigua.
El film no acaba de arrancar durante su primera mitad, se pierde entre situaciones que no llevan a nada, escenas de acción para (des)lucimiento del director de turno, mención especial para una horrenda persecución de coches que parece sacada del enésimo exploit japonés sobre coches modificados, no es hasta que el relato se vuelve más oscuro (y algo me dice, que es aquí cuando Johhny To cogió las riendas de la dirección del proyecto) y cuando se retoma el elegíaco sentido del western trasladado al Hong Kong actual, cuando la película empieza a remontar y a estar a la altura de las últimas películas de To (las carreras artísticas de Lam y Hark siguen tocadas de muerte tras la maldición que acarrea a todos los directores asiáticos que osan ponerse a las órdenes de Jean Claude Van Damme).
Lo más interesante del metraje transcurre en su ultimo cuarto cuando observamos, que los personajes empiezan a moverse por valores dignos de los western del mejor Ford o Peckipanh, cuando el machismo se incrementa hasta niveles denunciables, y es que el retrato con el que se plasma a la mujer en la película, no es precisamente favorecedor; cuando alguien decide cambiar de tono y pasar a la comedia negra más desfasada (que viendo la elección del actor que permite este cambio de registro en la historia, algo me vuelve a decir que la culpa la tuvo To), incluso cuando se permiten jugar con cambios de formato en una de las más bellas y arrebatadoras escenas de la película que tiene como protagonistas, el tesoro encontrado (un traje hecho con monedas de oro), Simon Yam y a su esposa infiel. Pura poesía no carente de maldad y tensión.
Lastima, que los primeros 40 minutos sean tan ramplones y mediocres, de no ser así, estaríamos hablando de otro inclusión más en el subgénero polar al nivel de las dos partes de “Election” o “Exiled”.
Mañana más, con la inauguración de la sección Un Certain Regard a cargo de “Le Voyage du Ballon Rouge”, el homenaje cinéfilo de Hou Hsiao Hsien, la presentación de metraje del nuevo film animado de Dreamworks, “Bee Movie”, que se nos han quedado fuera de este día 2 por falta de tiempo, y alguna sorpresa absolutamente inesperada.
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