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Hay que ver lo que da de sí la cola para mear en cualquier bareto de mala muerte o pub (me da lo mismo que sea uno underground que otro de lo más chic).
Lo más gracioso es que no importa lo grande que sea el local: como mucho el cliente puede aspirar a tener tres tazas de water a su disposición; bueno, se entiende que tres para señoritas, tres para señoritos y una para minusválidos.
Más te vale ser sociable cuando pretendes ir a mear en cualquier sitio que no sea tu casa; porque sí: si vas a casa de un amigo en plan de fiesta, a tomar algo o a echar una partida de “sing star” tendrás que hacer cola igualmente para pasar al baño. Decía lo de que más vale ser sociable porque acabarás saliendo de allí con un nuevo amigo del alma.
Todo empieza por exclamar al llegar:
- ¿Toda esta cola hay?
El primero o primera que te conteste será tu amigo de esa larga e interminable espera.
- Si, y el de dentro lleva ya una hora.
- Joder. Es que la gente…
- Ya ves, se vienen aquí de secretitos.
En este momento tienes dos opciones: seguir perdiendo el tiempo hablando de nimiedades con la persona de al lado que hace lo que sea por empezar una conversación (más que nada porque lleva allí dos horas haciendo cola y tú eres la única persona normal que hay en la sala) o hacer algo interesante y productivo: escuchar la conversación que mantienen dentro de uno de los zulos del baño.
Esto es más de chicas, digo lo de confesarse dentro del zulo donde está la taza del váter maloliente; los chicos prefieren la antesala a esto porque son más machotes y cuentan sus graves problemas, ajustes de cuentas, frustraciones o conquistas a todo el que quiera conocer sus aventuras.
Hay muchas variedades de conversaciones de estas que pueden mantenerse en un sitio tan maloliente. Depende, entre otros muchísimos factores y varianzas que no vienen a cuento, del tipo de local, la edad de la gente que va ahí y la hora a la que vayamos al baño, porque claro… no se han consumido las mismas copas a las once de la noche que a las cinco de la madrugada (sea cual sea la edad media de los clientes del local).
Como he podido comprobar empíricamente, como dicen los sabios o pseudosabios de todas las generaciones y épocas y que en cristiano quiere decir “por la experiencia” y además en este caso concreto “mi experiencia propia”, hay una serie de escenas que se repiten con más frecuencia que otras.
Por un lado están las parejas, tríos, grupos numerosos o cualquier otra combinación que se os ocurra que se encierran en el baño para disfrutar de su cuerpo. Pero como estos no es que hilen conversaciones demasiado lógicas los sacamos del saco al que nos referimos.
Cada vez la gente empieza a salir más joven. Ahora puedes ver a niños de trece años en un pub o bar cualquiera a las tres de la mañana ingiriendo el doble de alcohol que tú por minuto sin que se le mueva un pelo del flequillo. Las conversaciones de este grupo sociodemográfico son las más graciosas.
A primera hora de la noche les basta con:
- Tía, tía. Sabes el Javi… si, ese que iba al instituto pero que lo expulsaron por no se qué movidas… sí, que fue muy polémico. Pues me está mirando toda la noche y… ¡¡me ha metido mano hasta la boca cuando ha pasado por mi lado!!
- Jo, tía, jo. Vete a dar una vuelta con él.
O en el caso del sexo opuesto.
- ¿Has visto a la guarrilla esa?
- Buah tío, hoy te la follas.
Bueno, cosas por el estilo, tampoco recuerdo ahora ninguna conversación concreta para citar textualmente. No suelo ir a los bares en plan de cronista.
Según pasan las horas sus conversaciones son mucho más graciosas. Aunque para estas personitas la noche empieza a tintarse de negro.
- Tííííía… que voy pedo.
- Que no… porque entonces yo debería ir más pedo.
- Que mi madre me mata como se entere que bebo.
- No tía, si de eso no se pueden dar cuenta.
- Que sí… que el otro día me olía la ropa a vodka.
- Pero si yo no quería hoy ponerme pedo… que mañana tengo que estudiar ciencias sociales para el examen del lunes… y como suspenda ya verás, voy a ser una perdida de la vida y me voy a tener que meter a puta.
Sí, cuando vamos pedo todos exageramos la realidad, no sólo les pasa a estos nuevos compañeros de bares que en algunas ocasiones no superan ni el metro y medio de estatura.
En el caso de los chicos no he podido investigar lo que ocurre a estas horas porque, sinceramente, nunca he intentado colarme en el baño de los chicos a partir de las dos de la mañana. Si a las doce ya te saludan los restos de materia orgánica no quiero ni pensar los abrazos que deben dar a las tres de la mañana cuando ya estén compuestos en un 70% de alcohol.
Un par de horas y de copas más tarde el género femenino y el masculino se homogeneizan: borrachos a todos nos da por las mismas tonterías.
Por lo general, la música pachanguera que les estaba torturando los oídos pasa a ser la banda sonora de sus vidas y vociferan las letras de Bisbal como si se tratara de “La estaca” de su generación. No se conforman con eso, a ciertas horas es poco, para la segunda vez que ponen la canción ya tienen preparada una coreografía que deja asombrado al auditorio… muchas veces consiguen corrillo a su alrededor para disfrutar del espectáculo.
Estas nuevas generaciones no tienen cantos regionales como los de antaño, ahora todo se reduce a los hits que anuncian por televisión o que están en el top ten de los 40 principales. Para ellos cada vez que suena “Años 80” es un insulto, eso es mierda, no una canción para ninguna generación.
Después de estos cantos “no regionales” llega el momento cumbre de la noche.
- Tío / tía… eres mi mejor amigo / a… ¡¡te quiero mucho!! Te juro que no nos vamos a separar nunca, que cuando nos vayamos de aquí viviremos juntos así en un piso de estudiantes…
- Sííí, y luego hacemos fiestas y tal. Que guay… ¡quiero que llegue!
Y sin darse cuenta se beberán su primer botellín legal a los dieciocho años, se irán de casa, compartirán piso con sus amigos a los que confesaban esas cosas o con otros desconocidos en su misma situación y observarán como aunque ellos ya no lo hagan la gente continúa confesándose en los váteres de los bares.

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