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El gigante de piel roja


Relatos de Fantasía

02-07-2007 14:26
Por: Darthz

Relato con tintes fantásticos que intenta llegar al corazón del lector. La imagen ha sido realizada por Darthz.

(Actualizado: 24 de Mayo del 2008)



el gigante de piel roja


I


El gigante de piel roja se revolvió, rompiendo las cadenas. Sus ojos oscuros y vidriosos buscaron furtivamente, locos de ira, a los hombres que lo habían sometido a tan miserable condena. Los opresores miraron desconcertados a aquella bestia que se había deshecho de un montón de hierro y plomo en cuestión de segundos; una fuerza de otro mundo, pensaron. Por última vez quisieron contemplar algo de aquella vida de la que pronto –comprendieron– serían separados.

Buscaron sus armas, pero éstas estaban demasiado lejos. El gigante gritó con furia, elevando sus enormes y peludos brazos hacia el cielo y, acto seguido, abrió una gran brecha en la tierra dejándolos caer tras el impulso. El estruendo sonó similar al de un rayo en una tormenta, aunque lo cierto es que era una noche muy negra, muy quieta, vacía; entonces, el sonido de sus enormes miembros derrumbándose sobre el suelo retumbó con violencia.

—Te llevaremos hasta nuestro reino y dejaremos que mates a nuestro rey. Él fue quien tramó tu captura, pero por favor… déjanos marchar— susurró con una suplica el hombre que estaba más cercano al gigante, arrepentido.

Mientras el guerrero sollozaba, el gigante se alzó prominente sobre aquel grupo de hombres. Su mirada ahora estaba perdida en el cielo, contemplando la luna llena, y de su boca caían babas resplandecientes y viscosas que se pegaban por el cabello oscuro del hombre que permanecía arrodillado frente al gigante.

—Gramamum intentaba dormir.

Los guerreros observaron con perplejidad a aquella bestia con la mirada perdida en la noche. De repente todos sintieron que la ferocidad con la que los había provocado antes ya no era ni siquiera un recuerdo. Incluso aquel gigante les parecía ahora inofensivo.

—Podemos volver tal como vinimos, y nunca más te molestaremos, Gramamum— balbuceó de nuevo el hombre, intentando aprender aquella conjunción de sílabas sin sentido.

El gigante le miró. No dijo nada, sólo asintió y arrojó las herrumbrosas cadenas con tremenda fuerza, haciéndolas hundirse sobre un lago que corría tranquilamente a unos veinte metros.

—Iré a ver a vuestro rey.

La voz de Gramamum resonó como un eco en las profundidades más oscuras de la espesura.



el gigante de piel roja


II


Los pasos del gigante resonaron durante todo el camino haciendo temblar la tierra. En su andar, de vez en cuando, se interponía un árbol o varios arbustos, los cuales eran inmediatamente demolidos por su inhumana fuerza. Aún en aquella extraña e insólita noche, en la que un grupo de hombres había partido a la caza de una leyenda de las tierras olvidadas, más oscura que cualquier otra del invierno, las estrellas seguían palpitando en el cielo. Al principio todos avanzaron en silencio, abrigados por la fresca brisa nocturna y una quietud absoluta. Sólo se oían los pasos del gigante.

A medida que pasaron las horas, viendo que Gramamum no se quejaba por el intermitente murmullo que se comenzó a levantar en la comitiva de guerreros, los hombres empezaron a hablar más relajados y tranquilos. Y decidieron avanzar, continuando con aquel camino que los conduciría a su reino, con la consabida maniobra que luego allí trazarían para acabar con él. Se vio aquel deseo reflejado en las sonrisas de los soldados y en sus piernas vigorosas que, como por arte de magia, habían de repente recuperado las fuerzas, cruzando aquellos inmensos bosques como salvajes que han conseguido domar a una criatura del infierno.

Hizo mucho frío, un frío que caló en los huesos de los que se aventuraron aquella noche extraña en cruzar los bosques olvidados. Ellos lo sabían, el gigante no. Pero aquel ser de tremendas dimensiones no sentía calor, ni frío... Parecía vivir en un constante cansancio y, por su resignado caminar, en una tristeza eterna.

Si el gigante hubiese podido expresar lo que sentía en aquel momento nadie lo hubiera entendido; muy lejos estaban aquellos de entender el lenguaje más antiguo de la tierra, y, las pocas palabras que de los humanos sabía Gramamum, no le servía más que para recitar algunas frases sueltas. Es posible que aquel ser enorme no quisiera más que dormir y esperar a que una nueva guerra titánica lo llamase a sus tierras, pudiendo así volver a pelear como antaño, junto a los suyos; aunque él supiera que eso era un imposible, y que los pocos que como él quedaban vagarían sin rumbo por los desiertos hasta la hora de conciliar el sueño final.

Pero su sueño aún no había llegado.

Así, moviéndose por entre la hierba y los caminos empedrados como un sonámbulo, fue el gigante avanzando hasta su destino, acompañado por los astutos guerreros. Los animales de la noche rugían desde la oscuridad, agazapados tras alguna rama lejana, cuchicheando desde los espacios negros como ratas hambrientas, avanzando tras las flores marchitas que el otoño había propiciado. Había humedad, y ojos amarillos que escudriñaban aquella extraña comitiva desde recovecos inaccesibles, y ramas que crujían, y el graznido de algún cuervo que, cuando casi todo parecía haber quedado en silencio, acometía con su vuelo y su batir de alas espantado, tal vez con el único propósito de asustar o crear miedo.

Los guerreros se sintieron confusos cuando la madrugada hubo alcanzado su etapa más alta, y no pararon tranquilos hasta que el amanecer llegó con sus rayos áureos y su esperanza revivida. Estuvieron a cada rato volviendo sus miradas hacia atrás, y con lo único que paraban a dar era con aquel gigante deambulando en su caminar eterno y cansino, arrastrando consigo algún árbol y espantando a alguna fiera que se despertaba asustada y huía despavorida. Sólo veían a Gramamum, y ni siquiera sabían que se trataba de aquel ser que horas antes les había prometido acompañarlos hacia su reino, en la búsqueda de la muerte para aquel rey que había tramado su asesinato. Quizá aquel gigante no comprendiera la malicia del hombre, y fuera más inocente que aquellos más pequeños que rezaban a cualquier dios para dar con sus arriesgados planes. Pero seguía siendo un gigante, un antiguo, un bárbaro siniestro. O así al menos lo querían ver los humanos, abrigados en el calor de sus reinos y olvidando cuánto habían ayudado los primeros en guerras antiguas, cambiando a veces el curso de la tierra a favor de la raza que ahora sobrevivía.

A medida que el sol fue subiendo por el este, el color carmesí de Gramamum refulgió en el día como una bola de fuego. Una bola de fuego gigante. Sus oscuros ojos le devolvieron al grupo el miedo que por la noche hubieron perdido al dejar de atisbar con tanta fuerza su presencia. El hombre que horas antes había suplicado por su vida, y el cual había prometido al gigante que lo llevaría ante su rey para dar con su caza, miró hacia atrás y sintió un aire helado que le subió hasta el pecho al contemplar la dureza de aquel rostro que, pese a los años, conservaba vigor y plenitud; pero no fue sólo por su apariencia, sino por la mirada que éste hizo brillar en aquel amanecer.

Luego los ojos del gigante se perdieron en el cielo, observando la luna que aún permanecía, aunque con menos fuerza, flotando en el espacio. Los guerreros no quisieron preguntarse aquella extraña y melancólica forma de actuar a veces del gigante, y prosiguieron con la voz queda mientras tramaban las últimas artimañas que darían la señal a los suyos para abatir al peligroso gigante.




el gigante de piel roja

III


El gigante se frenó en seco. Ante el grupo de guerreros y Gramamum, una fortaleza de dimensiones extremas apareció entre la niebla. Las enormes torretas se alzaban hasta las nubes como si fuesen la escalera de descenso de los dioses. Un enorme castillo nacía del interior de los muros que cercaban la zona con interminables toneladas de piedra.

Cogieron los caminos y no tardaron en llegar a la puerta, donde un chirriar herrumbroso hizo que ésta se escondiese hacia arriba y los recibiesen como lo que eran: soldados del reino, a excepción de aquel gigante que comenzó a sembrar discordia e ira entre las mujeres y los hombres que gritaban desde las calles del reino. Algunos niños miraron entusiasmados, entornando sus aún inocentes ojos hacia la figura de aquel insólito animal. Se quedaron fascinados contemplando el manto de piel roja que cubría su cuerpo.

La guardia comenzó a escandalizarse y se formó un gran alboroto en la plaza central del reino. Sonaron las campanas, y aún así permaneció quieto el gigante, con su mirada perdida en las nubes que avanzaban silenciosas por el cielo.

Un soldado del grupo de guerreros avanzó dejando atrás a toda aquella comitiva que había acompañado durante la madrugada, y al llegar hasta su rey que estaba escoltado por un centenar de hombres, escondido tras sus espaldas con un miedo que iba creciendo, alzó la voz.

—¡LO TENEMOS!

Los arqueros se habían posicionado en las torretas y algunos lanceros habían salido con sus picas, dispuestos a dar fin a aquel animal allí mismo, dentro del pueblo. Gramamum no entendió bien la conversación que mantuvieron entonces el rey y el soldado. Ajeno a todo lo que allí estaba sucediendo, se dedicó a contemplar el cielo y pensó en sus ancestros. Avanzó, pero no desesperado, sino dando señal de que aún estaba al lado de los guerreros y esperaba su promesa. Porque las promesas siempre deben ser cumplidas.

Un cuervo graznó desde algún lugar lejano, herido.

—No pudimos acabar con él, y le engañamos para que nos acompañase hasta aquí. Sentimos mucho haber tardado y no haber cumplido todo tal como lo planeamos… ¡Ahora es nuestro momento!

Todos gritaron a la vez. La muchedumbre se acercó hacia la zona del lugar reclamando que todo acabase. En medio de la plaza, una vieja se desmayó de improvisto.

En el momento que el soldado que había hablado miró hacia atrás, varios cientos de astas resplandecientes se clavaron en el pecho del gigante. Gramamum gritó, gritó en cólera, retorciéndose, pero no se desmayó contra el suelo. Continuó unos minutos, inmóvil, mirando al cielo, y luego se revolvió con temblorosos espasmos. Pero siguió de pie, y observó a aquella manada de hombres y mujeres y niños que miraban entre asustados y sonrientes.

Gramamum no comprendió hasta entonces que le habían tendido una trampa, y que el único propósito de aquellos humanos desde un principio fue el de dar fin con él, y, por consiguiente –pensó–, con el exterminio de su raza.

El gigante observó una nube blanca y etérea avanzar sin prisa por el cielo y quiso convertirse en polvo y morir de una vez por todas. Al fin su sueño había llegado, y al fin así, aunque estuviese defraudando a todo un legado de leyendas y promesas, podría descansar.

Las flechas siguieron cruzando el cielo, brillando como si fuesen dardos incendiados frente a la figura omnipotente del sol, para acabar clavándose en el cuerpo escarlata del gigante que comenzó a menguar su fuerza.

A diferencia de lo que toda la guardia había pensado, y por ello se había posicionado cerca de tal monstruo horrible con todo el armamento a mano, Gramamum no hizo intento por destrozar nada ni por matar a aquella gente que le había conducido, como una intrépida araña, a unos hilos que le oprimían y no le otorgaban salida alguna. Permaneció quieto y resignado durante su tortura, sin dejar de contemplar el cielo. Hubo un momento en que alzó los brazos hacia las nubes, y todos pensaron que acometería con un intento de romper la tierra, pero sólo fue su último desperezo ante la vida.

Cayó y un estruendoso ruido resonó por todo el reino.

Cuando ya lo dieron por muerto, unos niños curiosos se acercaron a ver el cadáver, y observaron extrañados cómo unas lágrimas caían aún de las cuencas oscuras del gigante.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   RELATO ACTUALIZADO: 24 de Mayo del 2008
24-05-2008 23:23
Este relato ha sufrido un gran lavado de cara. No sólo he cambiado perífrasis, adjetivos, expresiones, sinónimos, sino que he mejorado la expresión, que a veces veía confusa, lo he ordenado mejor por párrafos y, además, he quitado algunas líneas y añadido otras, para darle mayor fuerza, tal su pretensión inicial, al texto de este particular gigante mío.

Es decir, el que lo lea ahora seguramente lea un relato muy distinto, aunque mantenga su misma esencia.

   Gigante...
10-07-2007 17:20
Es una historia muy bonita y a mi sinceramente me ha dado mucha pena, se le coge cariño.
Me ha gustado bastante, pero yo he echado de menos que el gigante se revelara y arrasara con todos los humanos que le habían traicionado.

Un saludo.

   RE: Gigante...
12-07-2007 17:13
Tus comentarios me alegran sobremanera; muchas gracias, Zar.

¿Eres nuevo?

   Un poco distante
09-07-2007 09:55
Personalmente, creo que lo que más falla es que el personaje resulta algo lejano, distante. Quizá porque el texto es demasiado expositivo o lineal, o porque el tono que has elegido es como de gesta.

Es raro, porque normalmente incides más en el sentimiento que en la acción. Quizá tenías muy cercanos los sentimientos del gigante, y por eso los veías demasiado obvios...

   RE: Un poco distante
09-07-2007 19:16
Tienes más razón que un santo.

Pero así vamos, pasito a pasito, escalando con parsimonia.

Una sonrisa y gracias.

   Muy emotivo
02-07-2007 16:13
Bueno como lector privilegiado del mismo ya sabes de mi opinión colega, me gusta mucho la emoción que alcanza el desenlace de la historia, si bien tiene alguna inestabilidad sin mucha importancia en el ritmo narrativo durante la mitad del relato, es un cuento muy emotivo que alcanza al lector. Muy bueno ;-)

   RE: Muy emotivo
02-07-2007 16:14
El de arriba era yo of course ;-)

   un repaso no hubiera estado de más
06-07-2007 07:36
Pues eso, que no sobraría un repaso porque la redacción me parece el punto flojo del relato. Por buscar algún ejemplo:

Los opresores miraron desconcertados a aquella bestia que se había deshecho de un montón de hierro y plomo en cuestión de segundos

Eso de "un montón de hierro y plomo" parece demasiado llano para un relato. ¿Qué tal "se había deshecho de todas las cadenas de hierro y plomo"?

En su andar, de vez en cuando, se interponía un árbol o varios arbustos, los cuales eran inmediatamente demolidos por su inhumana fuerza.

Aparte de que parece un poco artificioso, ni árboles ni arbustos se demuelen (demoler es propio de edificios u otras estructuras). Me parece mejor algo como "cuanto árbol o arbusto que se interponía a su paso era abatido o pisoteado".

Sirvan de ejemplo, pero es que este tipo de detalles hacen que pierda mucho el relato. En mi humilde opinión.

   RE: un repaso no hubiera estado de más
12-07-2007 14:32
Es cierto que tiene algunos errores en la redacción pero no me parece algo muy grave, la historia está muy bien que es lo principal.
Un saludo a todos.

   RE: un repaso no hubiera estado de más
06-07-2007 16:51
Tomo en cuenta.

Le daré unos cuantos puñetazos al relato y, si me apuran, un par de patadas en los cojones.

   Normal.
02-07-2007 16:25
Pues en esta ocasión no me ha convencido demasiado. Aunque esta bien redactado y mantiene una buena constante segun avanza la historia. No llega ni a "ablandarme" ni a crearme interés.

Siento no poder ser mas positivo.

   Gracias
04-07-2007 14:14
... a todos.

Es diseño gráfico, velectric. Y sí, tengo vena de artista por todos lados. Je.

Tomo muy en cuenta vuestras apreciaciones; aunque lo del tono oscuro del relato no creo que influya en que no se le coja el cariño necesario al gigante para luego emocionarse con el final, sino que es que, en realidad, la naturaleza del gigante era algo oscura; hechos para la batalla, como en las antiguas gestas, así mismo se narra en la historia. Por eso, quizá el reto más difícil, fue intentar mostrar la emoción desde la estupidez del ser humano, con la constante sed de conquista que le invade y la crueldad con la que a veces puede llegar a actuar, incluso cuando no hay razón para ello.

Yo, no sé por qué, me encariñé bastante del gigante. Por eso hice el dibujo. Por eso retomaré el relato con vuestras apreciaciones e intentaré mejorarlo, lo más seguro.

Pero hoy me espera una novela... ay, ay... a la que le he hecho un preámbulo de vértigo...

¡Una sonrisa!

   Bien
03-07-2007 09:21
Pero no tanto como esperaba. Es un relato muy correcto, pero creo que no alcanza el nivel de otros que te he leido.

El argumento no deja de ser una mera anecdota sin giros ni sorpresas, incluso un poco simple (en dos ocasiones señalas que el gigante va al castillo a acabar con el señor del mismo, por lo que, qué de malo hay que el otro se defienda).

No has conseguido impregnar de fatalismo o de tragedia la muerte del último gigante (que tampoco es el último, porque previamente señalan que cada vez quedan menos, ergo quedan más). No lo haces especialmente simpatico o inocente para que nos dé pena, y recurres mucho a un lenguaje un poco reiterativo y grandilocuente que hace que se pierda la sencillez (todo retumba y todo es oscuro).

Creo que la historia te ha emocionado, pero no has llegado a transmitirme esa emoción, esa pesadumbre. Te has dejado cosas por contarme y otras las has contado demasiadas veces o enrevesadamente.

Muy bien el dibujo, transmite mucho. Pero en cuanto al relato creo que te has dejado seducir por las palabras en si y no por la historia o lo que estas nos tenían que contar.

   ...
03-07-2007 14:49
El tema es original pero cuentas demasiadas veces lo que le va pasar al gigante,lo cual quita totalmente la tensión al relato. El símbolo del cuervo herido como anticipación de la muerte del gigante, se desaprovecha por lo que te he comentado.


Lo que es el dibujo me ha gustado mucho más. ¿Pero es acuarela o diseño gráfico? Quieres ser un artista completo, eh?


Saludos



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