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Repaso diario a lo acontecido desde Le Croisette.
Lo prometido es deuda, así que comenzaré brevemente por lo atrasado de días anteriores. Comenzaremos por la presentación de 30 minutos de “Bee Movie” que tuvo lugar en Cannes, que contó con la presencia del protagonista, escritor y máximo responsable del proyecto, Jerry Seinfeld, del brazo armado de Dreamworks Animation, Jerry Katzenberg y de otro de los actores que prestan su voz para otro personaje animado, Chris Rock.
Lo mostrado durante el día de ayer, estaba en un estado bastante primario y solo unas pocas escenas y planos tenían un acabado casi final, intercalándose con primarios diseños en 3 dimensiones e incluso con storyboards.
Por de pronto, y afortunadamente, no parece el típico proyecto aleatorio de Dreamworks, véase “Madagascar” o incluso “Vecinos Invasores”, y contiene todo el genio y el estilo del humor del genio neoyorkino, situándose incluso la acción en La Gran Manzana (es imposible entender la obra y el humor de Seinfeld, separándola de la ciudad que le ha visto crecer y desarrollarse como artista). Es muy posible que el público europeo no acabe de conectar con la película cuando llegue a nuestras pantallas allá por invierno de este mismo año, y que su visionado sea imprescindible en versión original, pero no cabe duda, que es uno de los proyectos más interesantes de los últimos tiempos de Dreamworks y casi equiparable a los trabajos que ha hecho la factoría Aardman para la empresa de Spielberg (sustituyendo obviamente el marcado carácter británico de éstos, por el ya mencionado estilo neoyorkino del artista). Animación para toda la familia, pero con un toque adulto y con el humor mordaz y característico de la cantera de los stand-up, que es propio de Seinfeld. Yo, particularmente, el poder estar en la misma sala del hombre que revolucionó la comedia moderna y creó la mejor serie humorística de la historia, viendo como literalmente, corta a todos los periodistas que sueltan alguna estupidez en forma de pregunta, y creedme cuando digo que están a la orden del día en cada rueda de prensa.
También perteneciente al día 17, es la película que abrió la sección “Un Certain Regard”, la producción francesa pero dirigida por el reputado director chino Hou Hsiao Hsien, “Le Voyage du Ballon Rouge” Como el propio título indica, es el particular homenaje y la particular visión del cineasta chino sobre el título de Lamorisse “Le Ballon Rouge” en el “particular” aniversario de la película, que se celebra con una copia restaurada de la misma, dentro de la “Quincena de Realizadores”.
Sin llegar a estar particularmente familiarizado con la obra de este cineasta; de hecho, sólo he visto “Café Lumiere” y afortunadamente es la que más puntos tiene en común con su ultimo trabajo, si que he llegado a “conectar”, aunque odie esa palabra aplicada en un contexto cinéfilo, con esta revisión del clásico.
Una cámara sigue el trayecto del ya celebre globo y nosotros con ella, una persona lo acaricia, y nosotros con ella nuevamente, la cámara toca el globo, pero somos nosotros realmente los que lo hemos palpado. Cine sensorial, sentimientos imposibles, a través de las imágenes. Este es el portentoso arranque de la película.
A partir de ahí, nos sumergimos en un mundo casi fantástico e irreal, donde el cineasta nos muestra una familia atípica, sin un núcleo claro, la madre nunca está presente y la figura materna, se trata de una niñera de origen asiático recién llegada a París, que como nosotros mismos, se encuentra en el centro de todo el protagonismo sin apenas tiempo para tomar contacto con la ciudad, y lo irá haciendo a través de los interminables paseos con el crío protagonista y con su inseparable cámara de vídeo.
Personajes encerrados en su soledad, en contraposición con la libertad manifiesta del globo, problemas que nunca vemos, pero que percibimos en sus rostros, somos los testigos de su vida cotidiana, asistiendo como convidados de piedra a un mundo que permanece impasible ante nuestra mirada. El uso del sonido de fondo es absolutamente magistral, como se puede apreciar en una larga escena donde un pianista ciego, afina el teclado de la familia, mientras asistimos a diversos paisajes cotidianos.
Estimulante propuesta y de lo mejor que llevamos en este pobre arranque de festival.
Por cansancio, pereza, agotamiento y por previsión, decido saltarme la película francesa a competición “Les Chansons D´amour” de Christopher Honoré. Más tarde me confirman que no, me he perdido absolutamente nada, aunque le podría caer un premio porque ha sido muy aplaudida por el público francés.
Centro mis esfuerzos en ir a la abarrotada cola para ver la nueva película del siempre estimulante Oliver Assayas. A empujones, pero consigo entrar en el primer pase y conseguir un buen asiento.
“Boarding Gate” es una historia de cine negro, de traiciones y sumisiones, protagonizada por Michael Madsen y Asia Argento. Y sólo con la presencia de esta última, ya vale mi entrada para una sala de cine. Si algún día, hiciesen un buen diccionario ilustrado, la palabra Morbo, debería tener a su lado una foto de esta mujer. Y morbo, precisamente, es lo que destila y derrocha esta pequeña historia mínima, del ex crítico de Cahier.
Una mujer (Argento) con un oscuro pasado, lucha por establecer un nuevo futuro en Beijing, cuando se ve obligada volverse a encontrar con el amor oscuro de su pasada vida (Madsen), a partir de aquí, todo un torrente de sexualidad inunda la pantalla. La sumisión tanto afectiva como sexual es lo que marca los encuentros de la pareja. Como ya hiciese en “Demonlover”, Assayas vuelve a utilizar el sexo como lenguaje propio con el que sus personajes son capaces de expresarse sin necesidad de palabras, así como las constantes metáforas en torno a él. La utilización de unas esposas como instrumento sexual deviene en una comparación entre la posesión sexual y afectiva de ellos dos.
Desgraciadamente, la segunda parte de la película, deviene en territorios mucho más convencionales y apegados al thriller contemporáneo, alejándose del perturbador carácter minimalista y casi teatral de la primera parte del metraje.
Inauguro, la sección de “La Quincena de Realizadores” con “Savage Grace”, una coproducción entre Estados Unidos y España, dirigida por Tom Kalin (“Swoon”), rodada buena parte en Sitges y que está protagonizada por Julianne Moore, con la presencia de varios actores españoles como Belen Rueda, Elena Anaya y Unax Ugalde.
“Savage Grace” es una de esas películas que tanto le gusta producir a Christine Vachon, productora habitual de Todd Haynes. Cine independiente, con abierta temática homosexual y con personajes traumatizados por una compleja psiquis.
En realidad, lo de compleja, no lo es tanto, porque a pesar de las complicadas mentes de sus personajes, las causas y consecuencias, son la suma de ecuaciones simples que denotan la irrealidad de la propuesta de Swoon. Es decir, Julianne Moore, es una madre egoísta, obsesiva, sobreprotectora con su hijo, egocéntrica y excesivamente femenina para la época, por lo tanto, su hijo ha y debe ser homosexual. Y así durante toda la película. Se tensa tanto la cuerda y el hilo es tan sumamente fino, que se rompe a las primeras de cambio, convirtiendo el asunto en algo más cercano a la comedia que al drama “per se”, que es lo que se pretendía. Tal, es el tema, que durante la sesión, se oyeron un buen número de risas en momentos lo suficientemente dramáticos como para contener el aliento, en teoría, como una escena de incesto, que me llevó a preguntarme…. ¿Si uno se acuesta con su madre y la deja insatisfecha, le podría castigar?
Por supuesto, de la película, uno se queda con Julianne Moore, en un papel diametralmente opuesto al de su magistral interpretación en “Lejos del Cielo” y con Belen Rueda, ejerciendo el peor acento y la peor dicción en lengua anglosajona, que uno haya visto en el cine.
Dejaremos para mañana, la sorpresa que tenía preparada para el día de hoy, para centrarnos exclusivamente en “No Country for old men”, la nueva película de los hermanos Coen.
Nada me gustaría más, que escribir, que definitivamente, los hermanos de Minneapolis, han vuelto a sus mejores fueros, que no son otros que los de “Muerte entre las flores”, “Barton Fink” o “El Gran Salto” y dejado las comedias insulsas de lado, que no son otras que “Ladykillers” o “Crueldad intolerable” y si me apuras, “O Brother”, pero la película me ha dejado sensaciones encontradas.
Por un lado pienso que han vuelto, o al menos, lo han intentado a ciencia cierta. La película, no cabe duda, que es devastadora para todo el que la ve, una muestra de pesimismo brutal, que golpea nuestra cabeza con una crueldad extrema. No se llevan ni 5 minutos de metraje, cuando el paisaje ya ha sido cubierto de cadáveres, con dos escenas particularmente, de terrible crueldad, ambas protagonizadas por un excelso Javier Bardem, en uno de sus mejores papeles a lo largo de su carrera y demostrando que gana mucho más como actor interpretando a personajes oscuros como éste Chigurh o Romeo Dolorosa, que a revolucionarios de barra de bar o a tetrapléjicos de jersey de cuello alto.
Pero por otro lado, pienso que el humor texano, del que se contagian los hermanos, debilita el conjunto, dulcificándolo y dándole un aspecto de ligereza que realmente no se encuentra por ninguna otra parte. Pero bien pensado, incluso, puede que sea una apuesta correcta, el intentar confundir al espectador con ese humor, y en el pase de prensa desde luego que lo han conseguido, a juzgar por las (falsas) carcajadas que se oían durante toda la proyección, para después que el encontronazo con la tormenta de violencia sea aún más precipitado y más contundente. No sé, como digo, sentimientos y pensamientos, encontrados, que posiblemente no aclare, hasta que vea el film otra vez, con tranquilidad y con unos benditos subtítulos, que me aclaren de una vez por todas, ese infernal acento texano de algunos de los protagonistas.
En una acertadísima elección por parte de los Coen, convierten un relato ambientado en una actualidad, en un western puro y duro, transmutando incluso las calles de OK Corral, en las calles de un apacible pueblecito de Texas durante un espectacular duelo entre Javier Bardem y un sorprendente Josh Brolin, que parece una resurrección y copia exacta del Kris Kristofferson de las películas de Sam Peckinpah, del que por cierto, la película bebe muchísimo.
Me cuesta decidirme, me cuesta donde colocar a la película dentro de la filmografía de la peculiar pareja…, le falta el ritmo, el brío de otras películas, el montaje, pienso que no está a la altura de las circunstancias, incluso les falta esa potente colaboración con Carter Burwell, que tendría que haber compuesto una banda sonora para los recuerdos.
Posiblemente sea una buena piedra en el camino, para volver a ser lo que fueron o recuperar el tiempo perdido. Debo dejar reposar la película y necesita como mínimo, un visionado más, para que mi opinión se asiente. Si os apetece leer, comentarios precipitados, ya tenéis a los críticos de siempre.
Y todo esto, lo escribo, después de haber sentido auténticas nauseas durante la proyección de “Sicko”, lo nuevo de Michael Moore, pero eso, es otra historia que dejaré para mañana.
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